La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Las cofradías otorgaban préstamos y créditos a los esclavos para permitirles comprar su libertad, pero si estos no estaban en condiciones de cancelar su deuda, debían trabajar para el grupo hasta pagar el último centavo. A primera vista, este arreglo parece francamente comercial y basado en principios de mercado, pero de hecho su principal motor era el honor social (Hunefeldt, 1994, pp. 102-103; Stevenson, 1829, pp. 306-307; Aguirre, 1993, p. 178). El otorgamiento y la solicitud de préstamos eran para ellos una cuestión de dignidad y orgullo personales y no una mera transacción mercantil. Los negros de la cofradía se apoyaban unos en otros para encontrar amos indulgentes, parejas para casarse y, una vez libres, viviendas accesibles y empleos estables. Las cofradías actuaban como un puente entre el mundo de la esclavitud y la libertad, y eran uno de los caminos más importantes que los negros usaban para ingresar a la sociedad civil. La mayoría de los cirujanos, barberos, sangradores y dentistas de Lima eran negros, y habían sido esclavos (Fuentes, 1858, p. 183)86. Las cofradías contribuían a mejorar el estatus cívico de los negros; las mujeres cumplían el papel clave de procurar el dinero y comprar la manumisión de sus parientes87. Estos grupos tenían tanto éxito en la emancipación de negros que, una vez que la mayoría se había emancipado, las cofradías perdieron gran parte de su razón de ser. Su desaparición fue provocada en parte por la manumisión. En contraste con Cuba y la Argentina, donde los libertos crearon una nueva serie de grupos, los afroperuanos no desarrollaron formas alternativas de vida asociativa durante la segunda mitad del siglo XIX. Las cofradías y los residentes rurales En todo el interior, las cofradías religiosas fueron la forma más intensa de vida asociativa, sobre todo en las poblaciones indígenas, donde satisfacían una diversidad de necesidades, de lo religioso a lo económico, y contribuían a la creación y expansión de lazos cívicos. La cantidad de cofradías existentes en el país probablemente había cambiado muy poco desde el período colonial, a juzgar por la situación en una vasta región del departamento de Piura, en el extremo norte, el único lugar para el que se cuenta con estimaciones confiables. En la zona estudiada había diecisiete comunidades, cada una de ellas con un número promedio de dos mil habitantes, y un total de ciento cinco cofradías. Según mis cálculos, la cantidad de miembros de cada cofradía variaba de manera considerable: el 65% tenía al menos trescientos asociados, y el 35% restante, doscientos 91

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx