. ·h4,.~':...._,~,......------.... ..._¡•~~~--':....--,a;-- ....... M--,.._----•- ............ -----•....;;-'_,w..... 'H.. it ?,,¿_<~•- ....... o-...a!ei.-•- ~- --.....•-..,~-.,.--.......,.................... -.w... _;.... ;.:;;....•;¡¡¡,¡;;,;,~ El Profeta David habia cantado, eon lengua de fuego y 1·6bosando <le grntilud el corazon: «Dejo memoria de sus rnara:)mas :~ Señor misericordioso y com1msn-o: Dw sustento á los que le tLmeu)) (Salmo CX, vv. 4 y 5). El Profeta cantaba el milagro· h0<'ho en favor de Israel pereg1 iuo~ y prr~lP{'ia un rnila6ro mas estn¡~enclo, qne halna _de realizarse en benefic~o del pueblo cristiano. Como fiel historiador. grababa con su hurll inspirado un hecho, que la grali tud había es'cri to en el cOTazon. Como Vidente del Señor, d f'Sí' u hria con su mirada profu11da ~n mistf:·io ~e amor, cuya inslitucion ¿u;¡~ab~ d1:z siglos! Un misterio que aeLrn uradrnr eopiosls1ma luz sobre lo:3 mit:;tPri~s de Dios! El Dios de lsrar•l es el Dws de los crist1a:1os: el mm 1 que ie ¿· s,ieus6 i>ra fi · gura del pan de los állgP 1es, 4ue l Pgó el Verho hu,manado á todus los que creyesen en Él. Grande m1Iao-ro el que se rPaljzó, cuando los cielos provf'yero11 á un pueLlo, que cami11aha por el de~inlo, de uu alimento exquisito, y qúe no faltó mrnra, para sae:,iar á la inrneusa mucheduwLre de peregrinos. Mayor milagro el que Jesus ()pPro cuando dió por alime.ulo ~u cu rpo, y su san(J're por bebida, á los dore, q11e drL•an º . l llevarle con su nombre,, para uulru á a humanidad hasla la consurnacion de los si ufos! ; n El prjmer miia~ro puede atribujrse á la Prnvidencia amorosa de Dios, que vela sobre sns hijos, porque 110 descuida ni al pobre pajarillo, ni al humilde lirio del cam¡io. Ei segundo no es la manifestacion de una Provid(\,ncia amorosa; es la prenda del amor de Dios providente. Porque, en el primero, Dios daba algo de lo que crió; esto er·a dar por amor. Y en el segun do, Dios se dio á s1 mismo; y esto es amar sin m dida. Y, por cuanto la dadiYa era Dios, era Amor y el Amor sumo. IL Jesus revela cuanto le urge ese amor , porqne dice: ((Con deseo he drtwado celebrar esta Pascua con vo5otros an les de padecer.» (1) Esa locm·ion inuei lada, ese hebrnismo sublime es la expresion de un amor mas sublime aun, si cabe compai-acion en lo sublime. Los hombrrs son impotentes para expresar un gran senlimieuto: el lenguaje , de un amor profundo es un elocuPn le silencio; porque al hombre se prestó la ralahra para que tradujPra las emoeiones de la tierra, y un amor puro, profundo, abnegado produce emociones celestiales: por (1.) S. Lucas, cap. 22, v. 15. eso, en tales casos, ~o es lícito al hombre hablar, dice el Apóstol de las Nacione8. l\bs el Sah·ador de los h01nbres no lrn rrcihi<lo la palabra, porque es la PALABRA, el Vl.füBO dPl PADRE. Y lo que su preho gnarda loqnP ao·ila su conizc,n, sablán • ' b d' l decirlo s11s lábios, 011 donM, corno 1ce <' Profela Hry, «se ha difu11dido la gracia.» (2) . Asi, hahla, víctima dP- las Prnocrnnrs .. drl amor; habla, porqr;.e su paluhra delie encP11dPr nna, ho,:_:: uPra ele, r·ar1dad en ]os pP<'lto~ rle s11s AptstolPs: . habla, y ,ellos sP qlwda1 1 al,~ortos; y Juan, el d1~<·1pulq prt"d1l<"l'lo, deja caPr su eabP2a, en lánguido y -amoroso df srna., o, ~oLre un veclio divino, q1.1e es Pl ü11wo que pur<le sostenPrle en su dt·1iqnio: al1í escucha ]os sC'rretos, qlw dc:>sp1ws nos rPvP]ó sn EYan- · gPlio. E.s~ libro fw~ esrri!o GO años drspues ,13 rsla 0tv·e1 a, }~ f'11 lre los_ l. idos ~e 1u a11r junidµ<l ~ y s,1 11l'!rueia p{Jgn,a rt'ÍlrJa un calor d.i v.ino !........................... . III. Snm11:•J y füzura dP In Lr-y T'llf'Yél fue el T,,stc1m~nlo ·aT1t1<! 10. Los rrrcl :;.