La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

comienzos del siglo XIX, conceptos católicos arraigados en el particularismo, y no nociones ilustradas basadas en el universalismo racional (Brading, 1991, pp. 5 y 293-502). Los efectos nocivos de las costumbres y la vida coloniales se manifestaban de diferente manera en cada grupo. En el caso de las élites de piel clara, la socialización defectuosa en el hogar y la proscripción que les impedía desempeñarse en la burocracia colonial habían causado en ellas un atraso moral y cognitivo. Habitualmente, los niños de este estamento eran amamantados, destetados y criados por mujeres indígenas y negras, que inculcaban sus propios impulsos irracionales a la siguiente generación de niños y niñas criollas blancas. En ningún lugar eran más evidentes las consecuencias de esta socialización inadecuada que en la ciudad de Cusco, en el altiplano andino. Aunque en la época se consideraba que el español era el lenguaje de la razón y el quechua el lenguaje de la pasión, la élite de la ciudad hablaba con más fluidez este último, y estaba más dispuesta a utilizarlo: En su pulida ciudad del Cusco se habla la lengua quichua […]; las principales señoras que hablan muy bien el castellano, manifiestan la pasión que tienen al primer idioma, que aprendieron de sus madres, nutrices y criadas, porque en los estrados […] hablan la lengua quichua entre sí (Concolorcorvo, 1946[1776], p. 96)56. La ley que prohibía a los latinoamericanos ocupar cargos en el gobierno colonial también atrofiaba su desarrollo moral y cognitivo. En un informe encargado por el monarca español, Antonio de Ulloa y Jorge Juan, que habían ejercido funciones durante muchos años en América Latina, dedican no pocas páginas a criticar la política de no permitir a ningún miembro de la élite blanca seguir una carrera profesional en la burocracia colonial. Los criollos, escriben, por ser de: entendimientos claros […], dúrales prósperamente la aplicación […] hasta la edad de veinticinco o treinta años, y desde esta van en decadencia […]. La causa principal […] es sin duda la falta de objetos en que emplearse […], por carecerse allí de la ocupación en ejércitos y armadas y ser en corto número los empleos literarios. […] faltando el incentivo del honor […] pierden enteramente la acción de volver a ser dueños de la razón (1978[1748], pp. 46-47; 1990[1826], pp. 521523)57. La familia y la vida pública frustraban la inquietud de la élite por civilizarse y disciplinarse. 56

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