darlas la bendicion todas se nrrodillaron.-Uua de ellas, protest11nte, ofreció ademas al Papa grau<les sumas para el dinero de San Pedro. zsu Alocuclon del Papa. A LOS PÁRROCOS Y PI\EDICADORES DE LA CUARESM.A EN 1\01\IA. El Juéves anterior . al Miércoles de Ceniza fueron recibidos, segun costumbre por el Papa, los párrocos de Roma y los Sacerdotes encargados de predicar eu la Cuaresma, Pío IX les diri• jió la siguiente coumovedora J tierní• sima alocucio u: «El señor de todas las cosas ha qnerido permitir todo lo que vemos y lamentamos eu estos días, y ha querido tambien que su Vicario permanecie!le firme eu frente de los acontecimientos que han cambiado el aspecto de la ca• pital del mundo cntólico, de 111 cual puede decirse lo que en otro tiempo de Sion: vire ejus lugent. Y eu verdad esta ciudad,"por su 11aturaleza, por su privilegio de ser centro del catolicismo, manteniéndose siempre grave con dignidad, sin desdeñar honestas diversiones, conservaba su carácter de ciudad de los Santos; pero ahora, ¡como ha perdido su brillo el oro precioso! La 'Violencia, la injusticia, la fuerza, rompiendo las murallas, han penetrado en el lugar santo, con uua grande, tenebrosa J horrible nube de sicarios, asesinos, y hombres sin religioo y siu pudor. ¡Todo hn cambiado en pocos meses! No hny respeto para los Ministros del Santuario, que sou insultados y escarnecidos: no hny respeto pítrn las iglesias; alguna!! de las cuales son profanadas, manchadas por e_misarios de Satán; y lo que es todav1a peor, amenaza arrebatar á Roma el precioso tesoro de las comunidades religiosas, y de~pojar enteramente á la Iglesia. Esta idea alimentan y la cumplirán_ pronto, si Dios permite que tengan tiempo. fü1 medio de tan espantosas catástrofes y de una tempestad tan fiera, ¿que armas opondremos á los esfuerzos del infierno? }~n los t~empos de la Roma pagana se ·d110: Propio es de romanos trabajar y sufrir: Agere et pati romanorum est. Un pa_~re de la Iglesia eu una de las apoloJías que presentó á los perseguidores del cristianismo-que tambieu hoy tiene µerseguidores-aplicnba estas palabras a los cristianos, J decia: Agere et pati christia11orum est. A hora, al ver la conducta del pueblo Romano, podemos repetir y decirle eso mismo: uo a los adoradores de Júpiter y Mercurio, sino ni pueblo Rom1110 que adora á Jesucristo, y venera á la Sautísima Virgen y a los Santos. ¿No es verdad esto? ¿No somos 11osotrs mismos testigos de todo lo que se hace aquí contra el mal? Se han constituido nobles asociaciones pura proclam~r ~ defe~1der 11,l verdad y aliviar la miseria; las iglesias son frecuentadus ºd , se oye ~011 nv1 ez la palabra divina, y los sacramentos se recibe,i con ~ran fenor. Yo nú salgo; pero vo¡;otros i.ubeis que esta es verdad v co11oceis todo lo que se hace eu H~ma, pnra opo11erse con hechoi á la obru de la mentira y del vicio. . Por lo mismo que Yo no salgo, los parrocos y predicadores dirán á Homa que el Papa 110 puede hacer mas que bendecir á ese pueblo, p111·a aprobar y alentar su conducta. Drcidle que los padres de familia no deben aventurarse á llevar sus hijos á los teatros, <londe s~ _ofrecen espectáculos, en que la reJ1_g1on y la moral ~on ultrajadmi, y ~!orificadas la bl11sfemia y la inmoralidad. Tales lugares están prohibidos á toda familia cri,-,tia11a, que no puede ser espectadora de acciones cuya rcpresentacion se dirije contra Dios y co11tra la fé, contra la Jgfosia y contra tf)da ley sagrada. Decidle