de los pecados que le abruman, es prometerse un imposible (moralmente hablando), es querer imitar á la letra los funestos ejemplos de Cain y de J u<las. De Cniu que abrió la éra de los hijos del mal, apenas renllzada la creacion: y de Judns que fué el inicindor de la aposbsia y de la traicion en loe; monH'nlos mismos en que tenia lugar la Reclencion del género humano; de Cain, <pw reprcse11ta á los que rechazan á l>ios, 11pcsar de sus i11si1111nrio11es misericordiosas: de Judas qne ofrece en su co111lucta el tipo de la in~ratit.ud y de la dt>sesperncion. De Cai11 el padre de los c•goistas y e11vidiosos; de Judas, el prinú:ro de los avaros, de lodns aquellos que posponen los hie11es espirituales á la:. riquezas del tiempo. De Cain perr-011ificacion primera del libcni'li ::;mo que prde11de resistirá toda aut.oridn<I; de Judns encarnacion, primera ta1iiliien, del moderno positivismo que viene cansnndo tan serios males a las sociedades. Por esto, amados hijos, nada hay mas ntlictivo pnra Id Iglesia Católica, que el culpable olvido de la confcsion pascual que se nota en muchos pueblos cristianos, Un célebre escritor contemporáneo, notable por su asce11drado catolicismo, 1\1. ,\ ugusto ~icolás, aludie11d0 á In neCl'SidaJ de la co11fesio11, aun bajo el pun· 1o tic ,·ista social, n!'t•gura cou su lógica it.ffoxible, que «la confcsion es el medio mas eficáz que puede emplear el hombre para couoéerse á si mismo, quedando así resuelto el gran problema de la antigua filosofia, cnyo lema era: «11osce le ipsum: conócete á tí mismo». ¿Cómo se llega á este co11ocimicnto? 1\1. Augusto Nicolás dice: que con sulo confesane1 porque entonces el solo exámen de la conciencia basta para pesar con la debid 'a exactitud todo lo qne tiene de abominable y ruin nuestra conducta, estudiada morat'mente. Y luego. ¿110 és la coufesion la que uos ensC'üa á ser francos, la que refrena IIUe:,,tras mas peligrosas inclinaciones, 111 que uos estimula á reparnr los dañ.os que con 11ue"st ra crimi11al co11ducta hemos infc>r.ido ni prójimo, la que por fiu relwbilitá11do11os á nuestros propios ojos abre para nuestro corazon un nuevo horizonte moral, ll na nueva éra <le verdadera rrg'C'llerat·io11 e11 el sentido de la virtud, de la justicia y del deber? Ved aquí el porf¡uc tic! odio que tienen al Sacramell to ,te la Peuitencia, y la {!1terra que le d1•claran lodos los que ni 71iensan en co110cersc a si mismos, ni gustan de la frnnqueza, ni r¡niere11 re(re11ar sus abominables inclinaciones, ni aspiran a reparar los daños que causaron en los bienes ú honra del p~óJimo, ni desean mttrr.!tar 710r el camino del bien. A estos tales alurlia el Salvador, c1rn11tlo se expresa ha en los siguiC'ntes términos: «Vosotros sois hijos del Diablo, y vuestro par! icular en1 pt>lio consiste en realizar los deseos rle \'llPStro P,,dre»; á ellc1s tamhien se referia San Pal,lo, al exhorlar á los Roma110s para que «no se coufurmáran con este si~lo... Y á ellos aludimos nosotros ni dirijiros C'-ta nuestra pastoral, con el i11te11to de apartaros de e~ta sc11da· de st>µnra perdicion. Rcc0ruad las pala. hras del Real Profeta, el que en su Salmo 118 d~t>: ab omni via mala prohib1ú pedes meos, ut cu.~todiam 1;érúa tua.» « Yo me he prnhibido á mí mismo el marehur LA IGLESIA PUNEÑA. por la senda del mal, con el objeto de gunrdar tu palabra, observándola prácticamente», y nsociad a este recuerdo el de su alusion tan apropiada á nues• tras circunstnncia~, escrita en el mismu Salmo: tem¡iits paciendi, Domine, disi7;aberunt legem tuam. «Es tiempo de proceder asi, Sefíor, por cuanto nunca como hoy haii despreciado tu ley». Hijos carísímos: nunca, como hoy, han estado mas olvidados los preceptos del aJuno cuadrajesirr,al y de la confesion y comunion Pascual. ¿ Y por qué han caído en desprecio estas leyes de la