A~O 111. PUNO, SETIEMBRE 14 DE f 868 .. N. º 75. €tt ·Jglcsitt1 l)nntñtt. PERIODICO SEMANAL. # ----------------~~~-..--~!l'lll.'!lEIII_________:... , SECCION OFICIAL. Nos el Doctor Don Juan Allnbro11lo Huerta, por la gracie de Dios y de la Santa Sede Apo§tóUca, Obispo tle Puno, etc. A nuestro Venerable .Dean y Cabildo, á los Pdr-rocos todos, y al Clero de mtestra .Dú5cesz"s, y ú nuestros muy amados JJ1·ocesanos, sat'ltd y paz en JJ1:os N . Señor. Quicumque hanc regnlam ~eeuli fuerint, P,,x super illos. -San Pablo d los Gcilatas.-CAI'. 6, \'. 1ü. -oCarísimos hijos en Jesucristo, por fin se han reaJizado nuestros mas ardientes deseos. Queriámos organizar convenientemente nuestra Diócesis: aspfrábamos á dar la última mano á la obra que N uesLro Señor t~vo á bi,e_n confiar á nuestra indigmdad. «El levantó del polvo al mas desvalido: sacó del esL1ércol al mas miserable)) para confiarle una de Jas empresas mas delicadas, la de crear una Diócesis, sin mas elementos que los que le otorgára su Providencia infinita. Pero ¡Bendito sea ese nuestro Dios, magnífico en sus misericordias! «Él haL1ó y todo hu sido hecho: Él mandó y todo fue creadon, como por encanto y de una manera ciertamen le milagrosa. La N_ueva Iglesia de Puno, apenas erig:da, ostenta ya su vida y su fecund1dad.-Hacer perma:.1enle esa vida y ~stimular esa fecundidad, para qne lejos de decrecer, progrese, ha sido nuestro intento, al celebrar el primer Sínodo Diocesano, publicando las presentes Con;stiluciones. Hemos cumplido con uno de }03 mas sagrados deberes anexos á nuestro cargo, satisfaciendo al mismo tiempo uno de los especiales votos de nuestro pastoral corazon. Desearnos pues que penetrados de nuestra idea y de nuestros sentimientos lodos los Puneños, sigan con únirno humilde y resuelto el consejo del Apóstol San Pablo: <cTodo el que observare y cumpliere esta regla, gozará de paz». -Qwt'cmnq1.1.e Jume 1·egitlam S('Cztt1,fuerint, pax sup.q1· ?°Uns. Sí, de paz, porque este don precioso solo se consigne observando la 1Py. La paz, hijos ca1·1simos, es el efecto 1laLural de 1a conciencia pura, y por lo mismo, el resultado preciso <le la buena voluntad pnra cumplir nuestros deberes. Por esto, los Angeles, anunciando ú los Pastores el nacimiento drl Salvador, decian- (lGloria á Dios en lo mas alto de los » Cielos_, y paz en lu tierra á los ORGANO OFICIAL DEL GOBIERt~O ECLESIASTICO DE LA DIOCESIS, >> hombres de buena ioluntad)) . Solo á esta condicion se podrá obtener el progreso lPgit imo y bien entendido de los Pueblos , solo bajo la base de esla doctrina CaLolica, se puedo conseguir la civilizacion ele las masas, y la verdadera felicidad de las Naciones. Hé aquí por qué siempre hemos creído qne el Clero Catolico, y muy especialmente los Púrrocos, eran los llamados ele un moclo esclusivo á realizar la obra sublime del adelanto social. Por esto, jamás hemos aceptado, ni podiamos aceptar, el apostolado de algunos, que engreídos con Jo que ellos llaman su iilao tropía, se arnnzan hasta dar leceioncs de amor al prójimo, hasta detallar sus cleberes á los que en su conclicion de Obispos, son los úuicos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo para dirijir á sus Pueblos en el órden espiritual, Lrazándol rs la senda que conduce á la vida eterna. En otra ocasion lo hemos dicho y ahon.1 lo repelimos, porque no queremos que nadie os engañe con palabras vacías-ne qu,is vos seducat úz.awis vubú. La filan lropla Ps la moneda folsa de ]a ·caridad, y lo es, por cuanto no stuje del fondo de uo corazon abnega<lo: lo es, por euanto su principio es simplemente naLural, sin relacion alguna con la eternidJd: Jo es, porque refiriéndose á los intereses del tiempo, calcula siempre sobre el tiempo y aspira ú obtener sus recompensas en el tiempo, siendo por lo mismo lodo su porvenir temporal. No usí el sacerdocio, amados hijos, llÍ mucho meoos el pmroquiado. Instituida -la Igl esia por Nueslro Señor Jesucristo para la salvacion de lod_os «los que creyeren y fueren bautizados)>, el sucerdocio, por rnucLas que sean las miserias de sus. miPmbros, siempre ha correspondido de nn modo ge11< ral á ]a nobleza de su orige11. Con tes ten sino los ana1 es <le la historia: con les le ]a humunidad entera, que ha visto sucederse generaeion trns gene rac·ion de filósofos y de filúntrnpos ; ~in que éstos hayau hecho el mns pequeño sacrificio por sus prójimos: ¿ú qujénes debe, pues, esu humani dad degrndada y embrutecida su progreso y su civilizacion? No podrmos, liijos carísimos, en nuestra calidad ele Obispo Calolico, tolerar los ultraj es, que ciertos hijos (sóanos penniLicla la espresjou) i11.7ratos para con la Ig lesia