La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

Delege eterna morwn variisque iliis rnanifestationibus irntempore, sobresale por una esp')sicion rápüla de las maniobras del mortal enemigo de la ley moral, desde el origen del mundo hasta nuestros dias. Este articulo preliminar (de cssentia, origine, progressit et fine spiritus seciilari.zcttoris) revela el plan de totla la obra, sefialadamente del primer libro, destinado á restablecer la nocion completa <lel derecho cristiano, contra lo que se llama muy falsamente los principios del derecho moderno; porque estos principios no son mas que la reproduc - cion del derecho degradante, que no ha c.csado de regir las naciones infieles, y que hará descender todavía mas abajo á los pueblos cristianos, en virtud de la regla: OJJtimi pesima corrnplio. En esta parte absolutamente nueva de su trabajo, el señor l\lartinet señala y refuta, desde luego, los errores capitales contenidos en las bases del derecho justiniano, como tambien los rasgos tomados desgraciadamente otras veces, por nuestros téologos y canonistas, en las teorías erróneas de los juristas romanos sobre el derecho natural, el derecho civil y el derecho de gentes, sobre la comunidad primitiva de bienes, sobre el origen de la sociedad y de los <terechos sociales, sobre todo, del derecho de propiedad; rasgos escusnbles en una época en que se podia dificil mente preveer el alcance, pero que es indispensable rechazar hoy día, que sirve,1 de apoyo á las doctrinas mas subver~ivas. De1-arrollando cu seguida las tésis, sólidamente establecidas en los libros precedentes sobre la divina constitucion de la sociedad humana, compuesta de sus tres elementos esenciales, la familia, la ciudad, la iglesia, deduce la existencia de un solo derecho supremo, formulado en los diez artículos del Decálogo, y cuya aplicacion al gobierno de la familia, de la ciudad) de la iglesia, está confiada á tres poderes de institucion divina, distintos é independientes, cada uno en su esfera, pero divinamente obligados á cnncurrir, cada uno en sus límites, al objeto único de la sociedad humana en el tiempo de la prueba. De esta cotnposicion del derecho cristiano en un cuerpo armóuico, donde la ley divina es la cabeza, rigiendo la sociedad entera por tres derechos orgánicos, que le están subordinados y relacionados entre sí (el derecho eclesiástico, comun a la grande familia cristiana, el derecho civil, propio para ca-· da ciudad ó nacion, el derecho doméstico, comuna todas las familias), de esta composicion, decimos, resulta lógicamente todo lo que el autor e;:;tablece en seguida sobre la naturaleza y las condiciones esenciales de las leyes humanas, sobre el acuerdo y la diferencia, la rpateria y el objeto de las lP-yes eclesiásticas y civiles, sobre la esteusion y los límites de la obligacion que las ullas y las otras imponen. Este estudio profundo sobre las leyes divina y humana, que son las reglas exteriores de las cost.umbres, está seguido de un otro sobre la regla interior, sea la conciencia moral, no menos interesante pura aquellos que procuran ver claro en una cuestion muy embrollada por las disputas de la escuela, y que querrian separar la doctrina, por otra parte tan autorizada de San AJfouso de LA IGL°ESIA PUNEÑA. Ligorio, de las sombras que la distinguen eu su sistema moral. l\o emprenderemos el dar aqui una reseña de los seis libros siguientes, en donde el autor expone, con mucha lucidez, todas las prescripciones morales contenidas en los diez artículos del Decálogo, como