AÑO V. PUNO, FEBRERO t~ DE 1-871. N. º '118., f ,n. · Jglcsitt untñtt. PERIODICO SEN1IANAL. ':fiiOID C • G @Wf#MMf!Hi ORGANO OFICl,Al DEL GOBIERNO_ECLESI ASTICO DE LA ~IOCESIS, . Puno, Febrero 6 de ~1871. La Iglesia de Puno acaba de celebrar con todo el entusiasmo que le ,ha sujerido su espíritu católico, la fiesta mas simpática, mas ljerna y mas consoladora para todo cora-;- zon verdaderamente cristiano. La infalibilid8d del Romano Ponlífice; esla verd·ad tap luminosa, que se desta9aba de todas y de cada una de las pájirias del Evangelio, que no era ni poJ ia liaber sido aceptada jamás por los Padres· y Teólogos de la Iglesia como · una simp.le consecuencia, sino como el principio mas fecundo que debia demostrar al travez de .los siglos el oríjen divino de .esta magnHica sociedad fundada por Nuestro Señor Jesucristo para salvar á los hombres; esa infalibilidad, repetimos, ha sido declarada como un Dogma por el San lo Concilio VaLicano Primero. Mas de tres siglos hace que se ha venido sintiendo en el seno de la Iglesia Católica la necesidad de esta declaración. Antes de Lutero, las sociedades cristianas sufrieron, es verdad, rudos at.aques por parle ~e las herej1as; p~ro entretanto conservaron siempre su respeto, su obediencia a la Cátedra de Pedro, á tal punto, que en el siglo IV el grande Obispo de Hipona pudo decir á los dqn_atistas: <<Su puesto que » vuestra causa se ha llevado al Tri- >) bunal de Roma y ha sido dada >) una decision solemne por el Pon- >) tHice Romano, la cuesLion es con- )) cluida: Ronia · loquta est, causa » .ftm,'ta est. >) :Pero asomó la reforma pro~estante con todo su orgullo ·satamco, pr~ñada de absurdos y abundante en adnJ aciones ·para los pueblos y sus gobiernos, y hé aquí lfUe la escena cambia, que la fé comienza á oscilar en medio de pueblos antes esencialmente cristianos, que las convicciones seculares de la necesidad de un Primado iofahble en la Iglesia para conservar el principio d~ unidad en la fé y en las costumbres, iba perdiendo en muchas intelijencias poco instruidas su fuerza lógica; p~r ú.ltimo1 el Papado c?menzó á m1r?rse de reojo y con cierta prevenc10n por espíritus frívolos, que siguiendo aunque de lejos las influencias del Protestantismo, llegaron :á _ol:vidar. completamente este prrnc1p10 ax.10mático del célebre Obispo de Milan San Ambrosio: ubi Petrus~ ibi Eccles1,'a: «en donde está Pedro, allí está la Iglesia.,> Sabido es que los· errores tienen una fecundidad prodijiosa, y que esta. fec•.10didad se halla siempre en razon dir~cta de la. mayor proteccion que otorgan á las pasiones; y hé aquí pur qué la doctrina Protestan Le ha es lado de plácemes casi desde su oríjen, al recon,ocerse y ser felicitada como la madre lejítima del Jansenismo, de] Galicanismo y del Racioualismo. Este triunvirato diaból ico, abortado por Lutero, sin salierlo él mismo, para mejor herir al cornzon de la Iglesia Católica, no ha desmayado un punto en sus tareas infernales. Los Jansenistas insinuaron el pueríl principio de la desobediencia á la Santa Sede, cubi·erta con el rnanto de un süenci·o respetuoso: la escuela Galicana, un poco mas séria, pero quizá menos digna, atendida su gran dósis de adu]acion á los poderes tempornles, sostuvo con un calor y una enerjía dignos de mejor causa, la anti cristiana teoría de la absol uta independencia del poder temporal respecto del e3piritual, y colocando p0r via de comentario, al lado de este principio, la dependencia, · la casi completa servidumbre de ]a Iglesia al Estado , quiso coronar su obra estampando en su célebre dec1aracion de 1682 está máxima anti -ca lolica: «El Concilio es superior al Papa.>) La parle mas séria en este combale al Pontificado y por lo mismo a la Iglesia, queda reservada al Ra- ·cionalismo: con efecto: Jansenistas y Galicanos empleaban, mas 6 menos, las armas de la Fé y la·Revelaciou para combatir al Papado; y .Yª las sociedadPs habian tenido un ti empo mas que suficiente en dos siglos para burlarse de esa Fé y de esa Revelacion, ~ign1endo el consejo supremo del M~njei\póstata, que decía: «La Biblia, 6 sea la palabra de » Dios escrita, solo puede ser lícita- >) mente interpretada por la rnzon »individual.,, A la larga, asi tenia de suceder, como en efeclo sucedió. Una lurba de filósofos, que cual la plaga de langostas en el Egipto, se lanzó sobre las sociedades cristianas, pro<.lujo en materia de ideas calolicas el trastorno mas completo que hasla entonces se babia observaclo. Ya no fue combatido el Vicario de Nuestro Señor J esuc.rjsto con textos Lomados del Evangelio, ni con frases adulteradas de lal 6 cual Padre de la Iglesia, sino que, herido de freo te con las armas de una razon infatuada, se dejó oir el grito destemplado y necio de--¡¡ ¡ABAJO LA SOBERANÍA PONTIFICIÁ..l ! !