parte el perrniso necesario para que re- ~oja en nuestra Di6cesis las erogaciones que voluntariamente quieran hacer los fieles para este santo fin--,El Obi:;po- [Firmado-Por mandato de S. S. l. el Obispo, mi Sefior- Felipe A. de Pi~r'ola-=- Prosecretario-[firmado J. Disponese Ja vi sita de estilo en el oratorio que sito en la doctrina de ..Azán-· gar6, tiene en su casa, el Sr. D. Hilarío MacedoJunio, 6 de 1866. Haga p0r nos, el cura ínter de la doctrina de Azángaro la visita del oratorio que el Sefior Don Hilario Macedo, tiene en su casa sita en el pueblo de Azángaro, y f:echa informenos acerca del et.~tado en que se encuentra, para proveer lo conveniente- El Obispo- [firmado] '- Por mandato de S. S. l. el ÓLispo, mi Señor -Felipe A. de Piérola-Prusecret.ariofirmado. Habilítase el oratorio de Dona, Isabel Mufioz. Junio; 29 de 1866. Visto el informe anterior venimos en conceder la licencia que <h Nos se solicita, para celebrar el santo sacrificio•de la Misa, en el oratorio de la Senara Doña Isabel Mufi.oz, sito en la doct1 ·ina de Juliaca., á los mismos términos que la anterior, que corre fojas cinco útiles, y por el término de cuatro anos-El Obü1po-(Firmado)-Por mandato de 8'. S. I. el Obispo mi Sefi.or--Felipe .A. de Pié1•0 la.-Pros,ecretario-(Fir.mado). Conoédese al Presbítero, Don Manuel G. Jibaga licencia para ausenta:rse de la Di6cesis. Puno, Junio 18 de 1868~ Puede el presbítero recurrente ausen ta:r-- se de nuestra Di6cBsis y tt·asladarse • { 1:t que creamos conveni ente-El Obis-pc., •-- (firmado),- Por mandato de S. S .. I. e} Obispo,mi-Sefior-Felipe A.. de Piérofa- - Prosecretario,-[firmudo J. En una solicitud por la que el cura cesante de Ayaviri, pide se le concedan letras teRtimonial es, ha decre t ado S. K . I. lo que sigue: Puno, 30 de Junio 1866Estando Nos redien llegados á esta Dió'- cesis expídanse por nuestro Vicario general, las letras testimoniales que se solici~ tan.-El Obispo-(firmado),--Por mandato de S. S. I. el Obispo, mi Señbr-Felipe-· A.. de Piérola-Prosecretario--(firmado) , VARIEDADE8. LITERATURA. SAGRADA. .El Cántico Magnificat .. lN'fRODUCCION. ll. L..l PR-OFECI.A.. l. Al u-aves de todas las edades-, s-e·· distingue -1.m pne il~lo escogido, que cubre: LA. IGLESIA PUNEÑA. las orillas de u'if frfar. Bse mar es un fragmento del gran espej.o en: que reverbera la Omnipotencia divina. En ese fragmento no se ve sino la diestra del Excelso,. hundiend 1 0 en el abismo la magestad y el poder de un mortal. 2. Es Israel, que atónito contempla la postracion de los Egipcios-Es Dios, que envuelve el otgullo de Faraon P.ntre las bermejas ondas de·l mar.--.Es MoiseR, que canta en el idioma de los cielos la primer~ oda. de sacra inspiracion-Son los va- · rones y las mngeres que, formando dos grupos, como dos inmensos coros, repiten con férvido eutusiasmo el himno de sa libertad. 3. Ese mar es un misterio; ese pueblo, una figura; esa libel'tad, una sombra; ese cántico, una pt·ofccia. 4. Otre,s muchos cánticos registramos en el Test.1 mento Antiguo dictados por el mismo Espít'itu; pero entre todos descuella, como el cedro entre los arbustos, el Cantar de los Cantare8. ¡Poema sublime que Dios puso en boca de Saloman, para anunciar con el velo del sacramento su intenso amor á la huérfana humanidad! ¡Egloga mÍs t e riosa, en que se descubre con un lenguaje apasionado el desposorío inefable del Criauor con su criatura! ¡Suspiro de amo-r, lanzado entre delicias por la nal urulezu. hu.mana, al .unirse bipostáticarncnte con el Verbo del Padre! 5. Pero el 8enor <le los ej é rc itos exije un cántico nuevo: un dntico f]Ue sea, no solo el gl'ito de 1a victoria, sino tamb1en el agrn1leeimient.o del premio; esto es, un cánti co de gratitud en su mu s completo desarl'ollo, eu su ma.s es pléndida m anifestacio11 . Ex ije un cúntico que srn, á los de la Vi(•jn, ..Alianza, como la realidad á las figuras: un cánti co qn c elev r,, lrt magnijfoencia de Dios sobre la tierra y sobre los cielo.~. 