tambicn, qur yo alaLA IGLESIA PUNEÑA. bo y agradezco á los romanos que soportan, como lo hacen, los padecimientos que tienen que sufrir, cnmo alabo y estoy agradecido á los empleados que, eu gra11dísimo número, para conservar el honor, la fidelidad y la conciencia, han prefct·it:fo todas las privaciones, á la traicion y á la felonía. Oecidle que lo sé todo y que yo quiero beudecirlo3, porque obran y sufren como verdaderos romanos. Pero despues de tantas oraciones, ¿veremos al fin la aurora de paz? ¿A parecerá pronto? Que "Vendrá, es cierto; si será pronto, no lo sé, y 110 lo !'ié tampoco si tendremos que sufrir todavía otros dolores. Yo me acuerdo de que cuando Judas, despues de haber tomado el pan que dá la muerte á los malos y la vida á los buenos, 11ba11do11ó la sala divinadiviua, por la presencia y la accio11 de Jesucristo-para apresura1· el principio de la Pa:-ion, Cristo dijo: Nunc clari/icatus est Filus J/cm1inis! Podía haberlo dicho áutes en toda verdad, por sus milagros, por su doctri1111, por tas profecías que habían tc11ido en el cumplimiento; pero c11tonccs fué cuHndo lo dijo,· porque solo e11to11ccs iba á ser glorificado por los clavos, por la cruz, por la muerte. Antes <le ser µl ,,rifica<lo por la Hesurreccion y A~cc11sio11, quiso serlo padeciendo y muriendo eu el Gólgota. Nosotros tambien resucitaremos del abismo en que, por permision divi1111, se nos ha arrojado; pero ¿quién ~abe si tendremos que sufrir todavia mayores tormentos? SerenlCls ciertamente glorificados por una veuganza digna de Dios; esto es, por una admirable conversion, ó por un terrible castigo de sus enemigos. Sí, pero es preciso que perseveremos en la oracion, · 1~idie11do al Scfior con coufianz¡t que lle¡.?ue el dia en que, libres de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos marchando delante de él todos los dias de nuestra vida, e11 la santidad y la justicia: De manit i11ir11icorum nostrorum liberati, serviamu.s illi, in sanctitate et justitia coram ipso omnibus diebus nostris. El triunfo de Cristo es cierto <·omo la Iglesia lo dice en sus cantoi. y como está escrito cercu de acp1í cu el pedestal dd obelisco del Vaticano. Cri!-lo ,e11ce, Cristo reina, Cristo impera; líbre11os de todo mal. Oremos, oremos; uniendo á lá oracion uua vi<Ia e,iemplar y la resignacion del alma. El manda á la tempestad y , la mar se calma. · Por lo demás siempre habrá males sobre la tierra, y por eso debernos pedir que, e11 su victoria, nos preserve de todo mal: Defendet ab omni malo. l\11e11tras tantn, roguémosle que nos llene de sus bendiciones, puesto que todavia no estamos libres de tantos males. Bendiga el Sefier vuestras palabra8, y ojalá frucl ifiqucn para bien del pueblo que las desen. Bendiga vuestras acciones y vuestros ejemplos. lle11dignmos á tocios durante los días que 110s conceda en este lu~ar de dcslieno, y de11os fuerzas para caminar pnr esta espino:-a senda en la que esperamos ver resplandecer una luz de misericordia, hnstn que nos sea dado entregar, pnra la eternidad, nuestra alma en sus manos, diciéndole: Pater, inmar,us tua.s comendo spirit1.1,m meum. Benedfrtio Dei etc. !\l'QSL rrote1111Caclon «le f'e ,. abjuraclon del 1na11onlsmo. Sepan cuantos csta8 letras -vieren que yo, Antonio Neumane. Yccino de Guayaquil, esta11do ¡xraveme11te enfermo, pero e11 mi sano e iutrgrn juicio, confiPso que soy fiel l'atólico, apostólico, romano; que creo -y profeso todo cuanto cree y enseña la Santa Iglesia Católica, Apostólil:a, Romana; que abomino, detesto y condeno todos los errores que ella condena, detesta y abomina; que abjuro y maldigo todas las sectas proscritas y condenadas por la mi~nrn Santa lglcsia, como el l\Jnsoni:-1mo, al que he tenido la desgracia de pertenecer. el Carbonarismo ú otras, cualquiera que sea su de11omi11acion. Hago esta abjuracio11 delante de los testigos que abajo firman, la que deseo y es mi vol1111tad que despues de mis dias sea publi<•ada en algu11 periódico, para reparacion de los esccindalos que haya podido dar ron mi agregacion y perte11e11cia al sobredicho l\Iaso11ismo. Quito, febrero 22 de 1871. Antonin Neumar,e. Así es-Dionisío Santos, testigo. Así es-Manuel Orti, testigo. LOS LIBEHALES snr :U_.U.CARA._ CAPITULO PRIMERO. IV. La espada y el sable. Sé que hai católicos, y l,uenos y excelentes católicos, á qu1e11cs . espantan las célebres páµinas que el grau De niaistre escribió sobre la guerra. No me maravilla. Para ojos cristianos son sil'mpre repug11antes los espectáculos sa11grie11tos; sobre todo, subleva el c-orazon ver que corre la sangre de mt hijo de Dios, de un ser redimido con la s1111rre del Verbo hecho Hombre: y aumenta la i11dil!1tacion cua11do se advierte q11e aq11ella sangre la derrama otro hijo de l>io:-, otro cristiano qu i3, debe estnr 1111ido a sus semeja11tei; C(}n el hermoso lazo de la caridad. Re:-:p.eto profu11dame11te la opinion de los católicos que censuran á De l\laistre por las pájinas me11cio11adas. La respeto tanto como desprecio las i11soportables declamaciones de los liberales ' sobre los horrores de la µuerra, y i-us ridíenlos proyectos de paz u11iv1 ·rsal por medio de (.:0111-{resos creados ad lwc. Harto co11ocida es de todo el mundo la paz de qué! se ~oza en los países donde impera el liberalismo. La paz de los liberales corre parejas con su frateruidad. Vedlos en un punto abrir lo~ cimientos de ese gran templo de la pnz con bombas de Orsini; vedlos en otro ape• lar al diplomatico sis lema de las anexiones; vedlos aquí conspirando perpetuame11te coutra todo Gobierno constituido, sea ó 110 libernl, y levantando barricad11s y armando motines con el mas leve pretesto. ¿No es ,·crdad que por tales caminos buscan nuestros insignes regeneradores el imperio de la paz uni- ,,ersal? Hes¡wclo de su fraternidad, nada hai que decir. Los frailes degollados, las monjas atropelladas, los jenerales Hrrastrados, los campos y las fábric,1s co11vertidos en pavesns, so11 claros testimonios de cuá11 e11trafiable111e11te aman á sus herma11os los apóstoles de la nueva idea, los flama11tes evangelizadores del ' li11aje de Adam. Por aquí se comprende la razo11 que tengo para despreciar s11s impertinentes alharacas sobre la paz y la fraternidad. Lo cual, vuelvo á decir, 110 impide que estime en lo que vall-n el justo horror de los católicos hácia la guerra, y las ce11suras q11e algunos de ellos han dirigido á De Maistre. La Jglesia, en efecto, no ama la guerra. Por donde quiera que va, lleva en los lábios esta frnl<e, dulce como una so11riza de amor: Pax vobis. No obsta11te, recordemos esta otra frase de Jlsucristo: Non veni rnittere pa. cem, sed gladium, No vine a trncr la pnz, i;i110 la esp11da. ¡La cspadH! Si te11emos prcse11te que el muudo, despues de la caida, es un campo de batalla. y i.i pr<•sd11dirnos de la natural r-cpug11a11cia que ha de causarnos siempre el dcrramnmieuto de san~re humana, comprenderemos con facilidad la profunda y noble significa• ciou de la espada, de tisa arma que en las épocas mas cristianas de la historia ha sido el símbolo del caballero. Hoi, que todo lo convertimos en instrumento del mal, apenas concebimos cómo puede ser representacion de nobleza y honor un objeto que solo sirve para herir o matar al prójimo. 