La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

de sus deberes como tal, no solo es tránsfuga del Episcopado, sino que dá con su ejemplo la leccion mas escandalosa de inmoralidad. El pueblo lo vé, y léjos de glorificar al Señor observan~ do sus mandamientos, descuida, echa en olvido esta observan.cia, siguiendo el ejemplo pernicioso que le ofrece aquel que indignamente se titula su pastor. Verdad es que esta '10luntad. constante y firme paritcumplfr con los deberes anexos á un cargo tan sublime, importa uu sacrificio, mejor dicho, una completa abnegacion. Pero discurriendo evanjélicamente-¿quiénes son llamados en primera línea á practicar esta virtud por excelencia del cristianismo? ¿Esa virtud que el dulce, el buen Jesus, el mpdelo de los pa~tores nos ha enseñado, tanto teórica como práctic~mente? ¡Ah., sin duda los Obispos! Sí, porque nbnegados necesitan ser hoi mas que nunéa, desde que tienen que luchar con las pasiones mezquinas que dominan á los adoradores del mundo. Abnegados, y mucho, para soportar las ingratitudes del pueblo, al que benefician predicándoles la doctrina evanjélica. Mas, sin embargo, que recuerden los pastores el ejemplo del Supremo Pastor. En EL, la abnegacion filé extraordinaria, sublime, porque fné divina. Jesus pasó por el mundo haciendo el bien, y no obstante fue calumniado, fué perseguido, se le hizo sufrir una pasion tormentosa, hasta enclavarlo en una cruz; y el discípulo, segun la enseñanza evanjélica no puede ser de mejor condicion que el maestro. Luego: uno de los caracteres que d·ebe adornará todj? Obispo catolico, es el de la abnegaci6~. Así, y solo así puede repetir con alguna propiedad esta frase de Nuestro Señ.or Jesucristo: «Bonus pastor animam suam dat pro ovibus suis.» Pastor divino de las almas; en este dia de tiernos recuerdos para la Diócesis de Puno, cuando conmemoramos 'el 6. 0 aniversario de la consagracion de nuestro Padre y Prelado-¿que otra cosa podremos pedirte sino gracias abundantes para él, y docilidad para su pueblo, á fin de que escuche sus instrucciones, escuchándolas se santifi• que, y santificándose se salve? Bendice pues á nuestro Prelado, guíalo con tu santo espíritu en el desempeño de su cargo pastoral, para que siendo fiel á los deberes que importa dicho cargo, salvando su alma, salve las de todas las ovejas que se le han encomendado.-Amen. Oárta• críticas sobre el llberallsmo CARTA VI. Amigo muy querido: Las escuelas se aprecian por sus principios. Rouseau decia que la verdad á nadie' daña; y por lo mismo, cuando una doctrina es verdadera, es imposible que dañe ni al individuo, ni á la sociedad. Estudiemos ahora los principio~ del liberalismo. . \ Se hace preciso observar que la escuela liberal, enjendro jenuino de las sociedades secretas, siguiendo el consejo de la madre que· la ha dado a luz, no ha publicado hasta hoi, que sepamos, el programa de su doctrina. Pero entre tanto, nosotros los católicos, que recordamos aquel dicho del Salvador, aludiendo á los fariseos-por sus frutos los conoce1·eis; trayendo tambien á la memoria aquel su célebre apotecma-no puede el arbol mctlo dar f 1 rutos buenos, m· el árbol bueno puede dar frutos malos; al esLudiar la LA IGLESIA PUNEÑA. conducta de estos señores que quieren regenerar á los pueblos, hemos descubierto en sus teorías las linde• zas siguientes: 1.0-El liberalismo en su fondo y en su esencia es egoista: r~zon al canto. En todas partes los liberales solo se ocupa~ de sí mismos, y por supuesto; de sus propios intereses. Para obtener este resol lado',emha , can 'á fos pueblos, tienen su fra~eologíq_ especial: Jes hablan de libertad absoluta, de igualdad, do derechos y de ,ftaterni·dad; ¡y los pobres pueblos! caen de rodillas ante estos 'ídolos de barro, como se poslrahan de hinojos naciones enteras en los tiempos del paganismo ante estátuas mudas, que si algo re• presentaban, era la prostitucion. El mundo pagano fué seduc'ido por esa turba defarsantes que sellamaban ministros de los dioses. Hoi, el mundo moderno (y profunda pena carna repetirlo), el mundo cristiano, el mundo bautizado y regenerado