La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

dicho beneficio, recibiéndolo bajo del inv~ntario respectivo. Dios ~guarde a V. P. Maricmo Ramas-(firmado). REPÚBLICA PEBUANA.-Vicaría General de la Diócesis de Puno.- A .24 de Enero de 1872. Al Sr. Vicario Foráneo de la Pro- , vincia de Carabaya. S. V. F. Con esta fecha, esta, Vicaría General ha tenido á bien nombrar por Cura Inter de la Doctrina de Phara al Reverendo P. F. Juan de Dios Canales, a quien pondrá US. en posesion del indicado beneficio, de~ diendo darme cuenta de haberlo así practicado. tan luego como_ dé_cumplimiento á lo que le llevo rnd1cado. Dios guarde á US. Mar11:ano Ramas-(firmado) Es copia fiel-Jase R. Candela- (Oficial primero. J LA IGLESIA PUNEÑA. NUESTRA Sl'l'UACIO:\T POR MONSEÑOR GAUME. PELIGROS. CARTA IX. .A:M:IGO MIO: Los peligros que antes os he indicado están en la naturaleza de la situacion actual, es decir, en el triunfo cada dia mas completo de la Revolucion. Sin un milagro se convertirán un día ú otro en horribles realidade:;, que existirán allí dcrnde la Revolucion impere en pro:.. porcion igual á su poderío. Sé que los católicos son los únicos en asustarse por la perspectiva del cisma y de la persecucion, y que á los demás, que son en gran numero, les interesa muy po(lo: sin embargo, no han de faltarles motivos para temer, y habrian de conocerlos 'si previesen las calamidades públicas, consecuencia de la situacion. No olvideis, amigo mio, y acordaos siempre de que la Revolucion odia cuanto no ha c'reado, y que destruye todo cuanto odia. Conferidle hoy el podel' absoluto, y á pesar de sus protestas, será mañana lo que fué ayer, lo que será siempre, esto es, la guerra á muerte contrn la religion, la sociedad, la familia y la propiedad. Dios del mal, no cambia ni puede cambiar; y no diga que la calumniamos: sus actos le hacen traicion. Traed á la memoria los añoc;; de . 1793 y de 1848, y ved lo que es la Italia en 1860. Con audacia sin ejemplo, conculca y atropella la doble constitucion del mundo civilizado: la .Religion J el derecho de gentes; la desgarra, lleva sus sang,rientos girones en la punta de sus ba'.• youetas, y en sus banderas ha inscrito el derecho de rebelion contra toda autoridad, excepto la suya; el derecho de oprimir, de desterrar, de encarcelar á quien no sufre su yugo; el derecho de despojará todos los soberanos, despojando al soberano mas legítimo entre todos: y este derecho lo practica. ¿Qué es esto, sino el comunismo en grande, prelúdio del comunismo en pefJ'l<'ño? Si contra todn jnstirin divina y LA IGLESIA PUNEÑA. humana está permitido á los reyes anexarse reiuos, ¿por qué ha de estar prohibido á los parliculares anexarse el caudal, la casa ó el campo del vecino? Lo mas alarmante es la actitud de las naciones AU presencia de tales atentados. La Europa está minada, devastada por uu pueblo de bárbaros, y entre los re_ycs, uuos aplauden y otros permanecen con la espada e·n el cinto. En vano el oráculo infalible de la verdad, el Sumo Pontífice, se afana en gritar que la Revoluciou se dirije contra todos {os tronos; que la sociedad marcha al comunismo, es decir it los últimos llm_itcs del desórden y del infortu- , nib (1). f..,os sordos no oyen, los ciegos no ven: hl Europa oficial se irrita ó se so)lrie, y los hombres de bien repiten que ~l¡~riunfo de la Revolucion es imposiAsimismo .han pensado siempre los pt cblos culpables y las inteligencias v lgares en víspera de grandes catástrolito y el castigo. ¿Quién al ver lo que sucede puede decir que las deducciones de la lógica, las aualogías de la historia y los pr~sentimientos del genio no soo mas que sueños? Para el mas vulgar buen sentido, es indudable que el trono de san Pedro, es decir la completa independencia material del Papa, es el irnico dique de la Europa contra el despo~ismo y la barbarie, Derribado este trono, todo es de temer, porque todo es posible. fe . «Nunca como hoy ha sido el mundq tan ilustrado, la fortuna pública mejor, el ejército tan esforzado, el Senado ta!n fiel, el Emperador tan poderoso;» 1 a~í decían los romanos del ¡¡fto y del . bajo imperio: los primeros, pocos aüos antes de la invasion de los bárbaros; los segundos, á la vista de las armadas de l\Iahometo. Para no citar mas que un ejemplo, así raciocinaban los grandes políticos de nuestros Estados generales: no veían o no querian ver que el n!lo 93 e~taba en el 89, como el pollueAñadid á esto, amigo mio que para el católico, la Revolucion no