La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

No VII. -·PUNO, DICIEMBRE 22 DE 1875. !a Jglc5itt 1? nntñtt. PERIODICO SEJllAN.A.L. ¡ ......._ ORGANO OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS. SECCION OFICIAL R. P.-Pa1acio Episcopal de la Dió- ' cesis de Puno.-A 2 de Diciembre de 1873. Al Venerable Dean y Cabildo Ec1esiáslico de la Diócesis. V. D. y C. De~iendo marchar de esta Ciudad con direccion al puerto de Islay con el objeto de reparar mi salud; anuncio a US. que queda con el gobierno de la Diócesis mi actual Vicario general Dr. D. Mariano Ramos. Dios guarde á US. JUAN AMBROSIO, Obispo de Puno-(Fi-rmculo .) R. P.-Palació Episeopal de la Diócesis de Puno .-A 2 de Diciembre de 1873. Al Sr. Coronel Prafecto del Departamenlo. S. C~ P ~ Debiendo marchar de esta Ciudad con direccion al puerto de Islay, con el objeto de reparar mi salud, anuncio a US. que queda con el gobierno de la Diócesis mi actual Vicario general Dr. D. Mariano Ramos. Dios guarde á US.-S. Q. P. JUAN AMBROSIO, Obispo de Puno.-(Pirmaclo.) Es c6pia -fiel-J1,an Ambrosio Laguna-(Oficial 1. º) ~ A NUESTROS AMADOS HIJOS ws SeñOtes que se llan dignado 1nanifestanne pm· esc?''Üo su espe-,- dal cari1io, y sus deseos de que permanezca en Puno, en vi"sta ele rni resolucion, publicada con Jeclta 15 del mes próximo pasado. CA.RÍSIMOS HIJOS. La lectura de vuestra peticion, ·rubricada por firmas todas dignas para mí de .especial coosideracioo, ha venido á servir, no solo de lenitivo á las angustias de mi espíritu, sino de una nueva prueba de la sinceridad del amor que me profesais, y del que jamás he dudado. Exijís de ml,que desista de la idea de separarme del gobierno de esta Diócesis. DJbo deciros , con la mano puesta sobre mi coraz?n,_ que teniendo en cuanta el decaimiento de mis fuerzas, el mal estado de mi salud y la necesidad en que se halla esta Diócesis naciente de un Pastor vigoroso y activo en el cumplimiento· de sus obligaciones; por amor a Puno, por el deseo vehemente que me anima de su .felicidad, tenia resaelto tiempo hace, elevar mi -renuncia á nuestro Santfaimo Padre, como ~n efecto la redacté aun ántes de mi marcha á la Paz. Las ocurrencias ulteriores no han sido pues el motivo unico determinante para adoptar la resolucion q ' habeis visto publieada. No se me oculta la fuerza de los argumentos que envurlven , yá el ejemplo de Nuestro Divino Maes tro, yá la conducta de los primeros pastores de la Iglesia: pero ni mis co:n- , dicio □ es ~on las de Nuestro Señor Jesucristo, ni creo francamente h.allarme obligado á imitar al pié de la letra la conducta de los primeros Obispos en ma tecia de abnegacion. Voy á explicarme, tanto para satisfaceros, cuanto para evit?r cualquier sombra de escándalo que pudiera surjir en vosoLros al leer las frases anteriores. E:1 primer lugar, sin las persecuciones, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, la humanidad no habría sido redimida. Era preciso (como él mismo lo dijo á sus discípulos repetidas veces antes de su pasioo, y luego en el camino de Emaus despues de resucitado) que el Cristo padeciese: ¿nonne opor tuit Ckristum patl? Eu segundo lugar, el mismo Salvador al enviar á sus discípulos para -anuociar á los pueblos el Evangelio, les decía, entre otras cosas: <~si fuereis perseguidos en una Ciudad, huid á otra, (1) y cuando en un pueblo no quieran escuchar .vuestra vuz, salid de él sacudiendo hasta el µol vo de vuestras sandalias .>> (2) El mi smo (8egun nos lo refiere el Evangelis ta San Marcos en su ca pítulo VI. ver 2 y siguientes hasta el 19) se retiró de Cafarnaun, por cuanto habiendo curado á nn poseido, y mandado a los demo11ios que penetrasen en los cuerpos de los cerdos que pastaban por alli, habiéndose verificado este mandato delante de los pocos que se hallaban prP.sentes, temierou éstos nuevas pérdidas y comenzaron a rogarle que se relirase de sn Ciudad. Je- ( t) San Mateo cap. 1O ver. 23. (2) San Lu,cas rap. lO, ver. 1O y 11, sus, en r.facto, se embarcó y el endemoniado que habia sido sano le suplicaba que le admiti ese por lo ménos en su com¡.rnñia; mas Jesus ni aun á es to quiso accecler. Vini endo ahora á los