encontraron personas idóneas. En realidad, se estaba pensando en un plan simultáneo de pacificación armada. Las negociaciones entre españoles y americanos han sido abordadas sobre todo desde el análisis del proceso independentista. En el tratamiento de Miraflores y Punchauca se ha incidido en la actuación de San Martín, en su actitud conciliadora pero irreductible cuando se trataba de cumplir la voluntad de los peruanos de vivir en libertad, recurriendo a la guerra cuando la negociación fracasó, pero a una guerra que condujo según principios humanitarios y civilizados, a diferencia de lo que —en su criterio— practicaban los realistas. Además, Miraflores y Punchauca fueron los escenarios donde San Martín presentó y definió su proyecto monárquico y donde también se fue desligando de los compromisos adquiridos con el gobierno de Chile116. Como contrapunto, esta propuesta interpreta las negociaciones en clave de lo que fue la política española, tanto central como del gobierno del virreinato, contrastando la versión oficial con la trama de pactos y conflictos que se generó. Desde esta perspectiva, se contraponen las órdenes recibidas de la Península con la realidad de un virreinato debilitado por una crisis económica agravada por los crecientes gastos de defensa, y una sociedad progresivamente afectada por las consecuencias de la guerra, que daba a los militares cada vez más protagonismo en la toma de decisiones117. Los virreyes Pezuela y La Serna coincidieron en su valoración contraria a la negociación, a pesar de las muchas divergencias que sostuvieron sobre cómo gobernar y defender el Perú. De formación militar, estaban convencidos de que, en las circunstancias que se atravesaban, las armas eran imprescindibles para mantener al Perú como parte de la Monarquía. Pero, ante todo, eran hombres del rey y la lealtad a la Corona les llevó a acatar y cumplir las órdenes recibidas (Puente Brunke, 2012, pp. 187-206). Pezuela recibió instrucciones para negociar y las ejecutó, aunque tanto en su Diario/Memoria como en otros documentos advirtiera sobre su inoportunidad porque interrumpía sus planes de defender Lima, decisión clave para la conservación del virreinato. Su manera de proceder en Miraflores le enajenaría unos apoyos ya volátiles. Erró al formar la comisión con dos personas inadecuadas que le reportarían problemas; además, no estuvieron de acuerdo con su gestión los altos oficiales que luego se pronunciarían en Aznapuquio, quienes le acusaron de pusilanimidad y debilidad en su relación con los disidentes; por último, le 113
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