Habia contemplado algunos días an~es, como una vision del espleudor de Dios; ese dia vi como una soorisa de su bondad. Cobré ánimo y me levanté; debía Henar una mision q' ha dejado hoi de ser un secreto y que no fué uunca si~10 _el de la humildad un secreto que 01rc1s con tanta mas r;zon, cuanto que tuvo el singular poJer de enternecer hasta el fondo a.el alma, al mismo que enternece al mundo con su aspecto, y de hacer brillar u1.a lagrima en los ojos del qu·e no cesa de secar las del género humano. «I\Iuy Santo Padre, le dije, hace algunas semanas vi venir hacia mi una humilde hija del pueblo, una cam¡.,esina. Vais á Uoma, me dijo; tomad, esta es la economía de toda mi vida, tomadla, ponedla á los pies del Papa, suplicadle que J,llC ,bendiga y obtenga de Dios la gracia de que muera bien. ,. Al ver , una suma relativamente considerable; me creí obligado, por la prudencia del ministerio sagrado, a dirigirle algunas preguutas antes de aceptar su ofrenda:• ¿Que edad teneis? l\Ias de 50 arios. ¿Cuánto tiempo habeis nececitado para gañar esta suma? Cerca de 40 años porque á los doce ya ganaba mi pan. ¿Qué pensábais hacer de esta· suma antes de conocer las necesidades del Santo Padre? La habia destinado para vivir en mi vejez. Y ahora ¿de qué vivireis? De mi ~rabajo. ¿Y si caeis enferma? En ese caso me iria al hospital». Dichas esas palabras, la mujer desapareció, dejando entre mis manos la la!Y• de toda su vida y en mi alma una dl hs impresiones mas profundas que La han coumovido jamas. Depositaudo e:-.te oro sin precio á los piés del Soberano Pontifice, levanté de nuevo l.os ojos hacia .él y sobre ese rostro donde la humdnidad viene á leer una parte considerable de sus destinos, sobre ese rostro donde ninguna amenaza hace nacer el miedo, sobre ese rostro donde niugun peligro destierra la paz, vi brillar ..•. dos lágrimas. 'El cielo tambieo las ha visto y las ha pesado; y sábelo bien,. humilde hija de los campo·s, hija de la lglesia é hija de la Francia, esas lagrimas Dios las recordará á la hora de recibir tu alma en el seno de su eternidad. ¡Ah! ¡cómo estremecieron esas lágrimas todo mi ser, y cómo hicieron correr las mias! ¡Cómo hasta ahora mismo, lejos de haber perdido su fuerza, abren en este momento la fuente de las vuestras y os enseñan así, mejor que toda demostracion teolójica, que el fruto supremo de P;_sta.personificacion de la unidad católica, es hacer creado para siempre,como he dicho ahora poco, la fé en el respeto y el respeto en el' amor. l\'H tarea ha terminado. Gloria 6. Dios que ha bendecido el principio que me ha sostenido en su curso, y que bendecirá, tengo la esperanza de ello, la cosecha póstuma. Mi corazon esperimenta, antes debajar de este púlpito, la necesidad íntima de rendir un homenaje filial de veneracion al ilustre príncipe de la Iglesia que ~obierna esta vasta diósesis; y cuyo nombre esta escrito para siempre en el libro que lo , tiempos leerán la his· toria del renacimiento del catolicismo en esta lUoaarquia en el siglo XIX (1). Despues de él, es para mi alma 11na necesidad y un deber dar gracias pública• mente en presencia de esta grande asamblea al hombre verdadermente apostólico (2), que representante oficial por su carácter, como imágen vi va por f- US vir- ('J) Su eminencia monseñor José Othmar, cardenal Rauscher, príncipe arzobispo de Viena, promotor principal de Concordato concluido eri 18:S~ entre la Santa Sede i,postólica J S. M. imperial y reverendo apóstol el emperador Francisco José l. (2) Su grandeza monsetior Mariano Falcinelli-Antonaccio, arzobispo de Atenas in partíbus, protector insigne y auditor asiduo de estas conferencias. LA IGLESIA. PUNEÑA. tudes, del gef0 supremo de la cristiandad, ha sostenido tau poderosamente mi debilidad en este púlpito por su constante y fraternal, aunque oculta é invistble beudicion. No podria olvidar al docto cclos~relado (3) qne una cooperacion especial ha sido como el segundo promotor de mi pal abra e n medio de vosotros, ni á esos venerables hijos de San Benito, quieues cou su primer pastor a la cabeza, le han dado u11 asilo hos pitalario en su iglesia y un eco fraternal en sus corazones. Y en cuanto á vosotros, que habeis sido en este templo de piedra los sau'tuarios ea que ha resonado esta palabra que habeis constantemente escuchado con silencio y homenaje, ¿qué os diré? Tres palabras. Gracias, la palabra que mira al pasado.-Adios, la palabra pue mira al presente.