LA IGLESI! PUNEÑA. r-¡ IPt'tlB&- ■lit IIEHQRIA. DEL IIALOGR.A.D0 Jóven Uoote•lno•. ¡Cuán incomprensibles son los juicios del Omnipotente! y ¡cuan ininvesligables los misteriosos senderos que cruzan su infinita Providencia¡ Nace el hombre y no sabe si se llamará individuo 6 sociedad, si cual débil arbusto in-: clina la copa al primer ,rujir del huracan violento rindiendo su primer fruto, 6 cual enhiesto tronco respetado de los siglos caiga ce~ diendo al cansancio de abundante producto. Muy ins'3nsala es la inteligencia humana al pretender descubrir los insondables designios de aquél a cuya mirada la tierra tiembla, y a cuyo tacto humean las montañas. 1 No ha mucho que el descarnado brazo de la muerte, señal o una victima mas en el manoseado catálogo del exterminio. Don Manuel Montesinos es el malogrado I á cuya memoria consagramos estas líneas, mal bosquejando el angustioso duelo que nos abruma. Su jóven alma ansiosa de verdad y bien, porque comprendía su clara inteligencia que solo á merced de este consorsio el honor es fellz, se cobijó ·á la sombra del na· ciente Seminario, donde muy en hreve se enriqueció con los tesoro:, del saber y la virtud. ¡Cuán pocos son los jóvenes que como el Sr. Montesinos revisten su ilustracion, con el augusto sello de la piedad! Por eso los tantos estravíos que lamentamos, por eso la vaguedad, cuando nó la ignorancia, respecto de lo principál, pues sin virtudes en el corazon la inteligencia inevitablemente se corrompe. Muy amarga es la esperiencia. que tenemos sobre. lo dicho, que el poco aprecio que se hace de las prácticas piodosas y el olvido de los mas triviales deberes cristianos, no reconocen otro origen que esa rusticidad en que ~e deja ~l pobre corazon ciego por naturaleza. Fel'ices pues los que como el malogrado joven saben resolver acertadamente el problema de su propio bienestar. Las virtudes que adornaban la sencilla ahria del señor Montesinos son relevantes, la tierna solicitud filial con que acudió á sus ya ancianos padres, la modestia respe- ~uosa q«e son todos gastados y su rncausable afan por el cumplimiento de los cargos que en el Colegio desempeñaba, le hicieron acreedor a un delicado puesto en nuestra sociedad. Laborioso poi· costumbre, si bien que sus tareas en la Caj a Fiscal eran multiplicadas, no olvidando el plan Lél en cuyo seno se desarrollara, robaba el tiempo de su descansopara dedicarse á la enseñanza. . El Seminario le merece pues g ratitud y al recordarlo derrama pesaroso una lágrima ardiente sobre su respetuosa tumba. REVISTA DE LA PRENSA. Desde hoy queremoa ofrecer á nuestros lectores esta nueva seccion; la existencia de algunos periódicos en esta, creemos la hacen . muy necesaria; siu mas preáinbnlos comenzaremos por hoy nuestra penosa tarea. dU Ciudadano.• Hé nquí a no de los cól ega s que mili• ta en las fil as del peri od i..;mo, pero por desgracia del per iodismo liberal, J de cin~os por desgracia, po rque siendo el per iod ismo uu1 eRc uela cuu que r.ue11ta el pueblo para su ilustrn cioo y adolauto, e l li bera lis,no apoderá11doi!e de la prema y te niéudo a ~ns di s1)os1ci ones u ua tirn de µaper, de fil cil circulacion, espa rce a~í :;us t1;odns t•xaje ru - das y et-róneas muchas vi->ces, que léjos de ilnstra r en el verd ad ero senUilo, ento rpéce ofrt :c1e11do á la intel ige11cia u n camin;:i vedado p ,ra ella . El último numero de este npreci able eól ega, se preseuta, cnrno él mismo lo indica, con el ropa.Je de doli ente , roa• · ui fest ,111d11 a:ií ~u ho11d a peua por la sensi ble muer te del q ue fo é uno de sus ma s e11I u, ia.. ;tas fu11d 11 do res y que la muer te so rpre nd iéndolo en lo mas •florido de su ju ve11tud , lo ha se parado de entre uosotro~ para vol ve ro o~ á unir en el grao diu de la ete r nidad . Justo es el pe!lar que acompada á nuestro cólega por la sensible muerte del estimable é intelige nte jóven Don Manuel Moutesinos. «La Jgle&iu Pune• ña,., de su parte llora tambien sobre la tumba que encierra los restos queridos del que fué nuestro comp11ilero J amigo. Esto por lo que toca al primer editorial. Veamos el segundo. Al hablar del Patronato se espresa el cólega de esta mao era:-•No podemos • comprender, como apP.sar del nhe- • meutili imo y muJ laudnble deseo 4ue • en lo jeneral se deja sen ti,· en la so• • ciedad por la iualternble conserva- • cion de las buenas relaciones que de- • ben reinar entre la lglesiit y el Estado, hayan podido emitirse pública- • mente, principi os J doctrinas Psen- • cialmente disolventes, pues que tien- ,. den a negar al Poder civil uno de sus • mas import;rntes y valiosos derechos, • cuál es, el del Patronato nacional, lo ,. que indudablemente importa propen- ,. der al alejamiento, mas todavía, a la • completa extiucion de toda iotenen- • cion é injerencia de parte del E,tado en lo coucerniente á los asuntos ecle- • siásti<>os. En algunos de lo.