Calólieu, y prJr lo mismo paru con el sacerdocio, al que deben su actual civilizacion, dirigen á ese mismo sacerdocio' sin tener en cuen La que sus actllliles miserias, son causadas unicamente por el empeño que sus mismos enemigos han tomado para laica1jzar el sacerdocio, so preteslo <le patriotismo y libertad. Muy sensible es que las sociedades aun no ncaben de comptender que· los verdaderos patrio las y los amantes de la Libertad bien enLendida, solo pueden existir al pié ele la cruz de Jesucristo. Sin amor al catolicismo, sin la práctica de SU::, doctrinas, jamás podrá darse órclen, paz ni garantías sociales para los pueLlos. Muchos hay que rechazan estos principios bojo el ridículo disfraz ele fanatismo; mas, entreLanto eí hecho es, que los pueblos esperimentan sérias convulsiones, toda Yez que se infiere un ultraje á la Iglesia Católica. La pretension de querer civjlizar á los pueblos con doctrinas y leyes filantrópicas, apenas podra pr-sar de una miserable utopia-mny pobres de inteligencia y mos pobres todavía de erudicion hislorica deben ser los que esto proyectan. El corazon humano no se cura con paliativos: la in te] igencja humana no se desanolJa jirando en el estrechísimo círculo del mundo material-es Ü1dispensab1e, mal que pese á los filántropos, el elemento reli o·ioso para que los pueblos alcancenla ci~ vilizaciori, y ese elernen to religioso, sol0 puede proporcionarlo el sncerdocio: algo rnas decirnos, solo debe ofrecerfo el sacerdocio: Jo puede, porque solo él exclusivélmenle ejerce su ministerio con enLera in- . dependencia ele toda pasion mezquina: lo debe, porque sobre sus hombros únicamente pesa la séria responsabilidad de la san tificacion y salvacion de 1us nlmus. Y ¡ay <1e los sacerclotes que olvidando tan sagrados compromisos degradan su caráeter, degen erauclo <le su divina insLitucion ! Para evitar es Los resultados tan fun es tos , Nos hemos empeñado en cc1<;Lrar nuestro primer Sínodo Diocesano. Las regla:-, de conducta que en él damos á nuestros sacerdotes y en especial a nuestros Párrocos, son la~ que hemos creído delante de Dios, mas á propósiLo para la reforma de las cosLnmhres y bien espiritual de todos nuestro3 hijos en Jesucl'jsLo. Que este san lo Sínodo -;ea pues aceptado y cun~ plido por todos 11u2stros amados D10cesunos, ele modo que se rcu - lize e~- favor de ellos el pensamiento de San Pablo, aludiendo a sus consejos y doclrina-Qui'citmque hanc regulam, secuti· ftteri·nt, pax super i'tlos. Tiempo es ya de que. los Ministros del Santuario conozcan 1a importancia de su mision~ y la desempeñen con pureza y con amor. Tiempo es ya de escuchar con delica<lo respeto antes la voz del Obispo, que exhorta como padre, que la palabra siempre fatídica de los que, enemigos jurados del sacerdocio, gustan ele enrostrarle sus crímenes: gustan de halagarle en momentos dados por)nteres particular, con el proyecto infame de abofetearle mas tarde para anular su accion beneficiosa en favor de la humanidad. Tiempo es ya, por ultimo, de que los sacerdotes comprendan cuán sagrados son sus deberes, y cuánto se degradan mezclandose en asuntos de los hijos del siglo. El mundo, con astucia serpentina, sabe seducir al sacerdote para que tome parte en sus nécios proyectos. La política actual, que es la loca por excelencia del siglo XIX, emplea todo su artificio á fin de obtener de los Ministros Sagrados · ]a sancion para todos sus antojos.- Quisi01"an los amantes de esta política, que los sacerdotes, y mas que todo los Obi~pos, se- pusieran a sus órdenes para conseguir así, mas fácilrnen Le, la realizacion de sus fine:::; y cuando por desgracia, tal o cual sacerdote sucumbe á esta miserable leulacioo, halagado quizá por uu porvenir· füongero, los hechos vienen á demostrar mas tarde, la triste aberracion que han sufrido, esperimen tando decepciones, burlas y desprecios de los mismos á quienes eleváran con un candor sin igual. Queremos eorroborar nuestra palabra, con el siguiente pensamiento de un ilustre Obispo de la Francia, testigo ocular de los hechos á que alndin10s: d Reverendísimo Sr. Fayet, anLecesor del mas íluslre quizá bJ'. Dupanlo-2tp, decia: c,La mas lar- » ga y lamen Lable esperiencia nos » ha enseñado que hay mayor rn-i·- >> seria y abyecáon en aguardar pro- >> mesas que Lieuden ú d-ividú·nos, >> que a1nenazas que. prelendau aba- >) t·irnos. Despues de-tantas revolu- » ciones que han puesto al descubier- » Lo las conciencias, no es de ESPE- >) RAR que rcanas palabras nos se- >> duzcan: bien sabemos que para la >> Iglesiu terminan en lo. Esclavitl,rl » y parn el Sacerdocio en el Cadal:o''.
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