La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

LA IGLESIA PUNEÑA. -ee::~;¡:;¡¡¡;;¡¡,¡¡¡¡;¡¡¡¡.;;¡¡¡¡¡¡a¡•~------iiiiiiiiii-----------iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii¡¡¡¡¡¡¡¡¡jjuiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiíiiii:¡¡;jiiiiiiiiiiíiiiiiiiiimiiiiiiiii-iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii-iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii-iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.lriiiiiiiiiiiiiiiiii•iiiiiiiiiiiiiiiiiijii¡¡¡¡¡¡¡¡. <<He leido igualmente el impío proyecto atribuido por ((El Nacionali> al Señor Obispo de Pamplona. Tanto los Señores Obispos, como yo, recibimos una ter-rible impresion al leerlo, pero suspendimos nuestro juicio, hasta hacer la conveniente averiguacion. De ella ha resul lado, que no es sino ·una infame calumnia que el Señor Obispo rechaza en una carta dirijida a una persona de esa capital, .para que se publique en los diarios.>> -Dicha puhlicacion ha tenido efecto en el mismo periódico «Nacional» N.º 1,468, en donde la .podrán ver nuestros lectores. ' Así es como sirven' su causa los ·enemigos de la Iglesia; la mentira, la calumnia, la infamia, son las armas ,que · ~l demonio pone en sus manos para que luchen contra ,una doptrina que cuenta entre sus precept.os · el de orar por los 'perseguidores, p-0r los calumniantes y por los enemigos. ¡Cobardes! no tienen v.ergüenz.a de hincar su diente envenenado sobre la reputacion inmaculada de un Obispo, para darse el triste y estéril placer de causar un desagrado á los buenos Católicos y de afiliar en su bando de iniquidad, siquiera sea por un dia, á un ilus• tre miembro del episcopado. ¡Miserables! hieren en las sombras y escojen una víctima a cuatro mil leguas de distancia; como si la Iglesia J:lO ostentara su divina belleza a la claridad del medio dia. . . . .. Basta1 querido amigo. La indignacion que me h_a caus:ido esta infamia, me llevaría mui léjos.>) Nuestros lectores verán por las líneas que au teceden y por la protesta que hemos citado, inserta en <<El Nacional,)> que nada eujeramos al descargar sobre los enemigos de la Iglesia nuestra indignacion, acusándolos d.e mentirosos. Conforme se ha desmentido este. hecho, pueden desmeutirse mil, con solo la diferencia de que el mentir y calumniar, no cuesta ningun trabajo y sí el vindicar, para aquellos que, amantes de .Ja verdad· no se prevalen de la distancia para engañar (ni forjar correspo1;1dencias del Concilio, asegurando los hechos como pasados en Roma y á su vista, estando sin embargo mui léjos de allí), nosotros tenemos que aguardar á que el tiempo de la distancia, nos proporcione los medios incontestables de refutar las calumnias, desde que no tenemos máquina de fabricar noticias; esta ventaja, que ciertamen• te nos llevan nuestros enemigos, la confesamos de plano, pero advirtiendo que, ni nos causa envidia, ni creemos que á ellos les haga mu-- oho honor. De hoi en adelante,. tendremos cuidado en beneficio de los lectores de «La Iglesia Puneña», de insertar en nuestra correspondencia lo que juzguemos mas importante, tomándolo del «Eco de Roma)), revista Catolica que ha empezado á publicarse en esa Ciudad, segun lo anunciamos ec. nuestra anlerior cor- .respondencia, y que felizmente tenemos ya á la vista. Tendremos especial cuidado de anotar lo que trascribamos de dicho periodico, así por que el hecho de publicarse en Roma mismo á la vista de los sucesos, y por un editor respetable bajo todo punto de vista, le da un carácter de incontestable autoridad, cómo para que no se nos atribuya el mérito d~ dichas publicaciones. ÚLTIMAS N'OTICIAS. En carta de .Roma fecha Marzo 2, llegada á esta ·Capital por el vapor d~l 8 del presente, se nos dice lo que sigue: El Papa disfruta de una salud· excelente., Ha hecho como de costumbre su carnaval, visitando dos veces las 4O horas, en medio de las esclaruaciones de un pueblo entusiasta y religiosamente conmovido. Hoi ha asistido á San Pedro con el objeto de bendecir la ceniza. ¡Oh! como es hermoso verá los venerables obispos de la cristiandad inclinar sus cabezas para