gobierno español), ambos mantenidos con San Martín por iniciativa de los virreyes Pezuela y La Serna, que seguían órdenes de las instancias peninsulares y que son las más tratadas por la historiografía. El otro escenario fue el Alto Perú, plataforma para negociar con los insurgentes del Río de la Plata, cuya ciudad norteña de Salta se convirtió en 1821 y 1823 en punto de encuentro de distinto cariz. Las negociaciones tuvieron corolarios, como la petición de ciudadanos notables de Lima en diciembre de 1820 a través del Ayuntamiento constitucional para que Pezuela, después de Miraflores, las reiniciara; también el encuentro de Torreblanca de febrero de 1821 que precedió a Punchauca; la correspondencia entre San Martín y Canterac entre enero y diciembre de 1821, en la que el libertador apelaba al talante liberal del oficial realista para llegar a acuerdos; o la propuesta de San Martín a La Serna, de julio de 1822. Negociaciones y relaciones diplomáticas Miraflores y Punchauca entran en los parámetros de lo que la historia de las relaciones internacionales entiende por negociaciones, un método para la resolución pacífica de conflictos donde partes con intereses diferentes mantienen conversaciones que pueden completarse con otros medios, tales como notas diplomáticas, con el fin de lograr un acuerdo. En ellas los implicados han de definir adecuadamente las dimensiones del tema y elegir el procedimiento que disminuya los costes. En su desarrollo inciden factores de «asimetría» entre los que se encuentran la utilidad que obtiene cada parte, la valoración del tiempo y la firmeza de la oferta en la que tiene influencia la acción de los agentes negociadores (Giner & otros, 2006, pp. 595-596; Pereira, 2008, p. 657). Las negociaciones estuvieron lastradas por desacuerdos de partida que no se superaron por la inflexibilidad de las partes. Los virreyes tenían que convencer a los disidentes de los beneficios que les reportaba la jura de la Constitución de 1812, y solo si lo hacían se procedería a la negociación, pero San Martín se negaba a conversar sobre la base de la Constitución y demandaba el reconocimiento de la independencia política del Perú como paso previo para tratar la posibilidad de una opción no rupturista. Una cuestión que no se solventó, y que tendría consecuencias en el desenlace de Miraflores, fue la capacidad de los comisionados para tomar decisiones. Cuando trasladaron los acuerdos a San Martín y a los virreyes, estos argumentaron que debían elevarlos a los gobiernos superiores. En el 108
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx