situación y las condiciones particulares en que se encontraba. El «descubrimiento» de América Latina y el encuentro con culturas y pueblos divergentes a lo largo y lo ancho del planeta llevó a los miembros de la orden jesuita a elaborar en el siglo XVI la doctrina del «probabilismo», a fin de comprender el nuevo mundo moderno que asomaba en el horizonte67. La iglesia católica aceptó la doctrina y hasta alentó a los creyentes que tenían la conciencia clara y limpia a ejercer su juicio y seguir el camino más «probable» hacia el bien cuando se enfrentaban a situaciones que ninguna doctrina existente explicaba de manera adecuada (Jonsen & Toulmin, 1988, pp. 137-227; Mahoney, 1989, pp. 180-184, 225-226 y 240)68. El juicio práctico era una guía más eficaz que el dogma religioso para los asuntos humanos cuando se trataba de la novedad. En América Latina, los jesuitas introdujeron el probabilismo y fueron los principales responsables de su expansión por toda la región, aunque otras órdenes religiosas, incluidos los franciscanos y clérigos seculares en sus parroquias remotas de tierra adentro, también contribuyeron a propagarlo. Desde la década de 1780 en adelante, teólogos ortodoxos (jansenistas) y funcionarios estatales lanzaron una campaña de dimensiones continentales contra el probabilismo, con el argumento de que promovía el «laxismo» y la pecaminosidad entre los fieles. Sus preceptos morales se caracterizaban ahora como «sacrílegos», porque esa corriente asignaba la primacía al juicio individual y menospreciaba la importancia de la voluntad divina; «seductores», porque contribuían a la diseminación de una ambigüedad sociomoral y el desorden en la vida pública, y «subversivos», porque hacían hincapié en el derecho de los individuos a cuestionar a las autoridades del Estado y la Iglesia (Lope del Rodó, 1722, pp. 2-3, 42-45 y 61-75). Hacia el cambio de siglo los promotores de la campaña habían logrado expulsar a la orden jesuita de la región, proscribir la enseñanza del probabilismo en todas las escuelas y universidades y prohibir a los párrocos las homilías y los sermones en su favor. Pero era demasiado tarde. El probabilismo ya estaba inmerso en la vida pública y era un hábito sociomoral en las élites y el pueblo llano de la región. Como sostengo en el próximo capítulo, el probabilismo dio a los peruanos los recursos narrativos que necesitaban para proclamarse adultos racionales. Estoy de acuerdo con los estudiosos que argumentan que los latinoamericanos se independizaron de España sin apartarse de la tradición católica. Pero en vez de concentrarme, como ellos, en el debate ideológico 65
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