-y la calumnia, y el sarcasmo y la infame caricatura, y el ::isqueroso libelo, y el sucio pasquín s~rvieron de armas (dignas de los que 1as manejaban) para dar muerte, á juicio de ellos, á aquel de quien el Salvador babia dicho: Tu es Petrus, et super lianc petram, edi.fic4bo .Ecclesi'arn mea1ú,, · et porta Injerí non prevalebu,nt adversum eam ¡Oh! cuán ta gloria cabe al Pontificado, y cuánta ignominia á sus r perseguidores; pero muy parlicuilarmente á los filósofos!! ¡Pobres! Si resucitaran hoy algunos de l~s que á fines del siglo pasado, y aun¡ á principios del nuestro, anunciaJ:)an con énfasis la desaparicion de la Iglesia CaLolica, por cuan to moria Pio Vl en el destierro, o se hallaba prisionero Pio VII en Fanlainebl~au! ¡Si hubiera sido posible sacarlos ie sus tumba:3 y conducirlos de la mano para que asisti esen á la solemnísima sesion del Concilio Vaticano Primero, habida en 16 ele Julio de 1869 -¡cuá □ La angustia, cuánta vergüenza y remordimiento · h~brian e:xperirnen lado al observar, de una parte, la frivolidad de sus nrgumenLos, la impotencia de sus fuerzas para destruir la obra de Dios; y de otra, la grandeza, la sublimidad divina del Catolicismo, su admirable virilidad, que despues de ~einle siglos de lucha consta u te se ~e·ve]a hoy con una vida singular, co1n nnn especial majestad, colocando sobre la fren le de su Pon lífice suprPtno la preciosa diadema ele la Infalibilidad! ¡Gloria pues, á los que hemos t enido la dicha de mantener ilesa nuestra fe Católica! ¡Gloria á todo.e;; los que han sabido combatir mas 6 menos las doetrina3 Janseni stas y Gali'cánas, á los que en rna tr.r·in de Filosofia h"an sabido rendir siempre un tributo de homenaje á los principios fil osófic:os de 1 Ca Lolicismo! Sí, porque hoy, mas que 11unca, la doctrina Católico ofrece to.das las garnnlías apetecibles para no dudar de su verdad , La palabra del sucesor de Pedro es infalible, preci- , samen le en lo que hay de mas caro é interesante para nosotros: en todo lo que se relaciona con la jnteligencia y el corazon. No correremos pues el peligro que has la hoy ha ·- hiarnos corrido, de ser seducidos por esa turba de traficantes en doctrina y en moral., que tan lo daño han Ítecho á los pueblos sencillos é inocen Les. , Repilámoslo una vez mas, parfl concluir-¡Gloria pues, á los que hemos tenido la dicha de mantener ilesa nuestra fé Católica! ' !im~U.iUON PA~lEJÍRICO EN HONOlt ue Ja declaracion del nogma cllé la JnfaiibiiUdad. Pontificia. precU<'aélo 1,or e!I ntmo. Sei1or Obispo nr. n. Juan A. Huerta en la t'unclon celebrada para l!iiOle.mnizarla. Ego rogavi pro te ut non de/iciat fides tua•.•.• et tu confirma fratre$ tuos. S. LUCAS CAP, 23 V. 32, Carísimos hijos: ¡Bendito sea el Señor, que nos ha con- , cedido la especialísirna gracia de celebrar la declaracion del Dogma de la Infalibilidad del Romano Pontífice, hécha ' por el Concilio Vaticano Primero! Tras tantos siglos de guerra al Pontificado; despues de una série de aberracione,s sin número que han tenido lugar cou motivo de la esplicacion dP textos sagq1dos los mas terminantes: cuando la razon orgullosa, puesta al servicio del cisma y de la herejía, templaba sus ar.- mas con mas audacia que nunca, para destruir por compl et.01 si fuere posible, In uociou del Pontificado y de sus privi!egios, hé aquí, que la Iglesia Católica representada solemnemente en la. persoua de sus Obispos, se congrega en la Ciudad eterna al pie de la Cátedra del sucesor de Pedro, y despues d·e· UB maduro estudio, en el que fueron evocados para mejor fallar los testimouios de la Escritura y de la TradiciotJ, despnes de juzgudos con ~l priterio ~e una sana y genuina filosofíat fa1·oreci- <lGs por la iluminacion del Sunto Espíritu, comprendieron la necesidad que había de opo11er ,un dique a las pecedades, con que este muudo loco ataca siempre toda obra divina. Jesus habia dicho un dia á Pedro, µr ev iniendo su uebilidad y la nuestra: «6imon, Simon, mira qu~ Satanás o~ ha pedido para zarandaros com<? el trigo: mas yo he rogado por tí, que no falte tu fé: y tú, una vez co11vertido, c;onfirrna á tus hermnnos... Estas palabras tan claras del Salvador, tan esplíci .tas en favor de Pedro y <le sus sucesoresr µor cuan to d irij iéndose á él personalmente le revelan el plan del infierno 1·especta de toJps los A póstol_es, incluso el mismo, asegurándole al propio tiempo que la oracion en su favor seria suficiente para libertar del error a los denlils. discípulos-«.¼'go rogavi pro le ut non de/iciat (ides tua» demuestran claramellle e l esclusivo privilegio de Tnfolibilidild otorgado á Pedro para bien de la Jglesia entera. Hngamos, hijos cal'isimos, algu :ias ligeras reflecciones sobre el texto indicado, y para que e-
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