La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

participación en las cofradías. En Cusco, los sacerdotes mantenían relaciones individuales y privadas con las familias de la élite y lazos públicos y colectivos con los plebeyos e indígenas, razón por la cual podían actuar de puentes entre ambos sectores. El servicio eclesiástico también contribuía a difuminar la línea de color entre la élite y el resto. Los oradores más inspirados —José Díaz Feijóo, Juan Becerra e Ildefonso Muñecas— eran bilingües y a menudo pronunciaban su sermón de la misa dominical en quechua y español. La élite cuzqueña hablaba con fluidez ambos idiomas, ya que sus niñeras y criadas le enseñaban quechua en la infancia (Concolorcorvo, 1946[1776], p. 96; Castro, 1978, p. 44; Aparicio Vega, 1974, pp. 110, 121-123 y 162). La vida pública de Cusco seguía dividida desde un punto de vista social y étnico, pero la vida parroquial proporcionaba a los residentes locales, aun en las parroquias más segregadas, como Españoles y la Catedral, un lugar para mezclarse. La escuela reforzaba los lazos sociales entre los miembros de la Iglesia y la clase media de la ciudad. En su mayoría, los integrantes de esta eran graduados de la Universidad de San Antonio y enviaban a sus hijos a estudiar derecho, teología y medicina con sus propios profesores de esa institución. Durante sus treinta años como rector de la universidad, José Pérez Armendáriz había revisado todo el plan de estudios e introducido nociones relacionadas con los derechos naturales y el probabilismo. Al comenzar el día, los estudiantes de derecho recitaban máximas como estas: «la justicia está por encima de la monarquía», «las leyes injustas no deben obedecerse» y «si el rey menoscaba nuestra libertad, no es nuestro gobernante» (Aparicio Vega, 1974, pp. 62-63 y 83). Aunque en la década de 1780 el obispo de Lima había prohibido el probabilismo en todas las escuelas del virreinato, en San Antonio se insistía en enseñarlo (Macera, 1977c). Casi todos los abogados que participarían en el movimiento de Cusco eran egresados de esa universidad y probabilistas convencidos. Las redes centradas en las iglesias también eran extensas y penetraban profundamente en el campo. Los párrocos graduados de San Antonio ejercían ahora sus funciones en las aldeas indígenas. Estos sacerdotes se escribían y se visitaban entre sí y hacían lo propio con otros camaradas de curso, incluidos abogados y otros sacerdotes, que vivían en la ciudad de Cusco. Los párrocos de Ocongate, Yaurisque, Capri, Lares, Quispicanchis y varias otras aldeas, junto con los maestros a quienes habían formado, se unieron y reclutaron residentes para participar en el movimiento rebelde. 72

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