La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

Omitimos otras muchas autoridades, á causa de la estrechez de nuestras columnas y soloaduciremosla de . Vollaire, quien al hablar de la C'.Ollfesion, dice: c1Tal vez no hay ins- » litucion mas útil.» «La mayor » parle de los hombres. despues de »> haber cometido grandes crímenes, » naturalmente se sienten alormec- >> tados por el remordimiento.>, <<Si ,, sobre la tierra hay algo que les con- » suele, es el poder reconciliarse con ,, Dios y consigo mismo.» (4) Aparte de lo expuesto la confesion guarece 1a autoridad de los padres contra la rebeldia de lo:3 Lijas y de los Eúbdilos; la inocencia, la fama, la propiedad, la vida y el bienestar de todos, contra las pasiones que amenazan eslos objetos. Si sobre la tierra no se hubiese establecido el Sacramen lo de la pe• 1 nilencia ninguna autoridad, ningun género de leyes humanas bastarían para la reprcsion de las fa] las y de los delitos ocultt>s: porque tanto las leyes civHes como las criminales requieren juicio y prueba, ya para hacer efecli \'as las obligaciones del hombre, ya para imponP.r las penas de sus delitos, y lo oculto no se puede probar, ni juzgar, de mauera que negada 6 suprimida ]a confesion auricular como Sacramen lo insli luido por Nueslro Señor Jesncrislo, se quitaría aquel freno que á la mayor parto de los católicos los contiene de cometer pecados y delitos, hasta en lo mas ocu_llo. Felizmente los verdaderos católi - cos nada tenemos que oponer contra la eficacia y divinidad de la confesioo. Siempre abogaremos por ella hasl.a derramar, si es posible, la última gola de nuestra sangre. INSERCIONES. Los suee•o11. Los filósofos, permítaseme llamarlos así, que se ag_itnn perdidos fuera del camino de la verdadera snbidurfo, andan á tientns buscando en el cáos de sus errores la ley de la Historia. Ellos qui~ren saber á qué principio 1e sujeta la série de hechos, que desde el origen del mundo hasta nosotros forman en su curso &ucesivo la historia del género humano. Ellos pretende11 inquirir el secreto en que para sus ojos se e8cond·e lo que podem.os llnmar la regla de conducta de los acontecimientos. ¡Ya se vé! .... estos espíritus fuertes, estos libre pensadores, se encuentran coi, una cadena cuyos anillos, firmeme_nte eslabonados, no pueden romper, y con un órden iualterable que ellos con todo el poder de su ciencia no pueden subvertir. ¿Cómo siendo el homLre libre produe ea el curso de las generaciones sé- ·es de hechos bárbaramente encadeidos unos á otros? ¿Qué atroz despotismo es el que urpa á los hombres el derecho y la li, rtad de dirigir los acontecimientos ~ ellos mismos realizan? .... )-Vollaire, Remarqués sur ol) mpie. LA IGLESIA PUNEÑA. ¿Qné ley absurda es la que coloca las hordas ~alvajes detrl,s de los siglos refinadamente cultos? ¿Por qné estao los persas á 11,s puertas de Babilonia, cuando Baltazar asombra al mundo con el esplendor de sus festine~? ¿Por qué rnzon la misma Greda, que supo resistir á los ejércitos de Xerxes, ene bi110 el poder de Roma, precisamente cua11do en sus acudemias se enseñaba todo., se discutía todo, se dudaba de todo? ¿Por que detrns de la grandeza de la Homa pagana está el bajo imperio? ¿Qué mimo caprichosa coloca el cetro despótico de los Césares detras del libre desenfreno de las plebes? ¿Por qué han de estar todas las dictaduras detras de todas las libertnde~? ,.Por qué cuando una sociedad llega á la posesion de todos los placeres y al usufructo de todas las sensualidades se ha de eucontrnr en la !víspera de su ruina?:... ¿Por qué, en fin, detrás del Libre Ex<imm, ha de estar el ráos; detras de Los 1lerechos del hombre, la Com111u11e.... en um, palabra, detras de la luz el incendio'? Ante esta barbarie de la hi~toria pasada y presente, la filosofía del ntei:-1mo y del rnaterinlismo, apesnr de su audacia, se del iene perpleja y busrn la IC'y tiránica que autoriza scmeja11tes monstruosidades. Tomás Eucklc en su llútoria subre fa civilizacion de Inglaterra, rompe heróicamente el freno que la razo11 impone á su ciencia, y se lanza de!