¡Alzad, alzad vuestro estandarte régio, A cuyo aspecto hundi eronse al abismo Los dioses del antiguo paganismo, Desde su olimpo egrégio: ¡Alzadlo, cual lo alzó resplan leciente, Como emblema de triunfo, Constantino Sobre el cesáreo lauro de su frente, Las aguilas de Roma arroipotente Parias rindiendo aJ fabaro divino! ¡Alzadlo, cual lo víó, firme, constante, Mas fuerte que las haces de los reyes, Entre escombros de pueblos y de leyes · El barbaro triunfante! Holló de sus bridones son las plantas El esplendor de Europa, envejecido En tantas lides, en hazañas tantas; Mas de esa Cruz ante Jas aras santas El ruego al vencedor dictó el vencido! ¡Alzadlo, cual se alzó, piadoso y bello, A ennoblecer bajo su blando Jugo El que al destino descargar le plugo De América en el cuello! Dió un paso el tiempo, y á su influjo vario, Que tan pronto derroca como encumbra, No es ya de un mundo el otro tributario..... ¡Mas inmutable el signo del Calvario El Sol del Inca y del Asteca alumbra! ¡Alzadlo, que su apoyo necesita La vacilante humanidad! ¿Doquiera No la veis á la vez medrosa y fiera Cuan incierta se agita?.... Su audaz anhelo a su flaqueza espanta, Y arrastrada por vertigo profu.ndo En convulsiones su vigor quebranta, Hoi avatiendo lo que ayer levanta, E inutilmente estremeciendo al mundo. ¡Alzad la Cruz, que el porvenir encierra De esa infinita multitud! Sus brazos, Que solo brindan fraternales lazos, Afirmarán la ti erra! ¡Alzad la Cruz, que de la especie lrnmana Vincula los destinos en sn n omL re!. ...... 1Al1.ad la Cruz, de donde rl bien emana, y do se ostenta en acta soberan,1 La verdadera 1il.lertu<l del hombre! Aunque ent_re sangre se pre~enta adusta, La paz sustenta y al amor anida: Instrumento de muerte engendra vida, Y es luz su sombr? augusta! Dique pone al poder y lo afianza; El débil ·se hace fuerte de ella armado; ,, Por e!I&. sola la igualdad se akanza, Que de sus brazos la eternal ha.lanza Pesa a la par el ceL.ro y el cayado. Ali{- tambien la soberana diestra Pesb el valor del mundo ........ ¡oh maravilla, Que si del hombre la razon humilla, Su dignidad demuestra! Sl, pesó al mundo la Eternal Justicia. P esólo por romper el que lo abate Yugo cruel de la infernal malicia·, · Y tanto amor en él cargó propicia, Que una vida inmortal fué su rescate. Por eso en los asperos brazos Del lcñ:l sagrado se ostentan, Las manos que al 01 be sustentan, Las manos que rigen al Sol. Por eso en gc,..iirlns se ahoga La voz que ú la 11ada fecunda, Velada por sombl':t profunda. La luz de la gloria de Dios. ¡1'ú espiras, oh autor de la vida! ¡La muerte ccnligo se enzañaL ..... ¡Mas rota quedó, la guarlaña Al darte su golpe cruel! Subiendo a tu trono sangriento Su trono funesto dcrrumhas...... ¡Los muertos dejando sus tumbas Recojen tu áliento postrer! El rci de la tierra probando Del fruto del árbol de ciencia, La muerte nos dió por herencia Y esclavos nos hizo de! mal. El reí de los ciclos, cual fruto Del árbol de amor nos con vida, La patria nos vueh·e y la vida, Por padre al Eterno nos dá, ,_ _, LA IGLESIA. PUNENA. ¡Florece, árbol santo, que el astro En eterna verdad té ilumina. Y el riego de gracia divina Fomenta tu inmensa raiz! Florece, tus ramas estien<le, La estirpe de Adan fatigada Repose a tu sombra sagrada Del uno al opuesto confin! ¡Te acaten pasando los siglos Y tú los presidas inmolJle, Y toda rodilla se doble En foz de tu eterno vigor! ¡El cielo, la lierra, el abismo, Se inclina, si suena lu nombre! ...... ¡Tú ostenti.s a Dios hecho hombre! ¡Tú elevas el hombre hasta Dios! lJiscurso leüio por el Joven seminarista JJ. Federi'co Otamendi' en la funci·on ti·teran·a, habi'da el 17 del actual, ba7·0 la presi·- denci'a del Iltmo. ni·ocesano, dedicada alilustrísúno 81·. JJ. .D. CaHsto Clav·ijo, .Di'gn)súno Obispo de la P ct::; , habiéndose