es un hecho como otro cualquiera, si 10 que es un castigo, y nuestras razones de temer están mns que en lo que vernos, en lo que creemos. Lo mismo q~e el i1!1an atrae al hierro, el delito atrae al castigo, y entre el deliLo y el castigo e iste igual relacion que entre la causa y el efecto. Solo el arrepentimiento pu de salv;ir al culpable, y ax.iomas son estos de la esfera moral, que son parr nosotros mas ciertos que los axiomas e geometría. Recorred ahora con los ojop un mapa de Europa, y decid si veis a una sola 11acio11 bautizada que no sea esde hace cuatro siglo-, culpnble de c· mn, ó de herejía, ó de usurpacion, e crueles persecuciones, ó de indifer ncia y de blasfemias sin ejemplo y s n nombre en la historia de las edades nteriores. Despojará la Iglesia, esclaviza á la Iglesia, abofetear a la , Iglesfo, á esto puede resumirse en sus relacione. generales la vida de estas hijas bie1i 1~1eidas respecto de su madre. En rrit ~ipio ó de hecho, todas sonó han sid culpables de rebeliou permanente con ra el cristianismo. ¿Y esti:t11 arrepenf das? Examinad s11s actos, escudrnd lo que en ellas se dice, ved lo que en e las sucede. lo en el rnevo, y qne bastaua un picotazo para que saliera á luz. En cuaato á míJ amigo mio, confieso que este 1epo..,o dista mucho de tranquilizarme, : justo es decir que tampoco ha tranquilizndoá los espíritus mas previso1 es. 1abeis oído á Su Santidad, oid ahora á otros observadores. La usurpncion del poder tempurnl es el último golpe dado á la última raiz ·quc por la propiedaj une la Iglesia á In ti1frra de Europa. «Sin propiedad, decia hace treinta n1os ~J. de Bonnld, ha concluido la rtligion pública en Europa; sin reliq"ion, la Europa desaparece (2).» En J34l), Donoso Cortés me escribia lo siguiente: «Os debo un millon de gracias por vuestra bondad en enviarme un ejemplar de la obra en que con tanta resolucion y profundidad sondeais ,as úlceras de esta sociedad ·espiran te (3). Su lectura ha sido para mí muy '. riste y deliciosa al mismo tiempo. Muy triste, por la revelacion de graudes y fo11nidables catástrofes; deliciosa, por la m,wifestacion sincera de la verdad. «Yis ideas y las vuestras son muy semejantes, por no decir idénticas. üiós hizo la carne para la podredumbre, y para ésta, la cuchilla. Estamos proximosá la mas gra11 catástrofe de In histori1, y por .ihora, lo que mas distinto veo, es la barbarie de la Europa, y su despoblncion antes de ella. La tierra por doude ha pasado la civilizacion filosófica será maldita; será tierra de corrupcion y de sang-re. En seguida veudra ..... lo que ha de venir.» Colocado en otro pnnto de vista, Napoleon deducía igual consecuencia, y decia hace mas de cuarenta años: «Dentro Je cincuenta años la Europa será republicana ó cosaca.» Sociali s ta habría dicho á exi:-tir entonces est ~ nombre. A sí pues, invasion de los bíirlrnro" del interior ó iuvnsi on de los bá rbaros del exterior y qtiizás tHli.l y otrn; langostas pnra el Egipto, hordas semi desnudas para los romanos: la debilidad para humillur á la fuerza; la barbarie salvaje para castigará la barbarie erudita: ecuacion providencial entre el de- ¿Cuál es su conclucta, cual su lenguage, en pt•cseocin de la suprpma humillacion que sufre hoy el sunremo Pontífice? La primera se revela po·r el segundo. Todas ó cusi tod¡1s di en con aire imperturbable: «Que los h:rnntos del Papa se arreglen ó no, póco me importa; es una · cuestion puramente temporal,. sin conexio11 ninguna con sJ órden religioso, .Y menos au11 con 'el órden social. Eu buena hora que los ultramontauos pretendan darle proporciones y un carácter quP- no tiene; nadie tomará por lo serio sus palabras. Asentadas sobre los principios inmortales de 1789, !ns bases de la sociednrl moderna y de la prosperidad pública son bastante solidas para que nada tengamos que temer de ese rancio altercado entre lo temporal y lo espiritual.» Y e11 seguida, lanzando al tiempo pasado una mirada de soberuio desprecio y al ciclo n11 insoleute reto, afütden: «En la edad n-Íedia se creía que el Papa había de ser rey; que los pueblos te,iiau necesidad del cristianismo y de 111 lg-le sia; que cuanto ~nayor era su sumision á ella, mas grande era tambien su prosperidad; , y nuestros buenos antepasados, ternblundo á la voz del clero, no se atrevia11, á ser libres sin su perrriso, ó si á ell0 se atrevia,1, eran condenarlos á penitencias rúblicas. Estos tiempos de oscurantismo hau pasado para uo volver." «En cnnutu nos ha sido