, . jar vuestrás miradas sobre el modesLo saber, eficaz caridad y pureza ejemplar del Dr. Cabrera. II. - Cuando el hombre á fuerza de -perseverantes trabajos consigue recobrar la explendente corona del saber, de la que nos despojára la culpa de nuestros primeros padres; cuando despues de continuas vigilias logra disipar un tanto las tinieblas que rodean la ciencia para go- . zarse en la contemplacion de la verdad, preciso es confesar la grandeza del que tan to se afana por enriquecerse con lo que desprecia insensata muchedumbre. El l10mbre entonce~, colocado en un pedestal que el mismo trabajosamente 4a levanta~ do, no puede men-os que ser dueño de nuestra respetuosa admiracion. Los reinos y las sillas, ha dicho el sábio, que tan fascinadora influencia ejercen en el ambicioso, son nada en comparacion de la sabidur)a: las riquezas, el oro, la pla-- ta y piedras preciosas que agitan el corazon del avaro, como menuda arena é inmundo lodo.-.Et ¡weposui· iltam regnis et sedi·bus, et divi·ti"as nihil ese duxi 1:n coinparatione iUius. Nec comparavi i'lli· lapidem preti·osam: quon·iam omne auruni in comparat1:one ülius a1 rena est exigua, et tanquam lutwm, extúnabitur a1-genturn i·n conspectu i-Zlius. (2) . III. . Sí, Señore3, grande, muy grande es el que alcanza la ciencia, pero no esta sobre el que teme al Señor. (3) El AltJ.simo se complace en deshacer los pla- . nes de los soberbios, y en confundir las lenguas de los que pretenden desafiarle desde el endeble edificio de la humana ciencia, castigando con la ignorancia el pecado de nuestra presuncion. Nunca brilla mas la ciencia que cuando la rodean las sombras de la modestia; y ved -;¡qui porque yo os encarezco que no llor~is como Antioco al recordar la muerte_iel modesto sacerdote Onias: (4) no, leJo~ de esto, gozáos. y gozáos en el Señor q:i.e habrá premiado al que nos ha legado 0omo prenda d~ su recuerdo la modestia de su- saber. 1 1 t '! 1 Señores:-'No .es la modestia la única virtud que debe adornar al sabio. La ciencia en la inteligencia no puede coexistir con el egoísmo del corazon. La ciencia es · ~or naturaleza expansiva, y el egoísmo tiende á encerramos dentro de los estrechos límites de nuestro yo-Para decirlo de una vez:-la ciencia hincha, la caridad es la que edifica. (5) Y ¿me sera preciso daros pruebas de la inagotable 'caridad del Dr. Cabrera? ¿Cuántas veces le contemplásteis socorriendo al necesitado, amparando al huérfano, consolando á la llorosa viuda, dispensando por do quiera la (2.)-Sahiduria-cap. 7, vs. 8 y 9. (3.)-Eclesiástico-cap. 25, v. t:3. (4.)-2 Macabeos-cap. 4, v. 37~ (5.)-Epist. la. de S. Pablo á los Corintios -cap. 8) v. 1. · L\ IGLESIA PUNEÑ:\. aleO'ria v la alrnndancia? Su carido<l á :::, " 11 . todos se extendia, y jamas desoyó e astimero grito del pordiosero, ni se moslro insensible á las lágrimas que corren abundantes, sin mas testigos que ]a necesjdad buscada por corazones caritativos. Los pobres eran sus deudos; tal y tan- estrecha era la relacion que, merced á su generosidad, lo ligaba con ellos. Pero ¿para qué me detengo en manifestaros Jos prodigios de su caridaJ., si todos, con~o yo, habeis visto empapado con las lágr1~ mas de los miserables el lecho en que solo yacian sus tristes despojos? Razon pues he teBido al deciros que no os enluteis por él con llanto; porque escrito está que-la limosna libra de la muerte y de todo pecado.-.Eleemosyna ab omni· ptccato et á morte li·berat. (6) V Apenas he terminado de avivar en vosotros la memoria de la proverbial caridad del Dr. Cabrera, y hé aquí que una nueva virtud se abre paso y me impone el grato deber de hablaros sobre ella-me refiero a la pureza ejemplar de su vida. ¿Quién osó nunca manchar con sucia lengua su inmacmlada reputacion? 