nombre cristiano. Ved aquí otl·u de las mas sagradas obligacio11es del 1,acerdocio; todo Sacerdote esta obligado a trabajar por la destruccion de los vi- ,cios y por el triunfo de la justicia. § IV. ¡Ay del mundo, ny de las socied1fdes el día que quedárau sellndos los lábios del Sacerdote! No, 110 son los filósofos, ni mucho mé"no5 los políticos, los que salvau á los pueblos de la corrupcion: son sí, los embnjadores de Cristo, los que predicando co~1stanteme11 te h doctrina de verdad que el Verbo del Padre vino á importar sobre la tierra, salvan al corazon humnno de la esclavitud con que Satanás pretende aprisionarlo, le libran de la injusticia qne entraña todo vicio. le salvan del egoísmo, del orgullo, de la sensualidad y de todo jé!1ero de crímenes. Así. trabajando el sacerdocio pqr el triunfo de la justicia en este mundo, consi,gue como el efecto natural de su trabajo, la reparaciqn de la gloria de Dios, la honra del nombre cristiano y su propia santificacion. .§ v. No me arguyfiis ¡oh! vosotros los que, siempre dispuestos á herir al sacerdocio, andáis formulando urgumentos y citando hechos que contribuyan á su degradacion: ni yo aludo en este instante á los individuos que componen este cuerpo veuerable, ui aunque aludiera tendríais derecho para negar la verdad que llevo indicada. ¿Qué corporacion compuesta de .hombres carece de miembros indignos? Ah! el Salvador escojio doce discípulos, y entre ellos apareció Judas el traidor; mas entre tanto, el resto de los Apóstoles esparciéndose por el mundo, le civilizaron evangelizándole. Esa intolerancia para el Sacerdote, que se nota precisamente t!D los que hacen mas alarde de tolerautes, manifiesta claramente la influencia que siempre ejercen los ministros Bngrados, por miserables que sean, como hijos de Adan, en beoefieio de los individuos y de los pueblos. Esa dureza con que son tratados quizá por hombres los mas despreciables, los mas indignos, los mas avezados~ cometer todo jénero de injusticia y á vivir de orjías y de ahominacion, está revelnndo que el Sacerdote, aunque olvidado para sí del empeño que debe poner pura procurarse la gracia de Dios, nunca olvida por completo In obligacion que tiene como legado de Nuestro Señor JesuCristo sobre la tierra. Procura siempre el reinado de la justicia trabajando con empeiio mayor ó menor para la gloria de nuestro Scüor y la salvacion de las almas. § VI. Jesús amorosísimo: yá que para bien de la humanidad te dignaste instituir e~ Sacerdocio Católico'.que tu sangre preciosa humed~zca snnt1fica11do el corazon de todos tus sacerdotes, que esa san"'re caiga de un modo especial sobre el 11i1evo ministro que hoy sacrifica por la vez primera; pero que caiga no para maldicion, como cnyó sobre el pueblo jndio, sino para bendicion. Esa sangre encierra virtudes muy efic11ces: ella sirve de colirio á los ojos de nuestra alma para Ter claro uuestros deberes. y al mismo tiempo de oleo suavísimo para nuestro corazon, á fin de ablandarle, y ablandándole inclinarle con dulce violencia pqr el camino de tus mandamientos. En este dia nos acojemos, pues, oh! dulce Jesus, á la llai:ra de tu costndo, allí queremos estar, allí permanecer durante el tiempo, para luego moraren tu corazon por toda la eternidad.-Amcn. LA IGLESIA PUr EÑA. SEGCION OFICIAL .1)1,'ócesi·s de Pitno.-Secretar1a Epi'scopal.-Puno, Mayo 27 de 1871. Al señor Cura inter de la Doctrina de Vilque. s. c. Tengo el placer de dirijirme á U. para cumplir un encargo de S. S. Iltma., recordándole la imprescriptible y grav'e obligacion en que se oncuenLra de doblar su vijilancia; á fin de evitar los abusos que con alguna frecuencia suelen cometerse en esa Doctrina en esLe tiempo de la féria. , Las Constituciones Sinodales prohiben á los sacerdotes estraµos asistir á ninguna féria sin licencia in sc1·ipt1,'s del Diocesano, y ademas imponen la obl:gacion al .Párroco de no admitirlo sin este prévio requisito; condenando, ademas, en lo absoluto, el tráfico de los responsos á todos los que no sean sacerdotes . Espero, pues, que desplegando su celo verda::l.eramenLe parroquial dará un e1acto cnmplimiento á lo mandado ~n la <<COiJ3titucion 33, artículos 1, 2, 3 y 4», y lo dispuesto po~ el Edicto de 8 de Mayo de 1866; da,ndo estricta cuenta de los sacerdotes que concurran á 1a féria y de todas las ocurrencias que se realicen en ella, • teniendo en consideraeion que su conciencia se ha1la sériamente comprometida en esto por las censuras que pesarían sobre r. á causa de la inobservancia de estas disposiciones. Dios guarde a U. M. FEDER1co ÜTAMENDI.