~ últimos • números de •La Iglesia Puuei)a» que • se publica en esta Ciudad, se ha te- ,. nido esa inconsiderada pretensioa, » sin tener en cuenta que aquel de recho • cuyo desconocimiento se solicita, tie- » ne su sólido funda.mento en la racio- • nalidad, lejitirr:idad 1 justicia de su • existencia-en su coutinuado y no • inte rrurapidu ejercicio de tiempo in- ,. memorial-en el esmero J especial • solicitud con qu e en todo tiempo hun » procurado l os Gobiernos su conser- • vacion, inco lumi dad y defe nsa-y en • el asentimieu to jeneral qne euc uen- ,. tra en la concieucia de las socí eda- • des catól icas .» Si al go deseamo11 con vehemeneia es, la conservacion de las buenas re laciones que deben reinar entre la Jglt> si a y el Estado , porque compre11de mos los benefi ci os que se repo rtan de e=, fa íntima union ; muJ a la lij<~ ra h11 jnz~ado el colega 11uest l'él co11d11ctr1 , cuauJ o ha creído que hemo;; publicado pri11 cipios y doctrrnas eq0 11cii1l mente d isolven tes. Fl de re<'ho de. Patronato es de todo punto iuso-;t enible ante los principios verdaderame nte filo:;ófir. os; eu ,e fec to: si admitimos que la Jglesia es una vc rl dadera sociedad, coa un fi n propio, medios para co nsegu ir este fin y fa cultades especiales para organizarse y constituirse de la manera mas conveniente, lo que constituye su ~erdadera inde• pendencia; no c1mpreodemos el derecho de intervencion que pueda tJner el Estado respecto a ésta. Las razones de' reciprocidad solo pueden dar orijen á la proteccion mút1•a entre la Iglesia y el Estc•do, pues aunque indepe.ndieates ambas asociaciones, recl11ma11 St t> mpre au.1.llios múluos; solo admitimos y podemos admitir este Patro11ato, como una grc1 cia ó corno un privilegio concedido por el Roma uo 1'011tífice, a los je fes de lus nac ioues Ca tólicas, µe ro prévia la celehrucion de un co11cord ato , que establ ezca un as ba ses fijas pua su recto eje rcicio . Ahora bi en: ¿no es ci •rto qué 11 ue!i t rn carta fund ame ntal ordena termi110 11 t<, me 11 te , que a la mayor brevedad pn-.1hle se c,~ tebre un coucordato que fij e !)o r compl e to la este11s1on de este Pat ro11 ato para evitar asi los a, ances q ue á titu lo de éste se pudierau realizar'? . ¿ Y por qué no se ha hecho hasta el prese ute? No lo sabemos, pero si creemos oportuno que, antes de . discuti r so bre este as unto empleando para ello i veces fr ases ofensivas á l1 digni dad de la Iglesia, debe ria procu• rarse el cum plimiento de esta di4'posicion para evitar así, lag exajnadas prete11cio11es realizada s á vr ces de parte del poder tempomi a tíl ulo de Patronato y sobre todo, la prdnbreria i11 oficioea que día por día se vien e empleando por los diarios liberales, para justificar un derecho que por cierto no tiene 110 sólido fwndamento en In racionalidad lejitimidad J justicia de su existencia. Parece pues que el cólt·ga no está muy exacto en la" apreci1tcione1 que hace respecto al Patrounto; como derecho repetimos, no eucontramos donde pueda tener su justiflca cion, como gracia si lo aceptamos, y esta es en pocas pnlubras, nuestra opinion: basten eelas lijeras reflexiones por ahora. En la cronica encontramos además d,e la demasiada lijereza con que eiem• pre procede este cólega, respecto á •La Iglesia Puueña», un equívoco que francamente no es dispensable en ,los que se creen árbitros en materia de periodismo. El artículo que en In seccion de variedades con:-ignaba nuestro anterior número, no pertenece A los RR.; a11i lo manifie~ta l.i seccionen la cual se bnllaba y la firma eepecial que lleuba. Ln seccion mercantil, i11teresante des- . de luego, varicdade11 y algunoa . remitidos componen todo el material del cólega. «El Vapor.» Alcabo de cuatro años ha snlido nuevamente á luz, el que creíamos ya cadaver; pero para ma_vor de~gracia, los cuatro años