encont'Faclo este Sr. p1·esente al acto. Iltmos. SS. Señores. Diez y ocho siglos hace que apareció una sociedad cuyos fundadores eran doce pobres y miserables habitantes de Galilea : su morada, cuatro chozas á la orilla del J ordan, su mision. la de regenerar el mundo, la enseñanza de la virtud y el combate del vicio. Esta sociedad es la Iglesia Católica, ella al principio no tenia como su fundador donde posar sus sienes, las <lemas sociedades como contrarias á sus principios le brindaban como unico tributo un berdugo que regase su seno con la sangre de sus hijos; el cadalzo, parrillas, potros encendidos y otros mil y mil instrumentos inventados por la barbárie de esa época; tal era el patrimonio de aquellos .que pretendían sacarlos del inmundo cieno de los vicios producidos por el desenfreno ele sus innobles pasiones . Apesar de esto, aquellos intrépidos héroes del cristianismo siguen ejerciendo su mision bienhechora; en medio de los mayores tot~nen tos osten tan el mismo valor, confiesan las verdades evanr-.Glicas con masor énfasis; y hé aquí que en un momento dado se obra un L1·astorr.o, las sociedades se conmueven en su Lnse, el estandarte de la cruz se levanta muy alto y esa societ~ad c:ircuu8crita á tan pequeño círculo, abro.za la mayor parle del mnnclo. Pero ¿cuál la causa de un tra3Lorno Lan completo9 ¿cuál ha sido la condicion favotaLle que ha con ti-ibu-ido á una regeneracion tan sorprenden Le? ¿cómo esos mismos vrr¿ t:gos se bcm podido convert1r en d .ifensores de esa rdigio;1 tres vec:'.)s santa? Ah! sefiores, ¿sahois por qué ha suced-iclo esto? porque esos 11éroes conservaron su libel'Lad, porque apesar de la gran guerra qne se les hjzo, jamás se pe.nsó en quitarle á esa sociedad di'7•ina lo que un hombre particular por mas miserable que sea tiene derecho a conservar-su libertad: en una palabra, porque a pesar de que la luz de la verdad no había iluminado sus inteligencias, existia todavía en sus corazones un rasgo de nobleza; las abyectas pasiones no habían llegado á dominar por completo--·á los individuos. Y si esto sucedía en ese tiempo de degradacion y de barbarie, ¿cuál será nuestra indignaeion al ver que en el siglo XIX, llamado el de la civilizacion y las luces, se quiera quitarle su poder, se pretenda subyugar el cielo a la tierra, el espíritu á la materia'> Esto importa ceguedad de inteligencia y depravacion la mas completa en el corazon; depravacion del corazon porque se pretende entorpecer la accion de esa sociedad llamada a conducir á la pobre humanidad á su fin, quitándole su libertad; y ceguedad de inteligencia, porque no se comprende que <<La i'ndependenci'a de la Iglesia Católi'ca i'mporta el bienestar y la li'bertad de las soci·edades .» Prop.osicion que pretendo demostrar. .l\ntes de pasará desarrollarla, permitidme que precise la idea de libertad. La libertad es la facultad de obrar el ·bien, 6 lo que es lo mismo, la facultad en virtud de la cual dirigimos nuestras acciones á nuestro último fin; mas como no es posible ~onseguir en el hombre la libertad perfecta, atributo esclusivo de Dios, á medida que sus acciones se encaminen de un modo mas directo á su fin, obrará con mayor libertad; en una palabra, sera mas libre. Hé aquí por qué la libertad como las <lemas facultades del horo.