hazañas, acompañadas casi siempre de luto, de lágrimas y de sangre; sino que, á Dios gracias, mientras haya eu el mundo sanas mentes y bien put>stos corazo11es, que sepan distinguir el error de la verdad, la luz de las tinieblas, no faltarán tampoco quienes tributen á la callada virtud los bien merecidos ho11ores á que es acreedora en los cielos y en la tierra. ¿Y quién mas digno, en verdad, de obtenerlos, que un iUiuistro del Scl1or, cuyo tránsito por este valle de lágrimas, 110 fué señalado sino por los bienes que esparcía á manos llenas, donde estampaba sus 11mables lrnellas-que Felipe Amadeo Piérola, Doctor en la Pontificia Universidad de San ~farcos, y l\Jaestro de Sagrada Teología en el Semi11ario de Santo Toribio de esta A rguidiócesis; Secretario, Rector del Seminario co11eili 11 r de San Ambrosio, Canónigo honorario y Examinador sinodal de la Dió1·e~is de Pu110?-que, muerto en la primavera de,; Yicia, supo cosechar, ~in embargo, en medio de tantas y tnn árduas y va riadas ocupaciones los méritos que otros aprnns ]ogran obtener en las mas largas edades? De quien, coa toda verdad decirse puede, con el Espíril u Santo, que, en lo poco que vivió, llenó In cnrrera de nrnclrns tiempos: eonsiM,mat.us in brevi e:r:plei;it tempora multa. Nadie, señores: y por eso mis lil.Bios, que nunca se han desregado, ni se despe¡;aran jamás, para tributar fo 1zndas alabanzas á los grandes de la tierra, va 11 á dar ahora pé1Sio a los vernces acentos de admiracion y de dolor. que nrranca á un hermano suyo, sino en las virtucfes, en el caracter sacerdotnl, la precoz de~aparicion de una de las estrellns mas l:riJlantes del firmamento de nuestra Iglesia, y de una de las mas hermo~ns lámparas de su santuario, que nc·aban de apagarse, derramando los mas amables y vívidos fulgores. Y al pouer m1nos a tan árdua, como cara tarea, mas que ni amor que profesaba á tan diguo sacerdote del Altí-;imo, cediendo á una superior voluntad, cuyos paternales deseos son órdenes para mí; espero que me honrareis corte-. es con vuestra benévola atenciou; pues os la reclama toda, sino la impericia .v pequcliez del orador, lo tierno, nmable )' provechoso del asunto, bastante por sí solo para arrebataros, co11 suave violencia, las llaves de vue~tros ge11erosos cora - zones. I. ¿Qué ÍnstitUCÍOll, SC'ñOres, maS atlf?'llSfa v bienhechora de la misera huma,iidad, que la del SncrrdoC"io católico-ese escuadron de los hijos de Ada 11, scµ-regados por Dios de entre los hombre<;, e11 un rapto de misericordia, para que le ofrezcan espirituales dones .V sacrificios, que aplaquen sus terribles iras contra los pecadores, y atrai~an sobre los justos sus mas amables bendiciones? que, segun el Espíritu Santo nos los Pnseüa por bo- · ca de San Pablo: E:c homú1ib11,s assumptus, pro hominibus conslili¿ilur in iü qi¿ea. sunt ad Demn, ut offerat Llana, et sacri(icia pro peccatis. (San Pablo á los Hcbr. c. 5, v. 1) Y, siendo esto cierto-;.Qué objeto, pues, mas digno entonces de la ve11cracion, del amor v de las nlabanzas de los hombres, que u;1 Sacerdote e11 todo ire• prensible, el cual, en virtud <le la inefable potestad qne di¡.{nóse Dios conferirle, los hace hijos suyos por el bautismo, los alimenta con el pan de los úngeles, cura sus llagas con el balsamo de la penitencia, bendice y santifica sus familia_s; _Jibertando á las inteligencias de las llmeblas del error, y a los corazones del ominoso yugo de la depravacion, arrancando de ellos con una mnno los vicios, al propio tiempo que con la otra los enriquece con todo linage de cristianas virtudes?