tenían ninguno. En el diagrama 2.2 he bosquejado la concepción católica colonial del pacto entre Dios, el rey español y los latinoamericanos: Diagrama 2.2. El catolicismo colonial y el pacto sociopolítico Los pueblos coloniales tenían derechos naturales como cualquier otro creyente católico, pero no estaban en condiciones de participar de ese pacto porque seguían siendo incapaces de someter sus pasiones. Todavía no se habían constituido en una «sociedad» tal y como la definía la Real Academia Española: «Compañía de racionales» (RAE, 1963[1739]-3, p.133). En realidad, los latinoamericanos ni siquiera comenzaron a usar el adjetivo «social» ni el término «sociedad» hasta bien entrado el siglo XVIII (Salvado, 1973, p. 10). Y cuando lo hicieron, estas palabras tenían connotaciones negativas porque persistía la caracterización de irracionales para los pueblos coloniales y la vida que llevaban. José Fernández de Lizardi, primer novelista de América Latina, publicó en 1813 un artículo periodístico en la ciudad de México, donde analizaba el significado vulgar de los términos «sociedad» y «sociable» entre la gente del común: apenas conocemos la sociedad más que por el nombre, y aun equivocamos lo que es sociedad con lo que es faramalla, embustería y llaneza. Casi no se tiene por hombre sociable sino un farolón ostentador, un tramposo, un tracalón, un chifis, un entremetido, un adulador, un licencioso, un faceto, un valentón provocativo, un vicioso; finalmente, un inmoral e irreligioso: ese es tenido por el vulgo por sociable. […] La sociedad no es otra cosa que la íntima unión fraternal entre los habitantes de un reino, de una ciudad o de una casa. El buen matrimonio es el ejemplo de la verdadera sociedad (1968, p. 216)62. La concepción errónea de la sociedad que predominaba en el pueblo llano tenía sus raíces en las pasiones irracionales; la concepción correcta se basaba en el afecto intenso, como el existente en las relaciones entre los 60
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