La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

ella, y á tí daré las llaves del reino de los cielos: y todo lo que ligares sobre la tierra ligado será en los cielos: y todo lo que desatares sobre la tierra sera tambien desatado en los cielos». (San :Mateo, cap. 1G)-la potestad de regirla y gobernarla. Ahora bien: la sucesion no interrumpida de los RomanosJ>ontifices-la continuacion y existencia del Apostolado en el Episcopado católico, pruebaD evidentemente que la actual Iglesia Católica es In única y verdadera doctrina evangélica.-Ser católico, impoFta, pues, ser uno con todos en la fé, en la moral y en el culto de la Religion fundada ~or Cristo. Demostrado esto, se deduce una consecuencia mui lógica: los que, fuera de la Iglesia Católica, se ostentan á la faz del mundo :•co,n la temeraria pretension de enseñar la ley de Jesucristo, son unos impostores. Les pueblos deben arrojar sobre ellos el bien merecido titulo de enviados de lq, mentira. Escuchad sino su enseñanza.~Ellos, os hablarán de vuestra dignidad, de vuestra libertad, de vuestros ·. derechos ul.trajndos y conculcados por la Igl.esia Ca-tólica.-Ellos, brindándoos, á su mo • dol' br-illantes teorías que su filantropía y, e1 á,nsia de vuestro bien les ha hecho ~xtraet de la divina palabra de Jesus, os, infundirán como término final, odio al catolicismo, es decir, odio al mismo Jesus.-Ellos, justificarán vuestras inDobles pasiones; unas veces manifestánd-0os- la frajilidad de la natµ.raleza humana y como una t ·endencia natural y necesn.ria la de séguir el impulso de ellas; y otras, exaltándola á tal altura que 01, colocarán frente a frente del trono de· Díos .. · Y, finalmente, aquellos que se· vean precisados a reconocer que el l1ombre debe dirijirse á Dios como á su fin último, os mostrarán mil y mil caminos focilisimos,. cómodos y deliciosos para llega.r á él; pero, insinuándoos de paso~ q.ue e1 que ofrece la I~lesia Católica como el únieo seguro, está lleno de dificultades insuperables, no encontrándose en él sino tormentos é incertidum- 'bre, y que, por lo mismo, no podreis €onseguir aquel fin marchando por su sendero. En suma, os autorizarán, ó m{ls bien, os impondrán, como lo dice Mr. de- Segur_, «que seais todo, menoscntól.icos». Empero; examínese con solo el buen sentido, qué hai en el fondo de sus doctrinas? y se encontrará-orgullo y soberbia, nmbicion, egoismor tira11ía, maldad en todo. Y no se diga que ex,ajeramos.-La soberbia, et orgullo, la ambicien,. el egoísmo, la tirania, y aun mas, la corrupci@n mas asquerosa, la, liviandad, el pillaje, introdujeron la Reforma, como lo revelan los mas acreditados .historiadores acerca de la materia, y principalmente, el protestante \Villiam Cobbett, que en cada una de las páginas de s,u obra patentiza esta- -verdad; autor que por su carácter dcprotestante, no puede ser tachado de _:parcial. ~atural es pues1 que el actual ¡-->rotestantismo conserve desarrollados en' .alta escala los elementos que le origioa-ron.-¿Será posible, ror cousiguiente, que, esta doctrina, q' es todo inmornlidad, q·' es todo error, sea la mis111¡1, ó mejor, la \vcrd!idera e1rn111ad ,1.Je los labios del RL,deutor del niuutlo, ·que es od.o s.antúlad·,. :4uc es todo vcrdud'?--fü LA IGLESIA PUNEÑA. buen juicio pronuncia bien pronto el fallo, exclamando espontáneamente: «el protestantismo no es ni puede ser cristianismo». Los afiliados bajo las banderas de la Reforma, desde un principio se han empeñado y se empeñan en titularse cristianos; pero, como hemos probado que el divino y noble título de cristiano no pueden merecer por ningun respecto, se convendra con nosotros que es preciso, en la actualidad, no confundir el nombre de cristiano con el de católico. Una vez vista la conducta observada por el protestantismo con relacion al catoFcismo, no debe extrañarnos su modo de proceder: al contrario, por su oríjeo, por sus principios, por sus fundadores, así debe portarse. Lo extraño y lo que con el dolor mas acervo tenemos que confesar, es, que en el seno de In misma sociedad católica existe desarrollado, y no como quiera, sino con un vigor extraordinario, ·el espíritu protestante. La mayor parte de los que al percibir la primera luz del mundo han tenido la dicha de ser despojados, por las manos del sacerdote católico, de la cuJt)a orijinal, y prometido entonces ser fie! les, obedientes y amorosos á la Iglesia qne adoptaban por mddre: ¿qué es lo que han hecho despues?