La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

} ' ú OS. la disposicion que se ha servido dnr para que se suspendnn hastn nueva órden lcts ('wncic,nes teatrales y lus reuniones de este género. Hace tiempo, Sel1or Ministro, que JO :--uspirnba porque se clausurasen ciertos lugares destinados al di YCrtimie11to público; no solo porque comprendía que nlli no se observan estrictamente lus re-4las <le higiene; que allí se cometen abusos contra la sallld, abusos que tienen su origen en aquellos I ugares y solo en ellos; siuo tambien por ciertas cousiderflciones muy superiores á estas, y que ocurren naturalmente ú todo el que como ) ' O se halla revestido, nunque siu merecerlo, del sacerdocio de :\uestro ::,enor Jesucristo, y vé desde las alturas del Catolicismo á la sociedad que se agita, desborda, retrocede y está en continuo movimiento impulsada por las pasioues J los intereses mundanales. Uua de las primeras y amargas consideraciones que asediaban mi espíritu, era la que ofrecía uaturalmente el contraste, por una parte, de tautos dolores humanos y de tanta indiferencia y aún alegría, por la otra. 13uiles de muscaru, represeutaciones teatrules y musicales conciertos, coutrastaban horriblemente co11 el triste clamor de las campanas, r.011 los sollozos mal comprimidos de los huérfanos, con el estertor de ceuteuares de .,gonizautes, con el desapacible ruido de los carros fúuebres, con el golpe seco y contínuo t}ue daba el fatigado sepulturero para ocultar a los- vi vos el espectúculo de los muertos. Todo esto, Señor Ministro, torturaba mi corazoo de- una manera iuenarrable; y hoy respiro;. .L>endi-go á Dios que ha hecho cesar este cscúngalo;. felicito al Supremo Gobierno que ~ornpreude su mision; y si en tan dolorosos rnomeutos es permitida la alegrín, me alegro, Sei1or Ministro, de que el pueblo del Perú 11-0 se parezca á: útl·os mas adelantados de la lierrH, eu donde se danza, rie, canta y banquetea al triste compús de las huesas que se abren y de las huesas que se colman. Una sociedad tau católica como la del Perú, debia traducir sus seutimientos de la manera ~ene- :rosa y digna que acaba de hacerlo el Supren10 Gobieruo. Otra consideracioH aun mas e]evada me angustiaba cruelmente: yo veia sobre todas las hipótesis de la ciencia médica, sobre todas sus analogías y sus inducciones todas para esplicar- la causa de la asoladora epiden1ia que aílige hoy al Perú, \'eia, sin dejar oe aplaudir los nobles esfuerzos de los hombres del arte, veiar Señor !Uinist.1·0, uno de nqueUos cousejos de la Justicia Divina, que se refleja en la tierra templada por la Divina l\li.:iericordia; y desfüaban delante de mi me111-01,·ia las ciudades de Pentápolis 7 la de Nínivé y las de l\li:lau y J\larsella. Y estudiando en esos vastos cuadros de horror, 110 hallaba otrn remedio para nuestra siluacion actual, q.ue l.a pei.iilcMcia de los l\inivitas y la que á su ejemplo hicieron los pobladores de l\Iarse- ),la y de l\li,lan, bajo la i11spiracion de sus veneral>les pastores. Yo, auuque sin tener las "i,rtudes de aquellos, bubiera querido guiar ¡,ersoualrnente á mi pueblo por el sendero de la peniteucia; y lo habría hecho, apesar de mis causados años, si hubiera visto llegar el caso extremo en que se vierou aquellas ciudades. Templado, pues, mi celo po•· los dictados de la prudencia, me he valido de mis diguos cooperddoresr los !lectores ele los Templos principales de est.i ciudad y los Veueral)les Heligiosos l\li:üoneros de la observaucia de San l<rnncisco, para invitar al pueblo á peuit.encia. He visto, con grau consuelo de mi altna, que una buena parte ha corresponuido a este 11,mrnmiento, y no cesare de clamar mieutras que las circunstancias no me impo1-1gau otra conducta. Ocioso seria que yo demostrase al Supremo Gobierno, que esle es mí deber y que debe prometerme su apoyo. Y digo ocioso, porque un Gobierno católico, corno el que :felizmente nos rige, 110 puede tener menos viva · 1a fé, que gobiernos protestantes de aquende y allcuc.1c los mares, los que eu mas LA IGLESIA .... PUl\ENA. de una ocasio11, han reeonocido y sancionado )n 111::cesidad de la penitencia pública eu calamidades como la presente. Digo ocioso, porqu1! el Gobierno mismo me ha co11firmado indirectamente ea mi modo (le sentir, desde que no insiste en indicar la cesacion de las reuniones eu los Templos, y se limita ú pedir que yo disponga lo cont:enic11te para erilar las asociaciones numt?ro¡;as. l\o he podido menos que recouocer en estn cláusula el tino con que ha procedido S. E. al plílntear una cuest.io11 tan delicada. Sin negar absolutamente la pequrlia influencia que puedan tener en el desarrollo de la epidemia reina11te las reuniones de los fieles en los Templos, observo que son estas me11os peligrosas, porque allí no se cometen desórdeues contra la salud, porque ac1ue1Jos lugares son espaciosos y bien ventilados, porque dichas reuniones son momeutimeas, y porque, finalmeute, ellas producen dos resultados pal paules u todos- fo morigeraciou de las costumbres y el retemple de Jos espíritus que se avigoran por la esperanza despues que se han humillado en la súplica-elcmeutos de higiene son estos 110 despreciables para un Gobierno ilustrado, que debe procurarlos a toda costa en uua epoca tan aciaga como la presente. Si tales ventajas-pueden obteneri-e de ]as discretas reuuíoues en los Templos, y es, por otra parte, remoto y muy limitado el peligro que se prevee (puesto que la generalidad de los médicos afirma que el contajio es atmosférico y que las causas coadyuvantes son el desarreglo de las costumbres, la falta de aclimatacion y el terror pa11ico), claro es que la prudencia dicta no privar á la poblacion de ventnjas generales, inmediatas y positivas, por temor de un peligro limitndo, remoto é incierto. Si á esta consider-ucion sP. agrega la que naturalmente ocurre á todo enteuclimieuto ilustrado por la fé, tal es la necesidad de satisfacer públicamente á la Justicia Diviua, para concitarnos la proteccion de la Divina l\lisericordia, yo no dudo, S<'ñor l\li-nistro, de que el Supremo Gobierno estará de acuerdo conmigo acerca de la línea de conducta que he observado y observo durante la epidemia actual. finalmente, Se1"ior l\finistro, permítame US. que dé espnnsion a los sentimientos de mi corazon. Pre<"isameute en este mismo mes, y ahora dos aúos, convoqué á orar á mi pueblo en momentos de suprema afticcion; y Dios se dignó conceder al Perú una corona inmarcesible, para confirmar á los peruanos en el sentimiento de filial confianza eu su Providencia amorosa, en su infinito poder. En esta ocasion de congoja como aquella, uo diré que quiero ensayar de uuevo, sino acreditar una vez mas la eíicucia de los remedios sobrenaturales. Y es tal mi confianza en la Divina i\fisericordia, en el valor de la súplica humilde, co11fiada .Y perseverante, que si hoy debiera .cerrar mis ojos á la luz, los cerraria tranquilo augurundo á mi patria, en un porvenir no lejano, dias menos luctuosos y horas mas serenas; porque, en la dilatada caHera que llevo sobre la tierra, he adquirido una larga y JlUnca desmentida esperiencia de la Misericordia de Dios, ,v me he persuadido de que la Justicia Divina se aplaca por la humana penitencia. Al terminar esta comuuicacion, diré á US. que si hasta ahora no he mandado clausurar el Colegio Seminario, ha sido teniendo en cuenta: 1 .0 que sus condiciones higiénicas y su disciplina regular, alejaban todo peligro de contagio; 2. 0 que los padres de familia, al mandar allí á su::1 hijos, apesar de la epidemia, confirmnban tácitamente mi juicio acercq de la iu 'nocuidad da aquella reunion; y 3. 