1 La muerte del Secr<,fa1•io Episco1,al Y Rector del Se•nánaa•io de San Ambrosio, Dr. o. l?eJlpe A. de 1•1éro1a. l 1 , _ . El fundador del prir\lero y únicó periódíco eclesiástico de Puno, el activo, iofotigable é inteligente redactor priücipal de « Lil Jglesia Puneña,,. ya no ecsiste. l~ntre la hermosa pleyadn de hom - bres distinguidos que viven collsagrados á l1t verdadera civiliznciou de Puno y elaboran en su porvenir de progreso y de bie11andanzn, el Sr. Piérola ocupaba un lugar retnarcable y prominé'nte,' yn como mí habil y e'ntusiasta enseñt111te, ya como uu diestro y muy competente educacionista y director de la juventud Seminarista, ya como uti valeroso y abnegado escritor católico, ya tambien como un prudente y muy sagaz Secretario del Gobierno eclesiástico diocesano, ó ya, en fin, como un Sacerdote v.irtuoso q.ue, eu la Cátedra del Espiritu Santo y en el Tribu11al de la Penitencia, hacia amar profundameutc su muy fecundo y harto inteligente mini:-.;terio. -Su muerte puede considerarse como el eclipse de un astro, que con raudales de luz alum)Jraba el horizonte puueño; con él, por consiguieute, han desaparecido la laboriosidad fecunda del füósofo católico, y las leccione8 praci . ticas del moralbta s_e vero, del virtuos.o fü1cerdotc. Por eso, su v,idu fué com- • i pl ~.;a; y con su muerte n'Q solo hemos perdido una exi~teocia estim¡_¡ble, sino · una série de e;xi ·tcncias, representadas por los variados y rnúltiple~ roles con que concurria al verdadero engrandecimiento de Puno. Es por lo mismo, al mérito inGontes- . table, á una superioridad pr9bada y · reconocida, al distinguíáo talento y á . una virtud sólida y ~in mancilla, que • para &iempre se han extingnidq; á lo '. que debernos atribuir la emosion proi funda y el duelo p;eneral que ha oprimi:lp el cornzon pf:!l J)ignísimo Prelado · Diocesano, del alto Clero, de todo el : personal ~,:I parroqu'ia1~0. pun_eñn, de · todos los ctudadanos d1st111g-mdos del país, <le nuestros honorables huéspedes . de llolívia, \lrl bello _sexo Y, de todas · las clases de, la, 1 sociednd pu neüa que rodeaban sq tum,ba Íllperarin. , ¡Cuán cierto. es que la. vida no es mas que un alto fug-uz en cL camino de la e,ternidnd! Ese alto h1\ pasado para el Sr. Piérola, y ,,l separnrse de entre · nosotros para siempre, nos ha dejado tau solo palpitantes ejemplos <le sus , virtudes public.a~ y privadas,. ,que son pr,ros tantos elemen~os d~ jnmnrtalidad para su nombre, qui;! 110 se sujetan á la accion destructora de la muerte y que sobrevi_ven si,empre a las generaciones• • Aquella ipmorta1idad del mé- . rito .y de la virtud, que 110 s9 co11tie- ' nen jainá~ e11 la estrechez de una µrnt\ ; cinerarja, 1son pues lo úui.cQ gue nos queda del sefior ):'iérpla. , El Sr. Arcediano de Cochabamha Dr. , D. Marcos Roj-as y el Sr.. Vice-Rector del Colegio de San Ca1rlos Dr. n. JuJ111 Manuel Toro, pTOlltlltciarott los discursos fúnebves que en su lugar respectivo reproducimos.; ol primero en la Sa 11t.