La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

mestizos y los criollos blancos, debido a que se los consideraba adultos racionales, terminaban frente a un pelotón de fusilamiento. En el Perú (y en México), un prisionero rebelde vivía o moría en función del tipo de recursos narrativos que se utilizaban para caracterizarlo. En contraste con los mexicanos, la mayoría de los peruanos no estaban todavía convencidos de haber llegado a la adultez y de haberse convertido en personas racionales y disciplinadas. Durante el período poscolonial los peruanos siguieron usando la terminología católica para transformar sus pasiones en fe racional, así como, con el mismo fin, los jacobinos franceses, los habitantes de Nueva Inglaterra y los puritanos ingleses se apoyaban en su propio lenguaje basado en conceptos que oponían los intereses particulares a la voluntad general, el vicio privado a la virtud pública y los condenados a los elegidos. Cada vocabulario era parte de una forma única de vida y constituía en alguna medida una expresión de concepciones alternativas de la individualidad y la vida pública. A lo largo del período poscolonial, los peruanos se inclinaron a migrar a la sociedad civil y practicar la solidaridad con el objeto de domeñar las pasiones del prójimo. Los franceses, en cambio, se volcaron a la sociedad política y confiaron al Estado la misión de garantizar la ley y el orden. Los angloamericanos y los británicos tomaron un camino diferente, que los llevó a reunirse en la sociedad económica y contar con el «dulce comercio» para domesticar sus pasiones (Hirschman, 1977). Los peruanos poscoloniales practicaron la democracia y el nacionalismo en la sociedad civil con mucha más disposición que en cualquiera de los otros terrenos (sociedad económica, sociedad política, esfera pública). Por ser ya adultos racionales, suponían que la manera más eficaz de disciplinar sus pasiones consistía en organizar asociaciones voluntarias. Durante el período poscolonial, el centro de gravedad de la vida democrática en el Perú descendió al nivel de esos grupos y se dispersó a través de la sociedad civil, la sociedad económica, la sociedad política y la esfera pública. En esos terrenos, los ciudadanos fueron capaces de generar nuevas fuentes de poder social y utilizarlas para democratizar la vida pública. En ese período, la cantidad e importancia de los movimientos rebeldes experimentó una notable caída en el país, una indicación de que los ciudadanos tenían ahora la capacidad de construir un nuevo conjunto de prácticas basadas en la no violencia y las formas cotidianas de resistencia (Coatsworth, 1988). 80

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