Iglesia? El ayuno se olvidn, porque refrena «la concupiscencia de la carne»; la coufesion repugna, por']ue pone á raya «la concupiscc1tcia de los ojos,,, y la co1nu11ion se rechaza, porque nos cura de «la soberbia de la vida»; así queda prácticarneute confirmada la asercion del Apóstol S. Juan. «Todo en el mnn• do se reduce á u·rn, triple concupiscencia: la concupiscencia de la cnrue: la concupiscencia del espíritu; y la soberbia de la vidn.,, l\Jas, ¿romo puede ser esto, lios preguntareis? Vnmos á dl'ciro'slo: La co11cupisce11ria de lü carne pide el fome11to de las focrzas y de la robu-;tez del cuerpo aun con mengua de las fuerza-; y robustez del espíritu: luego, ante su tribunal debe ser condena<lo el aynno; C?mo atentatorio á la vida, como a11Lihijié11ico: l.a concupiscrncia de los ojos exije, que 1111da haya vedndo para el corazo11; que todo sea licito, y que las pnsiones en su desarrollo no e11c11e11tren traba alguna: luego, á su juicio, lo que hay de mas repugnante es la confesion. La soberbia de la vida nos urje á fomentar mas y mas el orgullo del corazon, hasta suponernos iguales á Dios, y la comunion, que 110 · es en el fcfndo sino la dadiva de su propia persona, que hace el Dios-Hombre, abatiénJose, anonadándose, hastn ocultar 110 soto·su divinidad, sino su mi-,ma humaniílad--in cruce latebat sola Deitas, ac !tic latet simul et hiimariítas; como dice Santo Tomás, no puede armonizar con esa soberbia de la vida, verdadero lesoro para los hijos del siglo XI X. Reasumnmos: el ll)' Uno rC'pu~na á la SC'nsualidad: la coúfesion á la vida, libre de todo freno moral; y la comu11ion al orgullo, al leva11tamie11to del yo, sobre todo lo que no sea el capricho)' la propia voluntad, mas claro todavía: el ay11110 mortifica, y la mortificacion no es ace¡1table: la confesion refrena lns pasiones, y todo freno para ellns se hace ho,v repugriante: la comunion humilla, y la soberbia es el JúPITEn que adoran los hijos ¡uel siglo del progreso! Amados hijos: que el presente ario de 1874 sea, por parte vuestra, una derrota para el infierno: que vuestra fiuelidnd en cumplir los mandamie11tos de la Iglesia, revele vuestro catolicismo: que en esta próxima cuaresma tenga vuestro Pastor el t•o11:rnclo de veros reconciliados con Dios por el sacramento de la Pe11ite11cin, y uuidos á J~L por el sacramento de la Eucaristía: por Psto, orarémos si11 descanso,)' si Nuestro Sefior 110s concede la gracia de pasar uuos dias de retiro antes de 11uestrn marcha, os ofrecemos redolilnr e11 esos dias 11ucslrai SU¡Jlicus por todos y cada u110 de vosotros. E11lrcta11to, recibid, hijns carí,imos, cou la prcsu1le pastcrnl, In cs¡ieciulísima bendicion que os otorgamos rle lo íntimo de nuestra nlmn. Dada en nuestra residencia accHdental de Tslay, firmada por nu~strn ma1101 sellada con el sello de nuestras ar .. m,'8 y refre11uaua por nuestro iufrasrrito Pro-Secretario Je Cñmara y Gobier· no, el día del Martir S. Timotco, 24 de Enero del afin del Sefior, 1874. .Juan Ambro~lo, OBISPO 1m t>Uirn-((írmado). Por mandato de S. S. lltma. el Obismi Se1iorA C.UST0 G. ALV.\HADO. Pro-Secretario-((lrmado). LA IGLESIA PUNEÑA. P11:-io, FEBRERO ·12 DE 1874. Feliz regreso del Iltmo. 11.IONSEÑOR HUERTA. Al hl:lberse relirado á la Uo.sla nu~stro Dignísimo Pastor, <lespul?s dé la renunCÍél de su Obispado. hu-- bimos desplegado sus feligrpses aquellos sen ti mien tos tan naturales y justos que ya los hemos registrado en nueslras columnas. Sentimientos noturales, decimos, porque los fieles temíamos las opiniones desfavorables á Puno que hubiere formado el resto del mundo, al resolver el problema de la causa, ó causas ocultas de lal renuncia. Era natural que entre otros juicios se hubiere hrcho el siguiente: Un Obispo dolado de talen los y virtudes, cumplidor de sus deberes, geceralmen te apreciado, con