-a Jgle- ,,. sia Catedral, y el segundo en el · Pante0u. Nuestros lectores apreciarún debidamente el mePecido homenag-e que en estos momentos solemnes se ha tributado por ~l talento y la virtud al talento y 'á la virtud·. .Entretanto: ¡Que la tierra le sea ligera par~ nuestro colega y amigo, y que el Dios de las misericordias premie abundante y merecidamente sus virtudes! ' Adeodato. LA IGLESIA. PUNEÑA. Oracion (1u1ebre p1·onunch1da por el Sr. nr. D. lhn·coiS Rojnl!!l, Aa•cediano ele la Santa Iglesia Cated•·al «lle Cochabamba, en las e~equias c11u~ en sufa•ag·io del que Cue Rector cJel ~ecuiai;u•io Concilia•• de San Arnbt·o~io i _ Sect·etat•io de la Diócesis, ~ ... D. F~lipe A. ele Pie..1•01a, tu- , ,ier0n lugar en la Iglesia Cated••aJ el dia ~i del que t•ig·e. f'itam et misericordiam tribuisli rnihi et visitatio iua c-us- ·todfrit spil'ilum meum. Me di~Lc vidn, y usaste con- , , migo de misericordia; y tu proteccion ha conservado incólume mi alma. En el Lib. de Job, CAP. 10 v. ·12. Iltm. 0 Sr.-Sellores. El Sacerdote virtuoso, el enseñante progresista y abnegndo, el intrépido peri9dista católico, el dig-110 !lector que sostenía la alta honra del Seminario y fuudaba In esperallz'l mas positiva y fecunda ¡de la Iglesia y del Estndo, ya 110 c;xistei fü, se1iorcs, ha muerto el Dr. D. .Felipe 'A. de Piérola, y su muerte prematura ha 'anebatado a la ciencia su mas entusia~ta é infatigable propc1gandista, a la virtud su mas constante y su mas práctico adorndo1·, y á la Jglesía y al Catolicismo uno de sus ministros y escritores que los servia c-on inquebrantable cousagracion~ con inteligencin aventajada y varonil, y mas que todo, con•un amor profundo é indomable! ¡LÍ~rcmos, sí, itoremos la irreparable pérdida de una vida, que aunque jóven todavía y apenas entrad·a en !os primeros albores de su quinto lustro, había sido ya magestuosa y fecunda, porque · representaba y elabornba con eficacia el bien y el progresó 'de la J~lesia y de la sociedad pu nefia ! ¡ LI oremos, seüores, la' temprana pcrdidn del Dr. Piér0la, porque · en su 1'ápido tránsito por esta tierra -de amnrgas decepciones nos ha dejado taí1 solo, cual una hermosa flor que se ai:rosta y desnparece, el suave perfume de sus virtudes, que, eternizando su nombre e11tre nosotros, formaran siempre el encanto y la respetuosa ndmiracion de los hombres de corazou, )' que aman since.ramente 'las glorias del Catolicismo! 1 · • , ¿fü qué qtro consuelo pudiera quedarnos en pro de los que nos pertenee¡¡Qn, mas que el justo tributo á sus v,irtude.s, junt_o c,o"n nuestras plegarias al Dios de las misericordias, a fin de que se digne otorgar á su ~1lma un eterno descanso, conancible y -venturoso'? Hé aquí por qué en este día tan tristemente solemne, acaba de ofrecerse la Hostia Inmaculada por el Sumo Sacerdote de Puno, en sufragio del alma del que fué Dr. Piéroln. Hé aqui por qué nosotrps tambien estamos congregados entre los muros de esta Santa l3asHica, y elevnmos al Cielo nuestros sentidos coi;azo11es·. Mas, para que sea fecunda y edificante nl mismo tiempo vuestra contemplacion en las virtudes del Sacerdote que lloramos; para que vuestra conciencia -ratifique el constante voto que con el ·Santo Job le dirija á su Dios y SefioT, diciéndole eu la humildad de su corazon: «Me diste vida y usaste conmigo de misericordia; y tu proteccion ha conservado incólCime mi alma»; permitid me que, haciendo tregua, á vuestro justo dolor, preocupe vuestra atencion con una ligera au11que imperfecta reseña de EziEMM& SFStiW~~- esa vida que acnba de eclipsarscnos para siempre. Todo don perfecto nos viene de Dios, ha dicho el Apóstol de las gentes. Por eso, señores, se distinguió el Sr. Piérola, desde que dE:spuntó la aurora de su razon, con las m'as distinguidas dotes mornles. Apenas ingresado en el Seminario de Satíto Toribio de la ilustre Ciudad de los Reyes, y hallándose aun en la edad en que un constante movimieuto