-Su conducta para con ella os contestará. Los primeros años de su vida, presentan algunos actos de cristianismo practicados con mas ó menos repugnancia: repugnancia nacida del ejemplo tomado de los compañeros de escuela; y lt qu es mas triste todavia, de lo que en ·y oyen en el hogar paterno. Pasemos adelante y observemos su juventud. Olit el jóveo ha llegado ya á la florida y encantadora edad en que es preciso gozar de la vida.-Ya ha aprendí~ do, aunque sea de memoria, sus rudimentos de filosofia1 por supuesto segun el sistema moderno, sabiendo- refutar en este ramo maravillosamente el escolasticismo y echar por tierra á los autores de la filosofía cristiana, como á ergotistas, retrógrados y maestros del oscitmntismo.--Saben ·tambien sus nociones de derecho mui bien fundadas en las grandes obras de A hrens, Burlamaqui, &: refutan primorosamente la teoria del oríj.en divino del poder civil, se entiende sin compreriderla1 porque ¿á que tratar de conocer en qué consiste, cuando s,u sola enunciacion manifie&ta su monstruosidad?) :-se hallan perfectamente instruidos en la verdadera teoria de la libertad: ya han examinado, como conviene, la naturaleza de la sociedad en sus diversas fases~-ya saben defender la soberanía del pueblo,. la soberania de la intelijencia, la libertad de la prensa, la libertad de cultos, la libertad de pensar, en fin, to<las las soberanías menos la del Jefe de la Iglesia, y todas la& libertades menos la de hacer el bien.-En cuanto á estudios religiosos, es inú tü dediearse á ellos esclusivamente, porque ¿qué mas han de aprender que lo que aprnndiero¡1 en la Teodicea y. en la filosofía moral?' ..\demas;, cualquiera sabe que hai un Dios, que · hubo un hombre que se Hama Jesucristo, ó simplemente Jesus ó el mártir del Ct~ lgota,r que á lo mismo lo dá, de quien n11us dicen que fue un lombrc-Dios y el Redentor del mundo, y otros que no mas que un hombre filósofo como lo fueron Sócrates, Platon y otros.-Teología? Vaya: seria perder el tiempo miserablemente, cuando solo podrá ser buena para los clérigos, Hístoria?-Ab! esa In tienen mui bien sabida en las novelas, poemas, y drarnas que han leido, y con tal perfeccion que pueden recitar de ellas trozos enteros: y con tul pro• vecho que, al fin por mas inmorales que hayan sido, siempre les han suministrado el conocimiento del corazon humano y el tino para discernir el bien del mal.-Con todo este baruiz de ciencia, que les vale de la sociedad el titulo de jóvenes aprÓvecliados que prometen grandes esperanzas para el porveni-r, se encuentran aptos y espeditos para proceder por si mismos. No necesitan de ninguna otra direccion: ellos conocen bien lo que es el mundo, y con sus p'rincipios tienen lo suficiente para salir airosos de todas las situaciones de la vi-· da.-Hablan con el mayor aplomo de toda materia, pues todas las tienen manoseadas, particularmente sobre política, religion,&.-Ya notau, que si se llaman católicos, es porque así han nacido; pero, no por ser católicos, dejan de conocer los defectos del catolicismo actual. Su . doctrina, dicen, es muí opresora: oir misa, ayunar, confesarse, rezar, ¡vaya, qué vida!- quieren vol vernos beatos: estos clerigos son unos bribones, jesuitas (cuando les hacen mucho favor), quieren esplotar nuestras conciencias y hacernos crec1· unas patrañas ..... como si fuéramos muge res ó ignoran tes, ó como si no supiéramos que el Papa y ,todos los demas han inventado todas estas cosas:-vaya, vaya-acaso Jesucristo las ha enseiíado ni establecido nunca? El Papa, rey de Iloma ..... y, todavía quiere ser infalible; en fin, todo esto que Ies oímos sostener, es una solemne torpeza.-Nosotros somos liberales; sabemos lo que nos corresponde;. somos patriotas; nuestra nacion es independiente; ¿cómo pretenden, pues, que adoptemos esta barannda de disparates en Dombre de la Iglesia? Nosotros, no somos ultramontanos ni hipócritas; antes bien, nos hallamos á la altura de la civilizacion moderna, y por lo mismo, procuramos el J)rogreso,. rechazando estas tontería& con que pretenden embau- ·carnos.