particularidad por los pueblos que ha visitado últimamen~e, cual lo comprueban las ovaciones que ha merecido en el Cuzco, en La Paz (Hepública de Bolivia), en Arequipa; un Obispo que no ha sufrido alguna enfermedad cróuica, ni tiene olras cau~as físicas, ó morales, canónicamente imputables á él mismo, ¿por qne pues Lomó el eslremo partido de hacer u na ren u nJia por la que tuvirrn que juzgarlo severamente la Historia, atendida su calidad de primer Obispo de P1rno? Sentimientos justos, decimos lamLien, porque ge □ eralmenle se presumía, que 110 se habría conseguido un rePrnplazo d1g110, caso de que hu Líese sido admitida la ;•euuncia del Illmo. 1\ionsE-ñor Huerta, por acon teci míen los que LiaLirn precedido áel1a. Porque en verdad ¿qné obrno evangéliro acostumbrado á cosechar abundan Les frutos <le su lrahajo en otros campos grato3, hubria veuido á esta Dióc:esis, en \'isla de la sunle de su primer Obispo? De otra parle, la hislorin nos enseña que la si lnacion de- uua sociedad, su dec·adrncia o progreso P11 lodo órden, lrn drpe11dido casi siempre de las eualiJudes de Rns goLernan les polílicos y eC']Psióslif'Os. Fueron, pues, mny j 11~lus las preYisiones de q11e ause1i lándose de l::.i Diócei:is ¡nrneuse su pri mn Obispo, filia liabria <lecaido .mucho 6 sup1·illliJosc <le u11a vez. 6Qné habría sido entónces del Catolicismo, mr1s combatido que nnnra; aun en lre esta porcion tan apartada de los centros de la impiedad; en esta porciou que u@ cuenta en su seno con olro sostenedor tan il ustrado, con olro defc~nsor tan denoduJo de la verdadera Religion? Pero absteniéudonos de rememorar mas aquellas tr·ibu.laci ones, ahora ya podemos sollar los respiros de satisfaccion, ya podemos esclamar: ¡Felíz rrnuncia, que vino á despertar en la grey punense el re::;peto, la grutilnd, el afecto filial debidos á sn Paslor; y justamente ostentados ante lu lnz pública en las preces elevadas á la San ta Sede Aposlolica y en las peticiones presentadas. al mismo J\IONSEÑOR HUER· TA! . ¡Felices lribnlaciones, que nos tienen cobradas las sim pallas del mundo r.alólico, que ha hecho justas ~preciaciones de nuestro compor• tam1ento en las gi-aves circumlancias de que nos ocupamos! ¡Felices documen los cristiano.::;, comen lados con lan la elocue11cia por pre11sas libres de Lima y Arequi pa ! ¡Felices viajes de 1iueslro Prelado, porque en su pe1·soua se ha hecho vel',. nna vez mas, el ¡1rofundo aprecio que merece el Episcopado Católico! Aunque S. S.ª Illma. hubiese llevado in pectore el propósito de s~pararse defi.uitivamente de su Iglesia, creemos haber logrado un felíz regreso, lan lo porque providt"ncialmente Lánse disipado los inconvenienles con que hubiese tocado para el efecto, cuan lo porque visiblemente lo .ha atraído el Lazo de amor recíproco que se profesan el Pastor y su grey. ¡Ojalá que lodo esto fuese el indicio de la no admision de su renuucia ! ¡Ojalá que ese du1ce lazo, sin debilitarse jamá~, lo mantenga el resto de su vida á la cabeza de su grey; y que con desprecio de las sugestiones de la increduliJad, la gr~y se mantenga cordialmente sugela á su Pastor! Tales son nuestros ardientes deSP.os, que por su sinceridad, esperamos los Lendiga el Padre de las luces. Noveno año Escolar del Seminario. No hay q11ien UPsconoz<'a las ventajas de u11 SPminal'io. Y en verdad, un Semi11ario rs fl eslaLlecimieulo e11 qur, sr, e<luc;an, especialrnenlr, jóve11rs llamados á desempP-ñc1r mas lartle la grandiosa mision <le cond uc;Ír ú lus'al mas al cumplimien lo de sus fü1rs elrmales; y apropo~ilo de ello se r11ILivo, la11to la iuleligrmia ,iomo el cornzon del j ÓVfll SP-lll Í 11arist U. l~l fü·Yerendísimo SPñnr- Obispo c1e la Diócesis fo 11<l6 el de Sa11 Am1 brosio ele esla Ci u Jau hacen _ya n ue1 1 1 1 \
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