0 que los hechos me han demostrado diariamente la exactitud de este concepto; pues, durante el curso de la epidemia, solo se ha presentado en aquella reunion uc cerca de do::;cient,,s ,ióve11es, un caso uien caracteriza- :,, do Ul! ficiJre amarilla, del lJUe fué <lef-gracia• damente víctima un jovencito no aclimatado en la capital. A pesnr de estos fundameutos, estoy dispuesto á ordenar la clausura del Seminario, dura11le la epidemia, si el Supremo Gobierno cree prudente que se tome esta medida y · me lo hace entcuder así. Sírvase US. elevar esta comunicacion al conocimieut.o de S. E. el segundo Yice-Preside11tc, rogándole, á mi nombre, que se digue dictar medidas eficaces para impedir la reuniou de personas viciosas en lugares en ,donde se venden licores espirituosos, .Y en otros en donde, al abuso de estas bebidas, se agregan escenas escaudalosas de embriaguez y otros vicios repugnantes, que sobre predisponer los cuerpo:; al contagio que se teme, indisponen las almas para presentarse ante el Tribunal inapelable del Juez de vivos y muertos. Dios guarde á US.-JOS:f: SEilASTIAN, Arzobispo de Lima. Lima7 8 de ,l-lar.:.o de l 8G8.-Contéstese lo acordado.-Una rúbriea. (.De «Rl Comereio. l)) PEDRO DIEZ CA~SECO, 2. 0 Vice-Presidente Constitucional de la Hepública, encargado del Poder Ejecutivo.-Por cuanto: por la atribucion 11 a. del articulo 94 de la Constitucion politica de la Uepública, correi-ponde al Poder Ejecutivo, presentar para las Dignidades, Ca11011gías y demas beneficios Eclesiásticos que vacareu eu las Jglesias Catedrales: iuformado <le los méritos y servi'cios, de la capacidad y de las virtudes del Cura 1n·opio de la Doctrina de Atuncolla, Dr. D. Toribio Yavar, y de que se hallan vacantes las Canot1gías ei1 la Santa lglesia Catedral de Puno.-Por tanto: he veuido en elejir, nombrar y presentar al . referido parroco Dr. D. Torihio Yavar, para uuu de las meucio11adus Cuuougías, a .fit'1 de que, como tal la sirva.-Y encargo al Redo. Obispo de aquella Diócesis, que s1 hallase que el referido párroco Dr. D. Toribio 1'avar es persona idónea y en quien concurren todas las calidades que cot1forme á la ereccion de este beneficio se exigen, le dé colaciou y canónica iustitucion de la citada Cnnongía y le posesione de ella; disponiendo se le acudan con los frutos, proYeutos y re11tas correspondientes, bajo la cali<lad ue que se presente personalmeute, y 110 por medio de apoderado, con este despacho, dentro de sesenta dias contados desde el clia que los recibiere y hagíl constar haber satisfecho eu lns Cajas del Tesoro público los respectivos derechos, y de haber cumplido con las tomus de razon y demas formalidades de estilo; siendo responsable, si faltare á alguua de estas, pues en tal caso ha de ser por sí nula la iustit11eio11, como hecha sin prese11tadon de parte del G'obierno de la Republica.-Para lo que le expido el presente, signado con el gran Sello Nacional7 refrendado por el Ministro del Estado en el Despacho del Culto.-Dado en la Casa de Gobierno en Lima, á 19 de Febrero de 1868. -Pedro Diez Causeco.-Uernardo Muñoz.- EI Sello Nacional.-S. E. expide Presentacion para una de las Canongías de la Santa Jglesia Catedral de Puno, a fa\'or del párroco de la Doctrina de Atuncolla eu dicho Obispado, Dr. D. Toribio Yavar.-Direccion General de I-tacienda.-Rejístrei,,e en la Seccion 2a. y en la Tesorería principal de este Departamento.-lrigoyen.-l~ejistrado en la Secciou 2a.-Lima, 22 de Febrero de 1868.-Simon lrigoyeri.-Se ha pagado por derechos de título y toma de razou de este despacho, veintitres soles sesenta centavos.-Tesorería principal.-Lima, á 2'2 de Febrero de 1868.-Lecaros.-Uejistrado.-Tesoreria principal, 26 de Febrero de 1868.-Barreuechea.-Rejistrado en las páginas 3:3 y 34 del libro respectivo.-Tesoreria principal de Puno, Abril l. 0 de J 868.-Campo.~EI infrastrito Secretario de la Diócesis de Puno, r1::rtifica: que en Jn primera Congregacion Capitular de estn Santa Iglesia Catedral de Puuo, habida el Miércoles

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