La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

hablaban y se comportaban como criollos de piel clara; evitaban el contacto con personas de piel más oscura, etcétera47. Los mestizos eran la prueba viva de que las diferencias étnico raciales eran una ficción, pero sería un error considerarlos «multiculturalistas» antes de tiempo. Al «blanquearse», contribuían en realidad a consolidar ese sistema de estratificación étnico racial. También para los criollos de piel clara situados en la cima de la escala social eran importantes las distinciones étnico raciales. Pero en contraste con los mestizos, este grupo socavaba la cohesión interna de la élite. Alexander von Humboldt, el gran naturalista prusiano, y su compañero francés, Aimé Bonpland, pasaron tres años reuniendo muestras de la flora y la fauna de toda la región, y señalaron: Un sentimiento de igualdad entre los blancos ha penetrado en cada corazón. […] En las colonias, el color de la piel es la verdadera insignia de nobleza. Tanto en México como en el Perú, en Caracas como en la isla de Cuba, a menudo se escucha exclamar a un sujeto descalzo: «¿Ese blanco rico se cree más blanco que yo?» […] El axioma de que «todo hombre blanco es noble» […] debe lastimar de singular manera las pretensiones de una gran cantidad de antiguas e ilustres familias europeas (Humboldt & Bonpland, 1818, p. 476). En la América Latina colonial, el color de la piel era tan importante como la riqueza económica en la determinación del rango social de una persona, y ponía en dificultades a la élite que quería diferenciarse de los plebeyos de piel clara y desarrollar un sentido de identidad corporativa. El sistema de estamentos corporativos de América Latina era diferente del vigente en el Viejo Mundo (Bloch, 1961, pp. 186-188; Góngora, 1975, pp. 35-42). Cada uno de los grupos de la sociedad colonial —criollos de piel clara, eclesiásticos, indígenas y negros— tenía su propio conjunto de derechos jurídicos y privilegios corporativos. Pero en contraste con el sistema de estamentos de Europa, los grupos corporativos latinoamericanos no eran, estrictamente hablando, «cuerpo constituidos» en el sentido que Robert Palmer da a esta expresión, cuerpos que tenían el derecho a representarse delante del rey. En América Latina, como he señalado antes, la vida municipal estaba moribunda y no existían organismos nacionales como el parlamento, los Estados Generales o las cortes de los que los pueblos coloniales pudieran valerse para plantarse frente al monarca: 48

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