jamás la posibilidad de transformar el Perú en una sociedad centrada en el mercado. En palabras de Fernando de Trazegnies: La gran diferencia entre liberales y conservadores debe buscarse en el plano político. […] Ninguno de ellos podía siquiera imaginar una sociedad basada en principios de mercado que careciera de lazos tradicionales, una sociedad en la que las jerarquías sociales se hubieran visto forzadas a ceder el paso a […] formas competitivas de igualdad. […] En todo caso, la distancia cultural y económica que existía entre los pueblos indígenas y la élite era simplemente demasiado grande para permitirles considerar formas mercantiles de igualitarismo [como una alternativa viable] (1980, pp. 46-47). Aun los empresarios más enérgicos del Perú suponían que la sociedad económica estaba inmersa en la vida sociopolítica. No habrían sido capaces de comprender el trabajo de historiadores contemporáneos de la economía que han proyectado en el pasado una concepción anacrónica de los mercados fundada en la experiencia que hoy tenemos de ellos. La vida asociativa en la sociedad económica era tan chata y estéril como en la sociedad civil. El Tribunal del Consulado, la única asociación de importancia, siguió ejerciendo una poderosa influencia sobre la vida empresarial en los sectores exportador e interno, aun cuando incluso él se encontraba ahora en trance de desaparición. El sector exportador: el Tribunal del Consulado y las redes comerciales El Tribunal del Consulado, la asociación más influyente de este período, se remontaba al pasado colonial y tenía un papel central en la conformación de las prácticas de virtualmente todos los participantes en la vida económica, desde el centenar de mayoristas acaudalados vinculados al sector exportador hasta los miles de buhoneros urbanos y mercachifles rurales del sector interno que vendían sus artículos puerta a puerta, ya fuera a pie o a lomo de mula. Con su sede en Lima, el Tribunal también tenía varías delegaciones más pequeñas en ciudades de provincia como Arequipa, en el extremo sur, y Trujillo, en el extremo norte. Llamarlas delegaciones quizá sea en realidad una exageración: eran apenas oficinas a cargo de dos personas. El Tribunal limeño, compuesto por entre ciento setenta y cinco y doscientos comerciantes, incluía tanto a ricos mayoristas dedicados al comercio de importación y exportación como a pequeños minoristas que se ocupaban sobre todo del comercio interno local. Los primeros eran dos 97
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