Las cofradías religiosas demostraron ser un canal importante para que los negros de las ciudades y los indígenas del campo conquistaran cierto grado de autonomía cívica y reconocimiento social en la vida cotidiana, dado que les permitían encontrar un nicho en la vida pública y llegar a ser ciudadanos de segunda categoría. En las zonas rurales, las confraternidades eran de especial importancia para posibilitar a las familias indígenas ampliar y expandir los lazos familiares y de parentesco hasta formar redes sociales, y contribuir así a la mezcla racial y étnica entre los grupos. El desdibujamiento de la línea de color por medio de la mezcla «biológica» hacía que para los ciudadanos fuera mucho más difícil clasificarse unos a otros en esos términos, y de ese modo allanaba el camino a la difusión de la igualdad cívica en la vida pública. Las cofradías y los negros de las ciudades A comienzos de la década de 1840 había en Lima alrededor de veinte cofradías, una pequeña fracción de la cantidad existente a fines del período colonial, y si bien ahora estaban en crisis y en un proceso de declinación, todavía tenían alguna influencia, aunque subsidiaria, en la emancipación de los esclavos (Córdova y Urrutia, 1839, p. 161; Fuentes, 1858, pp. 83 y 397-430; El Comercio, 1845a; 1845c). Los relatos de testigos presenciales de este período confirman la importancia que esas asociaciones tenían para los negros: En los suburbios de San Lázaro, las cofradías o clubes correspondientes a diferentes […] naciones africanas […] se reúnen en orden, por lo común los domingos a la tarde; y si algún miembro de una de sus familias reales acierta a estar en la ciudad, la cofradía que celebra su reunión ese día los titula Rey y Reina. […] Las paredes de esos lugares […] están decoradas con cuadros de los integrantes de su familia real (Stevenson, 1971, pp. 168-170). Los domingos, el día de descanso en el calendario católico, los amos daban a sus esclavos permiso para ir al barrio de San Lázaro, en Lima, y concurrir a las reuniones y actos auspiciados por sus cofradías. Estas asociaciones tenían sus sedes, ya alquiladas o de su propiedad, y las solventaban por medio de un fondo común constituido con las cuotas de los cofrades. La gobernanza de estas asociaciones rara vez se fundaba en el autogobierno y tampoco promovía la igualdad social. De hecho, casi todas ellas adherían a principios monárquicos, con un rey y una reina coronados y su «corte real», íntegramente compuesta por esclavos. Los negros 89
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