de sepultura, 110 han bastade parH dnr juicio J buen se11tido á los enemigos jurados de la Jglesi11. No ofrecemos la re,ista de este cólrga porque al hacerla tendriamos que manchar nues t ras colum11as ocupáudonos de escritos, en los cuales se han olvidado los deberes de l periodismo, y lo que es mas , l,,s regla s mas tr iviales de urbanidad y cul tura tan indispensnbles para aquellos qu e abrasan esta honroza J deli cada profesion. . Creemos q•rn la sociednd mas desapacion adn l1tl vez qu e uosolros, habrá aprel'i ado .v a lo5 i11sultos mil, que se prod igan á la lgl el'- iu en las columnas in rnu 11 das <l e es te semi-pasquin, pero hay que d iscu lpar siempre la ignorancia de lns q11 e cu sus exajeradas prete nsiou es, quitren ocupa-rse de materi as qu e ni po r el forro conocen, y que si n emharg& <leciden con un aplomo qu e espanta las !llaS delicadas cuestiones. Basta esto para honrar á quien 110 merece. a 11;.:• .;:.......,..;,;¡¡.,; DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESBiTERO DoN EUSTAQUIO SoLANO, AL EXHUMARSE LOS RESTOS DEL CAl'IÓNl~O F'ERN.U"DBZ. S.EÑOU:S: Vengo a este lugar sagrado impul1t1• do por los sentimientos del corazon y deseando llenar el deber mas importante que imponerme pudieran la Religion J la amistad. Ante lf?S restos de un ser que nos fué tau tiernamente amado, no es lo mas natural permanecer indiferente, y auu cuando el sombrío espectaculo que presenciamos embargue el ejercicio de las· facultades de mi mente, preciso t:s me· haga el posible esfuerzo para pronunciar cu atro palabras á la memoria del que fué Canónigo MonseQor Fernandez. Las solitarias mansiones de la muerte, solo pueden ser turbadas por lo!I ecos de la justicia y de 1-a gratitud: sean, pues, los únicos que en ellas escuchemos. El Canónigo Dr. Fernandez nació al mu'ndo fnorecido por Dios de un co• razon recto y una elevada inteligencia, signos ei~eleutes para conocer desde entonces que aquella ,ida babia de ser, como en efecto lo h.a sido, fecunda en graudes virtuues; yo os ruego que fijeis la atenciou solo en alguuus de ellas. El amor filial, ese s~ntimiento de respeto y vencracion hácia los padres, estaba de tal modo arraigado eu !\U co• razou que solo el, quizá, bastó para labrar la felicidad de sus padres. Su catolicismo era tan puro y tnll as• cendrado que cuando hubo asct•ndidp al Sacerdocio, solo pensó en nutrirse ma1 y mas en las sábias doctrinas del Redentor: de_ aquí nació la entereza de su alma para defender mns de una -vez los derechos de nuestra Santa Madre-la Iglesia. Sobre todo lo que mas agradablemente ca1,1tiva nuestra ate11cion es la caridad de su alma sacerdotal. Lleno de , celo por la gloria de Dios y, líl sal vacion de las alm11s, hacia consistir sus delicias en el fiel cumplimiento de las ár• dua~ obli~11ciooes de su ministerio. En efecto: mil veces lo hemos visto senta.- do en e l coufesiouario para curar con bo11dad de µadre las heridas dP.I humano corazo11: mil veces lo vimos ocupan• do la Cal.edra sagrada, ya con moli,o de anatematizar los reinados del vicio y del error, ó ya con el de explicar al pueblo las sublimes ensetlanzas del Divino Jesus. Compasivo por carácter, nunca miró con ojos enjutos el humano sufrimiento, y por eso penetraba como ángel del consuelo á los lugares de presidio á fiu de mitigar en algun modo el dolor de los corazones desgra• ciados. Amonte de la juventud, se interesaba como el que mas por su bien entendido porvenir; y si convenceros quereis de esta verdad, dirijios á los colegios de esta Ciudad:-en San Cárlos Ós t.lirán, que el Canónigo Fernandez fué uno de sus mas háLiles y contrilidos profesores que en un tiempo dictó las teorías de Sócrates y Platon: el Seminario Conciliar de San Ambrosio os dirá que fué su segundo Rector y os impondreis de las fatigas y desvelos que le costaron algun0s de sus adelantos. Iuterrogud. por último, á los tiernos niños de est,, Ciudad y las lágrimas de .sus ojos os mvelaran que perdieron al Padre m11s v,olícito de su crh,tiana educacion. No obstante la grande importl',ncia que en sí ocultaba el malngrado 'perso• nnje de quien hablamos, pocas horas han b.astado par'a que su alma se haJa separado de nosotros. ¡Ah caro amigo y maestro~ ¿Por que cuá11do mas habiamos mellf':ster de tns .concesjos ] maximas ~Jnodouas pre-
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