prescinde de la mas gra~e de todas, en mi concepto, esa ncgacwn de tod'.1 autori<lad doctrinal en la Iglesia, esa libertad absoluta de exámen que se confunde de buen ó mal grndo-, con el principio mismo del racio~inrismo. De allí nace que el protestantismo lleve en su_s entrafias el vicio original de una radical inconsecuencia, que dep·loran, entre nuestros hermanos separado<i, los espíritus mas esclarecidos y mas firmes; y en eso se funda nuestra esperanza, á lo menos, para numerosas vueltas parciales, y quizá, Dios lo quiera! para mayores reconciliaciones. Resnelt<> este punto capitaf, cuya solucion es focil para el simple buen sentido y para la buena fé valerosa-todo lo <lemas desaparece. La razon dice con evidencia que Jesucristo no ha querido constitni r su Iglesia sin · ese princi pío esencial de estabilidad y de unidad, sin lo qne se habría fundado un cristianismo incapaz de durar y de perpetuarse siempre ól mismo; una religion presa de todas- las movilidades de las interpretaciones individuales: eso es evidente por sí mismo, independiente de todo téx Lo. I ero hai tex.tos que para los espíritus rectos y enemigos de disputas, resuelven igualmente todo: no citaré sino tres_; el primero: Tú, es Petrns; Tú eres Pedro, la primacía de San Pedro y del Jefe de la- íglesia; el segundo: Iloc est corpus meüm, Este es mi cuerpo la Eucaristía; el tercero: Ecce mater tua; Hé aqui á vuestra madre, la Santa Vír.gen. ¿llabeis podido horrar <l.el Evangelio esas tres palabras? ¿Las habeis ¡nedita- -do bastante, lo mistno que tantas otras no menos decisivas? Pasad en seguida, <lel Evangelio á la historia, y de los textos pasais a !os hechos. ¿No os dicen ellos mni alto que os falta el elemento vivo del cristianismo completo? .Porque, por una parte, ha beis tenido tiompo de conorcr á fondo á los autores del rompimiento, y por otra, habeis podido considerar las consecuencias-. Ha.ce tres siglos que esfoi:s al freute del Bvanjp,l in," y hnt>I"' troo oi5luo ~jllC ,; estais al frente de la. historia. Pues bien ¿esos tres siglós trascurridos no. os han suministri1do sobré este punto capital ufla nueva y solemne e11senanza? Desarrollándose e] principio del protestantisn1o, ha producido sus frutos, · y la prevision de los doctores católicos en lus antiguas controversias, se realiza todos los dias á. vuest1·a vista. El protestantismos contemporuoeo va refundiéndose cada vez mas en el racionalismo; nufchos de sus miuistl'Os lo proclaman ellos mismos, carecen de la fó sobre-natural, y ]iace poco que, un grito de alarma salido de su seno ha resonado hasta en uuestras asambleas políticas; pero -grito perdid-o ·en el aire! La disoiubion irá creciendo siempPe apesar de nobles esfue1'zos y de cristianas resistencias, y nrruinando mas. y mas ese cristianismo incompleto, al que falta la fuerza e·sencial que conserva y que preserva la autoridad. Perder al cristianismo en el J)Uro filosofismo, hé allí, quiera o no quiera, á donde líen-de el protestantismo moderno. Pero del c~ceso mi~nio del mal puede salir el bien, ¿y co!-:a n~as propia para ilnslrar, sobre el vjcio radical <le las iglesias protestantes, O las almas engaüudHs, pcrD rectas, que qnicren aun permanecer cristianas, que ese espectáculo de descomposiciofi, al frenlc de ]a poderosa uui<lad de la íglesia católica y del concilio que va á ser su viva manifestacion'?" 