-Hasta la, vista (Revoir) a palabra que mira al porvenir, ¡El porvcuir! ¡Ah! ese lugar dond~ se repnsnn con invencible esperanza las almas que creen, que esperan y que aman, y que se dan en Dios, su patria comun, una suprema y eterna cita. Digo en Dios. ¿Pero Dios puede ser un lazo en la muerte sino lo ha sido en la vida?¿ Puede la eternidad unir lo que el tiempo tiene separado? Cuando pienso que las almas que mas he amado no las vol veré á ver siuo arde, quizás no autes del fin, quizás despucs, quizás ... ¡jamas!¡ Ah! mi ser todo entero queda como aniquilado bajo el peso de esta vision, y esclamo como Jesucristo en el monte de los Olivos, en la an~ustia de s' agonía: «?ater, si possibile est,transerit a me calix iste.-Pa<lre mio, si es posible, aparta de mi este cáliz.» ¡Dios mio! mi primera palabra en este público fue una oracion; que la última lo sea tambien. En el momento en q' mi voz se calle eu esta ciudad, qui ero, semejante al moribundo que se apa rte de los hombres para no hal,Jar mas que al cielo, quiero tambien apartarme de ellos para no hablar mas que á ti; pero para hablarte de ellos aun, ¡Señor, Jesu,;, escuchadme! Yo os ofrezco por la sal vacion de las almas , por aquellas sobre t.odo que son en cierto modo la mia, mi sangre y mi vida. Tomadlas, pero dadme esas almas; las necesito, las quiero; dadmelas, dándooslas a Vos mismo. Virgen bienaventurada, hija de Israel, humilde judía y la primera cristiana del universo; tu corazon, mejor que otro cualquiera, comprende el mio en esta oracion suprema. Presentadlas ante el trono de Dios para que él las llame todas a él, y que asi seamos todos consu mados en la unidad, en la eternidad y en la felicidad del Padre, del Hijo y del Es- - píritu Santo.-Amen. La inOuencla reUgiosa. (CONTINUACION.) El Sacerdote católico no ensefi.a lo que él ha ioventado, sino que comunica lo que ha recibido; no es un filósofo, sino un en viado del Scüor qne lleva en una mano el deposito que se le ha cr, nfiado, mostrando en la otra los titulos que justifican la legitimidad de su mis1011. Pero esto no seria bastante á prod ucir completamente el indi ca•io efrcto, si todos los fi e les tuviesen el derecho de der,idir en materias de fé, y si el sag-rado depósito anduviera en manos profanas, expuesto a todo viento de doctrina. No se ligaría tau i11timamente la conciencia del fiel con la del mini s tro, si el primero no se viese precisado á recibir del segundo la enseñanza y la expliracion del dogma, y si en las dudas que pudiesen ocurrir sobre estas (3) Monseñor J. Mislin, prelado domestico de Su Santidad, abale mitrado, etc., autor de la notable obra sob re los Santos Lugares y cu• JOs esfuerzo, han contribuido grandemente á esta predicacion. materias, no estuviese peadiente de los lábios del sacerdote, custodios de la ciencia divina, y órganos e intérpretes de la ley. Deeision, declaracio11 y enseñanza del mismo dogma, exclusivamente reservadas al clero. La co11sta11te separacion que se ha becho en la Iglesia católica entre los ministros y los fieles, quedaudo á cargo de los primeros el enseñar los dogmas y la moral, y el resolver las dificultades que eu este puuto se suscitasen, ha contribuido sobremanera a ligarlos íntimamente, pues que no ha sido posible tener fé, ni por consiguiente pertenecer á la comunion católica, sin recibir de la boca del sacerdote conti• nuas instrucciones. Esto engendra uatural m~nte la venernciou hácia el ministerio religioso, y establece una incesante comunicacion entre los que dan y reciben la enseñanza. De la propia suerte que el simple fiel se halla en continua relacion con su párroco, comenzando desde el catecis·mo que aprende eu su infancia, hasta los úl· timos consejos en la hora de la muerte, asilas parroquias enteras se hallan ligadas con respecto a sus obispos de quienes reciben el pan de la divina palabra, ora por pai;torales, ora por instrucciones verbales, ora por correspondencia epistolar; como todas las diócesis lo estan con el Sumo Pontífice, á quien recurre el _obispo, siempre que alguna ocurrencia gl'ave, alguna dispu• ta reñida, ú otra causa cualquiera, reclaman el auxilio de las luces de la Cátedra de San Pedro. Para concebir cuánta es la fuerza de esa decision y enseñaaza de los dogmas, eu producir una comunicacion incesante entre la cabeza y los miembros, y entre los minbtros inferiores J los superiores, figurémonos por u11 momento que cesa esta prero~ativa divi• na, y que, no diré cada fiel en su conciencia, ni cada párroco