con la sangre de Nuestro Señor Jemcristo, se ve reducido a la triste ~ondicion de víctima de una escuela pérfid:t é infame: de una escuela m la que desplega toda su astucia el sacerdocio del mal, para domimr á las sociedades corrompiéndolas. Usted habrá palpado, mi buen amigo, el empeño con que el liberalismo se ha querido me ter á legislacor., sin reparar en su ignorancia. ¡,Y por que tanta audacia? ¡Ah! no es, como usted lo sabe, el amor pálrio el que lo impulsa; es sí, el egoísmo frío y calculador, ese egoísmo menguado y asqueroso, que pmde traducirse, refundiéndolo, en la formula siguiente: primero yo y mi~ conveni·enáas, qi~e la Jami'lia, que la pátr1:a, que la humanidad. Piimerprincipio, base y fundamento del liberalismo. Pasemos al segundo. Los liberales profesan como máxima indispensable para el_ progreso de las naciones-la ,,;ndiferenci·a en nateri·a de religi·on: por eso, do quiera que se apoderan de la sobe1anía, sea como legisladores, ora co- :no gobiernos, todos sus ensueños se reducen á introducir en los pueblos la tolerancia de cultos. Esta palabra toleranci·a, que tanto se acomoda con el humaao corazon, siempre propenso al mal: esta palabra, repelimos, veneranda por lo que tiene de Evangélica, es abominable y de consecuencias funestísimas en boca de los liberales. El por qué, casi no habría neeesidad de indicarlo, sino fuera . porque es un hecho lo qne dice el Esp1ritu Santo-que el número de los néci'os es in.finito. Los liberales, al hablarnos de tolerancia, atocigándonos con sus discursos, mas ampulosos que sólidos, lo que quieren, lo que pretenden, es hacer perder á las sociedades toda idea de sensatéz y de órden: corromper el corazon de los pueblos, para que una vez corrompidos, puedan ellos á mansalva apoderarse de sus tesoros, y entregarse á Lodo género de· abominaciones. Y como quiera que la doctrina católica, única doctrina verdadera eu materia de religion, es por lo mismo la que refrena las pasio_nes, la que ensefía la verdadera teoría de la virtud; en una palabra, la que civiliza salvando á los pueblos, no enconlrándose esta conduela en armonía con los mezquinos intereses del liberalismo, los liberales jamás podran transijir con Ia Iglesia Católica. Hé allí el por qué de su empeño en predicar usque ad nauseam la doctri.na de la tolerancia religiosa: segundo principio, muy importan te para ellos. Pasemos al tercero. Estos prójimos, que quieren llamarse por antonomasia los autores y propagadores del progreso social, pretenden realizarlo de una manera muy graciosa; la autoridad para eellos no mer~ce respeto de ningun genero, salvo que se halle en sus manos. Todo acto de justicia practicado por una soberanía legítima, es. á juicio de ellos, una atrocidad, un crímen: el soberano refrena y castiga los desmanes de algunos de sus . súbditos que tienden á trastornar el orden público, nunca falta entre baslidores el ojo avieso de un libe~ ral aspirante que grita con una destemplanza atronadora, estimulando á la anarquía, provocando la division en la sociedad. ¿Qué Yalé para los liberales el principio de autoridad? En su termómetro político este principio se halla muchos grados hajo de cero, con esta única escepcion, y es, como lo llevo dicho, la del caso en que empuñen el cetro del poder. ¡Ay, amigo mio! ¡Y cuántos males produce esta abominable teoría! Confío en Dios, que me dará la salud necesaria para proseguir no solo apuntando algunos otros principios liberales, sino, para hacer el comentario cristiano de ellos. Queda de Usted siempre suyoSeguro servidor. DISCURSO pronunci'ado por . el señor JJr. JJ. Fe.Upe Varela y ,·aue, EN LA GRAN ASAMBLEA de los católi'cos de Lirna, para p1·0testar contra la sacrílega invasion de los Estados Pon tijici'os, perpetrada por el Gobi"erno del Rey Víctor Manuel II. JI tmos. Sel'lores:-Señores: Grandes calamidades afligen en los presentes tiempos á la Iglesia de Cristo: la impiedad altiva se levanta, como para vanagloriarse de lo que ella considera su mas completo triunfo, y los hombres de poca fé piensan que ha sonado para el catolicismo la hora final; empe,ro, las