La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

El sellor D. Casimiro Vargas es uno de esos pocos hombres que uo han menester de un biógrafo para gue su memoria se conserve; la ha deJado grabada para siempre en n_umerosos ~ importantes trabajos. Su vida den~asiado corta para sus amigos, fué mm llena para la Iglesia y ante Dios, que s~ ha ser- -vido llamarlo á recibir el prem10, cuan- 1 do todos aguardábamos grandes bienes de su permanencia entre nosotros. Nacido el 3 de marzo de 1826, recibió de sus piadosos y distinguido& padres el ejemplo y. las lecciones de la mas severa virtud. Dios lo destinaba á i-er un modelo en el sacerdocio y adornó desde el principio su alma ~~ las. dot~s _q~~ constituyen una iotellJenc1a privlleJiada y un piadoso corazon. Despues de haber cursado derecho en la Universidad, se dió de prefencia á Jos estudios sagrados pam prepararse al sacerdocio, que recibió el l O de abril de J 852. En los veinte años qae tuvo para ej~rcer su ministerio se dedicó con teson al cumplimiento de sus multiples obligaciones y figuró siempre cu primera líuea. El púlpito y el confesonario lo ocuparon desde el primer dia hasta el último de su vida y" Jo hacen inolvidable para aquellos que tuvieron. la felicidad de ponerse bajo su direccion ·ó de escuchar á menudo la sabiduría de su palabra llena de atractivos. No se contentó con defender en la cátedra sagrada los principios salvadores de la sociedad; descendió tambieu á la prensa y mereció ser contado entre los mas distinguidos redactores de LA fü;vISTA ' CATÓLICA; se dedicó á la instrnecion; desempeñó la cátedra. de · Teolojía .l\Joral en el Seminario y, llamado á formar parte de vuestra facultad, obtuvo dos veces consecutivas el honor de vuestros sufrajios para el decanato que ocupó hasta su muerte. Pero sgbre todo se distinguió el señor Vargas como prelado. El año 1859 fué Vicario General v durante los dos viajes que ha hecho·el señor Arzobispo á Europa, el señor Vargas quedó d~ go- .b.ernador de la Arquidiócesís, en union con el actual señor Obispo de Himeria. En los trece años que estuvo asociado al gobierno eclesiástico de Santiago mos- . tro siempre todas las cualidades que constituyen al verdadero prelado; los que fúímos sus subditos jamas dejamos de ser sus amigos y él era el único que ansiaba por volver á la tranquilidad de Ja vida privada y por verse libre del peso de un cargo que tan dignamente , desempetlaba.. La noticia de su muerte, acaecida casi súbitamente en la noche del 27 de enero del presente año, vino a Jleuar de coosternacion al clero y á toda la sociedad eo la que era universalmente estimado y respetado. i Al hacer, en cumplimiento del deber que me imponen los estatutos universitarios, el descarnado 1·esúmen de su vida, no ha si.do, señores, mi intencion el traer su recuerdo a vuestra memoria; bieu sabia que no necesitaba pronunciar el nombre del señor D. Cn&imiro V:argas .Pontecilla para que todos vosotros tuvierais muy presente al distinguido·compañero que habeis perdido. L Entre los muchos asuntos de vital interés para la Iglesia que podia escojer como materia de mi discurso de incorporacion, he preferido, señores, uno cuya importancia y uUlidad es uni~ersaimente reconocida en el presente siglo; voi á tratar del periódico católico. Facil me será demostrar cuan irncesario es en los tiempos de rudn lacha que atravesamos y señalaré tambien los principales deberes que han de cumplir sus redactores para que el periódico llegue a ser el ve1·dadero defensor del Catolicismo 'S de la sociedad. LA IGLESIA PUNEÑA. u. «Conozco la pl'ensa y, si en mi mano » estuviese regalarla al mundo, vacila ria »indudablemente y .es probable que me »abstuviera de dársela (I).» Estas palabras las escribía, señores, el m'as ilustre de los periodistas católicos; un hombre á quien la posteridad contará sin duda eutre los apoloji5tas de la relijion; que ha pasado cerca de medio siglo siempre ea la brecha como bueno y leal soldado, despreciando los halagos de los unos y las injurias y amenazas de los otros, sin dejarse jamas deslumbrar por · los laureles que en luchas continuas ha sabido constantemente cojer. Y cuando la preusa diaria lo ha elevado á la al tura en que se encuentra y cuando, ella Je ha permitido hacer tantos y tan eminentes servicios á la causa de la verdad, á cuya defensa ha consagrado su vida; todavía, al echar una mirada al profundo trastorno moral que por todas partes reiua en la tierra, llega a duda1· de la utilidnd de un medio de que él se ha servido tao noblemente y, apesar de conocer como nadie sus l'entajas, quizá prefiriera en bien del mundo que . no existiese_la imprenta. ¡Oh! sin duda, la impreuta es, entre los medios materiales, el primer elemento de civilizacion. Puesta al