y entonces s~remos poderosos, no solo para uoestro bien sino para el bien de aquellos á quienes habr~mos impedido haeer el mal .. III. ·'Pero míentras mayores sean )09· belleficios que está llamado á hacer el periódico católico, mayores son tambieo ~us deberes, mas grandes las · obligaeiones que contrae para con la sociedad y para con la iglesia. ¿Cuáles son esos deberes? Es esta, señores, Ja parte mas importante del estudio con que en este momento ocupo :vuestra atencion y deploro tener que circm1scribirme, para no abusar de vuestra benevolencia, á lími- -tes demasiado estrechos. La primera de todas las reglas para un peiiódico católico es proclamar an1e el mundo la verdad, toda la verdad y -solo la verdad. , Es mui noble ocupacjon, señores, pel'O tambieu es árdua tarea. Cada día los malos diarios se dan el placer de :negarla, ocultarla, disfrazarla; llaman ~n auxilio de sus esfuerzos á todos los intereses y todas las pasiones; no soportan una discusion razonada y acostumbran contestar con injurias .Y desnatu1'alizar_las p~labras y Jos pensamientos de sus adversa-rios. El periodista católico no debe jamas cansarse y ha de ·contár como otras tantas victorias alcanzadas cada uno de esos indignos subterfujios á que.reduce á los enemigos de la buen.a causa; porque en los combates de la intelijencia, mas que en ningun otro combate, dar un paso en falso y adadir un error mas á los antiguos errores, es avanzar hácia una derrota cada vez mas próxima. Si el error fuera solo de concepto esa derrota seria "Saludada por ambos combatientes como una victoria: seria el esplendor de la verdad despues de noble lucha. Si al eontrario el error es .hijo de la vol~utad--y es por desgracia la negac~on_ que encontrara á cada paso el per10d1sta católico- entonces la victoria eaosistirá en desenvolver hasta sus últimas consecuencias las teorías que se empeñaban en presentar con hafagüeño aspecto ó, al menos, en hacer evidente la mala fé de un adversario que uo se avergüenza de echar mano1 de tales recurs0s. Sin duda un periódico católico, por mucho que haga, jamas podrá contest~r u~o á uno los errores que en una · d1scus10n sabe aglomerar la impiedad· . . , J en CJertas ocasiones son tantos y tan · · repeticlos, que el hombre mas constante se sien.te quizá tentado á arrojar su pluma, impotente para oponerse al torr~nte corruptor. Es un eugnfio. Si b1e~ h/~brá momentos en que Dios en su ~usti,cia permita, para castigar una sociedad culpable, que ,)a pasioil' y la m~ntira 'oscurezcan la intelijencia y dommen los .corazones, aun entonces no será perdido el esfuerzÓ jeneroso de quien publica" la verdad. Tras la exaltacion ·de un corazon apasionado vendrá pronto el. desengaño; como por enéanto des.aparecerá la nube de errores que oscurecia la intelijencia y se com• prendera el eco de aquella valiente voz que todavia se escucha y que,no trn contribuido poco á-disipar las tinieblas. . (Concl11,ira.J IAtS l,IDEBA.LES Sl!W HASC: ,-lR.-1. CAPÍTULO IV. § m. Las dos fuer zas. ¿Habeis notado que la may,or partt LA IGLESIA. PUNEÑA.. de los cuarteles donde nuestr,o ejército pasa la vida' conspirando contra todo gobierno sin escepcion, han sido conventos de que el Estado se ha hecho duefío en virtud de la razon poderosa de la fábula: qui"a nominor leo? ¡Es coincidencia! me he dicha yo muches veces al pasar por delante de esos edificios custodiados por la inflexible figura de un centinela, que.. arma al brazo, pasea el terreno que le marca la consigna. ¡Es coincidencia! ¡El convento convertido en cuartel! Un e1ercito sustituido por otro! -No tjene nada de particular, se me replicará: precisamente los conventos estaban construidos de tal modo, que la mejor manera d.e aprovecharlos es convertirlos en cuarteles. Celdas y salones tenian los frailes ; de celdas y salones han menest er los soldados cabal'mente. ¿Est.ais seguros de que solo la razon material de arquitectura es causa de esa coincidencia que llama nuestra atencion? ¡Bah! La razon de superficie oculta una razon de fondo; que pueden ver los ojos menos avezadC)S á mirar los secretos de las instituciones sociales. Entre el convento y el cuartel hay la semejanza de la antítesis . Son dos cosas iguales !' pero contrarias. Dire como un ingenioso escritor de nuestros días: "Media vuelta á la derecha es igual que media vuelta a la izquierda: solo que son contrarias.