6. ~.L\. RÍA en 11 ta; y su cántico es mas angélico r¡ue hunauo; es mas Divino que Angélico: es la Palabra <le la ete rnidad. Y Dios se con¡place en los }libios de coral que r es piran urnor¡ y Di os 8c deleita con el movirni c uto <le la lengua, q n,e aromatiza In tierra; y Di os ~e recrea con el acento d11fc(s imo quo pen c- tn.t las nub?s; y Dio¡,: escucha. ... . Dios es glorificado. 7. Cua ndo los ángeles rodearon por la primera vez; el t1·ono de Dios y tributaron cÍ su Sciior un cnlto digno de El, no había nn concierto cabal. Aparece e-1 hom bre; y entonces re~uena el salterio de diez cuerdas compuesto des los nueve coros angé licos y de la naturaleza humana. Al Íllíl!1jo de un soplo siniestro rómpesé la úhima cuerda y túrbase la armonía qu~ encantaba á la Divinidad. El inspira.do David oye en espíritu la unísona alabanza de eso decacordio ya restablecido; y despues de venerar a la que sobresale entre Ias doncellas de su estirpe 1·eal; y despues de cantar Tmr diez versos del Magníficat, obliga á toda~ lasfracciones de· la: hu1nanidad á entonar el cántico de Maria, como el elogio mas cumplid o del Ser por excelencia, como la muestra mas acabada del reconocimiento como e.f último vaticinio de la misericordia: ln psalttrio decem chordarum psallite ilU. ( Oontinuard} LuitJ Guzman. LAS TRES GR.ANDES MIRADA.S DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. [ Continucicíon. J PnestO' en la cruz,-en ese trono del verdruler~ justo, segun la prevision casi profética de Sócrates- con una <lob le mirada vió á ~u Madre, y a <li11cípnlo amado que estaban allí cerca. Estas dos ú1.. timas miradas de Jesus fueron á reflejarse en la frente de los dos seres que mas amaba en el mundo, como los últimos rayos del sol que se unde en Occitlente; <loran, tan solo, las cimas de loa mon-· tes. Maria y Juan eran dos altos montes <le Virginidad, en cuyas curubres· jamás habia puesto el asqueroso pié la corrupcion humana. Juan era el Líbana de incorruptibles ce<lros; María, el místico Carmelo de perfumaJas florei::; por eso fueron dignos de refl ejar en sus fi· entes los últimos rayos del Sol <le ju~ticia al sepultarse en las sombras de la muerte!.... ¡Qué· miradas! Oh! que fecundas miradas!-María, la in • consolable Mari a, esa estrella del mar, velada por' el llanto, miraba á su dul d~imo Hijo, colgado de{ árbol de maldicion, cual m aldecido fruto, sin em, bar!:!O de ser el fruto de la vida; sabia ella que babia sido pn <'f' t,) en aqu el estado lastimoso por· los hombres y ú cuasa de los hombn·s. . . Ella. no sabia ab~1Tccer, pero, ¿m erecian ser amados aquellos que taLian ahorreei <lo con furor al frutode su sen0, á aq•1cl Ilijo que cr,t todo amor, eoncebÍ.cl() en am@T y p-or a:mor ?-Ell a no t enia tilas- que un Hijo, y ese H ijo úni co iba á exha.lar el último· suspiro p0r la crn elda.l del hombre. Ell a amaba, es verdad, á los hombres como á hermano,-, pero no <'om0 á hijos; y entre el amor de hermano y el de hijo, hay un abismo que DO' puede colmar la naturaleza por sí sola. .Ma ría se hallaba como suspen11a en ese abi smo; p ero .... ¡ Oh sabiduria del am or de J esus!.. al ver la a<ngustia de la Vírg:en, eonc-e11tta1 en ,~l volean de su <.'<Jrazon todo el fuego d e amor divino, en q1rn arde por su madre y por los hombres, y con una mirada con su última mira rla, vá ha derramarlo todo, en el corazon de Marin, dici cndole Á. la vez: •·liuger he ahí á tu hijo," indicandoló á Ju:rn, representante de la humanidad: y lm~go á Juan: "He abí á tn maclre." Y desde aq.uel instante por efecto de aque-· IIa doble mir-a<la, ardió MaFia en amor maternal por todo hombre; se corn~ol6 nn tanto de la pérdida de un Hijo, c-on la adqnisicion de mucho$ bL jos! Y Juan es decir, todos los hombres, ardienllo en amor fiJia,l por la madre de Dios pudieron ya. decirle: Madri mía! Si tres- rayos no mas del sol divino, pud-ieron reconciliar al discípulo infiel con su maestro, y á los verdugos con la madre de la víctima, tqué no podrán, todos sus rnyos? ...•..••. R. C. n IMPREN'X'A POPULAR-PoK Snrnlf.' AUJOO&'&.
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