en el campo que no cuida un buen padre de la fam.ilia; la éra de los ·combates de la Iglesia contra Satánas, que le disputa aun el terreno palmo á palmo. El tercero comprende desdE: Cárlo Magno hasta él renacimiento del paganismo. En aquella epoca, observamos independencia territorial completa y auténtica; es ella el reinado social de la Iglesia, sustituido al del espíritu del mal; es el reino visible de Jesucristo por todos reconocido; es el vencimiento de' todas las heregías, ninguna de las cuales es bastante fuerte para arraigarse en la tierra de Occidente. El cuarto empieza en el renacimiento del paganismo y dura todavía. A contar desde aquel tiempo, la independencia territorial de la Iglesia es otra vez atacada, y los ataques, segun hemos dicho, son de mucho anteriores á Lutero. Esta · independencia se hace mas Y mas incompleta, y al instante principia otra vez la éra de las tribulaciones, de los cismas y de las heregías. El reino social de la Iglesia se debilita por momentos, y el de mal aumenta en proporciones análogas. Por fin, hoy quiere sujetarse á la Iglesia á un estado de d.ependencia completa y de poder puramente espiritual, reinando como en los dias de las catacumbas, sobre meros individuos. El Cé- ~~r y el Papa van a hallarse frente á frente. Quiera Dios que mañana no emP!ezc de nuevo la éra de las persecuciones y de los martirios, Ya lo véis, amigo mio; la historia nos enseña que la autoridad espiritual de la Iglesia aumenta ó disminuye en la misma proporcion que su indepen- ~encia materiaL En su alta significacion, los hechos que acabo de indicar estan corroborados por otro no ménos constante. Dícese que la. independencia territorial no es necesaria a la Iglesia· que la riqueza del clero es un mal lé: jos de ser un bien, que la pobreza sienta mejor á Ji¼ esposa de uu Dios pobre, y le dá, sobre todo en el día, una autoridad moral mas re:1petada y mas universal. Si así es, 1,por qué todos los príncipes, todos los pueblos, todas las épocas que mas han amado á la Iglesia, que la han rodeado de filial respeto, se han apresurado á fomentar su independencia material, di.tndole en homenage ricas propiedades, y á veces ciudades y provincias enteras? Su amor habrá sido pues bien ciego; á entreve~algo de la verdad, se habria abstenido de semejantes actos; á verla del todo, habría reducido á la Iglesia, á la dependencia y á la mendicidad. Por el contrario, los · príncipes herejes y_ cismáticos, los gobiernos impíos y revolucionarios, que han despojado á la Iglesia y que le ni~gan el derecho de adquirir, han sido los únicos en comprender los verdaderos intereses de la religion. Segun esto, Constantino, Cárlo l\'Iag- .io y sus imitadores fueron muy necios y malos cristianos, y Enrique VIII y cuantos han seguido sus huellas, hombres de sentido comun y cristianos verdaderamente evangélicos. Segun esto, Garibaldi y Victo,r lUanuel que no dejan al Papa donde reposar su cabeza, son los primeros católicos del mundo. Hombres hay que se creen de pró, que se dejan alucinar por semejante sofisma, que Jo defienden, que Jo propagan y que a su vez lo hacen aceptar por otros hombres! Otro sofisma hay aun del cual hablaré en mi primera carta. .,OS l,IDERALES SI~ .IIASCARA. CAPÍTULO TERCERO. § H. Et sQ.[.on de con(ere1·,cias. "'tsi como .e.n Jo.s .te~!ros hay una hatA IGLESIA PUNEÑ A. bitacion destinada para que los actores y sus amigos descansen, hablen, fumen é iatriguen; eu los Parlamentos liberales, verdaderos teatros de la ·política, hay un salon destinado para que los representantes del país y los políticos de oficio desoansen, hablen, fumen é intriguen, lo mismo, exactamente lo mismo que los actores. El salon del Congreso español es magnífico, es suntuoso. Elegantes pinturas, ,en las que 110 escasea el desnudo, adornan el abovedado techo, abierto en el centro por un gran tragaluz de cristales. Cua tro bustos de mármol se levantan en los cuatro ángulos del salon, junto á las cuatro chimeneas que arden constantemente en invierno. Aquellos bustos rerresentan á cuatro