- hre es tan miserable y suceptible de estraviarse facilmen te. Esto supuesto, pasemos á la demostracion. Entre los diferentes aspectos bajo los cuales puede considerarse la libertad , so1o me ocupare de tres, q' son -como la hase y el fundamento de todos los <lemas; y son, la intelectual, mqral y física. La verdad es el fin de la inteligencia, por manera que ésta será tanto mas libre cuanto mayores sean los esfuerzos que emplee para conquistar aquella. No me detengo en el desenvolvimiento de este principio, porque en el mundo científico e~ aceptado como un axioma. Si esto es así, observad la conducta de la Iglesia Catolica; ella enseña al hombre ver- · dacles sublimes, que por ser de un órden sobrenatural jamás podria alcanzar por su débil razon; le enseña el conocimiento de Dios, del espíritu humano, y ademas cuando aparece una doctrina que por las perniciosas teorías que encierra podria encaminarnos al error, ahí está para darnos la voz de alerta, preservá:adonos de este modo del diabblico veneno que pretende dar muerte á nuestra inteligencia. Pero, qné es lo que se propone la Iglesia Católica al proceder de esta manera? Hace que la inteligencia adquiera la verdad y por lo mismo llegue á su fin, y si en esto consiste su libertad, · con perfecto derecho decimos que ella produce la libertad intelectual. La libertad moral consiste en el cumplimiento de los deberes morales, porque el :bu.en .sentido bien comprende que la observancia de ellos es el unico medio para lograr el fin moral: pero ¿cuál es la sociedad cuya enseñanza hace conocer al hombre estos deberes'? sin duda ninguna, la Iglesia Católica; ella es la que por medio de sus ministros manifiesta á todos y cada uno de los individuos cuales sean estos deberes, la docLrina evangélica es el cuadro mas acabado, la enseñanza mas compJeta á este ryspecto; pero su mis1on va mas alla, no solo se concreta a darles á conocer estos deberes, si- ~º que manifestandoles el fin que tienen que llenar les hace comprender la obligacion de cumplir aquellos, so pena de no conseguir este. De donde resulta evidentemente, mal q.ue pese.á la impiedad, que la Iglesia Catolica produce la liherttid moral. Ahora bien: la libertad fisica de• pende del ejercicio prévio de la libertad intelectual y moral; porque, observad en cualquier circunstqnéia, cual es el orígen de un abuso de la libertad física y lo encontrareis en el que se haga de una de las dos libertades, desde que la infraccion fi. sica de la ley moral importa una a~ herracion de la inteligencia asociada á un estravio del corazon. Pero si la Iglesia Católica enseña el verdadero sentido en el q' deban ejercer• se estas dos libertades, si á mayor abundamiento, garantizando los derechos legítimos de la verdad para la inteligencia, proteje y ampara la ley moral contra la ruda invasion de las pasioues; se u.educe que ella y solo ella puede engeodrar la libertad. física en su genuino sentido, 6 mejor dicho racional. Queda, pues, probada la primera parte de mi proposicion: pasemos á la segunda. El bienestar de una sociedad se encuentra constituido por el órden que reina en ella y por el respe to á los derechos de los individu_os; mas, ~ste órden no puede conseguirse sin que exista una autoridad; sin que esta tenga un tltulo legítimo en virtud del cual pueda exijir la obediencia de sus súbditos, sin un motivo que la haga racional á ellos; pero si la Iglesia Católica es la qtte dá vida al principio de autoridad, la que enseña que si esta autoridad manda lo hace en nombre de Dios, que la desobediencia importa la infraccion de un precepto impuesto por el; que combate la rebelion hasta el punto de exhortar á los q' tienen la dicha de profesar su doctrina, que obedezcan á la autoridad aunque sea díscola: si anatematiza la demag ogia y la anarquía, y por ultimo establece el vínculo indisoluble de la caridad sin el que seria ilusoria toda union; preciso es confesar que la Iglesia Católica es el verdadero y unico valuarte inconmovible del órden social; tal es la fuerza de esta argumentacion, que el dos veces desgraciado La-Mennais, si_n embargo de haber apostatado miserablemente, tuvo un tiemQ po en que hallándose bajo el amparo de la Io·lesia Católica proferfa es~ tas J?alabr~s: «No es la ciencia la destmada para 1ibe-rtadora de los,
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