servicio de la verdad, esparce por do quie• ra su conocimiento; comunica con rapidez el fruto de las mas cultivadas intelijencias; estieude la ilustracion y debiera ser el lazo mas sólido, el verdadero lenguaje universnl, de esa g1·an familia que se llama humanidad. Pero tarnbien solo comparable á los beneficios que puede hacer es, seliores, el mal que causa cuando en I ugar de ser porta-voz de la verdad, del deber y de la: ciencia, se .constituye en emisario de la pasiou y del error. Entónces, la predicacion del vicio,· la defensa y enseñanza de la mentira, toman proporcio11es capaces de alarmar á toda sociedad bien organizada, pues tarde ó temprano háu de producir, como lógica é inevitable consecuencia, la desrrl'Oralizacion del individuo y la relajacion de todos los lazos sociales, Porque, señores, no es posible la existencia de una sociedad sin la posesion mas ó menos completa de la verdad: alcanzada por la intelijencia forma la cópia de nuestros conocimientos relijiosos, morales, científicos; abrazada por la · voluntad se transforma en el cumplimiento de los deberes, en el respeto de todos los derechos. De ahí nace la inmensa culpabilidad dei que se propone estraviar la intelijencia ó corromper el corazoo del pueblo, y el peligro inminente de las publicaciones que atacan las creencias ó la moral. Pero entre esas publicaciones hay algunas que, por su forma especial, por la facilidad que tienen para llegar á mano~ de todos y por muchqs otras condic1011es que les son propias han venido á constituir en nuestro · tiempo un poder terrible y una amenaza constante contra cuanto forma )a felicidad del individuo y de los pueblos hourados; esas publicaciones son los malos diarios. En la febril actividad, que parece el carácter distintivo del presente siglo, desempeña el periódico un importantísimo papel y su lectura lle~a á ser necesaria para casi todos los hombres de cualquier clase y condicion que se,~n. El industrial, el agricultor, el comerciante va á buscar en sub columnas el alza ó baja de los frutos, las transacciones habida~, el rno-vimíento de la plaza, . y todo lo encuentra diariamente, sin salir de su casa, sin tomarse otro trabajo que tender la mano para coj~r el numero que le lleva el repartidor. (1)-Luis reuillot, Les Ordeurs de París, libro l, púj . . 31 de la primera edicion. ¿Dejará el político un solo dia de leer su periódico? Si es hombre público ó tiene alguna influencia en la cosa pública ha de saber qué aceptacion ha merecido tal medidida, cómo se juzga por amigos y adversarios acerca de la oportunidad y . justicia de tal otra, en qué razones se apoyan los que encuentran conveniente adoptar ciertos arbitrios que él cree funestos al bienestar nacional. Y esto no sucede solo raras veces; esas medidas, ,esos proyectos no ,se presentan á la discusioo cada año; es el pan cuotidiano del sistema representativo, tal como hoy se practica; no pasa semana sin que un nuevó asunto-cada cual mas grave, mas importante.-y de mas vitales consecuencias, al decir de los políticos-no venga á ocupar la imajinacion del público y hacer jemir las prensas con cien escritos en pró y en contra. , Y si di los hombres públicos pasamos a los que aspiran á serlo, á los políticos de aticion y á esa multitud que se cree llamada á rejir los destinos de la patria, siendo así que muchos de ellos carecen de las aptitudes necesarias para 1 vivir de su trabajo ó prefieren á todo 1~ ociosidad del polizon; si llegarnos á ellos ¡ah! no pueden vivir sin el periódico y creen sinceramente qúe si deja~an un día de leerlo y de saber , lo q.ue pcurre todo andaría mal; e8 dos días peligraria .la república. Esta necesidad del periódico, que tiene much{) de ficticio, se estiende á todos. El artesano, e1 sirviente dqméstico, la pobre mujer que apenas puede vivir de su trabajo, no hay nadie que no quiera leer lo que dice el <lJario Y muchos, que saben solo deletrear, no se satisfacen mientras no toman en las manos el deseado papel para epgañar con poco mas que con su contacto la importante curiosidad de su ilustrado patriotismo. Eu. el mayor numero· es algo como una terrible epidemia, algo semejante á una monomanía social, Pues bien, señores, esto supuesto ¿qué gra vísimos males no puede ocasionar un periodico malo? Por desgracia, no tenemos que ir al campo de las suposi• ciones para dt1rnos cuenta del modo como atacan lo mas respetable y de la guerra impia que saben declarar á )os principios sociales y relijiosos. Es uu mal que, si bien eu Chile no ha tomado hasta hoy las espantosas proporciones que e:i otros paises, se va haciendo cada -vez mas amenazador y patentizando en muchas maneras los desgraeiados frutos de la mas triste propaganda. ¿Qué representan'? Se atreven á llamarse católicos y muestran