alm~s verdaderamente creyeutes, al través de la densa noche de tan horrible confusion, divisan los dilatados horizo1ites de la esperanza, q' anuncian los esplendorosos di.as del apogeo de la caridad triunfantes. Bien considerado, señores, el actual estado del mundo, se presenta á la mente este dilema ineludible: ó los postreros dias se acercan, y en tal caso, la abominacion de la desolacion cubrirá el lugar santo, y a'I horror se seguirá el horror, hasta que el Todo Poderoso desciend'a envuelto en la grandeza de su inmensidad y e~ la ~Iagestad de su Gloria, para poner fiu ni descoucierto general, ó, si siguiendo el órden de la~ edades, esta época terrible concluirá, al rei11ado del mal seg11iran los consuelos del bien y estas aíliccio11es tendrán su lenitivo; que las obras del hombre pas;rn comó pasa su frágil existencia, como pasa su fugaz pensamiento, como pasa 5U voluble se11tir. Los trabajos que él juzga jiganteseci~;-s no son sino una d_ébU arista arrastrada por la impetuosa corriente de los siglos y deshecha en el fragor de las tempestades de la vida. Una generacion entera trabaja para que la que le suceda se ria , de su impote1)te ardor, creyó haber llegado al ápice del humano saber, y sus hijos se mofan de sus errores, ó del grotesco origen de sus descubrimientos. Solo las obras de · Dios subsisten, solo los efectos de su inspiracion son grandes é inmortales: labre el hombre una Babel á su orgullo, y, pronto la humillacion de su confusa .lengua lo abatirá: levante soberbíos monumentos que desafien la acciou de los tiempos qstentando la fuerza de su solidez, que al fin el solo roce continuo de los vientos escribirá sobre sus paredes, con oscuras grietas la historia de sus rui• nas. Diga el impío en su corazon no hay Dios, y, ensoberbezcase en la altivez de su osado pensami~nto y Dios se reirá de el. Vengan las calamidades de los tiempos, que ya vendrán mejores dias, y, la tranquílidad confortará el espíritu. Esreremos con fé, con fé viva, con esa fé que siquiera sea como uu grano de mostaza, tendrá poder bas• tante para trasladar los montes. Pero, si la esperanza alienta el alma en In angustia de su dolor, no impide, sin embargo, á la afliccion que nos quebrante con sus duelos, y entónces es lícito llorar, es justo y santo; porque las lagrimns son rocío del corazon qne vivifica el alma, y las mas grandes oh.ras del amor han sido fecundas con el riego del llanto. JESUs, el DIOS y el HOl\l• :nnE, que en los prodigios de su Diyi11a Esencia juntó la omnipoteucia de la fuerza á la miseria de la debilidad, roció con lágrimas y sangre el suelo donde lrnbia de levantarse el árbol de la redencion para salud de Jos que creyendo esperan y aman. Sí, cedamos al dolor y deploremos en la amargura de nuestro corazon, el funesto estravío que ha arrastrado al infeliz monarca subalpino á inferir á nuestro Santo Padre el Papa, el mas violento despojo de sus Estados Pontificio~, oprimiendo de este modo á la Iglesia Católica nuestra Madre con la mas cruel vejacion. ¡Ceguedad grande ha sido la que .ha cubierto los ojos del ·estrétviado prlncipe saboyardo; y le ha impedido ver el abismo a donde se ha lanzado! El catolicismo 5ufre y sufre · doblemente con la invasion de Roma por el Rey Víctor Manuel: conculcada la justicia upiversal, violado el dert•cho de las naciones, atacadas las tradiciones católica~. vej;ida la Iglesia y ul trajudo el anciano Pontífice, todo, todo es do• toroso en el impío drama de la revolucion itali1,rna; y los fieles de Cristo, que - somos espectadores de estas terribles páginas de la historia, somos uctores á nuestra vez; porque los intereses que ·se han herido y hieren con estos inicuos procedimientos son fos nuestros, nuestra causa es la que padece y núestras conciencias las que sufren, se nos esclaviza á nombre de libertad y se nos el.hibe á la foz del orbe como el escarnio del mundo, reag-ravandose la magnitud de estos horribles hechos, cuando se considera que el perpetrador de tan inaudito atentado es un católico, y no como quiera un cató1 (

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