,,. \ AÑO 111. PUNO, JULIO :18 DE t 868., N.º 6 o.. ltt lgl nntñtt. Puno, Julio '18 de '1868. Un acontecllnlento t>lautdble ¡,ara t•lJ:'\'O. Creemos que lo será y de muy fecun<la Lrascendencia la proxiwa reunían del Concilio Diocesano, acerca ele cuya imporlaticia no deja duda alguna el luminoso ediclo convocaLorio para el efecLo, J las refl.eccioues filosófico-religiosas con que ú este mismo proposito ha enriquecido sus columnas la <clglesia Puneña» . Sin fuerzas ya para agregar nada á tan nolables documentos, ensayaremos, sin embargo, manifestar la influencia de es te acontecimiento en la vida del pueblo puncño, emitiendo á grandes rasgos un ligero juicio apreciativo, á que naturalmente nos incita la Carta Pastoral del Iltmo. y Rdmo. Sr. Huerta, que en su lugar respectivo r,egistra hoy este periódico. Inspira grata emocion y edifica sobremanera el esmero y la tierna solicitud con que el Pastor sagrado de Puno apacienta la grey que le confi.ára el Señor. No solo se concreta á derramar enLre ella la palabra divina, con la perseverancia que le distingue, c0n esa encantadora u.ncion que le es propia, y con esa fuerza de co11v1 ccion que produce el convencimiento y la persuacion, ora inculcando el amor á la virtud y al deber, ora increpando con verdadera libertad apostolica el vicio y el crímen, en donde quiera que existan. No solo atiende al decoro y á la apropiacion conveniente de su Iglesia Episcopal, para que de una vez y con el posible merecimiento ostente el rungo de Ca ledral. No solo consagra sus paLernales cuidados al progreso moral y cienLífico de su Seminario Coucili_ar, impulsando con interés cada dia mas crecienLe la formacion de sus escolares, llamados en lo porvenir á regenerar al clero de Puno, regeneracion que es sen tida y reclamada por la conciencia pública, así para que el Obispado cuente con un Sacerdocio, que, por su ilustracion y moralidad sea digno de su allo rango, como Lambie11 para que ~a cura de almas y_ otros pue~Los nnporL_anLes sean serviclos por compeLencrns probadas· y acreditadas. El llLmo. Sr. Huerta no solo, pues, ltacc de todos estos ltechos de iuc·ootestable notoriedad su congtante prnocupacion, el importante y pr:inPERIODICO SEMANAL. Htt& &¼4Wdii • ♦ e ◄t 0Mi2P&Mi ORGAN( OFICIAL DEL GOBIERNO ECLESIASTICO ·DE l~ DIOCESIS. cipal dJjeLo de su vida pastoral: q1.üere toclavia, para dar cima á sus trabajes episcopales, rea] izar un gran pensaniento, olvidado fül la mayor parle re la Amériea del Sud, hace muchfamo Liempo ya, la celebracion cb un Concilio Dioce.3ano. Hé ahí po· qué se agita hoy tan noble y grn'roscmrnnte; hé ahí la justa _y muy legHima aspiracion que hace latir limrnmen Le su corazon apostóli co . La Carta Pastoral del Illmo. Sr. Huerta no cla lugar á comenLario algnnc acerca de su propósito al reunii- sn Sínodo Diocesano. Alli, cou la mageslad propia de un Obispo qrn conoce y comprende la importamia de su sagrada mision, dice coIJ elocuencia: ((En su celebra- » cion y en la publicacion de sus » consl.tuciones, ciframos lo<la nues- >) tra es)ernnza, para afianzar el bien- » eslm1,3-· la felicidad de nuestra nue- »va Diócesis» . Médico espi ritual., alinado y sagaz, distingue perfeclamenle los males morales que aquejan a su ama<la grey : Pastor celoso y cmcienzudo, se propone alejar de su rebaño Jos pastos nocivos que envenenan á las ovejas y á l os corderos, y quiere procurarles Lan solo alimentos convenienLes y saludaples. Por eso asegura y dice: ccLas leyes que in ten tamos dictar » solo tienen por objeto ]a destrnc- >J cion <le los abuso~, la reforma ele » las co8tumbres, y el resLableci- » míen to de la Disciplina Eclesiús- >> ti ca en toda su pmezai) . Importa pues toJo esto ensanchar 1a educacion moral y religiosa del pueblo; impo1·La desarraigar los elementos deletéreos que comprimen su vuelo y su legíLimo desarrollo; en u11a palahra, importa trabaj ar por los intereses de la 1eerclacl y del bi'e?z, en cuyo solo imper-io eslá la salvacion del pue1lo y su verdadero engran- <lecimien Lo. Agítese, en buen hora, el vapor en aproximar las distancias y es trechar caJu vez mas las relaciones de los cou LinenLes del g lo1o, lrnciendo comunes entre los hombres todos los inven Los des linados á la mayor comodidad de la vida: esfucrcese la industria humana en su múltiple y variado desarrollo, e □ facilitar y propagar los me<l.ios de adquirir, acumular riquezas y hacer mas muelle la vida, saLisfaciendo lodns sus necesidades de lujo y comodidad. Hahra ganaJo en todo es to la humanidad, diluLando 1a cs.fern de ::iu civilizacion puramcnlc matorial: pero en su vida íntima, en su existencja moral, ella vejetará en una lamentable pohreza, careciendo de la luz ele la Yerdad, que ilumine su eutendimienlo, y ele] amor al bien, que alimenle y sostenga su corazon; y vivirá, por lo mismo, desnuda de los fuertes y gramles sentimientos morales, ünicos que · consuelan y fortifican ]a vida, porque sori tambien la unica áncora do salvacion . contra todos los azares que la asedian por todas partes. Pero el hom1Jre, cómo los pue1ilos, no pueden jamas modelarse á semeja~te vida moral , sino cuando se les inspira senLimienlos análogos en nombre y por la autoridad de Dios; no pueden por consiguiente alcanzar su mejora, ni su Yerdadero progreso, sino por la accion poderos~ y vital ele la religion, ünico é inconmovible cimiento de todo otro progreso. Tentad Ja consecucion de este fin proYidéncial del hombre y de los pueblos en una otra regiou conlr:iria; y obtenclreis tan solnmen te un brillo eslerior, el dorado atavío de la materia, encubriendo mal la lepra del corazon y la podredumbre del nlma. Y enlonces, cualquier esfuerzo para el arraigo del orden público y privado, cualquier afan por el imperio de la justicia y de la armonía moral, será tan estéril y tan efímero, como la fatiga de los que buscan la piedra filosofal, en otra parte., que en el seno del catolicismo. Véase ahora el gran pensamiento qne se propone para su gl'e.Y el Ilustrísimo Sr . Huerta, Sumo Sacerdote de la única religion que morafüa primero, y civiliza clespues: véase el objeLo que alimenla, conforme en esla parte con la mente divina de la Iglesia, al realizar su Sínodo Diocesano; consagrar sus cuidados pastorales en la educacion de sus diocesanos. Nunca es, ni scrú jamús fnera de propósito encarecer 1u importancia de la educaciou de los pueblos, bajo la fecunda y siempre expnnsiva iofluencia Je la religion; porque ella entonces interesa en alto grado ú s11 prosperidad y biemmdanza. Ella, por su accion poderosa sobre el individuo y sobre la familia, elementos ambos que constituyen 1n sociedad, forma las costumbres, las YÍrtudes sociales .Y produce esas mila;;rnsns metamórfosis ele civi li zacion intelectual, moral y religio::;u . Por eso hu dicl10 un emiuou lo escr itor: <<QllC la cducul'.iou >) re1,igiosa, y solo esta edu·cacion, es lila que h '. ce la gia ;1deza de bs na- <<e~ones, man1i ·ne su esplc ndor, pre11 -..:-iene su dPcadencia y las iehaJ) bilila despues de su caida)). Con razon, pues, se considera la religion para Ja mayoría de los hombres como una gran inslitutora, po1·rrue es la única que arrojando desde su cuna ]os gérmenes del deber y del 'bien, los acompaña en totlos los periodos ele su vida, ensancliando cada vez la enseñanza do su divina doctrina. Ella les inculca regfos ele conducta para lodos los estados en. que pudieran encontrarse, los asiste en todas las situaciones de s u vida, hablándoles siempre en su conciencia y á su corazon en nombre de Dios, y mostrándoles por do quiera castigos y recompensas eternas, seg;un que sean hombres de deber 6 de prevaricacion. Y bien se comprende lo que puede ser un pueblo formado así por la eficaz y fecunda enseñanza de la religion. El Sínodo Diocesano Punense, renovando v esclareciendo aquellos deberes y, reencarg·ando su enseñanza y su propagaciou al Parroquiaclo, obligado agente de la mejora moral y espiritual de sus parroquianos, producirá, no lo dudamos, el perfeccionamiento del pueblo, le_n tamen le sí, pero de una ma:c.era efecLiva y eficaz. Sobrada razon tiene el Prelado, que alimenta semejante propósito, para aseverar que con la realizacion de un pensamiento tan fecundo afianzará «el bienestar y la felicidad de su nueva Diócesis». Cierto es que los enemigos de Dios y de su santa religion clasificarún nuestras ideas, que por fortuna son <le incontesLable evidenr.ia, ele inocen les iJ usiones o de piadosas uLopfas, enclerezanclo 'con preferencia sus miradas á la accion de la política. ¡La política! ¿No es el1a1a que siempre ha pervertido las sociedndes, erigido toda clase de tiranías, anegado en sangre a la humanidad y desa!raigado los sentimientos de moralidad, á :fin de establecer enlre los liombres) como el único móvil de las accjoncs, el cúlcu1o y el inteI'es? ¿.Y no es cierto en tonces, que se sacrifican á semejanLes ídolos de bano, los bienes mas import&n tes de la sociedad y de sus miembros, sin respelar las relaciones de la saugre, las ele J a· · amistad y cuan to de sagrnc1o -pudjcra exis fo- sohre In tiorn/? Pul pi - luu les e::, Lun las eusr fianzas de la
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