óos r, ·alizu ,los, 1,to11res fi ~rm:non, pm ]a se111 '-j:1' za, bs qn~ el V,... rbo 11:c·Lo bon~lHe rf'al izJ eu su Y1da sobrP la l1rna; ·' turran somb1-a, y nada mas q11P somora, por-- qne su brillo debía ~d_ip:-;ar~r aulP- el rrs: pla :1 <l0r d~ los wod1grns dr Jps11s. As1 se rrli 1,sa,en Pl fü·mamP11lo la luz de las estrellas, cua1 do el Sol rurd::i su <'aJ ro ta1 nnfal por los espac•íos. Así se eclipsa Mo_ysf•s dr lante de . Nnrslro Srñor 'Jesnnísto! Aqtwl bnlldba como nrm rstrPlla ep la lobreg·un de ]~ 11or.be: J rsus br illa r~mo el Sol en P} drn dPl Evangeljo! E1 maná, q_ue Mo_ysés ol1luvo c·on 'ms rm~;fos , no hizo inmortales á los que le comii?ron; el que come el pan, otorgado por Jesb.s, vivirá eteruamenle. (3.) IV. En un bunto delicioso, .en donde las mao-níficrncias de la natura1f'Za servian de pedeslal á las magnjfic_Pncjas de la gracia, paseaban dos seres rnocen trs,. reflejando en sus r~stros la luz de la fisonomia de Dios. Y al visitar los vastos dominios, con- .fiados' por rl Alnsimo á su pae_jfiro gobierno, advirrten dos árboles maJestuosos, que alzan su copa al cielo, inclinando su sabroso fruto á la tierra. Era el u no, el á1·bol de la cienria; llamáhasP, el otro, el árbol de la ...-ida. Entre uno y otro Dios haLia puesto un D.ndero de fupgo. Los progenitores del fü1aQ'A hnm~no le tra::,¡i3sarnn, para eogn el fruto del arbol vcJaJo; v, mie11 tras qw-' arncaban su tri5mn1a ma, 10 al codi<'iado leño, SP. abrasó la vestidura lle" su inocencia, d:scnrrio por s1Js venas un fope·o de maldiríon, y la tierra se hu11dio b~jo de su ¡,lan ~a vacil~ntP, para. ofrecer- uu sepulcro á cl'en y cien generac10nes. (2.) Psalm. 44. v. 3. (3.) S. Juan cap. 6. Y. 59. Pasaron cuatro mil años do dolor y de esperanza, de Justicia y de Misericordia, de pecado y ele expjacion. Y, cuando los suspiros de los Patri,arcna quebrau taron el bronce que cerraba los ciPlos; y, cuando los vaticinios de los Profetas llegaron á su termino; cuando, por ultimo. la Justiria y la Paz se dieron aquel osculo que debía estremecer de rabia a los Iufiernos y de alegria á los muertos, la mano (le Dios alzo un Paraiso mas bello que el primero, cuyas puertas no guarda un -querubin armado de ardiente espada, porque una legion ele ángeles convida a descansar en el a los peregrinos faligacl0s en el desierto. Ese Paraiso es la Iglesia, en donde Dios ha unido lo que su mano separo en el primer j ardin. Allí se alza un leño bendito, y de el pende el fruto de la ciencia y de la vida. Dos ramas, cortadas de improviso, y uui<las con precipilacion, anuncian el misterio. Ya no son dos árboles: la ciencia y la vida ro están separadas. Se enlazan, se esLrecµan, y brindan un fruto del ..!itoso, que hace sábios é inmodales a los qne gustan de él. La hnma1iidad que se perdio confundiendo los caminos de la vida y de la ciencia, no volverá á perderse, porque la vida y la ciencia son tambien su camino. - Porque Jesus, que es el ca·mi"no, es la verdad y la 1.,üla. (4.) E,1 el arhol de donde está pendiente ese fruto divino, la humanidad lo tiene todo. S,i le contempla, 'advierle la recta, que conduce al cielo; si alza los ojos, para mirar á Jesus, en con lrará en sus ojos diviuos la luz tnistniosa de la ciencia; si tiene la dicb.a de mirar sus brazos, hallará en el seno del Dios mártir una fuente ina(J'olable de vida, una llama de amor ine~tinguihle, que no llega á entibiar siquiera el hielo del sepúlcro. «Dios ha reinado por el madero>) (5). El nuevo Paraíso ha reempfazado el perdido jardín; y sus. moradores asis~en a un ba1,q11ete, improvisado por la .carrdad, ,bajo el inmenso dosel de los cielos, y a la luz de innumerables antorchas, que encendio el aliento de Dios! v. Lo que aconteció en el Calvario; lo que no debia sucrdn· sino entonces, porque la Justicia del Padre babia_ se?alado una hora solemne para la expiamon; lo que habían anhelado los siglos, _sin poder adelantar un segundo el reloJ de la eternjdad, eso vio la tierra asombrada en la víspera de la Pasion de Jesus. VI. El Salvador teEÍa un ardiente deseo de -celebrar la Pascua con sus discípulos. Pero su afan no era c¿mer con ellos el ,, , (4.} San Juan. Cap. l 4. v. 6. (5.) .Asi se expresa la Tglesia, e1.1 la Liturgia de la Pasiou.
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