Latina, admitía ante los indios chiriguanos que los frailes carmelitas que ellos habían secuestrado habían actuado apasionadamente: No penséis que nuestra religión es menos santa porque algunos de quienes la practican son pecadores; no es esto culpa de la religión, que aborrece y castiga todos los malos actos, sino responsabilidad de quienes se conducen como niños. Ya sabéis y habéis visto con vuestros propios ojos que en ocasiones los buenos padres son importunados por malos hijos. […] Ocurre otro tanto con nuestra católica religión. No deja de ser santa por el mero hecho de que algunos de sus hijos hayan actuado equivocadamente (1788, pp. 31-33). San Alberto logró convencer a los chiriguanos de que liberaran a los frailes. Las autoridades eclesiásticas y párrocos destinados a zonas rurales admitían que algunas veces actuaban como niños irracionales (Palafox y Mendoza, 1968, pp. 72-77; Borges Morán, 1987, pp. 1-10, 39-40 y 199200; Marzal, 1983, pp. 343-378). Los funcionarios oficiales y la élite criolla también utilizaban el lenguaje de la pasión y la razón para evaluar cuestiones relacionadas con el autogobierno y la gobernanza imperial. Al final de su mandato de siete años como intendente de Venezuela, José de Ábalos envió al rey de España un informe en que resumía sus años de servicio: Hasta ahora, mis queridos señores, se podía decir que las Américas habían estado en su infancia […] pero ahora, con el paso del tiempo, han madurado y crecido, y la marca que habían heredado de sus mayores se ha desvanecido. Su imaginación está menos obstruida que antes y es más capaz […] de razonar libremente y sin grilletes (citado en Zubiri Marín, 1990). Ábalos era uno de los pocos funcionarios que estaban convencidos de que los criollos blancos habían llegado a la adultez y debía permitírseles ejercer funciones en la burocracia gubernamental. Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, un jesuita que trabajó en el Perú hasta su expulsión a fines de la década de 1780, no era el único que describía la relación de España con América Latina en términos negativos: Semejante a un tutor malévolo que se ha acostumbrado a vivir […] a expensas de su pupilo, la España con el más grande terror ve llegar el momento que la naturaleza, la razón y la justicia han prescrito para emanciparnos de una tutela tan tiránica. […] La naturaleza nos ha separado de la España con mares inmensos. Un hijo que se hallara a semejante distancia de su padre sería sin duda un insensato si en la conducta de sus más pequeños intereses esperase siempre la resolución de su padre (1971, pp. 109 y 118-119). 63
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