La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

XIX, cuando se declararon independientes de España, y facilitaron así la consolidación de otro sistema mundial (Wallerstein, 1974-1988). Los latinoamericanos y el catolicismo colonial En América Latina los pueblos coloniales siguieron utilizando el catolicismo en la vida pública en una época en que este ya no era dominante en el resto del mundo atlántico. En la región, el catolicismo y el colonialismo habían estado fusionados desde el comienzo y mantendrían una unión indisoluble hasta la independencia: Si tuviéramos que escoger una sola idea irreductible que fuera la base del colonialismo español en el Nuevo Mundo, sería sin lugar a dudas la propagación de la fe católica. A diferencia de otras potencias coloniales europeas como Inglaterra u Holanda, España insistió en convertir a su religión de Estado a los nativos de las tierras que conquistaba (Van Oss, 1986). En esta parte del mundo, el catolicismo colonial fue algo más que una mera religión de Estado: fue también el lenguaje de la vida cotidiana. Tanto la élite como quienes no pertenecían a ella utilizaban sus recursos narrativos para discutir los asuntos públicos y privados. Esto no significa, claro está, que los pueblos coloniales fueran menos venales, violentos o corruptos que cualquier otro grupo de gente; solo quiere decir que usaban la terminología católica colonial para comprender estos y otros vicios. La individualidad en la América Latina colonial El catolicismo colonial, tal y como se lo imaginaba y practicaba en América Latina, era ligeramente diferente del catolicismo imperial vigente en España. Los latinoamericanos eran descritos como niños indóciles todavía incapaces de pensar y actuar de manera moderada y metódica (Hanke, 1949; Pagden, 1986). Seguían siendo irracionales porque la propia vida colonial no dejaba de ser caótica e incivilizada. Las élites y el pueblo llano adquirían las mismas costumbres desordenadas que formaban parte de la vida cotidiana, y correspondía a los funcionarios estatales y eclesiásticos ayudarlos a superarlas. El problema, afirmaban, era socioinstitucional y cultural, y no se debía a ningún factor biológico o natural, como pretendían Georges Buffon, William Robertson, Cornelius de Pauw, Georg Wilhelm Friedrich Hegel y otros pensadores ilustrados franceses, ingleses y alemanes55. Poco debe sorprender que, para discutir sus propias deficiencias, la mayoría de los intelectuales públicos latinoamericanos siguiera utilizando, entre fines del siglo XVIII y 55

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