1foí oLra esperanza, convengo qne poco de acuerdo cou las proba!Jilida<les hummrns, pero que mi fé en la misericordia divina no me prohibe concellir, y es que los mismos jud}os, los hijos de lsmel, que, mezclados con 11osotros, "\'Í\'en hoi <le nuestra vida social, senti- · 1·Crn algo que counwverú sus corazo11e,:,, y los conduciní, dóciles al fin ú la ,·oz <le San Pab!o, al seno de la Iglesia. En los judíos, tnu vbiblc, tai1 la1·gamentc c<1st1gados, no pue<lo dejar de reeonocer á mis ante.pasados en la fé, á los hijos de l\foises, á los compatriotas de Jcsus y de l\[arín, de Pcd1·0 y de Pablo, ú ;1, uellos de r uien se ha dicho: «_\ ellos LA IGLESIA PUNEÑA. la adopcion divina, y la gloria y el testamento, y la lei y las promesas de los p11triarcas, y por ellos, segun la carne, el Cristo que es el Dios bendito sobre todo, en los siglos de los siglos.» Les suplico pues, que crean en Aquel que esperan, les suplico que crean en mil ochocientos alios de historia, porque la historia, como un quinto Evanjelio, prue• bala venida y In divinidad del l\Jesins. No os admircis, señores, de que me sieuta lleno de compasion por los protestantes, los griegos y los judíos, mientras que se me acusa de ser duro para con los inventores de la incredulidad moderna. Sé distinguir entre los errores qur, comienzan y los errores que termiuan, entre los autores responsables, ,lo5 culpables que siembran el error intencionalmente, y las víctimas inocentes, de buena fé, que trascurridos los sig"!.os permanecen adheridas á él. ¿Cómo no he de conmoverme hasta las lágrimas, viendo á esas poblaciones de mi país, á esos obrer<>s, á esos campesinos tan laboriosos y tnn dignos de todas nuestras simpatías, á esos jóvenes de nuestras escuelas, cuyo espíritu ardiente anhela la verdad, y que caen, ántes de conocerse ellos mismos, en las manos de los maestros del error? Cuando hace algunos aüos que el despertar hácia la fé era tan sensible y que parecía cumplirse uo progreso decisivo húcia el bien; derepeute se forman las tinieblas, se abren los nbismos, el soplo de una ciencia impía y de una prensa violenta se vuelve el mas fuerte, y el hermoso barco de la f é y de la prosperidad francesa amenaza zozobrar al salir del puerto! Ah! yo maldigo á los autores de tau cruel naufrajio, IiJientras que m~ compadezco <le tantas al mas sinceras que , •eo entre nuestros hermanos separados, que nacieron en el error, pero que no ·Ie dieron vída! Con qué ardor tiendo mis brazos fraternales á esas almas cautivas! Que vuelvan á la I~lesia, porque ella es quien les guarda á Jesu-Ci:isto, al Dios de la verdad total, y los convida á ese gran banquete del padre de fan'lilia. en flllP. cornv ,.lil.,~ nussuet «todo es hecho uno.» Ojalá i)Ueda el próximo· concilio, obra de pncificacion y de luz, unir al fiu con nosotros, tantas almas que ups pertenecen, ya por su sinceridad, por sus virtudes, y lo sé de muchas, por sus votos! Qu~ ese sea á lo menos, señores, el deseo de todos los católicos. Sí, abramos nuestros cornzones con mas efu ·ion que nunca, á todos esos hermanos bien amados; deseemos, tal es ef deseo tambien del San lo Padre, que el futuro coné.ilio sea un poderoso y feliz esfuerzo hácia la urtion, y hagamos