-que ofrece por los pecados de todos, la "ictima inmaC'ulada· y que les hace, en una palabra, des~ prenderse tle lo presente y transitorio, para encumbrarse á lo futuro y [!erduLA IGLESIA PUNEÑA. rabie; á fin de conquistnrles así, casi apesar suyo, la gloriosa hercucia del Reyno de los Cielos? A hora bi..,n, señores: uno da estos seres privilegiados, un Sacerdote seg-un el Espíritu de Dios, y digoísimo, por consiguiente, de vuestra veneraci-on y del reconocimiPnto de todos los buenos, fué Felipe Amadeo Piérola; g11e, caminando siempre en la presencia del Señor, durante su corta cnrrera mortal, sin declinar ni á la diestra ni á la siniestra del camino de la vida eterna, atesoró á fuerza de talento, de Yirtud y de celo, como vais á verlo en breve, los méritos de las m11s largñs edades: in brevi explevit tempora multa. Nació tan di!!no Sacc>rdotP del Altísimo en 1844, e,~ el cntólico Departamento ele Are(Juirrn, que diólí.' su fé proverbinl y la fortalez-1 con que habin de combHtír mas tarde los errores y los vicios: ~• deseando sm, virtuosos padres dnrle la variada y sólida ilustracion, que solo en la ~Tetrópol i podia entonces conseguirse, trnsplantaron en buPnn hora esta tic,rna pi¡infa de las foldas vokanicns ciel l\fü,ti, al ameno vergel qne habiil dado la mejoir Rm:a del m1111do, bajo los solícitos c11idados del gran Santo Toribio, verdadfro sol de nue..,tro continente; pnes la ferundó de un modo perdurable, con la 1 uz de su saber y con el fuego de su caridad. No bien hubo cumplido el jóven Felipe Arnndeo, el scgu11do lustro de su ec!arl, cuando sns cristianos padres. acatando dóciles los desi gn ios de la divina Drovid1•nria sobre su hijo, que se revelaban claramente en los deseos con que este ardía por alistarse en la milicia sagrada; y no como otros padres mundano::-, que desgrnciarlarnente solo pnrece que lo fueran pnra rebelarse contra Dio9, Padre de los padres, y mntar desnaturalizados en sus hijos las mas nobles y snntas aspiracionrs; tuvieron la cristiana idea, aunque mucho costara á su ternura, de ponerlo en el Seminario ronciliar de esta Arq11idiócesi;;, parn que bajo su snbio .v santo réjimr>n, creciendo en a - üos, crecien1 j1rntanH'11te en virtud y en saber, el que Dios habia CSC'Ojido para que fuese luz y sal de uuestl'o 11ece:;itado sucio. Y sus esperanzas no fueron frustrndas. Porque una vpz en sn seno, su aventajada intt~ljgencia é inmacnlado corazon (i11sbtieudo, parn completarla, en la inir.inda imagen ) , como una planta que encuentra, por fin, el terreno y el calor apetecidos, comc11Ziil'Ot1 á dar desde luego las mas aromátiens llores y á prod 11cir los mas sazonados frutos de sabidurla .Y santidad; .Y á h ,cerio consig-uientemente las delicias de sus superiores, y la admiracio11 de todos sus condiscípulos. Tanto que ú los diez i1ños de constautes fatigas y certámenes; de constantes triunfo-; literarios y de constantes victol'ias morales, el jóven Felipe .A madeo, frisando ape nas en el cuarto lustro de su vida, fué cond1•coradn solemnemente por su digno Hecto!', y Padre en nuestro Seüor Jesucristo, con la íl n¡rust;J e11se:·11a de l\íaest.ro, a que lo habian hecho rn11_v acreedor sus siugulares taleuto y virtudes. Entrando en tan fresca edad a rjercer, para 110 nbnndo11arla sino con la muerte, la lloble y santa tarea del profesorndo: esa tarea tan poco estimada por el mundo, como ngradnble ú los ojos ele Dios; de tan poca retríbucion en esta vida, como largamente recompensada en la otra: tan molesta y enojosa para el que asume, como rica y fecunda en los mas felices resultados para la Iglesia y el Estado: y con aquel celo y asiduidad que caracteriza á los verdaderos discípulos de Nuestro Señor Jesucsisto, que hizo de la enselianz.i el encanto de su vida mortal, disponiendo que hicieran tambien el de la de todos sus amadores; mandándoles enseñará su vez á los demas, cuanto de suf. benditos lúbios habian aprendido: Doccte omnes gentes ...... Docentes eos servo,re omnia quwcumque mandavi vobis; (Sao l\Iat. c. 28. v. 19.) y con aquello:; frutos de bendicion, que cosecha tan solo quien siI"Ye a Aquel, sin el cual, ni el que planta, ni el que ripga hace algo, ui uada puede lograrse que sea diguo de escribirse en el libro de la verdadera i11mortalidad. Pero ca lo mejor que tantos bienes hacia á la Iglesia eu nuestro Seminario conciliar, el jóveu Profesor, quiso aquel Dios, que manda al 801 alejar e de un horizonte para que lleve á otros el calor y la vi<la, que nuestro felipe Amadeo dejara de lucir sobre nuestro suelo, para que fuese á derramar la luz de la ciencia y los tesoros de su misericordia sobre otro mas estenso y necesitado. Pues habiendo dispuesto smnemeate !<U adorable Provideucia, que se erigiese eu ulla nueva Oióce · is el Departamento de Puuo, y que fuera pieclra augular de su lglesia, uua de las mas sólidas columnas de la nues1 ra, y guia de su jóven clero, la bienhechora y luminosa nube q' guiaba hacia el santuario los inciertos pasos del uue6tro: el Jltmo. Sr. Dr. D. Juan Ambrosio Huerta, Canóuigo de es1a .Al'- quidiócesis y Bector de su Seminario, que por tanto tiempo había servido de sosten y animo, de maestro y de modelo, de amigo y de padre, á tan aprovechado discípulo y amante hijo SU)' o; 110 pudiendo soportar su agradecido y filial corazon, el dividirse por la primera vez eu la vida, de guieu era mas que la mitad de su alma; emulando á los sentimientos de la tierna Uutb, que no se siente con fuerzas para separarse de su nueva madre Noemi, al partir para su tierra; si que apesar de no ofrecerle ella en el país donde iba á acabar sus ultimos dias, mayores ventajas terrenales que las que el suyo y su familia le brindaban: «estoy resuelta, le dice, á no di- , ·idirme jamás de ti; é iré contigo do quiera que vayas, y doude tú morares allí moraré; tu pueblo será mi pueblo, y solo la muerte me separará de ti:» «¡Quocumque euim perrexeris, pergam: "et ubi morata fueris, et ego pariter "morabor. Po pul us tuus, populus meus. "fürc mihi fociat dominus, et bree ad- " dat., si non sola mors me et te sepa- »raYerit!» (Huth, c. 1.0 v. 1G y 17. ) dice, tambien, a1icgado en dulces lágrimas á su amado padre en i\"uestro f-eñor Jesucristo, instituido Obispo <le Puno, el amol'oso Felipe; y recibiendo de sus sagradas mano~, como en éHras de su generosa promesa, !os cuatro órdenes menores de la milicia del Crncificado; (porque si bien tenia los méritos, no la edad para sel' encumbrado á la dignidad Sacerdo1al, co11suelo que ~olo obtuvo algu11os meses a11lcs de su feliz muerte) , parte resueltamente á su lado, cual e l Levita Lorenzo al de Dámélso, i:t pelear cm1 tau ilustre Cílpitan, las Latallas del SeJ1or, y á hacer bajo sus gloriosas band e ra s tan es1upeudas como inmortules conqubta-; para el Reino de los Ciclos; cos<•charido en breve tiempo los mas e:-pléndidos lnureles , y atesorando tantos m('ritos en su corta carrera, cuautos otros no lngrnn en las mus largas edades! utu brcvi explevit tempora multa!» H. Y ¡oh¡ cómo siento, srñores, no hnberrne hallado al lado de uno v otro en la prosecucion de una obra t;n gloriosa; uo haber podido lomar parte alguna eu sus santos preparativos, J, mucho mas, no haber presenciado con mis propios ojos i-us indecibles trabajos y sus triunfos inmortales; á fin de lograr daros, como testigo presencial, una justa idea de cuanta parte tuvo nuestro jóven Levita, en los gloriosos acontecimi~ntos que trnsformaron de un modo casi milngroso, en una floreciente Jglesia, émula de las regidas por los Ambrosios, 'foribios y Carlos, el departamellto de Puno, que apenas tuvo tiempo para exclamar, lleno de gratitud y de maravilla: ¡Que hermosos son los ::::zz:=::: pies de los que evangelizan paz, de los que evangelizan bienes! Quam speciosi pedes evangelizantiurn pacern, evangelizan-- tii.1,m bona; (Rom. c. 10-v. 15-) al ver á tan celoso Obispo seguido de su obediente hijo, y ya su Secretario, recorrer infatigables, de un estremo á otro, su vastisima estension, para palpar con sus propios ojos todas sus necesidades, y aplicarles pronto y eficaz remedio: cuando mira transformada su pobre l.