dable, nos hemos emancipado de la tutela del cristianismo: nos hemos consütuido fuera 1 de sus leyes y en oposicion con la Jglesia, y lejos estamos de anepeutiruos por ello. ¿Qué mal 110s ha sucedido? Desde que hemos desterrado de uuestros consejos á Aquel que se llama Rey de r eyes y que nos burlamos de la Iglesia y de sus anatemas, marchamos de pro~ greso en progreso. Nu11ca fuímos. tan sabios, ta 11 1 ib res. tan ricos, tan fuertes, tan felices. ¿Para qué sirve el Papa? ¿Para qu6 sirve la Iglesia? ¿Para qué el cristianismo'? Nuestra civilizacion, la mas deslumbrante que jamás ha existido, es la I un solemue metüís á !as lecciones de lo pasado,» • (1) Pronum est iotellig-cre, quantum unicuiquc gubernio cliscrirnen in Jies compare tu r, el c¡uanla in unircrsam civilcm societalem redundet pernicies, cum ita falali comiíwnismo arlitus aperiatur. (Aloe. de 28 de Setiembre de 1860.) (2) Teoria del poder, lit. III, p. 1,0ü. (3) ¿A' dónde vamos? JJfiradá sobre ,;potn r1Ct 11a f. - ¿Es este el lenguage de un penitente? La iniquidad no puede librarse de la justicia suprema¡ y paciente porque es eterno, Dios alcanza al individuo hasta en el dintel de Ja eternidad. Esta, empero, no existe para las naciones, y en recompensa ó en castigo, reciben aquí en la tierra lo que les es debido. Festín de .Ilaltasar, el triunfo social del orgullo y del sensualismo no puede durar siempre, y á ser de otro modo, el hombre seria mas fuerte que Dios. El mal habria vencido, y nunca Satauas habría obrndo un prodigio tan capaz de seducir aun á los mismos elegido,s. Es pues positivo que una masa enorme de deudas contraidas para con la justicia divin•a, amenaza á Europa con un horrible vencimiento, y el · único medio para librarse de la catástrofe seria ponerse .de acuerdo con el acreedor y pedirle con humildad proroga y perdon. Sin embargo, es probable que esto no se haga; lejos de vol ver en sí, la porcion anticatólica, la mas numerosa e influyente de la sociedad, continuará eu su agitacion estéril, adornada con los nombres de política y polémica. Como antes se entregará. a sus especulaciones, á sus placeres, á su vida de movimiento y de ruído, y embriagada con lo presente, si~ cuidndos para lo porvenir, caerá al abismo .entre el estrépito de sus carcajadas. Pero-á lo m~nos, si la parte de la sociedad que con la fé conserva la inteligencia del mal y del remedio, eleva sus manos al cielo é implora con la doble voz de la oracion y de la limosua, la misericordia y la sabiduría de lo alto, ¿se sal vnrá la sodedad? Hace mil seiscientos años que los primeros cristianos se hallaban delante d_e un mundo que no era todaviu cristiano, que 110 quería serlo, que no 11ueria que uaJie lo fuese, que perseguía con ~us injurias y su saña á nquellos que lo erau. Diseminados por todo el imperio, nuestro3 padres oraban noche y dia p;1ra la conversion ~e aquel mundo ol.islinado y perseguidor. «Para la salnd de los emperadores, decían, invoc11mos ni Dios eterno,. vivo y verdadero; pedimch para ellos dilatada· vida, un reinado apacible, una paz inalterable, un senado leal, y retardarnm¡ con toda la eficneia de nuestras pJegurias la caidn del imperio (IJ.;, Nunca se habian elevado oraciones tan fervientes .Y desinteresadas; ¿cuí1l fué ' su resultado? La sociedad romana se obstinó en su camino de · odio y de despreciq, y no hubo .para ella reinado apacible, paz inalterable, ni se11ado leal. De revulucion en revolucion; marchó hasta que el imperio todo desapareció á los golpes de los bárbaros. Llegado el siglo X[X, nosotros los hijos de los mártires, nos hallnmo.-; en pre~ seucia de un mundo que cesa de ser cristiuno, que no quiere volverlo iÍ :,;er, q• no quiere que lo sean, que per-ig·ue co11 sus sarcasmos y su odio á aquello~ que lo son, incluso al mismo Papa. ¿,"erémos. mas afortuundos que nuestros mayores? ¿Serán nuestras oraciones mas fervorosas? Si la grandeza de Ja iniq11idad se mide por el precio de las gracias recibidas, como Ja gravedad de la caída por la altura de que se cae, el mundo que ha abusado de la sangre del Calvario y de diez y ocho siglos de beñeficios, ¿será menos culpable que aquel que, de lo uuo ni de los otros babia disfrutndo'? INSERCIONES. (Tomamos de «La Sociedad.") Peligros del llberalismo católko. Existia en la tierra un ejército cuya historia, diez y ocho veces secular, era una séri~ no interrnmrida de desastres (1) Tcrtul. . . 1pof., <'. x-x,, ctr.

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