snuir constantemente al cielo la plegaria del .lacstro: Sint unumJ sient et nos! vm. LA IGU!SIA CA'l'Óf.lCA. Ol.t! vosolros á quienes los cleuercs do mi cargo me obligan a dirijirme o}Jslinadamente, oppol'tuné, importuné, dcc:a ~- PaLlo, 1:t. Yeccli con ¡jah1bras au~tems· cn fo-; labios , pero siempre con la caridad en el oo.razon, adversarios de mi fé, cualesquiera que sonisj filósofos, prolesl:inles, indifercnles, ~ quisiera que mi palabra llegara LamlJien hasla vosotros, pnbrcs paganos, surnergirlos en las tinrcblas de fas supcr·ticiones que cubren todavía la mitad del globo! Oh \ hermanos mios, como desPara haceros saborear un solo instan le la prnfunda paz que se esperimcnJa, viviéndo y muriendo en los bra70s de la Sanla Iglesia caló ic:t! Testilicacl lo q11c digo, vosotros que sois mis hem1anos en el sacerdocio, :vvosolros, todos, fielcscristianosde todo rango, de todo. sexo, de torla edad. Cuando uno se siente rodeado de esa luz, asegurado uor esas esperanzas, precedido por csascreaturas sublimes que se llaman tos Santos, cuJa gloria en !os ~ielos sal~da hoy la Iglesia e!1 la tierra, unrda a la trad1cwn de lodos los srglos cristianos por los sncesores de los Apóslolcs, y funda-c!,o en fin en Jesucristo, qué gozo! fJUC compañia! qué fuerza! y qné descánso en la ccrli<lumure y en la luz! EsloJ 1iersuaclido de cslo )" cada día me convenzo mas: úl escuchar los gritos que se dan con~·a nosotros, creeriai_s que se )10S detesta. Pnes bien! no, el scnlrmrcnto clomrnante entre nueslrns ('ncmigos, no es siempre el del odio. Hay otro que no conlicsan pero que es el mas frecuente rn ellos, la enviuia. Sí, nos envidian á vrces, y el a leo !'-C_ dice po_r lo bajo. en los momentos en que msulla a un crrst1ano: ¡Qu i· fclil es! . ~u creais tampo co, señorc&, por lo que 01s deeil'Clc la Iglesia, que s!l faz augusta está para siempre desfigurtida por la calumnia, y que los hombres comienzan á no ver en ella sinó la muestra de la tirania y de la ignorancia. l'.:sas picocupaciones violei1tas tienen seguramente fucria: nuc~tJOs enemigos y nuestras folto.5 se encargan de propalarlas. Pero la Iglesia á despecho de todo, y el concilio ecuménico dará de esto una nueva prueLa al mundo: la Iglesia no ha dejado de ser la esposa de Jesucristo, sin mancha) sin 9miga, apesarde las desfallecencias de sus hijos, y enlre todos los que la atacan, no hai uno que pueda decir, poca bueµa fé que tenga, que mal Je ha hecho por la Iglesia! Popule meus, quid feci tibi? Que mal! Ilabilantes de las ciudades y de los campos, le debeis la pureza de vuestros hijos, la ficlelidad <le ,uestras mujeres, la probidad de vuestros Yecinos, la j uslicia el e vuestras le- ~ es, fiestas en vuesl ra vida monótoma, algo do arle en medio de vuestras pequeñas habitaciones, y la esperanza mas allá del cementerio y de la tumba! Ese el mal que os ha hecho esa enemiga del género humano! Y si sabeis elevaros sobre vuestras personas, sobre vuestrns inter('ses, sobre vuestra cabaña, si Yucstros pcnsamienlos suben mas alto que el l1umo que sale de vuestro, techos, qué especlaculo ofrece a vuestras miradas la Iglesia católica, Ja tan grande y lan buena en la pequeña historia de cada uno de vosotros, pero mas grande y hienhecbora en la Iti,,toria del laborioso desarrollo de la sociedad humana! Compañera inseparable del hombre sobre In tierra, ella sufre, ella lucha con él; ella ha asistido, inspirado, guiado a la humanidad en todas sus trasformaciones, las mas dolorosas J las mas llenas de ~doria! Ella es quieu hizo surgfr del centro mismo de la corrupcion pagana, virtudes cuyo nombre se ignoraba en la tierra y cspirilus de pureza, de estimacion y de nobleza tales, que el munrlo hoJ mismo se postra de inojos en su presencia. Ella es quien domó y trasfiguró a los barba ros, y quien durante la larga y penosa elaboracion de las sociedades modernas en la el'lad media, comhalió valerosamenle tl mal, y presidio a todos los progresos. L:lla es en fin, la que hoy todavía, ingt·alac; sociedades modernas, os a:, udara, sino rornpeis tristemente con ella, lt separar, en medio de los confusos elementos que se a~it2n entre vosotros los g(,rmenes de vitla de los principios de muerte, eonsenando inquebrantalJles las t'rnicas verdades que pueuen salvaros. Ah! señores, no se sabe lrnslaiÚe Jo que es la Iglesia Católica! Se vive en medio de eUa, se forma parle de ella y no so la conoce. Se ignora lo que ha sido y lo que es en el mundo, la mision qne Dios le ha dado y las fuerzas vivas dcposilaclas en ella pnra que pueda eternamente cumplir su mision sobre Ja licrra, conservar inculumes ar¡uf auajo, la vercad y el bien. !a luz y las virtude~•. y permanecer siempre, -como lo dice el Apóstol; Eccle.sia c9luntna et (irmm?1entu,n verjlatis. Por ci•e i·to c¡ue nunca he escuchadq criticar una columna porque permanece inmóvil., iqué seria del odiiicio, si la columna se moviese? ¿(¿ué seria de vosotros, si hubiese tomblor1;s de verdad .como hay lemblores de Uern-1,? llientra.s que vosotros dispe1·sais, nosotrbS unimos~ míen• tras que vosotros perd eis, nosol1 os conservamos. Pod emo.s decir á las doctrfoas: os hemos éonoci<lo en Alejandría ó en · Atenas, a vosotras, a Yucslras madres, á vuesl ras hijas y a vuestras aliadas. La Iglesia puede décir á Jas naciones á cuJ os embajadores reune el Papa: Francia, ha i<lo fonnuda por mis obispos cu.. yo r,ombrc I:rvan tus calles y Lus puehlqs! Inglaterra, ¿quilsn Le ha lrcclio, y p_or qué fuisle llamada lu Isla rle los Santos? Aletnanfa, has entrado á fa civilizacion del occidente, por mi enviado Snn Bonifacio: nu~ia. ¿que seria de tí; sin mis Cirilos y mis illclhodios? Hoyes, he conocido a Y11c~tros aulepasados. Antes de los llapsburgos, de los Borbones, de los Homanoff, de los Brumswick, de los Hollenzollcrn, de los Bona parte, y de los Carignan, JO era anti'gua y había visto morir a los Crsares y a los Antoninos . .Mariana, scrú siempre la misma, ¿PQro decís que sin dinero, . ín hogar, y sin púclei'? Tal vez, pe.ro he sobrellevndo cien veces es.is prue1.Jas, siempre pronla a düigira las naciones las palabras de Jesucristo á ZnqtJeo: «Amigo mio, mmiana permaneceré en tu casa.,, Si por un 111ome11lo d<>jo h ~oma, h111.Jilarc en Londres, en Pi11'is o cu i,1wrn York. Solo In Iglesia y el Sol pueden afirmar con cC'rlidumbre que al <lía-sigui~nte sin falla se les verli le.vantarse, y es lo que baee la lglesia, alreviéndosc en medio clel tumulto de la hora presente, a anui;iciar un Concili0. Admirable. especthculo que nuestro siglo no qnisiera admirar ¡,ero cu~a grancleza se ve obligado á reconocer. Si, las miradas fatigadas descansan eon cmocion irresistible en esa columna magesluosa, sola de pie en medio de los escombros del tiempo pasado J del actual nivelamiento de todas las grande:,,as humanas. Los mismos indiferentes se sícntcn tierlurbados, atraídos en presencia de esa Jglcsia que atcsligua por un acto tan granoe su poder inmortal; y despues de hauer 11golado Ladas las_~octrinas, hay tnnlacion, en mas de uno, de decrr ttl Poutiífoc Supremo, lo que ?