Las cofradías democratizaron las relaciones sociales y de propiedad en el campo, aunque hacia mediados de la década de 1850 comenzaron a deshacerse debido a factores externos e internos. Décadas de guerra civil habían desorganizado la vida económica rural y todos los indicadores característicos —valor de la tierra, monto de los arrendamientos, precios de las materias primas— apuntaban hacia abajo, aun en Jauja, la región más productiva del país (El Comercio, 1855, p. 2; Burga & Manrique, 1995, pp. 32-33; Jacobsen, 1996, pp. 18-19). George Kubler resumió de este modo los resultados de diez años de estudio de los registros impositivos: En 1842 los recaudadores de impuestos provinciales […] lamentaban la desintegración de la vida económica de las provincias, la decadencia moral de la ciudadanía y la alarmante degradación del nivel de vida desde 1800. […] También deploraban la devastación de las provincias [causada] por las tropas republicanas y el retroceso de los mercados nacionales para la producción provincial por obra de las importaciones foráneas que inundaban la economía (1952, p. 40). Los miembros de las cofradías ya no tenían los medios financieros para aportar a las celebraciones comunitarias del grupo. Las familias más adineradas se encargaban de solventarlas, y de ese modo debilitaban su carácter igualitario. En vez de tener un efecto «nivelador» y contribuir a redistribuir el ingreso, las cofradías rurales se convirtieron para la élite privilegiada en otra manera de reafirmar su posición económica y su estatus social dentro de la comunidad (Diez Hurtado, 1993, pp. 185-186 y 192-193). En la década de 1860 el Estado central ordenó a los recién organizados municipios, «nacionalizar» los bienes de las cofradías religiosas e invertir el dinero obtenido en la construcción local de escuelas y hospitales públicos y caminos (Celestino & Meyers, 1981, pp. 191-197 y 200-205)90. Ambos tipos de presiones hicieron languidecer a las cofradías religiosas tanto en las zonas rurales como en las ciudades, y privaron así a los grupos más marginados del país de un importante canal de acceso a la sociedad civil. PRÁCTICAS ASOCIATIVAS EN LA SOCIEDAD ECONÓMICA Durante la primera mitad del siglo los empresarios peruanos contendieron y se enzarzaron a menudo en discusiones especiosas sobre el proteccionismo y el libre comercio, pero ninguno de ellos contempló 96
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