-Prosecretario-(.firmat.lo.) REPÚBLICA. PERUANA.- Vi'car1a General de laJJ·iócesi·s.-Puno, Maye 27 de 1871. Al Señor Cura lnter de la Doctrina de San ta María Magdalena de Yunguyo. s. c. 'Jeniendo en consideracion e 1 bien esp:ritual de los fieles, y debiendo bajar á esta Sede Episcopal el Cura de las Doctrinas de J uli D. Francisco Malina; con esta feoha me enearga S. 3. Iltma., ponga en conocimiento de U. para que tan luego de recibir esta se constituya en la capital de Juli, con el objeto de hacerse cargo de esas Doctrinas, mientras su Cura p3rmanezca en esta, dejando encargada la Parroquia de su cargo al consinodal y Cura de la Asuncion D. Vicente Pinaza. Dios guarde a U. MARIANO RA~10s-(Firmado.) INSERCIONES, 1.os l,IDl~R,lLES Sl:V JIAfiCARA, CAPITULO SEGUNDO. § IU. LA. cmNCIA INFUSA. Incontables son las maravillas del parlam<mtarismo. Con rnzon decia un celebre perf:onaje inglés, que los Parlamentos pueden hacerlo todo, escepto de 1111 hombre una mujer. Y, segun van las cosas, ui siquiera esta escepcion tendrá dentro de poco la omnipotencia parlamenta ria. ¿No estamos viendo los esfuerzos qne se emplea u en el ParlarnP.nto de los Estados Uriidos para hacer de las mujeres hombres'? ¿No se trata de concP.der á ellas los mismos derechos que ellos tienen'? Pues una vez qne consigan hacer de las mujeres hombres, nada mas ,facil <JUe hacer de loi; hombre!'. mujeres. Asi como así, el afeminamiento de lns razas prepara admirablemente esta importantísima trasformacion del linaje humano, Pero ¿qué tendría de particular est.e milagro de los Parlamentos, cuando á cada instanté presenciamos otros milagros 110 ménos sorprendentes? Que gobernar á un país e~ cosa estremadamente difícil, nadie lo pone en duda. Que para ser hombr."' capaz de desempe1iar con int.elii;rencia un mini :;- terio cualquiera de los compre1,didos en la gobernacion del E,tado, se necesita mucho estudio, mucho tacto y muchas dotes estraordinarias, todo el mundo lo entiende. Pues esto, que nadie pone en duda y que todo el mundo entiende, 110 suelen entenderlo lt:'s Parlamentos. Porr¡ue, si lo entenrlieran, ¿,como habiun de dar con profm1ion tan pasmosa ministro!; A la pátria, qne así aprovechan para los nsuntos militares como para los diplomúticos; así para los que se refieren á la Iglesia como para los que ataiien a los intereses materiales; lo mismo para dirijir la l\larinn que para resol ver las cuestiones políticas de lo interior? Sin duda la fnerza de la costumbre nos ha hecho ya indiferentes n los prodijios. De otro morlo, nuestra admiraci0n no tenciría límites al ver el número cousiderable ele ge11ios que han cruzado por las esferas del poder en uuest ra España. Genios, sí; genios debieron ser cuando con la misma facilidad y frescúra se encargaban de nn ministerio qne de otro. Genios debieron ser cuando, á los pocos meses -de dirijir los negocios iudustrialrs, por ejemplo, pasaban, sin preparacio11 alguna, á dirijir los negocio~ diplomáticos, ó bien desde el gravísimo cargo de gobernar l11 majistratura, se trasladaban al no menos grave de arreglar las intl'incadas cuestiones de HacienJa publica. ¡,No lo estamos viendo diariame11te'? ¿No nos codeamos á cada instante con esos genios a - sombrosos que forman, en conjunto, el verdadero tipo del ministro universal de los tiempos modernos? Pero es el caso que á muchos dé e: sos genios los hemos conocido arrinconados en la redaccion de algun periódico, confeccionando gacetillas insolentes, y por lo comun no chistosas, o hilvanando a,rtículos de fondo, sin fondo y iiÍII forma, sin ideas y sin ::rramática. Es el caso que luego los hemos visto perorar en los clubs y en el r,ongreso, dando á los pulmon<:s, á los brazos y á las piernas la enerjia y el vigor qne faltaban á sus pe11samie11tos vacíos y á sus frases huecas. Y con todo, fuerza es reconocerlos como hombres estraordinarios, como poseedores