toma medidas eficaces y se ponen eu accion los medios mas apropiados; y en fin, se conjura la inaccion, que casi siempre hace ilusorias las providencias mas acerladas. Dasta que el Paslor camine de aprisco en aprisco, velan<lo por sí mismo ~l rebaITo que se le esLá confiado, para qnn lc.1s ovejas no se descarríen y el lobo rapaz ]as deje trunqnilus. He aqul, pues, por quó el Reverendísimo Obispo no pierde de vista tan sagrado deber. El Paslor Supremo lo fortalecerá, sacándolo lriunfanle de los mayores peligros. SECGION OFICIAL. PIO OBISPO. ss~u,·o DI!~ l,OS su~nvos Da~ DJO!li. P.\ lllA J?U'.l'i.JH.-1. :Ull~HOIUA. El Hijo Unigenilo del Eterno Padre por la grande cariJad con que 110s ha ama<lo. a fin ele libertar en la plenitud de lo::3 tir~mpo3 el li,iage humano del y ugo del pecuJ.o, de ]a cauti,·idad del <lemonio y de las tinieblas del error, en las que tiempo há se hallaba miserahlemen Le sumergido por_ culpa del primer padre, Jescendiendo del trono celrslial, mas sin apartarse de la g loria paterna, vistiéndose de nuestra mortalidad en el seno ele la Santísima V1rgen 1\l~ria I □ maculacla, enseñó la ~oclrina y_ la ciencia ele vrvir que traJera del cielo y dejandolas comprobadas cou tan tas obras admira1,ltl~ . ~A on ff'pq,/) !l el ':'"Y)~ .... ~"'"' 1""" .... ----, -- -----o-~~~ •~•v•u:) l'v• llO.:,- otrOS á Dios corno oblacion y hostia en olor de suavidad . Pero antes qne, oblenirndo el triunfo sobre la muerte, subiera victorioso nl cir]o para sentarse ú la diestra <lel Pa<lre fmvió á sus Apóstoles por tol1o el mundo con el objALo clP que predicaran el Ernngelio ú to<la crialurn, y lns. confü•jo el po<lcr de regir la Ig·Ies1~ que él lrnbia adquirido y eslu blecido con su sc1nµ:re, y la c11al es la colwnna y el fwzdamen to ele la verdad, rrne estando enriq1rnci(la con los LAsoros celestiales, manifiesta á todos los pueblo:; el camino s'w·nro ele la sal u,l .Y la 1 uz de la ve;dadrra dortrinn; pnes ú manera de una nJ.ve surca el S)céano ele este siglo para conservar rncól unv! ú todos los <r.ue ª"oge en me<lio de la destrur.- c~o1~ del mnn.do. l\fas, para qne el rep;1men de chcha h!,'lesia adelantase siempre co11 ree Li Lud v con or- <l_en, .Y para que Lodo p1~1 eblo crist1~110 permaneciese siempre en una mt:-;n:a fé, <lo~trina, car~d:Hl _y corn_un.1~11, no solo prometió que él le ~s1sLm_a_>:;s¡.cypeluame.n le hasl~ la con- , n ma:-101" ~ los s1g·lo~, smo que tam h1cn srp~6 de todos, solo á Pe- <lro ú (fUÍen consli t1.1yó. Príncipe de 1?s A.po.::;Loles, s11 V1cano a(p1í en la t1er1·a, cabeza,_ fnn<lamenlo y centro dA la Iglesia, et· 1nodo que tan Lo por el gTn:lo de ór<len y de honor, corno tambien por la este11sion de una particul?r:; c?m.pleta autoridad, poder .Y J ur1scl 1cc10n, a pacen tase los c_orJerns y las ovcjns, confirmase á sus hermanos, v ri o·iese !.oda la lglesia, siendo así el p~--l'tt'1'0 del CieLA IGLESIA PUNEÑA . lo y el árbitro <le lo que habia de Jigarse y desalarse, conserváudose la. resolurion ele sus fuiC'ios en, el C1,·ezo. Y por cuanto la unidad é in Legrida<l de la Iglesia y su mismo régimen instituido por Cristo deben permanecer constante é invariahle en todo tiempo, por esto es que ese mismo supremo poder, la j urisdiccion y el primado de Pedro, permanoceu y gozan del mismo vigor en los Romanos Pontífices sucesores de Pedro, qne se han colocado en esta misma Cúteclra Romana de Pedro. Así es, que los Romanos Pontífices haciendo uso del poder y cuidado que milagrosamente se les ha encornenJaclo en la persona de San P.~dro por el mismo Cristo, Señor Nueslto, para apacentar la grey del Señor, jamás han dejado de sufrir todo Ll'abajo, ele emprender Lodo consejo parn quo toJ.os los pueblos, todas las gentes y naciones desde el Oriente hasla el Occidente conociesen la doctrina evangélica, y para que andando en los cnminos ele la verdadera justicia, viniesen á conseguir la vida eterna. Mas, todos saherr con qué constante solicitncl han procurado esos mismos Romanos Pontífices conservar rl deposito de la Fe, h disciplina del Clero, su santa y docta instruccioo, y la santidad .Y digni<la<l del matrimonio, corno promover cada día mas la eclL1cacion cnsliana ele la j l.l· ven tud <le amhos sexos, fome u tar la religion de los pueblos, sn piedacl y la ho_n_eslidad de costumbres, clefendAr la justicia y ver por la tranquilidad, .órclen, prosperidacl é internses de ]a misma sociedad civíl Y los mismos Pon LHices. cuando l? han jnzgatlo oror·Luno, c~mo parL1culannen Le en las mas grc:r-res pertn:·baciones ele los tiempos y ca]arntdades de nuestra San lísimn H.eligion y ele la sociedad ci ·dl, no han clejaJ.o ele conYocar Concilios Generales, ú fin ele qne, ele comun acuerrlo cnn los Obispos de Lodo el Orbe Católico, ri r¡n/enes el Rspfr1'tu Sant~ lui punsto pcim que r~fan la Iglesta ele Dz'ns, y unier.clo sus fuerzas se estableciesen próbitla y súbiamentf'!, Loclas aquellas cosas que de un morlo especial pudieran ser conducen L0s ú la definicion de los doo·mas de la fé, á la eslirpacion de 1;~ errores qne grasuran, ú la defensa, il\1 s lré.u- ion y desarro1lo ele 1a DocLnna _C<ltolica, ú la proleccion y rep_nrnc1on de 1a disci p1ina ec1esiúst1ca , y á la correccion de las costnmbt·rs qne se hubieran depravado entrn Jos pueblos. ~hora pues, Lodos han Yisto y espenmen tnclo la horrorosa tempestad con que se ha1la comhnLida la lu·lesia y lo:.; males Lanlos y tan g1;ndes con que se vé afligida ]a misma sociedad civíl. Pues la l o-le ia Católica, su saludable ensefi~nza el ve_nerable poder y 1a suprern; auLonrlo Ll de esta Se<le AposLolica, se h~llan aLaca<las y holladas, clesprr,mtJLlo todo lo sogrado, los biQnes eclesiásticos saqueados, los Prelados, los hombres mas respetables y consa3,Taclos nl divino ministerio, y .,•,!l",I:SlCR:WQQGl7XZ las personas distinguidos por sus sen Limienlos católicos, afligidas de varios modos, por los mas encarnizados enemigos de Dios y de los hombres, y así la Re]igion, las familias religiosas se han esLinguido; libros impios de todas clusr.s, periódicos dañosos y secLas perniciosísimas y en varias formas se han difuodi<lo por Loclas partes; la inslruccion de la miserable juventud, casi en todo pueblo se ha quitado <le las manos del Clero, y lo que es peor, se ha encaro·ado á los ·Maestros de la iniquidad ·y del error en muchos lugares. De aquí es que con grande sentimien lo nueslro y de loclas las personas de bien, y con daño de 1 as almas que jamás lamen taremos lo bastan Le, ha llegado á !.al pnn Lo la propagacion de la impiedad, la corrupcion ele las costumbres, el clrsenfreno de la 1-icenciosidad, el contagio ele opiniones esLravi.aclas en todo género y de todos los Yicios y crímenes, y la vio1acion de las leyes tanto divinas como humanas, que de un modo el mas lastiriloso se encuentra perturbada y oprimida no solo nuesLra Heligion santísima sino aun la misma so~iedad humana. Por Lanlo, en tan grande cumulo ele desgracias con que se halla abrumado nuestro corazon, el supremo pastoral ministerio que Dios nos ha encargado, demanda que red0blemos mas y mas todas nuestras fuerzas .á fin de reparar las ruinas de la Iglesia, de procurar la sal vacían de toda la grey del Señor, de contener los alagues, los empeños funestos de aquellos que SP, esfuerzan por d_cs lrnir desde sns cimientos, si posible les fuese alg-una vez, la misma IglPsia y la sociedad ci-dl. Nos, en verJad, mediante el auxilio de Dios, aun desde el mismo princi pío de nuestro supremo Pontifi.ca<lo , en aLencion al deber de nu es lro gravísimo cargo, no hemos dej:..1 clo de levantar nuestra voz en nrncbas alocuciones Gon isloriules y en nues tras LeLrns AposLólicus, y de clefander constnntPmcnle ]a rnusa ele Dios .Y ele su r .