La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

uo tendrá igual en los famosos triunfos de los súce~ores de Pedro, y que, como Pedro, Pio JX á causa de las maravillas de su pontificado, será 011 nuevo siguo, en este siglo materialista y descrcHlo, de _la perpetuidad de la Iglesia. Al pensar e11 esta economía de Dios, sobre la Iglesia de Jesucristo, 11uec;tros ojos_ bañados eu lngrimns se levantan al cielo, en señal dé gratitud, y nuestros lábios prouuncian una plegaria que pnrte de Jo mas íntimo <le nuestro corazou enternecido. Dorninus conservet euin, et vivi(icet eiim, et beatum facíat eum in terrci, et non tradat eum in animam inimicorurn ejus. El Señor lo conserve y to vivifiqu.e y lo haga feliz en la tierra y no ¡Jermita que caiga en poder de sus ene1liigos. · (Tomdo de '.<La Sociedad.») Pon 1'IoNSEÑOR GAU:ME. PELIGROS. CAUTA VI. ÁMICO M.10: Al trazar el cuadro de la sit.uacion he dicho los dolores de los en tólicos. ¿Co11oceis otros mas legítimos, mas desganadores, desde la escena del Cal vario? l\lirad al Oriente: ¿_que veis? En Co11chin - chiua quiníeutos mil cntolicos. ncosa<los hace tre'i aüos como fieras, entregados á todos l0s horrores del hambre, de las cárceles y de los tormentos. En Siria, una verdadera matanza de c1·istinnos: un degüello, que por el número de las víctimas, por el refi namiellto de crueldad, por la duraciou y teuaci<.lnd del extermi11io, se distingue de todos los demas! l"ijnd vucstrns miradas en el Occidente: ¡qué espectáculo! El reino del ma l extendiéndose con rapidez inaudita; un mundo ~otero que ~e llama cristiano, sublevado coutra Dios y contra sn Cristo, vomitando contra ellos en todos-los tonos y en todas las lenguas, el insulto y la b,lasfcmin, haciendo igual escarnio de su autoridnd, de sus promesas y de sos amerwzas. Tuda una familia de puel>los bautizados, calnmniu11do á la mcjnr de las madres, prodigñudole ultrajes, despojaudoln, expuli;;áudola de sn postrer usilo, y haciéndole mas crntLt guerra c¡ue la que hacen al toreo, asesino de sus hermauos. Los principios ma~ sn~rados de derecho publico, hollados con un cinismo hasta ahora sin ejemplo; la libertad humana, precio de la sangre diviua, vendida y crncificada; la propiedad y, In fu. mi!ia conmovidas en sus base:,;; la hipocresía de Judas, la debilidad de flilatos, la felon_ía bnjo todo,; !ns 11nmbres; el robo, la violencia, e! tra~torno de todas las cosas divinas y hu mallas. eriji_dos en derechos y hasta en~ obligacwnes, y dominúudolo toJo In inoratié ' ~ tud ¡nsensibilidad de, los cu!pnblcs: hé nquí una p<1rte del cuadro. Ved al otro lado il ese Anciano, menos ~en_erable por sus canas que fl0r su d1g111dad s11prema y por su angélica mansedumbre, hnmillndo y despreoiado; al rey mas le~ítimo entre t9dos, que ha rn1s.1do hac1eudo bie11, acusndo de ser un malhechor; al Pontífiee snnto que 110 ha cesado de amar, de orar y de bendecir, reservado pnra el cautiverio o la muerte; al represent1111te de.la libertad del mnndÓ, condeuad0 comu un tirano; al padi'e que llora y qtl'e pide e~ vano á· aquellos que se llaman sus h_110s, si no consuelos iguales á sus afliccwnes, la limo.sna al menos de un nuxilio eficaz en su suprema ¿¡ngustia. Ninguna voz poderosa co11testa á la suya y se ve obligado a decir: nHe alimentt;d6 Y_ educado .hijos, y ellCJs me hau despreciado.» LA IGLESIA ruN~ÑAAsí pues, Cal vario en Oriente, Cal vario cu OcciJente, y tanto 0n el uno como eu el otro, vernos á la Iglesia nuestra madre, coronada de espinas)' crucificada: en Oriente por los i,d}cles, y en Occidciite por sus propios hijos. Nada