célebres parlamentarios que hablaron mucho en vida, pero que hicieron poco y malo. Retratos de oradores fomosos sirven de .ornato á las paredes. Allí está el retrato del ~ran Donoso Cortés, mal acompal'iado por cierto. Hé creído alguna vez que hacia esfuerzos por romper el marco que le sujeta, y huir de aquel sitio, dance, aun en efigie, Donoso Cortés no puede estar sin ruborizarse. Cubre el pavimento una mullida alfombra, y rodean el salon cómodos divanes. L03 representantes del pueblo, amigo le,tor, no gustan de pisar esteras ni de sentarse en doro. ¡Líbreme Dios de cwsurarlos por esto! Pero bien es notar gue los democráticos instintos de uuestros revolucionarios uo llegan hasta el punto de moverlos á sacrificar la aristocrática comodidad de una blanda alfon1Jra y de un asiento <le terciopelo. Pues rn ese soberbio salon se reunen ¡oh pueblo amado! .aquellos que tú eliges para que labren tu felicidad. A IIC se reunrn á arreglar las ,·otaciones, á seducir a lo~ incautos que hacen alarde de indepeudencia de ánimo y de rectitoJ de conciencia, á iutrignr contra lo3 ministros, á propalar noticias falsas, á pedir destinos á cambio de votos, 6 á pedir votos á cambio de destinos. Allí se forman y derribnn los ministerios; allí se reparten los altos puestos del Estado; de allí .salen esas terriblc:s conspiraciones de la pal<1bra, que han hecho tambalear mil veces la sociedad y el Trono. En resumen: allí se Yisten los actores y disponen sus papeles para representarlos luego en el salon de sesiones, esto es, en el escenario. ¡Y cómo los representan! Es cosa por de mas divertida oirá estos comediantes de la política en el snlon de conferencias, y lueg-o en el salon de sesiones. Hombres cínicos que se burlnn de los sentimientos mas elevados, de las instituciones mas respetables, de la Re1igion, de la pátria, de la monarquía en el salon de conferencias, levantan luego su voz en el salon de sesiones como hombres creyentes, como desinteresados patricios, como sincer.os y leales monárquicos. ¡Ah! ¡Cuántas veces estos miserables han deshonrado y difamado á. los Reyes y gobernantes· que en ellos vf'ian sus mns adictos y entusiastas defensores! ¡Cuántas veces ellos en alguuo de los numernsos círculos del salon de conferencias, han arrojado una noticia, tal vez calumniosa, que luego ha ido corriendo de boca en boca por cafés, tertulias, teatros y salones, llevando á todas partes la ruina de una alta reputacion! Si penetráis en esa gran sala de descanso, veréis por lo comun una multitud de hombres. que se pasean, y habla11, y se confunden en revuelto montan, poco mas ó ménos como en los pasajes de Paris en dias de lluvia. Se os ocurrirá decir al verlos: «En efecto: esta gente descansa de las fatigas que leR ocasiona su car¡.ro.» ¡Descansar! ¡Plngaiera á Dios que así fuese! No; no descansnn jamás. Están devorados por una ncti vi dad insaciable. ¿TI ay uada mas insaciable que la acli vidad del egoísmo'? En el salon de sesfones hny mur.has horas de descanso; pero en el salou de conferencias ni un solo minuto. Allí, miéntras algun diputado de la mn,yoria pronuncia un soporífero discurso, ahogando con el humo del incienso al m~- nistro que le dá de comer, muchos diputados suelen entregarse en brazos del dulcisimo Morfeo. Aquí, en el salon de conferencias, todo el mundo tiene ojo avisor, todo el rriuudo se mueve, todo el mundo se agita, como si allí se tratase de los asuntos verdaderamente trascendentales. Y en efecto: todas las determinaciones graves que se toman en los Parlamentos, salen del salon de conferencias. Las votaciones se preparan en este local, los destinos que pide1_1 los representúntes <le la nacion para los electore:.;, amigos, deudos y conocidos, aquí se arrancan á los ministros á cambio de un voto. Las órdenes que los jefes de la mayoría dan á sus hur}!