Obispos, preciso es q1 rn yo os cite al g unos ejemplos apropósito de la observacion q' me baceis. El célebre Pablo Apóstol de las jenles, ese vaso de eleccz'on qne merecio ser arrebatado basta el tercer cielo, se. retiró de Éfeso á consecuPncia de la cruua guerra que le declaró DemeLrio y unos JJOcos l~¡esúios, guerra cuyo orijen no fo é otro que el de haber predicado S.. Pablo con Lra las abominaciones de 1a ido latría, hiriendo así los inLr reses de aq uel pldero y de sns có1npf.ices . Mu chos Obi~pos de la. primitiva Iglesia, por otra parlesantos, huían de 1a persecucio n, quizá no ta nLo por tem0r de las pe □ as temporales, cuanto por el deseo que les animaba de prepararse debidamente para comparecer en la presencia de Dios. Los estrechos límites de esta lijera con testacicm, y mas que todo, la apremiante necesidad en que me encuentro dB ausentarme de la Diocesis po~ motivo de salud, me impiden por ahora eutrar en detalles hisLoricas sobre esta materia, pero en mi ccnciencia conozco que al elevar á Su Santidad mi renuncia de la Diócesis µe }?uno, no be hPcho otra cosa qqe ej ercitar un derecho justo,en el srntido cris tiano, y tal vez cumplir fº~ mi deber, asaz cris~ianame □ \e JUSto. Si he entrado P. □ estos detalles es porqte así Jo exijian los terminos en q,e se halla c01 1c-e bida la tierna y bondfdosa peticio n que os habeis dignido pon er en rui s mauos; pero entrean~o, sabed qu e _y o uo puedo dispo er á mi arbill'io·de mi humilde p ·sona, y que una vez elevada á su anlidad mi renuncia, me encuen ·o en el caso de esperar su res 1 pues~, desde lueg o, para conforma1·¡ e con ella, sPa cual fuere. Si pues esa respuesta la obteugo de un mod ·afirmativo, deberé separarme para sirmpre dP vosotros, sin que por Lo <lPjc~de ll evar vuestros nombres ~rabados eu mi corazon, ni ménos e ,,ide el filial amor que füe revela ·ues tra lierr.a peticion. D vosot1·0s siempre afectuoso padre 11 urni !de siervo- . J UAN A:.rnROSIO Obii8J>O ale Puno. P noJ Dici embre 1. 0 de 1873. LA IGLESIA PUNEÑA, Puno, Diciembre 10 de 1873, Renuncia ~e Nuestro Ilmo. Obispo. Hé aquí un hecho que ocupa á los círculos sociales del nepartamento, y á todos los de afuera, á cuyo conocin:ienlo ha llegado. De esto ultimo estamos informados ppr comunicaciones recientes. Dominada por un pe~ar profundo la generalidad de estos pueblos, desde q' en el número 170 de este mismo periodico se vió el anuncio, de eslár elevada al Santo Padre la rPnmi cia de. que vamos a ocuparnos, comenzó á deplorar la falta irreparable de su primer pastor, y sus fon es las consecuencias; porque el predeslinado por Dios para rejir los destinos de un pu P.blo, y para rejir sus deslinosr0 Hf- ~ 1',<18 , no puede ser reemplazado facilmen Le por los hombres. Persuadida de no existir causal canónica para que se der.lar'e por el Vicaria to de Nuestro Señor Jesucristo el divorcio de la Iglesia puneña con su esposo, no cree en la separacion definitiva del Ilustrísimo Monseñor Huerta. Y abriga las cristianas esperan - zas de que vuelva á la Sede E piscopal de Puno el que, conforme ccm las disposiciones delJAltísimo, se desprendía de los brazos de su angelical madre, del círculo de sus discípulos, re]acionados y omigos, tan afectuosos como ilustrados de la Capi tal de Lima, tan solo por cuidar y conducir el rebaño nuevo que se le hubo confiado. Pero tan plausibles esperanzas no se fo nda o solameo le en las virtudes ¡:¡postolicas de Monseñor Huertay en su tiernísimo amor á Puno: vienen · de mas alto.-En efecto, el decaimiento de fuerzas, el mal estado de sa]ud, alegadas por él, como causales de su renuncia, no serán bien acojidas por el supremo prisionero del Vaticano; porque, á estas•razones de trabajos pasajeros, contestará con el elocuentísimo ejemplo de sus padecimieo los-y de su valor, ·para arrostrar otros peores, y le enviará la uocion apostólica par~ que cure, para que deseche sus 'males temporales nuestro dignísimo Obispo, á fin de que continue cumpliendo su ministerio. Son estas las ideas que hemos comprendido, al leer las preces de lo mas notable de esba Ciudad y pue- .

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