• El conveuto es la media vuelta á la derecha que dió el mundo bautizado: el cuartel es la media vuelta a la iz- , quierda que acaba de dar el mundo paganizado. Es tan natural que de) convento se haya hecho cuartel, como es natural que e! soldado haya sustituido al fraile, el sable á la autoridad, la fuerza á la razoo, la materia al espíritu. Dado el liberalismo, este progreso es inevitable, porque es lógico. En ninguna cosa podia convertirse el convento mas que en cuartel, po~que cuando desaparece la disciplina mora~ no queda mas recurso que la disciplina material. 11:l jenero humano·está luchando de~- de el principio con estas do~ fuerzas que se disputan el imperio del mundo: Ja fuerza del espíritu y la fuerza de la materia. La una predomina siempre á costa de la otra. Por eso notareis que a medida que los conventos disminuyen en las naciones, se aumentan los cuarteles; y á medida que aumentan los conventos, los cuarteles disminuyen. La vida de los pueblos está encerra-' da en este dilema: ó el convento, ó 'el cuartel: ó el ejército de la paz, ó el ejército de la guerra: ó los soldados de Cristo , ó los soldados del César. El liberalismo está siempre por los soldados d.el César contra los de Cris• to. Ved por qué espulsa de los conventos á los frailes, para .sustituirlos con . los seides del dictador. En cá mbio, la Iglesia dice que•el secreto del órden no está en el aniquilamiento de unos por otros , -sino en la conciliaciou de todos. Luis Veuillot ha visto en Roma los soldados confun-didos con los frailes en un mismo edificio; esto es, há visto una casa mitad convento, mitad cuurJ' tel. Hé aquí la conciliacion de las dos grandes fuerzas del género humano. l\Ie permitiré, sin embargo, espresar mi opíuiou, de que juzgo demasiado cuartel la mitad del convento. Por mi gusto, teudria tres cuartas partes de convento por una de cuartel. Aun as~, era de temer que algun dia, se arroJase brutallmmte la fuerza de la ma• leria sobre la fuerza del espíritu. No me refiero á Roma. Allí los regimientos no se sublevan contra el gobierno, como en España. Sirven, por el contrarío, para tener á raya á los bandidos de Garibaldi. Si no fuera por escandalizar á los liberales, diria que en los siglos medios se ve la armonía de las dos fuerzas humanas en los Obispos y frailes qoe empuíiaban el lanzon contra los sarracenos. Hoy miramos con horror el kepis y la sotana en un mismo cuerpo. Confieso que en· el tiempo presente no me entusiasma esta armonía de las dos fuerzas en una misma persona. Pero tengo la debilidad de entusiasmarme con el recuerdo del gran Arzobispo O. Rodrigo en la batalla de Las Navas, ó del gran Cardenal Cisneros en la conquista de Oran. Y, sin embargo, me estremezco al notar la tendencia de nuestro siglo á convertir el mundo en un inmenso cuartel. No estoy tampoco porque se convierta en un gran convento, ni es posible que suceda, porque la Iglesia es mas prudente · qu'e el liberalismo, como la verdad es siempre mas pruden- . dente que el error. Pero si me viera en el imprescindible caso de elegir, lo digo sin vacilar: ¡antes el convento que el cuartel! Vale mas que el_linaje humano conéluya por sí solo, que,no que se destruya á bayol'letazos. arro• jándose pueblos contra pueblos. · Afortanada'mente, la influencia del cristianismo, cuya eficacia no es parte á amenguar el odio de los poderes civiles y de los seetaríos impenitentes, contiene la marcha lógica del error, desviándolo de sus últimas consecuencias. Por otra parte, el mundo tiene hambre de paz, y ve que los cuarteles son el símbolo de la guerra. Esto hace que se vaya volviendo la mirada hácia el convento, en mal hora derruido por el soplo satánico de la revolucioa. Y no hay remedio. Es preciso oponer la fuerza del espíritu a la fuerza de la materia, si en el mun'do hn .de haber