fol t~1 á la cscerHt del Gólgota, J aquí tellei,,, arnigo mio, el motivo <le uuestro l lauto )'delas lágrimas de todos los cató·• licos. En pos de los dolores vienen l()s peligros; luego que !"e hab1'á coH~umado el supremo alentado cpntra Homa, lo:, usurpadores y sus aderto.s di ráu: Es un hrcho co11sumado. )' fingiran no pensar mas eu ello. ~in ernb¡¡rgo, no.solros, católicos, dirémos: Fs un hecho c¡ue apeuas empieza, y uos n1unte11drérnos en gua.rdia. La érn de los peligros será llegada, instabwnt ttm7Jompcriwlosa. ¿Pe~ ro que digo, amiµo miu? en ella estamos ya, y permitid que os señale en esta ciírta Lrn peligro muy temible, al cual han pocli<l•rJ sustraerse muy pocos: este peligro es el sofisma. Satánas es falaz por naturaleza, mendax; es el pndrc de !a mentira, patt· mendacii. Lu primera re vol ucion fué obrada por medio de una UlsedaJ, ei·itis sictit dii, é hijas de ella, todas los demás se han realizado por igun l proceder. Cua11to mas graves son, mas mienten, y en el dia las mentiras. las hipocresías, los sofismas, tejídos con arte infornal, circulan entre uosotros mas numerosos 9ne los átomos en el aire. Yorúmenes enteros no unstarian para co11tet1erlos, y me limitaréú i11dicaros dos ó tres, á cuyo alrededor se agru-püu otro-, ~nfinitos. Desde hace cuatro siglos, hemos vist·o que 111m <le las m¡¡s co11stn11tes ocupaciones de los gobiernos cesáreos, ha consis tldo en dcspojnr ú las igl esias particulares. Hcc lrn por los m~¡;mns usurpadores, la ley civil ha consagrndo la usnrpucion, )' ha tenido J ha qt1Nido que se tuvieran por legltm10s propietari0s a los poseed ore~ de lo., bienes usurpados. Con una audacia qne rn:y a en i nnud ¡_ ta, se ha pedido á la Iglesia madre que rntificara el desp0jo de sns hijas. Amennzas de cisma) trnbns de to<fa clase al ejercicio ele su 11uloridad espiritual, 11nda se ha om\tido para arrancar su couseutimien1o; )' la 1g!esín romaua, temerosa de rhayorcs males, se ha resignado á polorosns concesiones. al propio ticm po que exigía á los gohieroos una indemnizaciou conve11iente pnra fas lglciiias dcspojndas. Esta es la base de los coucordatos modernos. ¿Qué hace a hora la Re vol ucion? Emplea <'Ontra la mndre los mismos ¡¡rgu- · mentos emp lead os con buen éxito contra las hijas . Unce rnuclrn tiempo que se ha llevado el fupgo de Ju rebelion á los Estados romanos: di11e1 o, Cíilumnins;, sa • erílegns bnrlas, agentes secretos y ngcntPs acred:tados, ,·íolencias sin rebozo, toJo se ha puesto et1 juego para hacer imposible el gobierno temporal del S1t1Jto Padre; y cunndo la tierra l1a e::;lado minada y bastaba una ehispn parn producir lu exp!os1on fin.ni, se ha dicho nl Papa: «VuesLrn rosic¡o11 no puede so~tcner::;e por mas tiempo, y por catLa de . trnnq11ilidad pt'.:biica rccouoced el hecho co11sunrndo. lmitad ú Pio "\1I vuestro vcncrnblc prrdr,cesor. Consenlid en !u espropiacion par('inl <'e , ·ncstros dorni11ios, y con ello no perderéis otrn co;;a qne si.isahores y obstáculos. A título de i11<lernniznci0n, las naciones cat.ólicns, vuesJras hijns · snmisas y respetuosas, os pagarán uua dotacion mag- , níficn. «Y 110 ¡,odeii:;, santísimo P.nclre, considerar ma!o pnrn la l:.dcsia de Roma lo que habr,is considerado bueno pnra las demtis fglesins. A estas bul>eii:: t.líclio: Un hecho violento os ha despojado de vuestros bienes; siento por ello gran afliccion,· pero contra la fuerza no se conoce resi'itencia. En Líen de las al- ~ws, r enuncio á vucsLro5 derechos, y nceptad en cambio, el salario estipulado. Porque seai:-; menos dcas, no ha de perecer la Religion.» Reducido