~.JPsia Sa11La c¡ne N uPslro SPñor .Jcsncri s lo nos ha confiado, y ele prolejer los clrrechos de la jnsticia y de la YerLlud, y descubrir lns ocul Las aseclrnnzas de hombres enemigos, de con<lennr los errores <le doctrinas fol sas, de prosc ribir las sectas ele impie<lnd, _y ele Yelar y wr por la salud <le Loclu la grey del Señor . Pero sig-niendo las ilustres hnrllas ele nues tros prrdecesores; h emos creido llegodn ya Li oporluuiduJ de convocar ul Co11cilio Gt-•nerul (Jue mucho tiempo hemos descallo, á todos los Yenei·Jbles herma u os Prelados d~ loclo el Orbe Catoliro quP, han s1<lo llamaclos ú la pm•Ljcj pue.;ion de nu es lra solici tuJ.. Dichos ,·enerables hermanos, inflamfülos de singular amor para con la Iu·lesia católica, distinguidos por s~1 ºTanrle piedad y observancia pata c~n NQs y la_ Sede Apostólica, sol'tciLos por el bien de las almas, sobresalientes en ~ab.iJ.uría, doctrina .Y erudiciml, .Y srnlic11do en gran rnanern, junl~- n~enle con Nos la muy triste condicion, á que han llegado la Iglesia y el Estado, no tienen otra cosa en su corazou, que el com~~icarnos y hacernos saber sus op11110nes y deseos para aplicar los remedios saludables á tantas calamidades. Así en este Concilio Ecuménico s; deben considerar y establecer con el mas esmerado ex.amen, to~as aquellas c?sas que miran, especrnlmenle en t~empos L_an desgraciados, á la gloria de Drns, á la integridad de la Fé, á la salud eterna de los hombres, á la disciplina de uno v oLro clero, ú su saludable y sólid; cultura,_ á ~a obser,-- ancia de las leyes ecles1aslicas, á la enmienda de las costumbres, á la instruccion cristiana de la juventud, y á la paz comun y concordia de Lodos. y con el mas inte1;so. empeño debe procurarse que, mediante el auxilio y proteccion de Dios, se separen todos los rn~l~s de la Iglesia .Y de la sociedad c1v11, que los miserables estraviaclos vuelvan al sendero recto de la verdad, de la j us ti cia y de la sa1 ud, que, e~Lirpados los vicios y los errores, reviva en Ladas parles nuestra augusta Religion asi como su saludable Doctrina, y que cada dia se propague mas y domine; y de tal ~anera se vigorizen y florezcan la pie?ad,_ l.a honestidad, la probidad, la J ust1cia, la caridad y todas las ~irtudes crisliauas con grande utilidad de la misma asociacion humana. Ninguno pues, podrá negar qu~ la influencia de la Iglesia Católica y de su doctrina, no solo atiende á la eterna salvacion de los hombres, sino tambien aprovecl1a al Líen temporal, á la verdadera prosperidad, orden y tranquilidad ele los pueblos, y ademas al progreso y solidez de las ciencias humo.- na.:;) como los anales de la historia sagrnda y ele la profana lo manifiest~ 11 claramente .Y lo demuestran siempre y con evidencia en hechos bien luminosos. Y pues que, Nuestro Señor Jesucristo nos anima, eonforln y co ll suela con aquellas palabras «yo estoi donde se ltallcm dos 6 tres c01~r¡regaclos á 1m: nomb r~)), no pouemos duda1· que ~:L mismo quiera asistirnos en este Concilio con la abundancia de su divina gnciu, á fin de que seamos capaces <le sancionar todo ]o que perlenezca en algun moclo á la mayor utilidad de su Iglesia. Por tanto, elf-~Yanclo dia y noclie nuestros rurgos desde la humildad de nues ll'o co1·uzon ú Dios, como ú Pa- <l~·e do bs luces, nos ha parecido bien cou ·rncur este Concilio. Por lo cnal, confiados y apoyados en la aulol'idad del mismo Dios ~ouopoderoso, Padre, IIijo y Espín tu -,.... a11 to, Y en la de sus Sanlos Apóstoles P·~dro y Pablo, que Nos desem peñnmos tumbien en la tierna, por consejo y consentimiento de nuestros. Venerables hermanos los Cardenales ele la Santa Iglesia Romana, decretamos por estas letras, ununciamos, conYocamos y establecemos el Sacro Concilio Ecuménico y General que debo celebrarse en esta alma Ciudad nuestra
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