tamhien en las disposiciones generales del derecho eclesiástico y civil que se refieren. Se encontrará, con la discusion profundizada de los principios, que esclarece las consecue11cias prá~ticas y dá á la casuística un:i. biíse sólida, esta parte vital del ministerio pastoral, que, no dejando ignorar ninguna de las obligaciones impuestas por l_a letra de la ley, se aplica á lrncer cunocer y gustar el espíritn, y tiende al objeto asiguado á la instruccion religiosa por San Agustín, ilt ille czti loqiteris, auclienclo credat, crcdendo speret, SJJCranclo amet (de Cha lcb., rud. C. 4.) Así pensamos que la moral qne publicamos, merecerá el elojio que se ha hecho de la dogmútica del señor Martinet, llamánd(Jla una rica mina para los predicadores y pastores. Es verdad que este elojio ha dado lugar á una objecion, que nosotros mismos se la hemos repetido al autor: « Vuestra teología es juzgada ma::; pastoral que escolástica y propia para la ensefianza e11 los Sc111i11arios». .A la cual ha dado esta respuesta, que ha desenvuelto en otra parte.-(Esturlio sobre el método de cnsct1anza teológica, '2a.. parte, art. 1. 0):-«Couvengo en que JO jamá:-> he pensado en trabajar para los Seminario::;, cuyos maestros no se propoudrian formar de sus alumnos pastores capaces de hacer conocer y amar la · n'eligion, ó que creyesen aventajar no ensl'Iiándoles 1rna teología verdaderamente pastoral». Esperando la aprobacion romana, sabemos que l\Ionsefior 1\Iermillod la recomienda por totlas partes, que iHousefior l\foutiers, espontánenmente, ha prescrito la enseñanza en su Seminario y que Monseñor d'Annecy ha escrito la carta siguiente: «El señor Canónigo 1\fartinet acaba de publicar un Tratado de Tealoyia Moral, El autor, que se ha conq11i1-tado entre nosotros una gr,rnde reputacion como escritor y uno de los defensores contemporaneos los mas ilustres de los principios en que se apoyan la religion y la sociedad, aparece en esta nueva obra lo que es en sus otros escritos, pensador profundo y orijinal. Desde su partida, aborda las cuestiones fundamentales de la moral y del derecho, con una el·evnrion de razon que le per'mite mostrar con la lucidez que caracteriza su talento, el origen, el des~ envolvimiento, y en ;tlgunos teólogos, las desviaciones de que han 'resultado funestas consecuencias. Es decir, todo lo que encontraron en esta importante obra los hombres que quieren beber la ciencia en fuentes puras, y que buscan una -solucion á Jos problemas .que, en nuestros dias, dividen tanto, cuanto apasionan los espíritus. Señalamos y recomendamos al deseo de nuestra Diócesis la Teología moral del seüor Canónigo 1\Iartinet. Annecy 29 de Octubre de 1867. «1'1An10, Obispo d'Annecy. (De la ciíl.evista del Mundo Católico" )- Acleodato. SECCION LITERARIA. NECROLOGJ.&. -oEl Sen1l.narJo CooclUar de Sau ADlbroslo. que babia contado en el n11DJ.ero d.e Slil!;; alumnos esternos a D. Sebal!lltlan Giralflo. cnya conducta Je sranjeara Ja bene,·01encia de sus pll'olfesore§. '-'omo la estlmncion de sus condiscí11n1Jos y amigos. hoy tl~ne que derramar una h\g1•ima ante la tu..lllba que depo§iha el ca«la,·er de tan reco- .1ne.1ull.able jóven. Acata.nd.o las «!!i§- llOSiciones 8npa•eD11as, .-onsagra. :no obstante. á sn mennoria, cuatro líne.,s, qi!le si no búesi ti·a'i\ll!ula!!ll, nevan al DlCUOI§ el Dl.