La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

del núcleo, pero cuando los jacobinos tomaron el poder, atacaron la doctrina católica y a la Iglesia y adoptaron una postura secular de racionalistas y materialistas, el país perdió su lugar previo y cayó en la periferia. A diferencia de los «infieles» otomanos que nunca habían conocido la única y verdadera fe católica y tampoco eran parte de este sistema mundial, los jacobinos franceses se habían apartado a sabiendas y de manera deliberada de la Iglesia, para transformarse en «herejes» sin Dios. En toda América Latina, los párrocos trepaban al púlpito los domingos y pronunciaban sermones contra los franceses, a quienes describían como «frenéticos», «desordenados» e «ilusos», y los acusaban de «establecer […] el reino de las pasiones» en el Occidente moderno (El Mercurio Peruano, 1794). El pueblo y el gobierno de los Estados Unidos quedaban relegados a la periferia por similares razones53. Aunque Gran Bretaña seguía siendo fiel al puritanismo, también ocupaba la periferia. La Iglesia de Inglaterra, la institución oficial, creía en la doctrina de la predestinación que, desde una perspectiva católica, era antihumanista, en cuanto despojaba a los individuos de toda capacidad de acción y atribuía a Dios un papel determinista en los asuntos humanos (Weber, 1958). Los puritanos ingleses nunca podrían alcanzar la salvación. Hacia fines del siglo XVIII, si no antes, el sistema mundial católico estaba en proceso de disolución debido a las presiones ejercidas sobre él por la Francia jacobina, los Estados Unidos e Inglaterra. El catolicismo estaba en declinación en todo el Viejo Mundo, pero mantenía su posición dominante en América Latina54. Los pueblos coloniales estaban destinados a tener un papel clave en el resurgimiento del catolicismo en el Occidente moderno: Las pasiones de los hombres y sus virtudes han logrado en cierto modo unas épocas determinadas, y han representado contemporáneamente unas mismas escenas en diversas partes del Orbe. Las guerras, las herejías, los cismas, las sediciones nunca circunscribieron sus efectos al País en que se originaron: se transmitieron por una especie extraña de contagio a otras Provincias y Reinos. La misma progresión han tenido (aunque por un camino más natural y con mejores consecuencias) el heroísmo patriótico y marcial, la piedad religiosa, la ilustración, etcétera (El Mercurio Peruano, 1791, p. 306; ortografía modernizada). Sin embargo, al procurar revigorizar el sistema mundial católico, los latinoamericanos contribuyeron a su derrumbe final a comienzos del siglo 54

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