enviaron comisionados a Nueva España, Costa Firme y Río de la Plata que debían dirigirse no a las autoridades españolas, sino a las de los «gobiernos establecidos». Desde una posición de prudencia, a la defensiva, debían tratar por todos los medios de mantener los intercambios y firmar tratados provisionales de comercio. Solo los comisionados al Río de la Plata firmaron el 4 de julio de 1823 una Convención Preliminar de Paz con Buenos Aires, que quedaría en papel mojado porque el virrey La Serna no aceptó su dimensión continental y se negó a cualquier transacción que no reconociera al rey y, además, porque Fernando VII dio por terminada la opción negociadora tras la vuelta al absolutismo (Martínez Riaza, 2011). En el mapa de la negociación el último virreinato presenta rasgos distintivos. Un acercamiento al tratamiento de la cuestión americana durante el Trienio pone de manifiesto que el Perú recibió una atención que no se correspondía con su peso relativo en el conjunto de los dominios ultramarinos. De los treinta diputados que se sentaron en las Cortes cuando iniciaron sesiones, solo cinco eran suplentes por Lima, y no hubo ninguna incorporación efectiva de propietarios, aunque se celebraron elecciones en algunas provincias; además, no intervinieron en las legislaturas en temas relacionados con la pacificación ni en otros que afectaran al virreinato. Las memorias que presentaron los ministros más relacionados con América, los de Ultramar, Marina y Guerra, muestran un notable desconocimiento de la realidad del Perú, situación agravada por el retraso en la llegada de noticias, circunstancia que condicionaba cualquier posibilidad de actuación115. La política negociadora encontró dificultades adicionales. En la primera fase no se nombrarían comisionados al Perú, porque en ese momento el virreinato estaba en paz. Los que se designaron para el Alto Perú vía Lima para tratar con los insurgentes del norte del Río de la Plata, declinaron el nombramiento. En ese momento no se sabía que San Martín había llegado a las costas de Pisco casi al tiempo que Pezuela, el 4 de setiembre, recibía la real orden de 11 de abril de 1820, cuyo cumplimiento hizo efectivo invitando a San Martín a lo que serían las negociaciones de Miraflores e iniciando el proceso en el Alto Perú. La Serna recibiría las Instrucciones del 15 de abril que le entregó el comisionado regio Abreu, destinado originariamente a Chile y, como su predecesor, negociaría con San Martín en Punchauca. El Perú no entraría en la segunda fase negociadora con el pretexto de que al proceder al nombramiento de comisionados no se 112
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