este meloso discurso á su mas SCl)Cilla exprcsion, rquiYnle nl siguiente argumento: «AJer os robó, luego me asiste derecho para robaros hoJ. .Ayer os de,iásteis robar, é hicísteis bien; resistir hoy, además de peligr so, seria carecer de lógica y mentir á vuestros propios· antecedentes .» r~o para alcanz_ar su fin; el fin do In Jglesta es la saut1ficac1on de las al-mas por medio del libre ejercicio de su autoridad espiritual, y la independencia material de la lg!esia romana es 11ecesaria pnra el ejercicio de l.a autoridad espiritual del San lo Padre, organo y jefe supremo de la ]glesia. Así lo han declarado mil veces, en los siglos pasndos, los Vicarios de Jesucristo, y cu los tiempos modernos, Pio VI en especial y Pio IX. Como acabo de mauifestarlo, el simple buen sentido lo proclama tan nito, que es inútil insistir mas en ello, y <le todo ·esto reSi es odiosa In irPpertinenci, de esta chnnza, el sofbma que envuel e es cvidenl e. Las concesiones doler sas á que la 5.lllta Sede ha creído pode acceder en perjuicio de las Jglesias pnr icnlnres, no ru0 dc por 1Jada ni por nadi lrnrerlas parn sí mi sma. En primC'r lug, r se opot1e a ello un juramento sc>le¡1 ne presta<.lo por tnJo,, los Sumos Pon íf:ices; y con 110 menor fuerza, como v is á ver, se lo impide el interés de la 10 esiu universal. ' sulta, que la independencia material de la Sunla Sede es de derecho divino. Que las Ip;1csias de Francia y de Espaüa, por ejemplo, esten por I que toca á lo temporal, bajo la <lepen encia de , los respectivos gobiernos; que esta dependeucia se oponga mas ó enos á su libertad de palabra y de a ionJ es sin dnda una gran desgracia, pe o es una desgracia loen!, pues estas! ig esias no están encargadas de enseria;·; á odas las nneioncs', y la ventad católic< el gobierno ge11ernl · de la lglesia n sufrirán esencialmente por su estad de humillacion. Al tratarse de la Iglesia de B ma, la cuestion es mny distinta. ¿Qu'> seria de la enseünnza uuiversal de la erJad, del gobierno del mundo cotól co, al cesar de ,ser ind ependiente la r,etropoli de la verdad , la seüora d todas las Igle~ias? Si esta no.fuere co pletamcn te libre en su palabra J en su actos, ¿cómo llena ria su augusto Je'fe l.a nision divina de confirmará su& hermu,os en la fé siempre y en todas partes"? Y aun suponieudo que pudiern darla ¿qJ•, autoridad tendria su enseñauza? En las palabras del Papa, despo ado de su indepe11<.lenria territorial, h és, ped, vasallo ó ve11sionado por no impo ta que t->Oberario: nos inclinaríamos sicm1 re a temer la influ encia del potcnta La malignidad la buscaría, el. espíri de rebclion, la mala voluutad ó los ce! s nacionales sabrían encontrarla. La .obediencia cosa de ser ciega y filial vacila, duda, y la f6 deja de exi~tir. Con la Cé perece ln libertad humana, pues i~sta libertad que consiste en ret->islir hasta verter su sangre antes que doble~~n r~c al )'UA"O del error y de la iníqu,idad; Psta libertad á la que es deudor el mundo de todas sus glol'ias) <lescnnsa ese nciulm(·11le e n la fé inquebrantable, en la verdad y en lajust.icia. Hápase sospechoso al órgano Hutéutico de la una y .de la otra, )' en vez de obedecer ha;.ta sacrificar su vida, el hombre se rebcln; el gobierno de la palabra ha perdido su auloridad y a él ha sustituido el gol.Jicrno (lel sal,le. Así pucf<, al defender su independencia, no ddil'nde el Papa a Ancona , á ]iolonin, ú Bomn, ni 1.erritorio a)g-uno, sino la mn!