rP✓cihir un poco de polvo y escuchar estas palabras, en que la sencillez contrasta oon la elevacion y con la profundidad. «Acuérdate hombre d-1 que eres polvo y en polvo te has de convertir.» EsLo es sublime como todo lo que la religion inspira. Despues de mi ultima carta no ha habido ninguna congregacion general. Los cardenales presidentes fijaron la última sesion-diez dias, para que los padres pudieran remitir sus observaciones, pasados los cuales se fijará el dia de la próxima sesion. Muchos creerán en Lima que Mon• señor Dupanlou p y el padre Gratry han desconcertado con sus escritos á la Santa Sede é introducido, por lo menos la vacilacion en el Episcopado. Se equivocan torpemente. Los que han perdido inmensamente son el ilustre Obispo y el pobre oratoriano. Po'r lo d~mas, la cosa marcha, y entramos ya en el periodo mas interesante del Sagrado Concilio. Lo tendré á U. al corriente de.cuanto me sea permitido decirle. El próximo número del «Eco de Roman ataca duramente al «Nacional» de Lima por el atrevimiento con que atribuyó al Señor Obispo de Pamplona aquellas célebres constituciones. En el inmediato correo se lo remitiré, pue5, á la fecha, aua no ha salido.)> Tenemos á la vista .un numero de la cfünitá Católica,), en el cual se encuentra el texto del nuevo decreto dado por nuestro santísimo padre reformando la manera de la discusion y tambien un magnífico artículo en el que se explica claramente su verdadero sentido y la prudencia con que ha sido dictado, defendiendolo ademas de los impíos ataques en que se han desatado los periodicos enemigos, dando al decreto en cuestion nada menos que un fin hostíl á la libertad de discusion; lo que es de todo punto falso, como se comprende á la simple lectura del texto original de dicho decreto. A fin de salvar á nuestros lectores de informes erróneos á este respecto , vamos á procurarnos a toda costa la traduccion del decreto y artículo referidos para presentarlos á su consideracion. Tenemos tambien á la vista cuatro números del <<Eco de Roma» : esta magnífica publicacion, dá una idea perfecta de todo lo que pasa actualmente en Roma. La oportunidad de sus artículos editoriales y las profundas verdades sociales que contienen, lo hacen estar á la altura de su mision. Su sesion bibliografica nos dá una idea perfecta de las multiplidadas obras que con motivo del Concilio se han publicado y se publican todos los días. Ciertamente por aca nada de esto se dice, solo se hace mucha bulla con los escri- 'tos de Gralry y Dupanloup, -haciendo creer á los q' no leen mas periódicos que <<El Comercio)) y «El Nacional», que todo está perdido. Sepan nuestros lectores, para su gobierno, que la cosa es muy distinta, y que si tuvieramos en Lima un periódico católico, órgano de la verdad, no nos faltaria con qué confundir á todos los enemigos del Catolicismo, y las cosas variarian de aspecto muy pronto; sin embargo, iremos poco á poco comunicando á nuestros lectores todo lo que hallemos de mas importante en los periódicos y comunicaciones que tenemos á la vista en abundancia; como lo hemos ofrecido mas arriba lo cumpliremos. Todo lo que suplicamos a las personas sensatas que quieran estar instruidas en la verdad de los hechos, es, que no crean nada de lo que se publica respecto del Concilio, pues dichas publicaciones estan sembradas de falsedades: la distancia á que nos hallamos del lugar de los sucesos hace que nuestros enemigos se prevalgan de ella para extraviar la opinion de los sencillos, aun cuando esto sea por poco tiempo, como ha sucedido con lo del Obispo de Pampl_ona. Triste placer de que ciertamente pueden gloriarse los que hacen el oficio de extraviadores del sentido comun. No nos espresariámos en términos duros sino supiéramos con certidumbre que hai periodico de esta Capital que elije lo peor de propósito, y no publica lo bueno que se le presenta, porque esto contrariaría su plan, largo tiempo seguido.