La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

como mínimo88. Estos promedios no pueden proyectarse a ningún otro lugar del país; sin embargo, no es arriesgado decir que la vida asociativa en el altiplano central, en torno de Junín, y en el departamento de Arequipa, al sur, estaba relativamente desarrollada. La finalidad principal de estas cofradías era reunir a la gente para celebrar el calendario litúrgico y ritual católico, venerar a sus «santos patronos» y financiar todas las actividades relacionadas, incluidos los aranceles cobrados por el párroco para prestar estos y otros servicios religiosos. El ingreso de las cofradías provenía de una diversidad de fuentes, entre ellas la venta o alquiler de habitaciones o viviendas familiares y lo recaudado en pulperías, depósitos, centros de molienda, parcelas agrícolas y cría de ganado, además de los derechos de aguas y pastoreo. La propiedad colectiva de estos bienes y la administración común de los ingresos generados por ellos posibilitaban a esas asociaciones tener solvencia financiera, a pesar de la crisis comercial y la depresión económica que todavía afectaban a gran parte del campo89. Por otra parte, como los asociados donaban su trabajo y se alternaban en el cumplimiento de las actividades de las cofradías y la atención de las propiedades rurales y urbanas de estas, la ganancia obtenida de ese modo era elevada y los gastos no preocupaban demasiado. A cambio, las cofradías ponían al alcance de sus miembros más leales una parte de su capital en la forma de bienes, préstamos y créditos, con lo cual mejoraban sus oportunidades de vida (Celestino & Meyers, 1981, pp. 184-187; Celestino, 1982, pp. 154-161; Diez Hurtado, 1993, p. 184). El gobierno de estas cofradías no difería mucho de como se ejercía en el pasado colonial, aunque, a diferencia de antes, muchas de ellas habían ganado autonomía y se habían independizado de la Iglesia; con ello debilitaban la autoridad espiritual y social de los sacerdotes y, así, contribuían a la difusión del igualitarismo cívico a través del campo. Los miembros seguían pagando cuotas anuales a la asociación, y esto daba derecho al jefe de cada familia a proponer candidatos, votar y postularse. Casi todos los asociados varones ejercían algún cargo dos o tres veces a lo largo de su vida adulta. Las elecciones eran competitivas y solían estar acompañadas de pequeñas muestras de corrupción y chanchullos, una indicación en sí misma de que los asociados estaban efectivamente interesados en los asuntos de gobernanza. La mayoría de las elecciones se ganaban o perdían en función de la capacidad del candidato para forjar amplias alianzas entre familias de diferentes antecedentes étnicos, raciales 92

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