;i)guno, que la haya . entido an10rtig11a1·:;e en t:I tol'1JclH110 del 111u11du ~ de la1 vicia. Su 1uag,:.-;tua-.a grnndeza, :--u ::,e~era tra11q11ilit.lad, ~11-, ruinas .Y :--11s 1111111u111t;11td:-, lw, recuerdo:-; de :-11 pa:-;udo, lil ... obras 1.fol artu cri.-,tiano, sus ca1npns .} t'ill r:t>lo, p1·odl!ce11 una tan honda corno tl11rn,lc·1·a i:n¡ire:--iu111 y predi~pone11 el curaz·,11 ú nhr;,zar t::--n fé católica, de la que todo en Houlil, .Y Hu:na misma, es una prudrn que lia lila ta 1\.1.0 ú lo..; ~eutidus, como á lu i11teJ igeucia .Y al c:ornzo11. U1111 de los m,is ,·ivo~ deseos de mi ni11ez, era co11oce1· Homa; pero la Uonw de las escuela:-;, la de Hómulo J Augusto, la de · Luerecia )' .\gripi1w, la de Bruto y Ilégulo, la de Séneca .' Ciee1·u11: la Homa t.lel Capitolio y del Coliseo, del Foro y de la ,'.ia del Triunfo. Cuando cu los primeros nilos de mi jL~,,entud me fue dudo realizar ese deseo, y conocí y ví de cerca á Homa, )' µctietré, por decirlo así, en su vida .' en stt ser, la Borna de los Cesares desapareció allte In Homa de los Papas, la Homa de Jo:,; diose:-; nute la de los múr·tires, el Capitolio a11tt el \'atil'ano-, la vin del Triu11fo autc la <.•:-('alern de la casa de Pilatos, .Fui casi i11. ·e11sible para Roma pagaua; pt~ro Roma <'.1·i::-tia11a hizo (:11 mí tan µrofumln impresion, que hoy, Ut:sp1H':-. de cerca de ocho ni10s de a11se11cia, 111i.-; recuerdos son tan vivos; qne 110 teuno mas q11e apelnr á ellos para ofrecer ú los l;ctores de «El Prngreso ü1tolico,,-accediendo i:t Ja beucvola invitaciou de sus apreciables 11edactores-esle ligero artículo sobre l{uma, al que le dan cierta oportu11idad, los raros y aflirti- , os suceso:,;, de que nos ha tocado la desgracia de ser coutemporáneos. l. El r D de l\Inrzo de 1853, cuando el soi se hallaba próxi'mo á <lesce11de1· completameute á su ocnsú, el condu.ctor de la Diligeucia que uos couducia desde Civita-vccbia, hizo parnr brnsca.mente s~t pesado vehículo, y nos invitó cortesme11 l.e a descender, en esa lengua pura toscmrn que recien comenzaba á herir mis oido:-; como una musica deliciosa. Obedecimos á su i11dicacion, y apeuas descendimos, echamos una mirada á uuestro alrededor: el espectáculu que se presentó á nuestra vista fue verdaderamente imponente. m cielo cargado de oscu1·as nubes, entre las que asorpabaí1 débil• mente los últimos rayos del sol muriente, <lesprendia una tibia luz crepuscular sob1·e u 11a <•xtc11sa y árida. llanura: en medio de ella serpenteaba el ancho camino que conduce de Civítu-vechia á Roma, marcado por columnas mil.larins: por todos lados se veían, de trecho en tr,.echo desparramados, fragmentos de acue- <luctos en ruinas, trozos de columnas y de cnpitele:;, reb-auos de búfalos y de cameros con• ducidos por pastores envueltos en sus a nclws tabaros (capas) tan digna y artísticamente como tm Senador en su toga, mugeres del campo pin toresea mente vestidas, de purísimas formas, con las cabezas cubiertas de grnesas trens.as <le pelo, 11eg110 como el azabac1w, sujetas por alfileres de plata; y allá en el fondo del cuadro, perdida entre las sombras, una ancha faja de verdura, de entre la que se desprendia magestuosu la alta cúpula de San Pedro, coronada por 1-a cruz del Gólgota, que se confun- <lia entre las nubes. El sacrosanto si~no de la rede11cion visto así, casi de noche 'V á lo tejo:-;, en medio de un vasto campo, coronando d mas grandioso y elevado edificio de la tierrn, nos conmovió- profundamente: parecia que Jt·sde la inmensa altura en que estaba colocado, dominaba el muudo entero, iluminándolo Cllll sus. ptu0s resplandores, y que, sus brazos abiertos,, invitaban al género humano á que se lanza~e en, ellos y estrecharlo en un univer- ~al abrazo de paz, de caridad y de amor. , u. E1 aspecto general de Roma, es triste; pero 1w de esa tl'isteza que imprimen la miseria, el abatimiento y la ab:,veccion, como algunos lo pretcmlcn, sino de esa tristeza severa y pláLA IGLESIA PUNEÑA.J cilla i1 la vez, in11crente á todo lo que hay en el muudo de verdHdcra111t·1tlt! gra11de. Jío111a es t ristc, eon10 son t 1·i . ..;1 es I ns piril niides de Egipto: tri:;tc>, ccimo <~s lrislc el .l11icio Final de M1µ:ucl .