\Iatriz, eu una suntuosa Catedral: reunidas en un mao-nifico Seminario y defendidas del bu~·acan de las mund_anas pasiones á !ns esperanzas antes dispersas del Santuario, que el menor viento fácilmente marchitaba: fundado un sábio y celoso Periódico Católico, difundidor de sabia doctrina y de pura moral, para contener el desborde pcstileucial de tantos propagadores de impiedad y corrnpcion: congregados en un respetable Sínodo Diocesano, el primero c¡nc se haya celebrado en el Perú, desde antes de su independencia, todos los prohombres de su Clero· y emanar de él las mas sábias constitu: ciones, qne hacen su accion uniforme, moral, ilustrada y eficaz, y llevar por _ <ló quiera, con la velocidad del rayo, la reforma de las costumbres y la difusion de la verdadera ciencia. ¡Qué obra, señores, tan grande, tan gloriosa y tan santa, y mas grande aun. mas gloriosa y mas santa, porque no fue consumada por generaciones y generaciones, ni el espacio de muchos siglos; sino en tres años escasos, y casi esclusivameute por un Obispo celoso, y por un jóven Levita no rnénos celoso que él, llenos ambos del espíritu de Dios! ¡Si! porque, sin el espíritu de Dios, se obraran maravillas físicas, pero no maravillas morales, se allanarán montañas, pero no se desarraigaran vicios y malas costumbres: se encumbrarán torres de Babel, pero no templos "ivos del Espíritu Santo! Y, quien vea tales portentos morales como los que vemos realiz,1dos en el Departamento de Puno, por mas corto de vista que sea en ]a esfera de lo sobrenatural, tendra que exclamar con Jiosotros, ea medio de la mas santa suspension y gratitud: Hcec mutatis dexterce Ecxel.si! Miravilis Deus i·n Sanctis sui's! (S. 76 y 77). Y aquí Yuel vo á lamentarme ot.ra vez, seüores, de no haber sido testigo presencial de tan prodigiosa traasformacion; pues tal de~gracia me pone casi en la imposibilidad de individualizaros el caudal de ciencia, de virtud y de actividad, ron que nuestro l"elipe Amadeo, sábio sin orgullo, humilde y obedie1itc sin bajeza, devoto sin hipocresia y celoso sin indiscrecion, ayudó á su Jltmo. Preladn, sin tregua ni reposo, en tan sobrehumnna obra, hasta merecer de 1-u justiciera boca el significativo renombre de su «nllAZO DERECHO,.. Y ron sobrada razon: pues si el ilustre Prelado de Puno era el caudaloso m,rnantiéil destinado á refrigerar coa sus ¿¡guas purns aquella árida ,1iña; Felipe ,\ madco foé el !impido arroyuelo, que brntando de su túmido seno, trasmitía tiU frescura á los sarmientos que mas la neces itaba u; si tan ilustre Prelado era el cornscante sol que iba á alejar con sus vívidos rayos las tinieblas que obscuraban su horizonte, Felipe era la plácida luna que reflejaba sus fulgores, de modo qne, con su escesivo calor no ofendie en á las mns delicadas pupilas: y, para volYerme á servir de una imúgen, que me complazco grandemente en repetir, (porgue es la que anda en todns. las bo• cas, como salida de la ma~ autorm1da de todas); si el ilustre Prela?o era ~I alma de tan gignntesca mut.acwn, Felipe fué la dócil y fuerte diestra con que In llevó aquel felizlT!eµte a cabo. Sí, señores, admiramos todos, con sobrada rnzon (pues para ]crtlontra.rio sería preciso que fuésemos mónstr~os, q~e _ careciésemos absolutamente de sunpatia por lo grande, por lo sobrehumano, por
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