preocupa la infancia, distrayendo su atencion múltiple de juegos inocentes y entretenidos; nótase ya en el jóven Piérola ese espíritu de recojimien to· y de contemplacion, que preludian anticipadamente al que debia ser un dia, un venerable Sacerdote y un respetable educacíonista. Dotado de inteligencia aventajada y favorecido por el Cielo con un corazon dócil, generoso y noble; cautiva muy pronto la atcncion de sus maestros y superiores, se conquista su mns cordial estimacion y se atrae al mismo tiempo su mas decidida proteccion. Y al paso que en su clara inteligencia se anidan las verdaderas doctrinas, como emanaciones del principio eterno, de la verdad infinita; su corazou formado esmerndamente por el espíritu evangélico y la savía fecundante de los Santos, Sacramentos, trasfórmase en verdadero santuario del bien y de la virtud. Escudado así con el doble broquel de la verdad y del bien, recorre con paso magestuoso y rápido la hermosa escala del progreso. Ora se le ve mereciendo las simpatías respetuosas de sus condiscípulos, ora recibiendo en premio de su inteligencia y de su virtud, condecoraciones de d_istincion y de honor, ó calificaciones de primerp ó de segundo sobresaliente. Sin engreimiento ni vanidad, y anhelando tnn solo llenar sus deberes escolares, para est~r bien con Dios y sostener la estimacion de sus superior .es, corona por fin sus tareas literarias co11 el honroso titulo del l\Tagisterio á la escasa edad ,de 18 años. En este estado, señores, y cuando J;..ima, esa respetable lHetrópoÚ de SudA mérica, centro de grandes virtudes y de hombres emineutes, sonreía con mil promezas do porvenir y de posicion !?Ocial á nuestro jóven Maestro, cuya decente estraccion, asj como sus calidade.s intelectuales y morales eran haefto conocidas; quiso Dios que el regenerador del Seminario 1imense1 aquel mismo Sacerdote venerable que habia formado al Sr. Piérola en su inteligencia y en su corazon, viniese á Puno como su primer Obispo fundndor. Entonces y sintiéndose el Sr. Piérola dominado por la sed de hacer el bien, cooperando con nobleza y abnegacion á todos los es{uerzos paternales con que el distinguido Prelndo de la Iglesia de Puno se propusiese dará su Diócesis unn nueva vida, vida de regeneracion espiritual y moral y por consignien te de verdadera civilizarion; renuncia á las dulzuras del hogar doméstico y á todas las comodidades que P,rocura un gran centro de poblacion; y sin arredrarse ante los fenómenos stempre espantables del 0ceano, ni ante la aridez y escabrosidad de c&minos desconocidos para él, lánzase, obediente al sentimiento de la gratitud y á las inspiraciones del bien, á este hospitalario suelo del Departamento de Puno. Aquí, señores, le hctbeis visto desempeñar á la vei y con todo el tino que solo caracteriza ú la · ednd provectn, la Secretaría del g9bierno Episcopal, el Vice-Rectorado y mas ~e dos profesorados del Seminario Concilinr de San Ambrosio. Le habeis visto arreglar, siempre con prudencia y sagacidad, los asuntos mas ~ra,•es y comµlicados de la Diócesis, utilizando pa rn esto de su posicion y de su merecida ioíluencia ante su 11relado. Le habeis visto tambien consagrarse por entero a la enser1anza y á la cducacion de la juventud Seminarista, y mas de una vez habeis recibido los frutos precoces y muy sazonados de semejante esforzada cdnsagracion. Algo mas, seJlores, le habeis visto hacer brillar ese faro luminoso de la humanidad, que con sus alas de águila