La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

Hacia abril de 1815 el ejército español había recuperado Puno, Arequipa y Ayacucho y recapturado la capital rebelde de Cusco (J. Ramírez, 1974). Los rebeldes se retiraron al campo y dedicaron todo el año siguiente a librar una guerra de guerrillas contra los españoles (Cahill & O’Phelan Godoy, 1992; Sala i Vila, 1992). Durante esta última fase, el movimiento perdió su carácter multiétnico y quedó bajo la dominación de grupos indígenas que para identificarse apelaban principalmente a conceptos incas. En su primera proclama, los líderes del movimiento utilizaron la terminología católica colonial para explicar sus objetivos: la América se hallaba creciendo y saliendo de esta infancia de las naciones en que de ordinario son presas de otras más fuertes, o más astutas. Las relaciones sociales se fueron conociendo más y más cada día, y aunque sistemáticamente atrasada en su industria y artes, se hallaba adelantada en los conocimientos políticos, de los cuales todo hombre tiene el primer germen en el mismo derecho natural […], y es menos mal estar expuesto a la voracidad de las fieras […] [que seguir viviendo bajo el] despotismo razonado (Angulo, 1974[1814]). En esta última etapa del movimiento, los símbolos incas eclipsaron el catolicismo colonial. En marzo de 1815, luego de que las tropas coloniales hubieran retomado Cusco, oficiales militares interrogaron al administrador de correos de la ciudad y a tres comandantes rebeldes y les preguntaron si Pumacahua, un jefe inca y líder rebelde, había usado su túnica y su tocado reales (mascaypacha) durante el levantamiento, y si quería restaurar el gobierno incaico. Los interrogados respondieron afirmativamente a ambas preguntas (Villanueva Urteaga, 1974). Un muletero de una comunidad indígena (Laqueque, Sandia) de una remota región del altiplano de Puno también comentó que «Pumacahua iba a ser coronado rey» (Hunefeldt, 1978). La mayoría de los criollos blancos de Lima y otras ciudades de la costa que habían propiciado la autonomía terminaron por ver a los rebeldes de Cusco como irracionales, y eso los impulsó a cerrar filas con el gobierno colonial (Anna, 1979, pp. 86-98; Pacheco Vélez, 1954). En la década de 1820, un abogado defendió de este modo a un indígena acusado de asesinato: Los indios carecen de razón […] y de ilustración, y por eso no les es posible evaluar correctamente ni siquiera su propia situación. […] No son responsables de los daños y las maldades que puedan causar; todas nuestras leyes y ordenanzas municipales consideran a los indios aun con mayor indulgencia de la que aplicarían a un niño (citado en Walker, 1992, p. 98). 76

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