de una ciencia intusa, que a los hnmildes mortales 110 ha querido concedernos la munificencia divina. ¡Qué Jo hemos de hacer! En otros tiempos, un ministro universal, adPmas de que no era tao universal como indica la palabra, conquistaba su elevado puesto á fuerza de méritos y de saber, no por medio de pronunciamientos ni de peroratas subversivas. Y despues de alcanzar esta recompensa, la ::rozaba largos años, sin temor ~ la oposicion de las Cámaras ni á la imposicion de los partidos. Y como nada enseña mas que la práctica, y como á ninguna cosa puede aplicarse mejor que á la gobernacion del Estado aqnello de que la csperiencia es madre de la ciencia, resultaba que los ministros universales <'onl'lnía11 por ser consumados políticos y c11tc11didos administradores del p11ís, aun sin tenP r dotes mui estraordinarias de intclige 11cia y de caracter. Hoi los ministros duran poco, Son, no flores, sino espinas de u11 din, que por desgracia se reproducen incesanten1ente. · Pero, en cambio de su escasa duracion, recorren con admirable celerida d los ramos todos del gobierno, dejando e11 ellos, comíl es natural, tristes hue - llas de su impericia y aun de su descoufianza en el goce del poder. ¿De qné proceden estos males? Na.. die lo igµora _va por fortuna. Los entendim1e11tns mns vull-{nres se han llegado á convencer por fin, de que los · mini,trns constitucionales no represen-- tan 1111a gran aptitud para el gobierno, si110 un a fraccion política, un partido que, ora por la intriga, ora por la fuerza, quiere imponer 1--11s ideas úl país; ' y', sobre todo, quiere satisfacer lns colo-· sales é i11justificadas ambiciones que forzo~ameute de!lpierta la facilidad con que el Parlame11to crea ministros universales. Cada ministro qne snbe ni poder, no sube como hombre rlc gtlbierno, sino como hombre de partido, y no sube parl\ hacer la felicidad de la pátrin, sino para matar el hambre de sus numerosos satelites; 110 sube confiado en 4ue ha de permanecer lar~o tiempo en el poder, sino seguro de que caerá pronto; razon por la cual, ni se interesa en mejorar la cosa pública, 11i tiene reparo en poner todos los medios, lícitos ó ilícitos, para a<;egurar su porvenir. ¿Qué ha de hacer mas que aprovechar su breve fortuna cudndo, trai de que esta cierto de su impunidad, esta cierto de su próxima caidn'? Por eso no hai JU Ensenadas; por e~o no hai siquiera Jovellnnos ni Campomanes que, con todos sus defectos y errores, supieron conquistar un 11ornbre respetable que ha quedado inscrito en la historia. Lo que hai, ea cambio, son quinientos ó seiscien-tos ministros que han ido desalojandose mútuameute del poder durante cuarenta años, sin dejar de sí rastro alg-u110 glorioso; dejando, por el co11trario, eu ei;queleto á la noble y poderosa matrona que fué algnn dia árbitra de Oriente y de Occidente. ' ¡Qué ha de suceder, si en Espaiía hemos ,visto á uu hon1bre, cuyo t.alento y reput¡lCion como jurisconsult() no se pueden ncg-ar, decir con honrosa modestia en Pleno Parlame11to, que no e11tendia lo mas mínimo eu cuestiones de Hacienda, )' a los pocos dias de semejante conf1!,-io11, ser encar~ado de este importantísimo 11ii11isterio! ( 1) ¡Que ha ele s11rcder, si los ministros cornie11za11 á estudiar cuando comienzan á gobernar, y caen cuando comienzan á saber! Ha de suceder lo qne sucede en España tiempo ha. Que la i~norancia no es ob_stáculo para In ambicio11; que el estudio no es merito en política; que la charlatanería suple a la profundidad; que los hombres de partido sust.itu \ en á los hombres de gobierno; que la ·audácin del necio está por cima de la modestia del sabio; que el cinismo ocupa el lugar de la virtud, y que la inmoralidad se eleva á la categoría de sistema. Tal es el resultado natural de la ciencin infusa de los ministros parlamentarios. (Continuara.) (i) El Sr. D. !hnuel Alonso Martinez. FÉ DE ERRAT.AS. En el N. 0 anterior, 2. ~ pájina, 3. ~ columna, línea 4. ::., del segundo acápi- ~e de li~ Pastoral d~l !Ilmo. Sr. Obispo a sus diocesanos, d1ce:-solo que esta eleccion se hulla en ncuerdo:-lea·sesolo que esta eleccion se hulla en desacuerdo. Imprenta «LA IGLESIA PUNEÑA» DE lHAnIANO C. lUARTINEZ.
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