propaga el pen• samiento y la verdad por do quiera, le . habeis visto implantar en Puno el primer periódico eclesiástico ene-argado de la importante mision de arraigar y1espandir al mismo tiempo la verdad católica, de sostener y defender la libertad y la independencia de la Iglesi.a con todas sus prerogativas é inmunidades, y le habeis visto llenar esta noble tarea con tanto valor y abnegacion, _c0n tanto fondo de luces y de entusiasmo, que yo mismo, olvidando los azares de la proscripcion y sin atencion alguna á la po• breza de mi humilde inteligencfo, yo mismo, señores, me he dejado arrastrar entre las filas de este valeroso soldado de la civilizacion cntólica y he cooperado con arma visoña en la defensa de la verdad. No es esto todo: ayer tan solamente, cuando el Prelado Diocesano, en su impaciencia por hacer el bien y perfeccionar la vida de Obispado de este Departamento, marchó á Lima acompañado por el Sr. l1iérola, fué elevado éste al Sacerdocio, recibió en seguida el honroso díploma de Doctor en Sagrada Teología y fué incorporado en el Colegio de Abogados. De regreso de la Capital fué promovido con harto merecimiento al Rectorado del Seminario, donde sin vacar un solo día ni al servicio de la Secretaría Episcopal, ni á las exigencias del periodismo, ratificó nuevamente su reconocidá competencia para la direccion de la juventud, sin esquivarnos al · mismo tiempo los encantos de su palabra sacerdotal en la Cátedra del Espiritu Santo, ni los consejos saluJables y convenientes para la purificacion de las almas en el Tribunal de la Penitencia. Y esta vida tan fecunda y enteramente consagrada al bien do la Iglesia y de la sociedad; esta vida ayer tan lozana y decorada con tantas virtudes evungclicas; esta vida que animaba un cornzon que no sabiendo aborrecer jamás, fué el santuni:io del amor mas puro, de una castidad acrizolada, de la humildad mas perfecta y de un temple profundamente piadoso y eclesiastico; esta vida, señores, se ha eclipsado, para siempre y no nos pertenece ya. ¡Qué dolor! ¡Qué pérdida tan irreparable! ¿Que cosa es pues entonces la vida, Católicos oyentes? ¡Ah! ¿Será verdad que la vida no es mas que una sombra que siempre .huye, un fósforo que brilla momentáneamente y Juego se eclipsa para siempre? ¿Para qué es pues l,t vida entonces? ¡Dios mio! ¿Contra una hoja que es arrebatada del viento, haceis alnrde de vuestro poderío y persegnis á una paja_s~ca? ¡Perdon,Senor,si mis labios se atre_ven á murmurar vuestros insondables arcanos; porque vos tnrnbien nos habeis enseüado que estamos criados para la eternidad. Nuestro pensamiento que se espande mas allá del universo y traspasa los limites de este mundo, debe habitar en los Ciclos. Nuestro corc1zon, con inmensas necesidades nunca satisfechas, con el deseo de gloria y de fe .. licidad siempre frustrado, está llamado a la posesion del Bi~u Supremo: de Di'?s· Por consiguiente, la muerte es el prrncipio de una mejor vida, el único_ bajel seguro que nos cor!dt_rce. a~ ~1~lo; y la vida, la grande, la umca rn1c111c10n para la feliz eternidad, siempre que es la personificacion de la vfrtud y del deber. Véd, Cnt.ólicos, por qué el Sr. Piérola, cuya existencia se conformaba siempre con las prescripciones· de Dios y con los deberes de su estndo y de la sociedad, debia morir pára gozar eternnmente, para entrar en posesion del Dios de toda consolacion. Yéd, por que éFPMWW Q
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