6quién enrq_strarle la menor falta que conculcase el voto solemne·que un dia formulara en los altares? Venid en mi deredor, afligida familia del que todos lamen tais, enjugad vuestras lágrimas, y reveladnos 'la ingeniosa crueldad con que se separo de vuestro lado, para evitar cuan.Lo temia fuese un peligro donde fracasar pudiera su jurada castidad. Acercaos, venerables sacerdotes que pudisteis aspirar la pura atmosfera que rodeaba al que con su ejemplo y leccion os dió fuerza para cumplir el indispensable deber del celibato eclesiástico; dad treguas á vuestro dolor, y mostrad al mundo entero un argumento práctico que reduzca á menudo polvo los sofisma~ del impío, y haga estériles las burlas del licencioso. Señores, inutilmente me afano en buscar testigos que afianzen vuestra ma$ arraigada conviccion. Ella pues viene en mi favor para repetiros que no lloreis al muerto, ni os enluteis por el con llanto. VI. Cuán cierto es, Señores~ que por po- . co que conozcamos la humana miseria, tristísimas pruebas fundan en nosotros la persuacion de que frecuentemente tras el fausto y los oropeles de los cargos sociales se ocultan grandes defectos, é imperdonables faltas. Cuán verdadero que en muchos las brillantes apariencias se hallan muy distantes de la harto manchada realidad. Pero, preciso es que no exajeremos. No todos los que soportan la. pesada carga que imponen las dignidades eclesiásticas, civiles y militares pagan tan caro el tributo de su flaqueza; no, la veraz historia y la concienzuda experiencia nos ofrecen felices excepciones de lo que nos duele llamar una ley general, y de entre ellas creo ver desta- (6.)-Tobins-cnp. 4, v. 11. curse la respetable figura del exacto pnrroco de C:iracoLo, esforzado Rector del Colegio ~acional de San Cúrlos, v digno Prelado del an Les De partame11 to~ v Loy Diócesi:-; de Puno. ~ 'VII. ~o pretendo, Señores, entrar eu el estudio de los múltiples y arduos deberes del parro_quiado. Semejante trabajo, aparte de su inoportunidad, seria inútil. porque entiendo que la mejor prueba que puedo ofreceros de la fidelidad con que. cumplió sus· deberes el Párroco de Caracoto, es el e:iponláneo testimonio que á su celo pastoral rindieran siempre sus feligreses. Sí, ellos, aun hoy mismo, despues de tantos años, le consagran un tierno recuerdo de su reconocini'iento; y si la palabra ' de un pueblo es siempre respetable ¿no habreis de cesar en vues'tro llanto? VIII. · Venerables magistrados, ilustres defensores de la justicia y del derecho, nobles jóvenes, que habeis concurrido á regar con vuestras lágrimas 1a tumba del que fue vuestro Rector: toca á vosotros dedararnos los sacrificios que resue1 tamen te saboreó por labrar con vuestra edu• cacion el brillante porvenir que ya tocais; á vosotros cumple revelarnos en el ingénuo lenguage del discípulo todas las virtudes que adomaban al que presidio por el di~tado tiempo de tres lustros vuestros destinos intelectuales. 6No es cierto que nunca sentisteis ~u autoridad que sabia disfrazarla siempre con las caricias del padre'> No es verdad que acudia solicito á la satisfaccion de las necesidades del establecimiento, frecuentemente olvidado en medio de nuestras convulsiones políticas hasta el punto de gastar ingentes sumas por solo evitaros la desgracia de irá mendigar á extraños Departamentos el ansiado saber? ¿Cuántos le debeis con el pan la posicion social que dignamente ocupais? Ah! no olvideis, os conjuro en nombre de la gratitud, al que ha querido ser aun despues de sus días el protector del plantel donde comenzasteis á deletrear el alfabeto de la ciencia, legándole un significativo auxilio. (7) Esforzaos porque la generacion que apenas se levanta~ conserve siempre vivo su recuerdo; no permitais que se desmorone el edificio que siempre conservó en pié; sed sus continuadores en la gigantezca obra de la ilustracion de vuestro pais. IX. Señorés>-La:rgo os he hablado de las virtudes del Dr. Cabrera, y aun no está satisfecha vuestra avidéz por escuchar todo lo que ha hecho de él, un digno sacerdote del Altísimo. Paréceme que anticipandoos a mi palabra pretendiérais reconvenirme porque no os he recordado (7,)-El Dr. Cabrera ha legndo en su disposicion testamentaria la suma de 9,000 Sii disponiendo se dividiese entr~ el colegio nacional de S. Carlo8 de esta .crndad y la Universidad del Departamento. •
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