\ n~·el, ó d grnpo de Lnoco111e: triste, <.:o,nn es triste el te111plo de Dios. l\ada grnude e:,; ri-..ut •Iio: la akgTin y la lllil!.!eS!ad son incompatih!es; y fü,m\t, la· ciut.lau· <le lus nltas a:-;pirnciones .Y de las g-rn11des idcns, no pnede St'l' nlcgre cornn es Paris_, li? ciu<.lnd de los placeres 111unJa11alcs; 11i hulíiciosn como l\ueva-York, la ciudad de loe; iulereses rnateri,dcs. Todo e11 Horna es ~:-ra11de, lodo en Uoma es mnge:-tuosn, las cnll\•s, los templos, los palac10:-;, la~ casas y las plazas; hasta los perfumados jardi11es del Moute Pincio y de las .villas, dclit:io~os oasis llenos de a1·omas y de coJon·s, se revist<~n de cierta grandeza, de cierta magestad 111ela11cólica, i11herente a Roma, que couslituye su distiutivo peculiar entre todas las cludade:-;, y que .forma uno de sus mayores atractivos. Hay tal quietud, tanta placi~lez eu Homa, que el alma se complace simpilticameute en vivir eu ella, y solo allí se siente cierta salisfoccion interior, cierta tra,:qnilidad de espfritu, cierto rcp(>SO mornl, cierta paz y cierta calma, que eu vano se busca ria en otras partes. Por eso Roma es la pat1·ia natarnl de todas las almas privilegiadas, de todos los seres de vagas aspíracioues, de todos los nrtistus, de todos los poetas, de todos los soñadores; y el asilo de todas lns gru ndezas raid ns, de todos los ronizoues ulcerndos, de todns los q' se han <lestrozndo contra los escollos de la ecsistencia en el mar borra~coso de la vida. Los unos encueutrau CII ella el vago ideal de sus ensueños, la plena satisfaccio1; de sus aspiraciones: los otros el descanso) el consuelo y el ol victo. Subid una tarde de verano al rnonle Pincio; vagad bajo )as sombras de sus árboles y entre el perfumado laberinto de sus ja rdi11es, ~ontem pla11do las imúgenes <le los grandPs hom bresque el cincel ha reproducido en el mármol; bnjád despues á la inmensa plaza del Pó- . polo, tüu llena de aire y de luz; bebéd uu ,·aso de esa purísima agua que os ofrece el acqu,aJ°ob:; tornad por la via Ripetla hácia el puente de Snutangelo, contemplad el que fue mausoleo de Adriauo y hoy fortaleza, teatro de tantas vicisitudes; seguíd•por lu orilla del tranquilo Tiber y tomad uua de esas callejuelas que se ofrecen á vuestrn pr1so, hasta llegar al Campo Vaccino; pasád por la Vúi del Triunfo bajo los arcos de Tito y de Constantino, viendo á na lado y otro de vuestro camino ya las ruinas del foro, ya la columna de foca, ya la piramide de Caja Sestio, ya el templo de Marte 'lúllore ó el de Venere et Rorna, y llegád ante las rui11as del Coliseo: un cazador de Vincerrnes, de retorcido ·mostacho y aire marcial, guarda su entl'oda; penetrad en él, recorred ese iumeuso circo en que cabiau millares de espectadores y entre cuyas piedras desunidas, crece ho,v el amarillo jaramago de que habla Rioja; ecbád una mirada hácia la arena que empnparon los mártires ron su sangre; en medio de ella se eleva una cruz: á sus pies, un capuchiuo1de blanca y larga barba, reza devotamente el via-cru,cis, aéompañado por algunos hombres y mugeres del pueblo: la luna alumbra Ja, esa escena admirable; asociaos á sus ruegos, y continuad vuestro paseo. Tomad por la derecha del Foro romano basta llegar a la via del Corso, la arteria principal de Roma· l'ecorredla, admirando los suntuosos palacio; 3' los magníficos templos que la bordan; entrád en uno de ellos-en el de San Carlos por ejemplo, porque es necesario haber