Que los residentes los siguieran o no, dependía de las relaciones sociomorales con el sacerdote y el maestro de su comunidad (Cahill & O’Phelan Godoy, 1992, p. 21)73. Los líderes indígenas también tuvieron un papel importante en la rebelión cuzqueña. En toda la provincia había unos doscientos diez jefes nobles. En su mayor parte habían estudiado en San Francisco de Borja y forjado lazos íntimos con los eclesiásticos (Castro, 1978, p. 56). Ahora, casi todos esos jefes vivían en aldeas rurales remotas y, en contraste con los residentes de la ciudad, tenían poco contacto entre sí. En la ciudad de Cusco los jefes tenían su propia asociación, los Electores. Compuesto de veinticuatro miembros, este grupo representaba a las doce familias reales incas originales y a los integrantes de su clan extenso. Además de discutir sobre preocupaciones comunes, los Electores organizaban danzas rituales en la plaza central en homenaje a sus señores incas y marchaban junto a la élite urbana vestidos con sus trajes reales y llevando estandartes adornados con símbolos incaicos. Como reconocimiento a su estatus noble, los aristócratas incas no tenían que pagar el impuesto de capitación al Estado colonial (Sala i Vila, 1990). La influencia de la aristocracia incaica sobre la vida pública era más fuerte en Cusco que en el campo, donde los plebeyos (varayocs) habían desplazado o estaban a punto de desplazar a muchos de ellos como caciques de aldea74. Pese a su rivalidad, la nobleza nativa y los plebeyos adhirieron a la rebelión. El éxito o el fracaso en sus intentos de conquistar la adhesión del resto de los aldeanos dependían menos de su estatus social que de su reputación en materia de justicia dentro de la comunidad, tal cual la demostraba su manera de practicar el consumo forzado, recaudar impuestos y repartir tierras y tareas comunales entre los residentes. Las aldeas de Oropesa y Chinchero estaban bajo la autoridad de aristócratas incas, en contraste con Ocongate, Marcapata, Conquepata, Ceatca y Quiquijana, gobernadas por plebeyos. Ambos tipos de comunidades se unieron a la rebelión. Casi la totalidad de los treinta y cinco miembros de un grupo recién organizado, los Abogados Constitucionales, eran graduados de San Antonio. Estos abogados encabezaban la campaña en procura de celebrar elecciones municipales libres en Cusco, según lo establecía la Constitución de Cádiz. El grupo presentó su caso en apoyo de la «soberanía del pueblo» ante la Audiencia, que mantenía su adhesión al absolutismo, y si bien los magistrados aceptaron la celebración de elecciones, arrestaron a los miembros del grupo en diciembre de 1813, con lo cual pusieron en los 73
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