todos los días su odio a la Jglesia, a sus instituciones vene randas, al Papa, á los Obispos, al clero, á cuanto mas ó menos se halla ligado con uuestra santa relijion. Sea cual fuere la resolucion que la Iglesia dé á uu asunto cualquiera, es seguro que los malos p~riódicos la atacan con destemplanza; no hay un h.ombre querido para los fieles que entre ellos no sea detestado, no hay desgraciado alguno que persiga á Nuestra Santa Madre . sin obtener por el mismo hecho sus simpatías; y para ser considerado por ellos católico ilustrado basta separarse de la comunion de la Iglesia y de la obediencia debida á sns pastores. Ninguno de vosotros, señores, os equivocais al anunciar que tal y tal periódico ha de alabar á tal persouaje á quien solo conoce por su rebeliou y ha -de reproducir toda suerte de injurias contra el que ha sabido mantenerse fiel. Es un sistema y' un sjstema seguido con constancia incomprensible para quien no conozca que es solo la manifestadon parcial de esa eterna y desesperada lucha que declaró el primer rebelde al Creador. No hay arma ni medio vedado para ·quien se propone solo destruir: la cal0ti.nia, la injuria procaz, la deslealtad campean a meando en estos papeles que tienen asegurada la impunidad. Juzgan todas las cosas á primera vista y son siempre infalibles. En las mil y una materias tratada8 por esos periódicos ¿habeis visto á alguno que haya confesado alguna vez que se ha equivocado? ¿Por qué habrian de confesarlo tampoco? ¿Qué les importa la verdad? Tales son, sefiores, los huéspedes que se reciben diariamente en muchas familias católicas. (:Ju padre y una madre que creen un deber de conciencia impedir á su hijo frecuente una mala compañia; que considerarían una deshonra para la familia admitir en su saloo á un hombre perdido, no temen poner en ~anos de un joven inocente, no temen lee-r, ellos mismos e¡os diarios que hacen gala de atacar lo mas respetable. Son bastante lijeros ó indolentes para no reflexionar que ese amigo de tod·os los dias ha de ir tomando cada vez mas influencia en el seno de su familia, ha de inocular en ella el virus de sus principios disolventes y produ- ' cir mui pronto lamentables resultados. ¿A males tan graves · qué remedio deberá oponerse? Sin duda, el primer remedio que se le ocurre á todo nueo católico se encuentra en el cumplimiento exacto de sus obligaciones. La lectura de esos periódicos, como todas Jas malas lecturas, y mas aun que todas, .les está prohibi- . da por los deberes naturales y por los preceptos de la Iglesia. Pero hemos visto la inmensa utilidad material del diario para todas las clases sociales; conocemos la necesidad que todos sienten de su lectura, ¿habrá muchos que, como buenos católicos. sepan sacrificar sus intereses, sus inclinaciones á la V{j)Z severa del deber? ¿Será siquiera prudente dejarlos espuestos á esta lucha casi heróica-apesar de su mesquindad real-en este siglo del positivismo? ¿Será prudente mantenerlos en cierto modo alejados de la cosa pública y colocarlos en la situacion mas desfavorable para atender á sus negocios y transacciones comerciales? De ningun modo; y por eso, señores. católico!! intelijentes é ilustrados hau emprendido en todas partes del mundo el combatir el mal en el terreno de los hechos, presentar á los buenos el medio de tener las ventajas que tenian los malos y neutralizar en cuanto fuera posible el efecto de los errores, oponiéndoles la verdad y combatiéndolos siu tregua. En oposicion á los malos diarios se han establecido los diarios buenos; en todas partes han nacido de la necesidad de defender los mas respetables intereses; en todas partes deben sostener Jos mismos principioi y combatir á los misn10s enemigos: esos principios ·son los que enseña la Iglesia Católica, esos enemigos son los de la Iglesia Católica. Por lo tanto, un periódico católico es algo mas que una empresa mercantíl y un interés individual; es una insUtucion creada con el alto fin de protejerá la sociedad y de esparcir la única instrucóon sólida y fecunda, la que está fundada en la eterna verdad; Todo católico debe mirarlo asi y como todos tienen el deber de propender á idénticos fines, todos se encuentran en la obligacion de favorecer y ayudar, en proporcion á sus fuerzas_, á esos periódicos que Los defienden a ellos mismos y sus intereses. Pequeílas rivalidades, intereses políticos y mercautiles, a11imosid<1d personal.. todo debe desaparecer ante la gran causa para cuya defensa han sido creados esos diarios· cada cual ha de llevar su cootinjent~ a la lucha del bien contra el mal; ninguno puede cruzarse de br~zos y mirar impasible el combate. Nuestra cansa es la misma y nuestros esfuerzos ~·cbcu encontrarse reunidos,

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