en su parroquia, siuo tan solo cada obispo en su diócesis se halla con facultad de decidir irrevocablemente todas las dudas que se ofrezcan sobre un punto de moral ó de dogma, sin que sea licito apelar de este follo al Sumo Pontífice; desde luego vernos desaparecer uno de los principales lazos que unen los miem• bros con la cabeza, desde luego se borra u de la historia eclesiástica un sinnúmero de causas en que ha ejercido de una manera solemne la supremacía el sucesor de San Pedro; de,de I uego vemos que cesa la comuuicacion entre los obispos y el Papa, y que el primado de este pas i1 á ser un títlllo honorario sin ningun efecto en la práctica. Porque, bien claro es, que una vez roto el vínculo en lo tocante á los plintos de dogma, lo quedara tambien en cuanto á la di,ciplrna: pues entonce¡ se suscitaría al iustante la cuestioc sobre la potestad disciplinar, y cada :>hispo podría resol ver que es de fe <]lle los obispos son árbitros supremos en el arreglo de sus diócesis re1;peclivas, y que las facultades ejercidas por bs Soueranos Pontifices eran usurpacbn es sobre los derechos del episcopado. Asi se ligan en la Iglesia unos puntos con otros; a:::í" se encuentran vínculos que muestran la dependencia de los miembros con la cabeza; asi no es pcsible tocar eu una parte del edificio, lin que todo se resienta y amenace rlina. Si esta anarquia resulta ¡nr solo s·uponer que los obi spos tu'fesen, cdda cual en su diócesis, un fa! o irrevocable en materias de dogma ~ de moral, exclusivo de la autoridad pontificia, échase de ver á tlonde iríanos a parar, si cada párroco lo tuviese e1 su parroquia, y mucho mas, cada fitl eu su conciencia. Desde entonces quedan hechos trizas todos los lazos que unen al sacerdote con el fiel, poriue faltando el primero que es el derecho de enseñanza, desaparecen por necesidad 101 demas. Y esta es la razon porque entre los protestantes ha debido aflojarse hpsta tal punto la comunicacion de 101 ministros con el pueblo; pues que ,establecido el principio de la inspiracion privada, ó el del libre exámen que al fin á lo mismo se reduce, destruida enteramen te la autoridad doctrinal, 1e han encontrado naturalmente los ministr~s al nivel de los simples legos; 1 las separaciones que se han querido introducir han tenido siempre escaaa consistencia, como que se hallaban en fragante contradiccion con la primera base de la llamada Reforma. (Continuara). Por todo lo no firmadolG1uc10 Fzn1ui,n11. ANUNCIOS. Por disposicion del Señor Rector del Seminario Conciliar de San Ambrosio,. se pone en conocimiento de los padres y apoderados de los alumnos, los si• guientes artículos del Reglamento inte• rior: Art. 13.-Cada alumno desde su io. greso al Colegio en clase de prueba, traerá-!. 0 un catre de hierro SCl?UD mbdelo, con su respectivo colchon y toallas, y una sobrecama aurora con blanco; 2. 0 un comodín de estudiante, dos camisas blancas y dos de color, ,dos pares de medias, dos calsoncillos, <los sayuelos blancos, dos sotanas y un ga• ban para el uso diario, dos pares de zapa tos para dentro del colegio y uno para los dias de salida, y un sombrero uegro de paño: 3. 0 una tasa y una jarra de zinc, peines, paños para la cara y las manos, útiles para el aseo de la boca. una tijera, un vaso y una bacinica, una silla segun modelo y dos servilletas; 4. 0 los libros que se le designen y dos bolsas con la marca del N.' qne se le indique; y 5. 0 dos platillos y un cubierto de plata, todo con la marca del alumno. Art. 14.-EI dia de su recepcion en• trega ra al Secretario: l • 0 diez y siete pesos de propina; 2.0 cuatro libras de cera labrada. Art. 15.-En el mismo dia debe te• ner el alumno en su poder los utiles. de asistencia: que soa, una sotana de paño, una esclavina corta de la misma. con el escudo del Seminario, bordado con seda, una faja de merino, un bonete de resortes con tres puntas y mota de seda del color que correspuda; medias negras y zapatos bajos de charol con hebÜlas de plata. Art. 16.-EI color de la mota de se• da para los alumnos será, negro para los de instrucciou preparatoria, celeste para los de media, filósofos y fun· dameotistas-y blanca para los Teólo• gos y de in~truccion superior. Puno, Febrero 16 de 1870. FUNCISCO LANDAE'fA.-(Secretario.) EL CALENDARIO ECLESIÁSTICO-PARA t8'10 se halla de T"enta en la Librerio C,al6lica, al precio de dos peso• ejemplar. Imprenta- «LA IG1-ESIA PUNEÑA» »E M. C. M.
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