-Hé aquí cómo corresponde la juventud a los desvelos- de Ja tierna l\Iadrc que la cobijó en su divino seno, para conservar su inocencia; pnra l>rindarlc las- dulzuras de la virtud, y para guiarla con una seguridad infalible, nada mcuos- que á una felicidad eterna. En cuanto á los hombres de mas edad, se colige fa~ilmeule cómo proceden.-Ademas de aquello mismo que en su juventud ha sido el impulso de sus actos, ya sea coloca-dos en algnn destino público ó bien ocupando alguna posicion social, Sll pensamiento todo lo tienen consagrado ul desempeño de sus funciones: su corazou al amor del país. ¡Oh! todos sus esfuerzos tienden á procurar el bienestar de la Nacion, conservando la paz, la t1·,mquilidad, el orden a todo trancer porque a- -man eslas cosas mas que á sí mismos. Pero, se dirá: ¿no se acuerdan alguna vez q.uc son católicos, que profesan una religion que les impone obli~acio- .., nes y deberes mui sagrados?-Cómo no. -Se acuerdan, sí, siempre que se trata de lanzar contra ella alguna invectiva de deshonra y de desprestijio. Se ~cuerdan de la Iglesia, siempre que se trata de deslindar sus derechos, aunque no sea sino á la manera del leon do la fábula; siempre que se trata de 'defender los derechos pátrios y las leyes nacionales contra las pretensiones, contra la usurpacion, contra los abusos de la Curia Romana y de los clérigos.- Se levantan en nombre de la Jo-Jesia . t, (porque entonces son sus hijos y sns celosos defensores); patentizan la mala fé, la ambicion, el fariseismo de la ac.. tual Iglesia docente, y -en pró de los fieles, del pueblo, de su conciencia, &; se toman el filantrópico trabajo de dt!- purar la doctrina católica del dia, para volverla a la pureza de los primitivos tiempos,-Escuchad sus palabras y fijaos en sus actos: a fructibus eorum coynoscelís eos:-sed imparciales; emitid vuestro fallo en seguida, y, entonces, decidireis si tambien exajeramos al determinar el espiritu heterojéneo de ta• les católicos. Jfagamos ahora el parangon de estos católicos con los protestantes, dcducienuo de allí, que tambien entre los católicos hai que hacer una distincion de nombre.-¿Se nota alguna diferencia entre los primeros?-Ninguna; á no ser que se señale como tal, la de que el protestante procede con franqueza, comba te al Catolicismo con alguna hidalguía, porque se le presenta á cara descubierta, declarándole que es su adversario; al paso que los tales católicos obran alevosamente, como el ladron que entra at servicio de un amo para ganar su confinuzn y de este modo lograr mejor su intento; le atacan villai1a y traidoramente, pues se le muestran enmascar_ados; protestándole ser sus mas celosos defensores. Y a tal linaje de católicos ¿qué nombre les daremos? ¿No será una usm·· pacion la de aquel con que se nos pre• 5cntan'? Los nombraremos1 pues, católico-protestantes: pero, no puede ser, porque estos dos nombres se repugnan esencialmente, Entonces, solo protestantes: tampoco, porque ellos _(po1y confe... sion propia) son católicos. tPues bienf. en ese caso debemos apellidarlos católicos. Eso no: de ninguna manera, po1·- que, en realidad1 no lo son: seria una monstruosidad de sentido comun, darles el honroso y noble dictado de tntó1 icos.-Pero .... no puede ser ¿no tienen nombre alguno religioso?-No lo sabe- · . mos: ellos que lo digan. Por nuestra parter los conocemos con el, quizás no inadecuado1 de cttlólico-farsantes. Si no& equivocamos1 ellos tienen la culpa, desde que nos dan motivos fundadísimos para darles este calificativo: si no nos. equivocamos, tienen tambien la culpa. de merecerlo dignamente, SECCION OFICIAL. VICAlUATO GENEUAL ENCARGADO· DE& GO:&IEJlNO ECLESIÁSTICO Y P&OVISORIA DELA DIÓCESIS DE PuNo.-A 14 de Octubre de 1869.-De conformidad con lo dictamina'1o por el sefior Canónigo Promotor fiscal de Ja. Diócesis, y considerando; t. 0 -que el edicto de 22 de Julio úl timo tiene toda la fuerza necesaria.

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