entrado en un templo de Roma de noche, para saber cuánta uncion religiosa se desprende de eJJos y cómo el corazon se exhala fücilmente en la oracion; saludád la blanca columna elevada á l\Iarco Aurelio y couocida con el nombre de Antonino Pio; contemplad la série admirable de relieves, que como una serpiente interminable descienden desde su capitel hasta su base; entrád_en el café Ruspoli ó Nuovo, saboread alli una taza de moka y uu cigarro de l.1 H,1ba1_1:•; y decidme, iº? _viajeros' si alguna ~ez habe1s hecho mas del1e10,o pélseo, ni distrul ado de mas suave:-; c1nor.io11t.~:--, 11i sentiJo ~11 el alma mas plácida tra11qurlidnd. 11 l. . _n -:u_i~r~oles .snn_to fui por primera vez á lit captlla !:'í1xt111a, a 011· la músira de P11lestriui1 y ver l?s frescos de Mig-uel A 11gel, la11 ultilllt:i e_xp1·es1011cs del arte católico. E11 lu Capilh, Sixt1_11a se e11co11traba aquel dia, tudo lo <Jue huJna de mas notable e11t.1·c los habita11tes de I~oma y c11t_1·~ los extrangeros que por nqucl tiempo la v1s1t~111. Al lado dereeho cJel altar, c:-.taba Su Sa11t1~acl rod~ado del Sacro Colegio: e_n -el cuerpo de_ la capilla el Cuerpo diplomático y demas as1ste11tes: en las galería~ las seüoras y personas disti11guidas, que no teuian puestos detallado~. 1\1 ieutras la orlJUest.a , los cantores _entonaban h,s severas pétlabr,;~ <lol s<1lmo Jflscrere, acompañadas de Jns magestuosas y se11cillns notas de Palestrina, c¡ue 8e elevaban_ a~ trono de Dios como un ~rito de arrepentimiento y de eoutricion, lanzado por ~a humanidad; mis ojos asomurados se perd!a_n ante la cstupl'11d11 creacinn de Ilouo11arott1, a_h~mbrada por la amarillenta luz de grueso;'- cmos. Ja1nás la inteligcucia humn1til h~ producido nada mas grande ,en el dominio del arte. En ese inmenso fresco se desarrolla en toda su tnrifica grandeza el tremeud? drama del juicio final. En la parte supe1·1or del cuadro, el Padre asoma la t·abeza entre las nubes: á un lado y á otro orupos ~e angeles sos~ienen los signos de ia~ rede11c1011. Mas abaJd el Espiritu Santo, en forma de una _blanca paloma rodeada de resplan• dores) se cierne sobre la cabeza del HiJu que de pié, en medio dcl cuadro, le'\'anta Ja 'diestra . mauo, separando á los réprobos de los el_e~pdos. fat ~7 ír~en Maria á sus pies, eleva hacta él 011a m1~adn_ ~e inter·cesion pidieudole q_ue aplaque su Jnst1ctn. Las vírgenes, los mártires y los santos se aphian á sus lados, llev~ndo al~unos los ~nstrutnentos de los suplicws que les conquistaron la gloria, mientras ~1ue los _réprobos caen en fantasticos gropos a los ab1smos ete~nos, que se nbren para tra- . garlo:-;, en el térm1110 <let cuadro. Si la composicion de este cuadro es asombrosa, la manera como está ejecutado es cosa verdaderamente admirable: la colocacion de fas finuras l~ distribue_ion_de los grupos, la purezlt y 0 exac: t1tud d_el dtbuJo, la variednd y naturalidad de !as actitudes en tan gran número de personaJes, hacen de él, como he dicho, la última e:xpresion del arte moderno, superior á cuauto este ha producido, desde el renacimiento de las artes bajo la inspiracion del catolicismo. Continuara.-J. A. DE LAV.\.LLE. ANUNCIOS. Se pone en conocimiento de los fieles, que el Miércoles de Ceniza habrá sermon en la Catedral en la Misa Conventual, asi como todos los Domingos de Cuaresma á horas cinco de la tarde, sin perjuicio de las explicaciones dominicales del Santo Evangelio. EL CALENDARIO ECLESIASTICO PARA 1868 se halla en venta en la tienda de Don Gerónimo Costa, al precio de dos pesos ejemplar. «EL NACIONAL.» Este acreditado periódico de Ja Capital de la Re_pública, se halla de venta en Ja tienda de D. l\Iariauo Briones. v3 .-p3. IMPRENTA DE «LA JGLESlA PUNEÑA• l>OR )l. C. ~fa RTIXEZ.-C.\LLE DE J El\liSAL~~-~. 0 ?;5'.i. ,
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