-ib"cado a inquirir los principios que rigen el carácter y el destino de li\~ naciones, y arroj_ándose al fondo de la i11vestigacion que se propone, se pregu11ta á sí mismo: las naciones de los hombres que forman la série de hechos que son la historia de las sociedades humanas, ... ¿están gobernadas por leyes fijas ó proreden del azar ó interviene en su direccion algun poder divino?.... Aquí el filósofo se encuentra ante el fatalismo, el aznr y la Providencia, y resuelve el caso optando por In fatalidad, en razon á que conforme couocemos mejor la naturnleza, se desvanece ente nuestros ojos la teoria del azar, y vemos qoe cada ncontecimie11to está ligado al que le precede por lazo inevitable, y por lo tanto; el muudo entero forma una cadena forzo~a en la que el hombre representa su papel, pero :-in saber qué e~pecie de papel es el que representa, Para lo r.iencia de este sábio la rloctrinn del nznr en el mundo exterior corresponde á la doclrina del li~re albedrío en el mundo interior, y nnte esta dificultad que le obliga a reconocer como ley qe la historia el capricho de la casualid1ad, sale del apuro negando con la _ma~or frescura la realidad del libre alhedrio. La teori, del libre albedrio, dice, es una hipóte. is metafísica que no estñ demostrada; lo cual es lo misrno que decir: la tro~ía de la existencia de Enrique Tomá .Bukle es una hipóte:--is meta física, r1rqne nadie se ha tomado todaYía el trabajo de ·demostrarnos científi_cament~ que Enrique Tomás Bukle e1.1stc. La cicn dia libre es aquella que rompe sin escrúpulo todas las trabas que la lógica i111pone á In razon humann. Teuemo!1, pues, que In ley de In . hi~- toria cousii.le eu que el hombre 110 es libre y que por lo mismo ohra siempre de una manera precisa y fatal. Acerca de este punto, la filosofín del ateismo y del materialismo no han pasado de aqui: la ciencia ímpin, ántes que recouocer á Dios, prefiere negnr la libertad del hombre, lo cual viene á ser como megarse á sí misma. Si la ciencia ha de llc~nr á despojarnos del alto privilejio del libre albedrío que rc,·ela en caJn uno de nosotros la nobleza de uuestro comun ol'Í· gen, nada debe haber en el mundo mas odioso que la cie11cia. Pero eutonces, ¿cuál es la ley de 111 Historia? Ya sabemos que la atraccion es la ley del mundo físico; que In armonía es la ley del arte, que la lógicn ci. la ley de la ciencia; pero ¿donde está la ley de la Historia'? ¿En qué lugar impe11etr11ble á la audaz sabidurla de los hombres se oculta ·el maravilloso resorte que hace marchar en órden rigoroso los acontecimientos humano~ en el curso de la Historia? Miéntrns los sá!Jios de la ciencia, que olvidando la antigua descendeneia de !-i~IS vit'jos errores se dá á sí misma el título de modernn, desati11a11 científicameute buscando la lt-y moral que dirije el paso -de los hombres sobre la tierrn: nosotros, alejndos de esos estudios teuebrosos, ~11b1·mos con la viva certidumbre de la fé, que la ley de 111 historia es la arcion divina de la Providencia t·jcrdendo los dos supremos atributos de la justicia y de su miseri- . r cordi:t. ¡ Justicia, cuando anega In tierrn en las aguas del diluvio; misericordia, cuando ilumina las oscuridades del mundo con la luz del evangelio. Es justa dejando 111 hombre enc<>ne- ~11rse en todas Ias degradaciones del error, y es misericordiosa conserrnndo en el agitado curso del pueblo de Israel la integridad de la revelacion divina. Es un fe11óme110 histórico que la ciencia humana no ¡1certará á explicarse jamás, cómCl, en medio del paganismo que cubría al mundo de tinieblas, aparece en un rincon de la Palestina el sol rlli1g11Hico de 111 verdadera civilizacion. Ciertamente es 1111 prodigio para In razon humana que del exceso de la tirania brote la libertad; que del extremo del crimen y del vfrio surja el he• roismo de la virtud; que al