éll'HO de la !!iincerida~. y de sea• la eí)preslou del amor y de Ja ternu1•a co.n que le dh1Unguiell'a. Amigo, que es la vida? Ia flor que en la maünna Alla eu el tallo erguida Tau fresca, cual lozana El hálito aromútico J3rindando al aire está. lHas luego el rayo ardiente Con saüa siempre dura, O el cierzo que inclemente Su fuerza toda apura Las gracias antes vívidas Marchitas deja ya. La vida qué es? lamento Que en hondo pecho sueua, Se pierde por el viento, Dejando solo pena, Vestigio solo fúnebre De intenso sinsabor. La vida qué es? la gota Que corre en un desierto, Que solo angustia brota .En este triste huerto, Y luego allá en el piélago Se pierde de dolor. Así, mi caro amigo, Pusiste aquí la planta, Y el dardo que enemigo lanzó con furia tanta La muerte airada y hórrida, Tu brio destruyó; Y cuando la esperanza Que dabas eu un día Sin riesgo de mudanza Halaga el alma mia, TLl luz volvióse litnguida, Y luego se apagó. Tal vez mi pensamiento Voló al tiempo futuro, Y vió por tu talento Qne en mas edad) seguro Gozabas ya de un sólido, Risueño porvenir. La hermosa perspectiva, Tan grata y pura escena, La imágen rie11te y viva Cual hora dulce, amena, Cual sombra, amigo, rápida Llegan del alma á huir. Tns padres, tus amigos, Te ven doblar la frente, Y fieles son testigos De lucha, que pnciente Soportas firme, impavido De terca enfermedad. Y lanzan el acento De su alma triste y mústia Señal de su tormento, Emblema de su angustia, ~Iezclado cou sus lagrimas, Ofrendas de amistad. Y yo que ya te miro Envuelto en iriste luto, Despido mi suspiro, Cual fiel, cual leal tributo, , Cual signo que, aunque lúgubre, Te rindo de mi amor: Aliento es que rompiendo Mi pecho, sale puro, Un ay! es que subiendo Del aire infesto, impuro, A limpia y clara atmosfera, l)or tí ruega al Seüor. l\Ias ay! si contemplamos En este mar de susto Que nunca atravezamos Sin pena, sin disgusto, Sin que saüudo y túrbido Preténdanos ahogar; Veremos que una mano Piadosa te levanta De embate tan insano, Que á fuerza aleve tanta Tal vez no vengas mísero En él á naufragar. Si alla cu esas regiones En goces ya te inundas, Y escuchas las canciones, Delicias tan profundas, Que aquella altura fúlgida Reserva a la virtud: Acuérdate de cuantos En este valle dejas De duelos y de llantos, De angustias y de quejas, Que cruzan hoy el arido Desierto ele inquietud. Si un tiempo, mi querido, Contigo afable y llano Sonar hice en tu oído La lengua del Romano Tan dulce como enérgica, Acuérdate de mí. Un ruego puro enciende Que suba al alto trono Del Dios que siempre atiende Del pecho humilde al tono, En tanto notas flébiles l\Iodulo yo por tí. Puno, Julio 21 de 1868. INSERCIONES. 9lscurso PRONUNCIADO POR EL LICENCIADO DON FELll'E VADELA. AL RECIBIR EL GRADO DE DOCTOR EN L.\. EACULTAD DE JUltISPllCDEl'iCIA. EN LA. UNIVERSIDAD ;.\I,,\.YOR DE SAN MARCOS. Seüor Rector: Señores: Hace algunos meses c¡ue os dignasteis prestarme vuestra benévola atencion, cuando al solicitar me consideraseis en el uúmero de los aspirantes al doctorado, escuchasteis mi desautorizada pero sincera palabra, sosteniendo uno de los principios de la ciencia del derecho. Desde entónces contraje para con vosotros una sagrada deuda de gratitud, por la favorable acogida con que me honrasteis, y un compromiso solemne para con la noble iustitucion que me recibia en su seno. Obligado quedé á hacerme por medio de un asiduo trabajo, miembro útil en los ilustres claustros de San Marcos, que vieron florecer en su edad de oro los preclaros ingénios de los Olavides, Peraltas, Morales, Duarez y tantos otros ínclitos vttrones, honra y prez de las peruanas letras. l\Iis esfuerzos desde ese día, se consagra~

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