_ildísimos subordinados, con el fin de tft'horrarles el trabajo de pensar (el pensar en esa cosa prohibida para los diputados ministeriales), aquí se acuerdan y aquí se comunican. Téjense aquí las redes que los oposicionistas tienden al ministerio; cómpranse aquí las conci_encias semi-timoratas; tápanse aquí bocas temibles que ponen precio á sn facundia ... En fin: el salon de con~ ferencias es el hervidero de las intrigas; es el foco de los desórdenes; es el volean de donde sale a torrentes esa abrasadora lava de ministros sin camisa, de empleados venales, de dictndorzueios de temporada, de gobcrnadoresgacetilleros, de consejeros de Estado sin consejo y sin estado, y de diplomáticos que ignoran hasta la gramática de su propio idi~ma. Os ase~uro que al entrar en el salou de conferencias he visto á muchos pa• dres de la pátria de quienes se solia decir por lo bajo: «Y eso!", ¿de qué viven?» Y se contestaba: «Esa es cosa tan poco averiguada como el día del juicio. Nadie lo sabe.» ¡Oh! sabiendo Jo que es el salon de c0nfercncias de una Asamblea parlamentaria, fácilmente llega á saberse cómo pueden vivir muchos hombres que ni tienen ni esperan. El salon de conferencias es el tirano del país; está por cima de todos los poderes, de todas las instituciones, y á veces de todos los ejércitos. Puede decirse que el país yace aplastado bajo el salon de conferencias. «¿Cómo viven los que están denlro?» me preguntáis todavía. Pues ya está averiguado: viven ... sobre el país. (Continuara.) SECCIO.N OFICIAL. Repúbli'ca Peruana.- Vú:arza General de la .Diºócesi's.-Puno, Julio 25 de 1871. Al Sr. Vicario Foráneo de la Provincia de ... ., S. V. F. Tengo el honor de adjuntar á US. un numero suficiente de copias del Edicto espedido por S. S. Iltma. condenando un follelo que ha aparecido en estos dias, esperando de su celo q' lo remita á todos los Párrocos de su dependencia, para que sea fij'ado en las puertas de sus respectivas jglesias y espliquen su tenor á los feligreses en un dia festivo. Dios guarde á US. M_ARIANO RAMos.-{ffrmado). República Perual'/la.- Vicarza General de la .Diócesis.-Puno, á 7 'de Agosto de 187·1. Al Sr. Cura lnler de .la Boctrina de Juliaca. s. c. I. He recibido un parte del Gura , ,de Caracoto, en que me avisa el 111ai eslad~ de su salud y su pronta reparacion que ella demanda· y no habiendo ~o~ ahora u_n sacerdote q' pueda summ1strar el pasto espiritual en esa Doctrina, ordeno á U. se haga cargo de ella r.omo consinodal hasta que _se restablezca y se encuen~ tre espe?1~0 p~ra vol ver al ejercicio de su mrn1ster10 parroquial. Dios guarde á U. MARIANO RAMOS. -(firmado). República Pe1·uana.- Vi'caria General de la .Diocesi's. - Puno, a 25 de Agosto de ·1871. A lo_s •señores Vicarios Foráneos I de las P1·ovincias del Cercádo Clmcuito, y baja de Lampa. ' SS. VV. FF. Teniendo en consideracion S. ·s. Iltma. la gran dificultad que hay de que los Párrocos de esas Provincias se reunan en el mes de Diciemb_re para veri:6.car los santos ej'ercic10s a_nuales, s"lgun lo dispuesto por el primer Sínodo Diocesano Punense, ha tenido á bien ordenar se verifiquen éstos en el mes de Noviembre, debiendo darse principio á eÜos el 1O; por lo que exilo el celo de US., para que comunicando és-ta disposicion á lodos los señores Curas de su dependencia, emplee todos los medios necesarios para que ella sea cumplida. Dios guarde á US. MARIANO RA110s.-[firmado.J Repúbli'ca Peruana.- Vicaría General de la .Diºóceús.-Puno, á 25 de Agosto ·de 1871. A los señores Vicarios Ft>ráneos de las Provincias de Carabaya. Azángaro y Huancané. SS. VV. FF. Habiendo dejado de a~islir algunos Curas de esa Provincia á los santos ejercicios practicados en el mes de Julio p~sad_o en cumplimiento de la Consti luc1on 35 de las Sinodales del Obispado; S. S. Illma. ha di~puesto, que Lodos aquellos que no baJaron e~ esa semana se presenten en esta mudad el 10 de Noviembre, á cumplir con lo ordenado por dicha Conslitucion, juntamente con los Párrocos de las otras Provincias que debían realizarlo en el mes- de Diciembre. Dios guarde á US. MARIANO RAMos.-[/frmado). Es copia :6.el.-José R. Candela -(Oficial 1. º) Imprenta «LA IGLESIA PUNEÑA» de l\L\RU.NO c. l\I.rnn~EZ.
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