espantoso cáos de todos los errores de la i¡.:110rnncin y de la crnncia, suceda la virtud; que al soberbio imperio de los Césares, suceda ei humilde imperio de Jebucristo. La cie11cia impía no arertnrá 111111cn á desentraliar este misterio de la Historia. La lógica del hombre 110 sabrá nunca sacar consrcuencias verdaderas de premisas falsas; no le ·está á el concedida la suprema sabiduría de sacar el bien del fondo del mal, ni podrá nunca encontrnr por ~¡ mismo la tui en el seno de la tieblas. La casualidad 110 existe; es una palabra que carece de sentido absoluto, solamente nos es licito usurla de un tnCldo relntivo. U fatalismo es dt-masiado ciego pum que le couc~t,lamos el honor de guiar los nconlecimi.e.:itos por los cami11os de la l11storia. Ad@má$, ~-11 lo htm1os visto, segun In cieucia · moderna, 110 podemos admitirlo como guia de lns ncdones del género humano sin despojarnos del libre albedrío. · No!. queda la Providencia, y ella 'e!f°1ÍI) ley de la Historia. La mano de Óios, que sin me11osc11lmr In libertnd de ·uuelltros actos-, ronduce el oleajé de las 0 genern.. ciones á los altos desi~nios _de 's¡,u. misericordia )' de su ju!lticin. Por eso l11 IJllesin de los hombre!l ancfo tan apnrtadu de In lóJlica de los sucesores . Jumas el espíritu humano por su propia perspil'acia h11 podÚt°o sorprender los arcanos de lo futuro. Ho1 ménos que nunca. ' 8upo11gamos que tiabemos cou perfecta cntidumhre lo que sucec.Jio élJer; y Lie11, ¿podemos asegurar lo que sucederá nH11iaua'? Se puede decir que marchamos con ur,a verula en los ojos; todas las luces de nu~stro siglo 110 bastan á ilun1in11r las oscuridades de lo que está por ,enir. De un din á otro, ¡cuántos temores disipadoi;!.... ¡cuAntas esperanzils de11vant-cidas! .... cuáutos proyectoti frncas11do11! .... Pretendemos ir al puplo <JUC 110~ señalan nuestros deseos, y en es11 direccion nns agitamos ..... pero de la 111,che n la ma1)c111a ul oleaje de l.08 st•- cesos nos conduce ÍI un puesto opuesto; ¿110 es ésta u1111 burla de r,uca;tro dei;ti110? l.a civiliwcion moderna hn empei'i11do todas SIi!! fuerzas en corutucirnos á 111 posesiou dtl todas las felicidade~: la ciencia, el arte, la literntura, la industria y la pgliticu, han ejercido sin desc1111so sn1 i11f1ue11cia civilizadorn para lle- ,ar il nuestras co~tumhrei;, a nuestros se11timie11tos y á nuestras id(•as 111 suprema cultura. 1\las ¡ah, i11e1orable despotismo de In Historia! cuanrlo íbamos á cnjer el fruto yn s11zonado de nuestro progreso, nos en.contramos m1111os á boca con el cáos eu la 1.'icucin, 1-n desgracia eu el arte, la proslilucion en lns letras, lo codicia en la industri11 y el envilecimiento en la polititn; 11011 enco11lr11mos sin ideas, &in sentimieutos y sin costumbres. Por medio de una terrible aritmé~ica, CU) o procedimit>nto no nr'.ertamos á explicarnos, los sucerns nos presentan tallll cuenta ruinosa; ellos dicen: á la sombra de vuestra prosperidad hu crecido espantosamente vuestra deuda. Hnbt·is hecho una oper11cion, semejan'- · te á la de la mulliplkacion de lns fraccio11es, en la que el produclo es sit>mpre weuor que los factores. Es verdad que hemos girado contn las generaciones futuras ltt gran letra de tan formiduble déficit, pero este JUJ• 9are sin pinzo es el testimonio auténtico de nuestra rui1111. Las civilizacioues antiguas se veia'n ame11azadas por la invasiou de los pu~- blos bárb:iros, pero lo curioso de · 1a ci \ il izacion moderna es que las hordas salvajes que l;1s c1mtnnzan 111111 brotado bajo la culta iuflueucia de la civiliz11cion mism11. El sentido comun, algo mas perspí• cuo y bastaute mas i-ábio que tod11 er,11 falanje de ftlósofos que han n11cido al cnlor l!lisolvente dPI libre exámen, deduciéndolo de los hechos mismo~, IWI encontrado el principio 'de la te, de la Historia mucho ántes que 111 presuntuosa r.ienria de l11 rnzon soberana. j U scutido cqnnm es (', ,. ..,.. l

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