-i glorio:,a prerogativa del hombre, nquclla de que se muestra con justicia mas envanecic1o y celoso, la libertad) la lilJertnd Je todos, la libcrtnd del mondo. Ademús, sep:un verémos luego, ( 1io IX en su Incha heróica deficudc t,; mbicn otra cosa. Pasemos á un segundo sofisma. «La Iglesiu, se dice, ha existido sin indepelldencia territoi·fol, y no por esto fué menos pcderoso e l gobierno de la palaL,r'n; luego la indepencler¡cia territorial no es necesaria á la lglesin." Esto es tomnr el hccl10 por el derecho, es confundir los tiempos y las circ1:11sta nc in~, <:on objeto de oscurecer la (·uestion .Y por el mero plncer deinve1itnr un sofisma mas. La ,·erdad sobre c..,te punlo es, que el }iijo de Dios al establecer la lglcsin1 <lióle todo lo neresnEs claro que la Iglesia romana no gozó de ella desde su origen: ¿cómo hnbia de poseer la independencia territorial en el centro de un iruperi'o cuyo jefe era Ncrou? Pero, porque no fuese entonces realizabie, el derecho no era menos real ni menos necesario. Cuando mas tarde lo rciviudicó y ejerció, no inventó uu derecho nuevo, sino que proclamó meromenle el derecho inherente a su constitucion. Díce::e tambien q·ue jamas fué tan eficaz el gobierno de la palabra como en los primeros siglos, cuando la Jglesia no gozaba de ninguna independencia territorial. No lo ignoro, y prueba de ello son los sagrientos anales de los mártires. ¿Quién imprimía á las palabras del Pontífice romano su autoridad omnipotente? A falta de In independencia material, señal visible de la libertad de su enseñanza, Pedro ofrecia str independencia moral, y sacrificaba su vida. En medio del anfiteatro, bajo el hacha de los ,,erdugos, entre las garras de los tigres, á la vista de un pueblo inmenso, tiegado de todas las partes del mundo, el Obispó de noma,· el Padre de los cristianos, derramando su sangre gota á gota, respondia de la verdad de sus palnbras. Desde l\'eron hasta Diocleciano nsí fue como los Papae firmaron sus bulas. «¿Cómo no creer á testigos que se dejnn inmolar?» esclama Pascal. En aquel tiempo pues, los cristianos creíuu: la fé descansaba en el martirio. ¿Dcbia, podia durar siempre scme- · jan te estado de cosas? ¿Era aquella una existencia regular? Es claro que no. Precisameute porque es militante, porque babia con gloria combatido, la Iglesia h:1bia de realizar conquistas, y estas conquistas·, procurándole la independen- · cia material, habían de dispensarla del martirio para auloriza-r su palabra é imponer la fé. Esta es, amigo mio, la razoo profunda de la independencia de que se trata hoy de despojar á la ]glesia. ~ So tunas sabe muy bien lo que quiere. Como esta cuestion interesa á lo presente y tambieu a lo porvenir, añadiré á lo dicho algunas palabras. Los hechos, de é!cuerdo con el raciocinio, manifiestan á la vez la existencia y la necesidad del sngrado derecho de iud ependen cia. Veamos sino la vida de la Iglesia ·bajo el ¡rn nto de vista de su independencia territorial, que puede dividirse en cuatro 1 periodos. El primero abraza desde su oríflen has1ta Constantino. fntonces Ja indepenµencia territorial, no exi~te; es aque- \la la éra de lns persecuciones y de los mnrtirio;:;; es el imperio de batanas sob_re ql mnndo, es el rein_a~o de 1~ ~glesrn, poder puramente espiritual, limitado a nierns illdividualidades. El segundo se extiende desde Constantino ~hasta Carla-Magno. En él vemos i11d epcndcncia territorial, pero incompleta y mu! definida, y aquella como se ha dicho autes de ahora (1), fué la era de las ti'ibulaciones y de los 'i ncesantes dolores de In Santa Sede; la éra de las heregias, pululnudo como la cizaña ( J) l\Juznrclli, Riqu,eza del Clero.

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