caso de Punchauca, la salida de La Serna de Lima y su ocupación por San Martín condicionaron el curso de unas negociaciones, que se diluyeron sin una fecha final acordada. El armisticio de Salta de 15 de julio de 1821 se firmó al margen de los comisionados y de las instrucciones existentes, y fue capitalizado por el comerciante y militar Pedro Antonio de Olañeta. En 1823, la negociación de Salta se movería en otros parámetros, ya que los interlocutores serían los comisionados españoles y el gobierno de la provincia de Buenos Aires, firmantes del Convenio Preliminar de 4 de julio de 1823, y La Serna solo podría intervenir indirectamente. En cualquier caso, la vuelta al absolutismo abortó un camino que tampoco presentaba expectativas de éxito. La brecha insalvable en las distintas negociaciones residía en que San Martín y el gobierno de Buenos Aires actuaban en nombre de países soberanos, que trataban con una metrópoli de la que se habían desligado y a la que ofrecían ventajas y garantías en relación a otras potencias, siempre que se reconociera su independencia. Del lado español nunca se aceptaría esa situación, y aunque en los documentos oficiales las instancias centrales admitían que se negociaba con «gobiernos disidentes» y, más adelante, con «gobiernos establecidos», eso nunca supuso reconocer explícitamente la independencia. La utilización de las expresiones para denominarse a sí mismos o para llamar al otro es elocuente. Disidentes es el apelativo que aparece en la documentación oficial española para referirse a aquellos que se separaban de la conducta ortodoxa de formar parte de la Monarquía constitucional española. Se alternó con insurgentes y, progresivamente, con independientes y peruanos, admitiendo tácitamente la situación de hecho. Realistas y españoles son empleados por ambos bandos para remitir a los leales a la Corona (Puente Candamo, 1992, p. 142). A lo largo de las negociaciones de Miraflores y Punchauca, San Martín era para los españoles el general de los ejércitos de Chile, mientras Pezuela y La Serna eran virreyes de Lima/Perú, además de desempeñar el segundo la presidencia de la Junta de Pacificación. El intento de los patriotas de firmar el armisticio de Miraflores en nombre del Ejército Libertador provocó la oposición de los españoles, que argumentaron que eso sería reconocer que los peruanos habían vivido en régimen de esclavitud. En Punchauca, La Serna expresaría su contrariedad porque San Martín se dirigía a él como presidente de la Junta de Pacificación y no como virrey/jefe político superior (que era la acepción constitucional). 109
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