ªn Pedro, el pri1oer Pontifice, dijo rt _.Jesucrrslo: «Maestro, do!ldo q11ién iríamos? 'frenes las p.tlabras de la vrda, eterna.» Escuchad esas p,dabras de la vitfa, los que dudais, los auc liuscais, los qua suf1is! Escuc!1adlas tambirn los que lriunfais, los que '5.0zuis, los que nbruma1s ft Jos horr~lJres! Escucl1n_<l las palabras r¡ue la J_~l.es1n Católica hace ropel1r :im¡.ilrmenle a los nrnos, eada vez que se lernuta el Sol. Credo, yo creo! Creo en un sola Dios cr~aclor. S[lbios, esa es la respuesta a vuestJ•as u1ccrtidumbres. C1·edo ,·o creo! Creo en el Salrnclor del munJu q~e· por su nacimiento ha consagrado la pu1ul", ru1 ~us sufrim1cnto;; , deshonrado la mjusticia, por su resurreccion, probado su divini~ad y nuestra inmortalidad: yo creo en lesu cris.to._ Pobres gentes afligidas, pobres pueblo; opr1m_1dos, esa es la respuesla á vuestra desesperae1on. Credo, yo creo. Creo en el Espíritu Santo en 1!1 San la Iglesia Catbl!ca, en la comunion d~ los Justos, muerl~s .Y. vivos, en la remision de los pecados, en el Ju1c10, en la vida feliz de todos aquellos que haJan combatido el buen combate. Proteslan~es ó filosofas, tan divididos en vuestras afirmac10nes, tan limitados en vues- !ras esl?eranzas,. esa ~s la respuesta á vuestras mle.rmrnal.Jles drscus1ones! Potentados opresores, esa es la r~spuesta á vuestras iniquidades! Y esa es tamb1en, oh! muerte inexorable fa respuesta á tus rigores! - '~ . Amar,, e~perar, creer! llé allí lodo, y la Iglesia es la unic_a que guarda á los hombres esos tes?ros en la mquebrantable majestad y en la umversal y~rdad _d~ ese Credo que el décimo nono conc1l10 casi a1 nacer el siglo veinte se prepara á repetir con el doscienlos scxagesimo segundo sucesor del barquero Pedro primer nposlol de Jesu-Crislo. ' Pero cesemos de hablar, hermanos mios cesemos de disputar, cesemos de temer· do: blando las rodillas, oremos! ' ¡Oh D.ios! q!-Jien co~oce los secretos de vuestra Prov1denc1a y quién sabe las maravillas que la Iglesia puede aun mostrar al mundo si las pasiones y las fallas de los hombres n~ vienen á turbarla! ' Oh D.ios! Si la religion J la sociedad apoyadas rec1pre-camenle,. prosiguiesen de comun acuerd? su ~a:cha bienhechora, ¡r¡ué gran pas_o_se d1era I0pa el est~l>lecirniento de vuestro remo en la tr~rra, hác1a el verdadero progreso de l~s naciones! hácia la libertad por· la verdad, hác~a la ve~dal~cra fraternidad de Jo~ hombre~, bácia la eslmcron de las revoluciones y de las guerras, hacia la paz del mundo! Ah! P?clria aurirse una nueva era y un nue- "º gran srglo aparecer., en la historia) . Abran:ios_nueslras almas á esas esperanzas, pidamos a D10s los verdaderos bienes, y no prev~amos las de~¡nacias posibles sino para prevenrrlas er~ seguida. Que se sepa a lo méno~, que l~s Católtc?s. no son los hombres clel desaliento, ni de ~as s11~1e~lras predicciones, ni de las provoc:3-c1ones 1rrrtanteS\ sino los hombres de la caridad, ele las nobles esperanzas, ele los pac:ficos esfuerzos a la Yez que de !ns luchas generosas. Invoquemos a S. Pedro y á S. Pablo, invoquemos á la Virgen Maria, Madre de JMus, honor y patrona celeste de I familia de los hombres; y unidos a !as almas de tocios Jos'Sanlos, o:emos 1t la adorable Trinidad qué reina en los cielos! . Roguemos para que ('J concilio pueda cumplir su pura! que Jos puelJfos crislinoos no. rechncen e~~ es.fuerzo st1p remo que hace la Iglesia p_ara aux1lrarlos! que la luz se 111¡ga en los e~plrrlus .y que !o_s corazones se apacigt-1en! que lós eno1·e.; se d161pen, que las prevenciones -desaparezcan, y que un nuevo florecienle tf ol cristianis1!1o, ~· por consiguiente de fa civilizacion se verifique en el mundo! que las vqcl~s ó. la ,erdad, tan deseadas y tan necesarias, se cumplan! Roguemos para que los sobernnos, segun los votos y la formal pelicion quo los dirije el Sanl() , Padre, abjurando de todas las Yapas sombra~,- favorezcan, por la libertad de Jos Obispos, la futura asamblea do la Iglesia, y la dején celebraren paz su concilio. Roguemos para qoe los pueblos tambien, comprencliendo las intenciones maternales d6 la Iglesia .Y cerrando los oidos !t las calumnias. esperen con ,cohfianzn J aceplen con docilidad la pálab,a de su Madre. Roguemos para que sns mismos adversarios declarados, den tregua á sus sospechas, A sus cóleras, por lo menos, hasta que ella haya expedido, en su concilio y bajo la inspiracion del EspiriLU Sanlo, decreto·s cuya sabiduria y caridad f los conmuevan. nognemos para que t11ntos homhres do bue• ' na féj Si1bios1 hombres polllicos, jefes de faml- · lia, tanto~ hombres de trabajo, tantos hombres· ele corazon, a quien aun no ilumina la luz de Jesu•Crlsto, reciban sus rayos bienhechores. Roguemos para que los votos inquietos de tan las madres, hermanas, esposas, bijas, .queconservan oscuramente la pureza, la santidad de las familias, sin alcanzar a menudo hace-rdes~ cender la fé liasta ellas, sean al fin escud.1adas. Roguemos para que el OrientCJ el Occidente !!a unan y para que n11estros hermanos separados, cansados ele la division que los disuelve, respondan al presente llamamiento que tes hace la Sao la Iglesia, y vengan definitivamente á. arrojarse á nuestros brazos al.,iertos hace mas de tres siglos. . llogncmos para que la Iglesia, en sus ficl~s, en sus Minislros, sea cada dia mas pura mas p1aJosa, mas sabia, lllll'> carítaLirn; para que nuestros defqclos, !Jermanas mios, no promuevan obslitculos al reino de Dios, que estamos encargad<ís de hacer amar. Roguemos por últirno, por e1 San lo Padr~. Di¡rnaos oh Dios! consen:arlo a ,,uestra Iglesia y ojala pueda ese gran Pontlfice que no ha temido, a pesar de l\tS fatigas de la _e~iad, emprender la obra laboriosa <le un conc11Jo, Yer tamufon sn feliz hilo! Ojalá pueda, tras de tantas pruebas, sobrellevadas con tan la fortaleza, g<?- zar al fin dul lriunfo de la Iglesia, antes ele .1r 1:. recibir al cielo la recompensa de sus trabaJOS. y de sus virtudes. ftLJx, Ohispo do Orleans.-Paris 1868. IMPRENTA DE "LA IGLESIA PUNEÑA •'. - PoR M.C. ~hnr1:-.Lz. c11.lle de Jerusalcn n.º ~;ti:!,
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