armonía y sosiego: es necesario el contrapeso del convento pnra ueu• tralizar en parte la importancia del cuartel. Seria necedad insigne creer que los Códigos políticos, )os derechos del hombre, la fraternidad republicana· ó el equilibrio de las instituciones del sistema constitucional , son poderosos a contener en sus justos límites la fuerza del cuartel, que amenaza a vasa llar• lo todo. Los politicos, los filósofos y los legisladores todos del mundo reunidos, no serian capaces de encoutrar nada eficaz contra el predominio del cuartel, foera del convento. Antes he dicho que me parecia mucho que medio convento se destinase á cuartel. Para que -no se me crea exagerado é intransigente, voy á concluir con una fórmula que no debe rechazar niugun hombre de buena fé: Frente al cuartel, el convento. :JIH;o-- 1L l,A. REVOLUC:IOl'W, Pon l\loNSJ{ÑOR SEGUR . § VII. ¿Citales son las armas - ordinar i'as de la . Revolucíon? Ella misma lo ha dicho y lo ha probado muy á menudo. · «Para combatir á los príncipes y á los, santurrones, todos los medios son buenos: todo está permitdo para auonadarlos : la víoleucia, la astucin, el fueg'l y el hierro, el veneno y el puñal; el objeto santifica los medios ~·t).,. Ella se ha~e todo, para nnir toda el mnndo con su causa~ Para pervertir á, los cristianos, parc1 estirpar el espíritu cat.ó,- lico, se sirve de la educacion, qu-e ma... lea; .de la enseñanza, que envenena; de la historia, que falsifica; de la prensa, de la que hace el uso que todos sa• ben; de la ley, cuyo traje adopta; de la política, á quien inspira,; de la Religion misma, de la cual toma algu~ nas veces las esterioridades para seducir á las almas. Se sirve de las ciencias y encuentra medio de que éstas se rebelen contra el ·Dios de las ciencias; se sirve de las artes, las cuales bajo su influencia mor.tal producen la perversion de las costumbres pública:, y la deificaciou de la sensualidad. A S<ltanás, con tal que logre su objeto, poco le importan los medios que emplea. No es tan escrupulos.o como se. cree, y sus amigos tampoco lo. son. Sin embargo, puede decirse que el carácter principal de los ataques de la Revolncion contra la Iglesia es la audacia y la mentira. Por la audacia hace flaquear el respeto al Papado, vilipe!.l.• día á nuestros Obispos y sacerdotes, bate en ,brecha )as instituciones católicas mas venerandas; y con la mentira, repetida sin reboso, prepara la ruina de las sociedades, fascinando á las ma- l sas, siempre poco instruidas y poco neos~ tumbradas á sospechar de ·la buena fé de los que las hablan. De cada mil personas seducidas por la Revolucion, novecientas noventa y nueve s:m víctimas de esta táctica odiosa. ¡Ay de ella! ¡Ay de vosotros, seductores de los pueblos, que empleais en servicio de Ja mentira, la energía que Dios os concedió ,para servir á la sociedad! Hijos de la Revoluciou, · no temeis llamar mal al bien, y bien ul mal; sobre -vosotros cae nquel terrible anatema: Vre qui dicitis malum bonum et bonU?n malum! V re gen ti insurgenli <Super genus meum! Pero ¿es cierto que la Re;olucion sea tan perversa'? ¿Es cierto que conspira de este modo contra Dios y contra los hombres? Escuchad sus propias confesiones, escuchad sus proyectos digno.s del infierno. ANUNCIOS, SEMINARIO CONCILIAR DE SAN AMBROSIO. Por órden de la autoridad competente se pone en conocimi~nto de los padres de familia y demas interesados: que la matrícula, para los que deseen pertenecer como alumnos á este establecimiento, cstara abierta desde el 12 del presente l1asla el12 de Marzo; señalándose p;tra la matr\.culacion las horas de 12 á 2 172 de la,larde: y come1üará á funcionar el establecimiento en sus tareas eicolares desde el 10 del entrante. Puno, Enero 11 de 1873. El Secretario. A. L05 P A.BBOCJOS. El Cuadernillo Eclesiástico para 1873 se halla de venta en la plaza \ienda·esquina de las señoras Rodri• guez. Puno, Diciembre 21 de 1872. (1) Carta d·e un revolucionario de .Alemania a un fraemason. IMPRENTA DE MARB.1"0 c. MARTll'CE.Z. . C"'lle de Ar_equipa . N. • t 67.
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