<< Viva l(J libertad de imprenta» . « Viva para siempre la decantada irn.parci·atidad de nuestros progresistas» . No está lejos el dia en que caiga la inmunda máscara con que se cubren, y en que reciban el premio de sus acciones. Roguemos y esperemos. El Corresponsal. CO~CILIO ECUDÉ~ICO Y ATIC.4.l'WO. Damos á continuacion el testo de la l\f emoria firmada por nrios obispos pidiendo la definicion de la infalibilidad, que dice así: AL SANTO CONCILIO ECUMÉNICO. «Los padres infrnscri.tos piden humil- " de y ardientemente al santo Concilio » del Vaticano, que se digne afirmar, » por un decreto, en términos precisos » que escluyan todo género de duda, • que la autoridad del romano Pontífice » es soberana, y por consiguiente eslá " exenta de error cuando eitablece y ,, ordena (statui ac prrecipit) en materias » de fé y de costumbres, y e11seña lo que debe ser observado y creido (ere- " denda et tenenda) y lo que debe ser re- ,. chazado y condenado por todos los fieles cristianos.• RAZONES EN Pno DE LA OPORTUNIDAD y NECESIDAD DE ESTA J>IlOPOSIClON. "El primado de jurisdiccion del romllno Pontífice, sucesor del apóstol Sao Pedro, sobre toda la Jglesia de Jesucristo, y, por consiguiente, el primado dil majisterio supremo, está claramente enseñado en las Santas Escrituras. La tr11diccion universal y constante de la Iglesia enseña, tnnio por lo» actos y palabras de los santos padres como tambien por la conducta y decision de muchos Concilic.s, aun ecumónicos, que los juicios doctrinales del romano Pontífice, en materias de fé y du moral, son irreformables, Con acuerdo de griegos y latinos, i8 ad~ptó e.n él Concilio. II de Lyon la profes10n de fé que contiene la fórmlila siguiente: «Las controversias en. materia de fé debe terminarlas el juicio del romano Poutifice. » En el Concilio de Florencia se defiuió tambien que «el romano Pontífice es el verdadero Vicario de Jesucristo, el Jefe de toda la Iglesia, el Padre y el Doctor de todos los cristianos, y á el ha sido conferida por Nuestro Señor Jesucristo en la persona del bienaventurado Pedro, la plena potes~ad de apacentar, regír y gobernar la Iglesia universal.» La misma sana razou enseña que no puede estar en comuniou de ;fé con la Iglesia católica quien n.o esta unido a su cabeza, puesto ·que ni con el pensamiento se puede separar á la Iglesia de su jefe. Ha habidp y hay. todavía, sin embargo, quienes Hamáudose católicos abusan de este nombre, con detrimento . de la fé de los débiles, atreviéndose á enseñar que toda· la sumision debida a la autoridad del romano Pontífice, consiste en recibir sus decisiones, sobre la fé y la mo.ral, con un respetuoso silencio, sin adbesion interior del espíritu, ó á. lo mas, de una manera provisional, hasta que se haya visto el c.onsentimiento ó disentimiento de In Iglesia. Es evidente para todo el mundo, que esta doctrina perversa destruye la autoridad del romano Pontífice, ro!Dpe la unidad de la fo, abre libre camino á todos fos errores, y les da tiempo sobrado de penetrar en los espíritus. . Por eso, los obispos, guardas y defensores de la verdad católica, se han esforzado especialmente en nuestro tiempo en afirmar la suprema autoridad docente de la Sede apostólica, sobre todo cou derechos sinodales v testimonios colectivos. " Mientras mas claramente ha sido ensefiada la verda<! católica, con mus fuerza ha sido atacada en estos últimos tiempos en folletos y periódiros, con objeto de ei;,citar al pueblo católico contra la sana doctrina y de impedir que el Concilio del Vaticano la proclame. ])e aquí que, si basta ahora ha podido parecer dudosa a algunos la oportunidad de la definicion de esta doctrina por un Concilio ecamenico, la necesidad de definirla parece ahora e"Tidente. Porque la doctrina católica es atacada de nuevo por· los mismos argumentos de que se servian contra ella los hombres condenados por su propio juicio, cuyos argumeutos, si prevalecieran, arruinnriau el mismo primado del romano Pontífice y la infalibilidad de la Iglesia, y los cuales estan á menudo acompañados de invectivas contra la Sede apostólica. Ademas, )os mas encarnizados adversarios de la doctrina católica, aun los que se llaman católicos, no se averguenzan de decir que el Concilio de Florencia, que de-

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