01 vidamos que hai u11a espada que se llama la espada de la ju,ticia. La que esgrimian los cruzados: la que esgrimian los espal1oles eu la guerra de siete sig-los: la espada de Const11ntiuo;_ la espada de Recuredo: la espnda de San Luis y de San Ferna1~do, ¿pueden considerarse como viles iustrnmenlos de mata,;za? Cuando la fuerza material, cumpliendo las leyes del ,órden, se pone al ser- 'Vicio de la fuerza mernl; cua11llo el brazo obedece á la idea; cunndo la espada es centinela de la justicia, la fuerza material) el brazo y la espada pierden su natural grosería, y son ·C()mo participes de las delicadezas del espíritu. Entedíanlo asl los antiguos caballeros. que llevaban espada al cinto, y por eso sin duda erau rectas las hojas de las espadas, rectas como la justicia; y por eso sin duda el puño era una cruz: la cruz del Salvador. La hoja recta: el putlo en forma de cruz: tal es la espada del caballero cris- . tiírno. ¡Hasta en los mas pequeños detalles reflejnba la Edad l\ledia su gran espíritu católico! Nótese, cu cambio, que los nlfanges y las cimitarras de los musulmanes eran corvos: corva la hoJa, corvo el puño. Tambieu los sables modernos son corvos: corva la hoja y corvo el pu,10. ¿No os dicen nada estas sinµulares coincidencias? Podrá ser aprehension de mi ánimo; pe- ' ro yo ten~o oara mí que 110 es capricho del uso el haber variado la forma de la espada. ¿No C8 <·ierto que todo varía cuando varían las ideas? Pues ¿por qué el cambio de la rectitud de la antigua espada por la dohlez dc1 moderno sable 110 ha de signiftcur un cnmbio de la recl itud de los r.alrnlleros por la do~ bl('7. de los mercenarios y traidores'! lg11oro si hai razon militllr pum que nuestros soldados lleven el ulfange de los musulm:111es y menosprecien la es- · pada de los 1·¡1balleros. No sé que los moros estuv•iescn mas nd(•ln11t11,tos en el arte de la guerra 'que lns cristianos. Lo que sé es que los soldados de 111 ci• vilizacion modernn tienen mas parecido coa! los moros que con los cristianos. ¿Será <'Sta la rnzo11 de qnc nuestros , soldados llcv,•n el corvo suble y 110 la recta espada'! .,,. !\las, 8ea cualquii•ra la razon, el · herho 110 puede 11eE{ar~c. El sable ha sns• tiluido á la espada, como el cesari~m1) ha sustituido á l11 11101111rquía cristia11a. Antes los JleJeS 7ior la gracia de Dios llevaban la cruz perf1•ct11111e11te señalada en la empm)adura de ~u tizo11n. Hoi los Reyes pe,r lfl ,:olu,itad nacional llevan al dulo u11 s:1ble en cuyu emp11I1adura hai una cruz per fectameute dPsfigurada. Sí; se ha desfigurado In cruz en el sable: tambien se híl des.figuradq en Laa .· . constitucioues: tambien se ha desfigu• rado en la sociedad. La espada e11 In mn110 de los Tie'\'~ nos dccia qne estábamos bajo el amj1aro de In justicia. El sable en la mano de los Céirnres y dictadores nos dice que estamos bajo el domi11io de la fuerza. La espada era el órden, esto es, IR libertad cristiaua. El sable es la libertad, es decir, el despotismo liberal. Estoi por la espadn. (Co11tinuara.) Imprenta •LA IGLESIA__ ~UN.EÑA~ DÉ Muan·o c. M.lirr1ín1:i., ' . .
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx