La independencia inconcebible

mostraron su disconformidad las principales corporaciones: el Ayuntamiento constitucional, la Audiencia y el Consulado. Tampoco La Serna fue partidario de la negociación y le secundaría la corte de militares que lo llevó al mando tras la deposición de Pezuela el 29 de enero de 1821; no obstante, tuvo que hacerlo forzado por la llegada del comisionado regio, Manuel Abreu, con instrucciones que frustraban sus intenciones de abandonar Lima para organizar la defensa desde la sierra. Las disensiones alcanzaron también a los miembros de la Junta de Pacificación, creada siguiendo las Instrucciones del 15 de abril. El desenlace puso de manifiesto el predominio de los militares sobre la política. Además de Lima, el Alto Perú fue el otro escenario operativo, porque se convirtió en la plataforma desde la que negociar con los insurgentes del Río de la Plata. Salta sería el lugar de las conversaciones y también el de la firma de un armisticio en 1821, así como la ciudad en la que en 1823 conversarían sin éxito el comisionado de La Serna, Baldomero Espartero y José Gregorio de las Heras por el gobierno de Buenos Aires, en el marco de la Convención Preliminar del 4 de julio de 1823. En este contexto, hay que subrayar que la solución militar nunca desapareció del debate y de las intenciones de los poderes centrales, corriendo en paralelo con la alternativa de la negociación. A lo largo de 1821 fue tomando cuerpo en el gobierno, en el Consejo de Estado y entre algunos diputados de las Cortes la necesidad de enviar recursos militares al Perú, pero España carecía de una armada que transportara a los efectivos y de recursos económicos para levantarla y dotarla de la infraestructura que se requería. 1. LOS VIRREYES ANTE EL RETO DE LA NEGOCIACIÓN 1.1. El virrey Pezuela y la negociación sobrevenida. Miraflores y el Río de la Plata En un tiempo de incertidumbre Pezuela tuvo que implementar el tránsito del absolutismo al sistema constitucional. Con un calendario condicionado por las circunstancias, procedió en Lima el 15 de setiembre de 1820 a la jura de la Constitución, y después a la reimplantación de la normativa liberal. Y no solo lo hizo en la capital, sino que también envió instrucciones a las provincias y al jefe militar del Alto Perú, Juan Ramírez, para que obraran en consecuencia. 114

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